Vamos a correr – Un maratón en Coronado

Bueno, no fue específicamente en Coronado, pero por ahí. Este año no tenía perspectivas para carreras largas, solo me inscribí al UBT en marzo y no podía perderme la Binational Half-Marathon en septiembre. Así que sucede lo que pasa cuando no tienes un enfoque en este tipo de ejercicio: corridas de 10, 15 kilómetros aquí y allá, 5k si de repente la pereza me ganaba. Al final de cuentas es esa sensación de indiferencia y apatía que aunque disfrutaba correr, no era con demasiado entusiasmo.

Pero hace unos meses Strava lanzó un reto, el Best Efforts 26.2 que consiste en superar tu marca en maratón. Impulsándote a hacerlo, te animaba a que si lograbas hacer un maratón con tiempo suficiente para estar en tu top 3, te mandarían un poster con la ruta para inmortalizar tu logro. Saqué mi calendario de entrenamientos, ajusté la fecha para hacerlo un día antes de la fecha límite y me puse a entrenar.

Estuve leyendo el libro ‘Marathon Man’ de Bill Rodgers, quien en los 70’s fue de los pocos americanos que lograron ganar el Boston Marathon y aunque su experiencia es muy distinta a la mía, me inspiró también a hacer este reto. Logré acordarme siempre a concentrarme en la forma de la corrida y la respiración, por ejemplo, pero sin olvidar que rayos, tienes que disfrutarlo, si no ¿para qué?

Algo que también tuve que analizar fue donde hacer esta distancia. Hace unos años cuando hice el NYC Virtual Marathon hice una ruta sencilla recorriendo la autopista Tecate Tijuana y fue mi primer opción, pero una corrida de prueba me hizo desistir de la idea: demasiado tráfico, y del pesado, por lo tanto mucho ruido. Además de que es una ruta con muchas colinas y bajadas, así que no se prestaba a hacer un buen tiempo. Estuve scouteando otros lugares como algunas avenidas de manzanas largas sin demasiados cruces y aunque las sentí rápidas, sucedía el mismo problema del tráfico, aún a las 4 de la mañana. Una ruta que parecía prometedora también fue el espacio entre la Vía Rápida y la canalización del Río Tijuana. La policía tenía varios años que había limpiado la zona de basura y personas que vivían ahí, por lo que espacio largo sin interrupciones sí hay. Lo que no me gustó es que aunque limpio, hay mucha grava suelta y de repente sí me tocó ver algunos transeúntes vagando por ahí.

Lo que me llevó al Bayshore Bikeway, que es un sendero ciclista que rodea la bahía de San Diego hasta Coronado precisamente. Ruta absolutamente plana y segura, si acaso yo sentía la ansiedad de estar en un espacio que está hecho para ciclistas, pero me tranquilicé al ver muchos otros corredores y paseantes también. De hecho, miré grupos de ciclistas prefiriendo rodar sobre la carretera 75 en lugar de usar ese sendero (lo siento). También podía dejar el carro en el estacionamiento y si algo necesitaba como agua extra o hacer algo con mis prendas (por si el frío o el calor) solo tenía que regresar a este punto y reabastecerme.

Pasó algo significativo cuando empecé este maratón, estaba corriendo la verdad muy bien. Sintiendo la brisa, pero no demasiado frío, agradecí tener un buen clima para llevar a cabo este reto. Me concentraba en la forma y la respiración, pisando firme y bien colocado, sin chancletear los zapatos, pues. Venía quizás demasiado fijado en mi ritmo para estar constante alrededor de 5:10 el kilómetro y así fue por lo menos los primeros 33. Empecé temprano y a oscuras así que eran muy pocos los ciclistas y no vi otro corredor sino hasta una hora después. Por un momento pensé que era como estar en una caminadora pues el terreno es asfalto común, apto para las bicicletas, sin ni siquiera una pequeña inclinación, así que de vez en vez me iba mejor por la orilla en terreno de tierra. Claro, no siempre se podía, en ocasiones estas orillas sí tenía nivel muy irregular y me regresaba al asfalto. Lo que también es un hecho es que yo estoy invadiendo la ruta que usan los ciclistas, así que siempre me iba muy a la orilla procurando no estorbarles tanto, respeto ante todo. Desde el estacionamiento hacia el sur, podía hacer en esta ruta 8 kilómetros aproximadamente ida y vuelta. Hacia al norte, solo te encuentras con 4 cruces de semáforo, pero afortunadamente a esa hora nunca me tocó esperar nada, así que son aproximadamente unos 15 a 16 kilómetros de ida y vuelta, así que mientras corría hacía las cuentas de que tanto correr y hasta donde.

Como mencioné, sopresivamente (para mí, al menos) mantuve mi ritmo constante más o menos al km. 33. Poco antes recibí una llamada de mi hermana y ante los ánimos de mi sobrina «tú puedes tío» no podía decepcionarlos. Pero pues el maldito muro, jaja. Estuve racionando mi suero y geles Gu que tenía, de acuerdo a lo que estaba acostumbrado en los entrenamientos, pero quien sabe porqué tipo al kilómetro 38 ya no me entraba ni agua. Consciente de que no podía NO hidratarme, daba sorbos aunque sea pequeños de mi mochila que siempre tuvo agua suficiente. Pero ya ni siquiera vigilaba el ritmo que llevaba, estaba seguro que me había retrasado demasiado y me sentía desesperado de no lograr mi meta. Pero eso sí, no quería desistir y ponerme a caminar, eso hubiera significado detenerme por completo y no podía llegar a ese punto, así que por lo menos empujé y seguía corriendo. Al marcar mi Garmin el 40 noté que todavía tenía relativamente buen tiempo, no podría superar mi PB, pero al menos sí llegar dentro de mis top 3, así que fue mayor el deseo de no desistir y presioné para al menos cerrar un poco menos mal. Cuando crucé el umbral del maratón me sentí satisfecho por terminar en el tiempo que según yo estaba justo, pero inmediatamente sentí unas ganas enormes de vomitar. Sin fijarme me atravesé a una ciclista pero apenas me salió el «I’m sorry!» cuando ya estaba wacareando a la orilla del sendero.

Ya recuperado pude darme cuenta que este fue mi segundo mejor tiempo en maratón, apenas superando la primera vez que hice menos de 4 horas en el Rock’n’Roll Arizona hace casi 8 años. También ya analizando los parciales, por lo menos no estuvieron tan mal esos últimos 10 kilómetros, oscilaba entre 6 y 7 minutos el kilómetros pero no en los pésimos 10 u 12 minutos/km de otros maratones que me ha tocado hacer de peor manera.

Entonces, retos así que te obligan a salir de la zona de confort se aprecian pero sobre todo, se toman.

Vamos a correr – Virtual #tcsnycmarathon

Del 12 de diciembre del 2019 al 6 de enero del 2020 participé en el reto virtual del Maratón Guadalupe Reyes organizado por 5krun.mx y RunTjRun en Tijuana. Me gustaba la idea de ponerme como reto salir a correr diario durante los días de este maratón simplemente como eso mismo, reto. Lo que me propuse fue hacer al menos 5k diarios (aunque el requisito eran al menos un kilómetro) y de ahí debías reportar tus corridas para que fueras merecedor de la medalla conmemorativa. Repito que aunque la medalla era muy bonita y se agradece el esfuerzo de los organizadores, mi objetivo era simplemente cumplir el reto durante esos días fríos (y helados) de invierno. Esta era mi primera participación en estas carreras virtuales, de ahí en fuera varios organizadores de carreras de todo el mundo no tuvieron de otra más que esta modalidad debido a los efectos de la pandemia y acatando las cancelaciones de eventos presenciales masivos. La mayoría de estos eventos no fueron de mi interés, ya sea por el costo o lo que se ofrecía pero más que nada lo que me parecía menos atractivo (para mí) era que por ejemplo para completar los 21k o la distancia del maratón podrías correrlo durante varios días acumulando esos kilómetros y así demostrar que cubriste la distancia. Como una estrategia de mantener activos a los corredores ante la falta de carreras presenciales, es una estupenda idea, simplemente no me atraía a mí. En los que sí participé fueron en los que organiza Rock ‘n’ Roll Marathon, ahí prácticamente desde que inició la contingencia por la pandemia cada fin de semana hay un reto de hacer carreras de 5k, 10k, medio maratón o maratón; en caminadora o corriendo fuera de casa. Y aunque tenías ese fin de semana como tiempo límite para hacer estas carreras la condición era que debían ser carreras de un solo jalón. Varias veces tuve que parar mi carrera para cubrir el requisito de algún fin de semana que tocara hacer solo 5k y ya continuar mi entrenamiento. Aquí la estrategia de la compañía Rock ‘n’ Roll Marathon es que aunque la inscripción y seguimiento de tus resultados es gratuito, la medalla, playera y otros accesorios los venden a quien se interese en ellos. Me llamó mucho la atención el esfuerzo que se hizo creando contenido, videos, artículos para motivarte a hacer las carreras, una buena estrategia de marketing, me refiero.

En esto andábamos en este 2020, año cuando me propuse hacer solo ultramaratones: UBT50k en marzo, PCT50M en mayo y Cuyamaka 100k en octubre, pero ya todos sabemos lo que ocurrió. Estuve desesperado varias semanas acatando las indicaciones en esta contingencia (quizás para muchos un tanto exagerado, pero es lo que hice) pero yo necesitaba que bombeara sangre mi corazón. Durante varias semanas hice ejercicios en tapete (¿de calistenia serían?), salto de cuerda y hasta yoga que me hicieron abrir un panorama desconocido para mí. Varios músculos y dolores que no sabía existían los conocí durante esta temporada pero yo lo que quería (y quiero) es correr. Hasta que me conseguí una caminadora con la cual pude regresar a la actividad. Gracias a ella pude cubrir la mayor parte de los retos de las carreras virtuales de Rock ‘n’ Roll Marathon y pude disfrutar de correr de nuevo.

En algún anuncio en Facebook seguramente me enteré entonces de que ante la cancelación inminente del Maratón de Nueva York, ofrecían correrlo de manera virtual. Hay varias maneras de participar con varios beneficios y costos dependiendo que objetivo busques, pero también esta versión empieza por gratis con acceso a tu tablero de resultados y la app para tu dispositivo móvil. La condición es que debes cubrir la distancia completa del Maratón (42.2 kilómetros) en una sola corrida en el día que tú quieras durante el periodo del 17 de octubre al 1 de noviembre. Simplemente para seguir el reto y tener el enfoque en algo este año fue que me inscribí, decidiéndome a hacerlo el sábado 24 de octubre y en esta fecha se fijaron mis entrenamientos. Pero de lo que quería que se tratara este escrito es sobre la experiencia en esta carrera virtual y por equis o por ye razón moví todo al primer día del reto, este pasado 17 de octubre de 2020.

Empecé el día como cualquier otro de una carrera importante, despertando antes de tiempo sin poder dormir gracias a vecinos que no conocen a Susana Distancia. Preparé mi mochila de hidratación, snacks y suplementos que necesito llevar, me bañé y me puse mi playera de mi equipo Diablillos y desayunando me entero a través de la app que ya varios en Europa han concluido su maratón. Me sonó muy bien que ya hubiera un ranking de quienes van finalizando. Me dije a mí mismo «aunque sea en el lugar 60 mil, pero ahí estaré en esos resultados hoy» y salí poco antes de las 4 de la mañana. Debía iniciar mi Garmin pero como experimento decidí también correr usando la app oficial y vaya que me sorprendí gratamente.

Iniciando

Siempre escucho música o podcasts y más cuando son largas distancias aunque para esta ocasión en particular solo quería tener un solo auricular puesto para prestar atención a mi alrededor. Pues solo iniciando me saqué de onda como empecé a oir gritos y aplausos de multitudes, era la app que conforme vas avanzando deja sonar distintos clips de audio de acuerdo a donde estés. En este inicio lo que oyes son el apoyo de los miles de asistentes (o simulándolos) están apoyando a los corredores en la salida. También un entrenador te da consejos de que vas iniciando, no te descontroles y mantén un paso confiable para no sobrelimitarte, enfócate en el objetivo y ese tipo de cosas. Y bueno, ya continué con mi música emprendiendo esta nueva carrera.

Solo mis luces

Era emocionante como cada cierta distancia regresaban estos audios diciéndote cosas sobre la experiencia del maratón de Nueva York (el que no es virtual), mencionándote «cuando cruzas este puente» o «ahí en la calle tal esquina con tal otra» y algunas veces mencionando vivencias personales de quien estaba contando la anécdota. De vez en cuando regresaba el coach y mencionaba cosas del tipo «¿cómo sigues? llevas la mitad, pero vas bien». Fue curioso como tuve un par de coincidencias con estos audios: Cuando llegué al medio maratón mencionaron a quienes se congregan en la calle para aplaudir y apoyar a los corredores y en ese momento un trailer tocó su claxon en señal de apoyo, ya sabes, el clásico Tu-tu tu-tu-tú que ya no solo es exclusivo de la Selección Mexicana de futbol. En otra ocasión mencionaron la batucada de apoyo en el Bronx y en mis audífonos empezó a sonar la bataca de Lars en ‘Hardwired’ casi al mismo ritmo.

La app no está como para estarla viendo todo el tiempo (o corres o ves la app), pero sí resultaba muy interesante ver tu pasar por la ciudad cruzando los 5 barrios emblemáticos. Yo sí lo voltié a ver varias veces más que lo que estoy acostumbrado en una carrera y es que con este tipo de acompañamientos sí se prestaba a querer ver más, inspirarte más. Por ejemplo cuando mencionaron que ya estábamos entrando a Central Park sí era para checar en el mapa como entras a ese mítico parque, aunque en la realidad real solo estabas cruzando el semáforo apurándote a que un camión no termine echándote humo en tu cara. Imposible no emocionarte cuando te echan porras diciéndote que faltan solo 100 metros para la meta y el audio es de miles de personas apoyando.

Kilómetro 33

Todo esto es un sumario de porque el TCS New York City Marathon ha sido mi mejor experiencia en cuanto a carreras virtuales. Se agradece cuando organizadores dan aún un paso más en cuanto a este tipo de esfuerzos para hacer mejores vivencias para los corredores. Claro que mucho tiene que ver la diferencia de recursos entre los países, pero saber usarlos bien ofreciendo este tipo de calidad no hace más que querer buscar aún más experiencias de este nivel.

El #ubt50k2020 y esta contingencia

«Te voy a decir la verdad, está de la chingada la subida pero ya de regreso ¡mírame!» Les decía a los que todavía les faltaba como 2 kilómetros para la cima del Coronel.

Foto de Germán Rodríguez para Yo También Corro en Tijuana

Sí, varios estábamos nerviosos antes de iniciar, sobre todo por la pandemia recién llegada a México. Ante la amenaza de la cancelación, el comité organizador se guió por las recomendaciones oficiales y no había aún la directiva de evitar conglomeraciones siquiera. Vamos, fue el fin de semana en el que el Vive Latino se llevó a cabo sin ninguna restricción. Pues hasta acá en la esquina de este mundo tierra la recomendación entonces fue la de practicar la sana distancia y todos en el staff llevaron cubrebocas y guantes de inicio a fin. Cubierta esta situación, nos fuimos a la aventura.

Foto de ActionShot TJ

Este reto lo veo en cierta manera cercano a la situación que estamos viviendo hoy en día en esta contingencia. Al inicio todos vamos pensando que lo podemos enfrentar sin problema. "Sí, me lo aviento, ¿qué tanto es tantito?" Como en todas las ediciones, hay un elemento sorpresa y en este 2020 esto fue la subida a la Banquita Baja Trail por ahí del kilómetro 5. Al llegar al primer abastecimiento con Ivonne Sita todavía andábamos de buen ánimo, y más cuando más abajo en el kilómetro 10 estaban mis compañeros Diablillos orientando y apoyando a los corredores. Siempre puedes contar con tus amigos.

La meseta la subí bastante bien, en anteriores tiempos era mi coco pero los entrenamientos me prepararon bien para esta subida (y bajada) y ahí seguí a pesar de todo. Ya en el Wanna’s Antonio me decía que no cargara tanta agua pero yo me temía un problema mayor al peso la falta de agua, como ya me ha pasado antes. Así sin problemas de hidratación continué por los Dead Marshes a veces rebasando, a veces evitando estorbar. Eso sí, me daban ganas de sonarme la nariz y me alejaba del sendero 5 o 6 metros para hacerlo siempre hay que seguir el estornudo (o sonadera de mocos) de etiqueta.

El trayecto zigzagueante rumbo al punto de Marix no lo sentí tan pesado hasta que realmente sí, por eso fue un alivio llegar a él y dejar ahí la mochila para el último trayecto hacia la cima del Coronel mejor es dejar atrás cosas que te estorban que llevarlas a cuestas y allá arriba compartimos entre todos los que estábamos suero, barritas Clif y un spray anticalambres que de no haber sido por ello la hubiera pasado muy mal entre todos apoyando, es mejor. De la nada, ya de regreso por alguna razón estaba tarareando una canción punk que a veces la usan en estadios para animar a la audiencia. Ni idea como se llama. En parte porque realmente estaba viviendo mi momento de histeria y en parte para avisar que iba camino abajo y no pegarle a alguien. Ahí fue donde les decía que sí estaba muy pesado, sobre aviso no hay engaño, pero la verdad de bajada ya no se sentía, lo disfrutaba con gusto.

De vuelta con Marix, Rose me obsequió huevo cocido que bañé en sal y me gustó tanto que quería más. Agradecí a todos y emprendí hacia abajo. Ahí animaba a otros que apenas iban y todavía les faltaba bastante, ¿qué más se podía hacer? Entonces llegué al temido trayecto entre el 33½ y 37½ solo de subida, pesada, eterna. Lo único por hacer era seguir a un ritmo leve pero seguir adelante. Faltando un kilómetro para el punto Wanas es la ruta más tediosa para mí, pesada pero todo esto pasará.

Llegué devorando unos sándwiches que tenían ahí en ese punto de abastecimiento y confirmé con Antonio que tenía razón y no necesité tanta agua hay que hacerle caso a los expertos por lo que cargué por ahí de un litro extra que no era necesario cargar. La verdad estuve muy agradecido con cada uno de los miembros del staff en todo momento, y en esta que era la última vez que los vería la despedida era más emotiva. ¡No los he vuelto a ver!

En el playlist que tenía siguió ‘Dittohead’ de Slayer, y con toda la carrilla que tenía a cuestas por ahí del 38, corrí como si no hubiera un mañana siempre puedes dar el extra. Así seguí con la parte que no es de mis favoritas, la sección escarpada que hasta ponen una cuerda para apoyarte en el descenso. La verdad nunca la he usado, siento que me destantea más y prefiero bajar con mucho cuidado. Superado el obstáculo, mi parte favorita es este bosque del ahorcado corriendo tranquilamente a lo largo del riachuelo en medio de los árboles. Una vez saliendo de ahí me topé con compañeras de la ruta de 30k, para mí ya el 43. Y nos topamos con las vacas obstruyendo el camino. La chica tenía mucho miedo de ellas y yo solo atiné en decirle «mira, ellas tienen más miedo que nosotros» y sí, lo pudimos comprobar porque avanzamos y se salieron del sendero. Íbamos con mucha cautela hasta que vimos un macho y antes de continuar solo me quedó hablarle y decirle «vamos de pasada, no queremos incomodarte» todos atravezaremos por cierta locura y no nos peló.

Foto de ActionShot TJ

Ya por fin era la última carpa de apoyo y comí de todo antes de continuar. Salí corriendo porque ya hacía falta. La meta ya la vislumbraba y corría emocionado hacia ella. El último kilómetro lo grité «I’m home free». Llegué emocionado y abrazando a todo mundo.

Foto de Germán Rodríguez para Yo También Corro en Tijuana

Entonces quizás cuando lleguemos a la meta nos enteremos de alguno o varios que abandonaron la carrera. Otros más con alguna lesión que seguramente saldrán bien librados. Y habremos otros que pudimos superar esta prueba. Cada quien lo superará de distinta manera.

Después de esto la contingencia ahora sí fue estricta y no he podido salir a correr como acostumbraba desde entonces. Varios otros eventos y carreras que tenía programadas como el PCT el 16 de mayo fueron cancelados o pospuestos. Pero al final del día, siempre tendremos otra oportunidad de hacer lo que nos gusta.

Eventualmente.

Vamos a correr – #ubt80k2019

– Smashing Pumpkins, Nirvana, Alice in Chains, no manches éstas son mis rolas ¿pues qué estación es?

– Ehm, 91X, ¿sí la haz oido? la de San Diego

Y mi mente me llevó a esa radiograbadora gris que usaba en mi adolescencia para escuchar «mis rolas», 20 años después seguían programando estas mismas canciones en la misma estación. Íbamos en el jeep que nos regresaba al Rancho Casián desde la Meseta a los que habíamos abandonado el UBT en esa primera edición del 30 de marzo de 2014. El mismo conductor de ese jeep me ofreció ahora 5 años después una hamburguesa en el checkpoint del kilómetro 50.

El Ultramaratón Baja Trail es para mí el evento de trail más esperado para mí por decenas de razones. Para empezar es organizado por corredores de montaña entusiastas, y apoyado por voluntarios igual de entusiasmados de dedicar su día libre para que los corredores disfruten de su carrera y no falte nada para lograr su objetivo.

Foto por Sergio Schmidt

Ya eran las 4:30 de la mañana y estaba Leslie en friega acomodando mesas, sillas y dejando todo listo para el inicio. En punto de las 5 de la mañana Rosario y Saúl ya estaban haciendo el check in y se les miraba de buen humor, brindando los mejores ánimos y resolviendo dudas de los corredores en inglés y en español. Yadira, Rogelio y más estaban recibiendo los drop bags y maletas para el guardarropa. Antonio y Germán preparaban el micrófono para dar las instrucciones finales antes de iniciar. Y ahí vamos a la salida.

Pasando un poco después de las 6 aún de noche damos inicio con los aplausos y vivas de cientos de familiares y amigos que rodeaban las vallas que nos encaminaban a la ruta. No consideré necesario encender la lámpara pues con el contingente de corredores había buena iluminación. En la desviación donde el camino ancho nos lleva a los primeros cerritos ya estaba Arelí animando a todos cuando no había rastro siquiera de los primeros rayos del sol. Aún platicaba con Mayo entusiasmado, convencido solo de una cosa: terminar este reto de 80 kilómetros a como diera lugar.

Yo iba bastante cómodo, yendo a mi paso sin apresurarme ni presionarme. Estos senderos son bastante corribles y disfrutables así que solo me dedicaba a eso. Los estragos de las enfermedades de las últimas semanas empezaron a hacer acto de presencia con esta mañana fresca pero no tenía mayor problema antes de llegar al primer checkpoint del kilómetro 6. Con mucho ánimo nos recibieron y solo necesitaba una papa cocida bañada en sal que digerí en un segundo y ya estábamos de nuevo en ruta. Hacíamos cálculos y nos dimos cuenta que prácticamente éramos el grupo de retaguardia, tan solo un americano veíamos más atrás de nosotros. No hay problema, seguimos a nuestro paso descendiendo estas cordilleras fabulosas ahora sí con el sol iluminándonos mejor. Allá abajo nos sorprendimos en el kilómetro 10 aproximadamente cruzando el riachuelo rebasándonos a toda velocidad Ricardo Mejía e Iván Santana quienes iniciaron su carrera de 50 kilómetros media hora después de nosotros. Ahora la sorpresa de la ruta eran «Las Zapatillas» donde nos encaminaron a un cerrito por veredas «offtrail» también muy bonito que ahora después de las lluvias de las últimas semanas lucían verdes resplandecientes. Ya más cerca se miraba la Meseta y nos adentramos en lo que hasta hace algunos años era prácticamente un bosque antes del incendio mientras dejábamos pasar a quienes venían con mejor ritmo que nosotros. Seguimos ascendiendo hasta llegar al segundo checkpoint del kilómetro 13 donde tomé más agua y me desayuné como 3 trozos de sándwich de jamón que me supieron deliciosos. Me animaba con mis amigos Pau, Edson, Ricardo e Ingrid que como siempre nos dieron ánimos todo el tiempo que nos topamos. Ya para salir fue imposible perder oportunidad de saludar a Sergio para salir bien en la foto de Action Shot TJ pero había que subir la Meseta. Ahí empezando la cuesta también saludamos a Manuel Ayala que nos tomaba también foto para el recuerdo.

Aunque ya estaba calientito por la luz del sol no quería quitarme la chamarra aún pues sabía que el viento allá arriba me sacaría de quicio y así fue. A medio bajar de la Meseta ya con el sol encima decidí que era el momento de «cambiarme» y me aparté de la ruta para no estorbar a nadie y sin saber nada solo sentí cientos de agujas en mis piernas. Salté hasta que logré treparme en unas piedras pero no tenía idea que era hiedra lo que alcancé a sentir. Traté de tallarme con los plásticos que cargaba por si me hacía algún tipo de efecto peor pero afortunadamente no pasó a mayores. Regresé a la ruta ya ataviado con mi gorra y lentes oscuros con mi chamarra ajustada a mi mochila para dejarla secar y ya veía el tercer checkpoint del kilómetro 16 y medio, el de los Wanna’s.

Coloqué mi brazo para que me pusieran mi segunda pulsera con la que había de comprobar que pasé por este punto y me dí cuenta aterrorizado que no tenía la primer pulsera amarilla que nos dieron en el check in antes de salir. Preocupado le conté a Zuluz de la situación e inmediatamente dió aviso y pude notar que le respondieron por radio de varias estaciones «de acuerdo, Gabriel Flores perdió la pulsera amarilla» y no cabía de la pena. Aproveché para llenar de agua la mochila, comer un poco más de papas y así continué el camino esperando no hubiera más repercusiones de mi descuido. Lo que seguía para mí era lo más pesado de la ruta, no tanto «la matona» sino llegar a ella que son como 4 kilómetros de caminos un tanto técnicos y tediosos a la vez. Allá abajo teniendo de frente esa imponente subida vimos pasar ya de regreso a Adán, nos gritaba preocupado que si llegáramos a ver una pulsera negra antes de la subida se la guardáramos. «Bueno, al menos no fuí el único» pensé para mí. Ahora, imagínate una colina empinada, de terreno lodoso ahora seco, estamos hablando de un grado de pendiente de 38.5% prácticamente de agarrarte con todo y uñas para subir. Pero en esta ocasión tenía unos bastones de montañista que me regaló Claudia años atrás y que ahora sí que aproveché. El detalle es que con ellos distribuyes el esfuerzo necesario para subir con los brazos y así no le das tanta batalla solo a las piernas. Por eso, esta subida la subí sin problemas, claro que me costó pero ya sabiendo a que me enfrentaba y con la ayuda de los «poles» fue más sobrellevadero.

Lo que seguía eran ahora los zig zag pero bueno, ya lo esperaba y no me fue tan mal tratando de salir de ellos. Mientras tanto ya varios corredores venían de regreso y nos dábamos ánimos mutuamente pero ya, por fin llegaba al checkpoint de la base del Cerro del Coronel con Marix ya en el kilómetro 25. Desde que incluyeron en la ruta este cerro me acostumbré a allá arriba en la punta tomarme un medio litro de suero. En esta ocasión me traje la botella vacía para aquí llenarle el agua y subir ahorrándome así la carga extra de líquido durante el camino. Ahora sí, había que subir y la línea de conga se miraba muy divertida para llegar a la cima. Es tan solo un kilómetro si acaso, pero tardas en llegar como media hora por lo complicado del trayecto. Igual daba y recibía ánimos hasta que por fin llegué a las rocas que definen la punta del Coronel. Ahí me tomé un momento para simplemente admirar el paisaje mientras comía el delicioso pan lemba (así le llamo yo, aunque era un Cliff bar) que me regaló Alejandra antes de iniciar. Me tomé mi suero tranquilamente y hasta selfie con Grace tuve chance. Pero ya, la meditación tenía que terminar pues había de continuar la carrera. Camino abajo cuidándonos de no caer platicaba con una americana que me decía que no esperaba que fuera tan complicada la ruta, que le gustó muchísimo pero sí estaba teniendo ratos muy pesados. Regresamos al checkpoint y ahí por alguna extraña razón estuve tome y tome Ginger Ale que me supo muy sabroso. Ya era necesario un baño con agua helada usando la esponja y allá vamos de regreso.

Foto por Rouss Calderón

Por lo menos ahora era de bajada y pude trotar un poco más. Por las personas que nos pasaban o que apenas iban al Coronel pude deducir que seguía siendo de los últimos de mi ruta de 80k. No es problema, sigo con muy buen tiempo (una hora de ventaja con respecto a la hora de corte) y me siento bastante bien. En el arroyo en la parte más baja (y de hecho en cualquier corriente de agua que me encontrara) aproveché para mojarme las piernas y así refrescarme un poco más. Pero todavía faltaban como 4 kilómetros colina arriba para llegar al checkpoint. Ahí iba a mi paso cuando de la nada me rebasa Erica que estaba muy contenta de hacer 50k en la Baja, aún cuando hacía pocas semanas había hecho otro ultra de 50 kilómetros en Los Angeles. Así fue este trayecto, algunas veces rebasando y otras me pasaban pero eso sí, con bastante fuerza todavía para llegar. Hasta que por fin, en la base de la Meseta llegué al Bosque Wanna’s del kilómetro 36 en la ruta.

Estaba Magally apoyando a los corredores, me explicó que tuvo problemas al bajar de la meseta que le impidieron continuar entonces para aprovechar el tiempo se dedicó de voluntaria en lo que llegaba la hora de regresar. Le agradecí el esfuerzo y después de cargar más agua me tomé agua y soda que me acercó Araceli pero ya tenía que emprender el camino de vuelta. Ahora el camino estaba más soleado, ni modo, pero seguía con buen ánimo. Hasta llegar a la cuerda. Es una pendiente relativamente corta (no creo que más de 100 metros) pero es tan vertical que los organizadores colocaron una cuerda para auxiliarnos en el descenso (y ascenso). Ya habían explicado que no era para escalarla con la cuerda sino para no perder el equilibrio, aunque a mí la verdad nunca me ha gustado usarla. Prefiero usar mis pies y manos sabiendo exactamente de que me estoy agarrando para evitar una caída. Y bueno, ya abajo continuaba un trail bastante bonito donde las copas de los árboles cubrían del sol en un terreno verde bordeando el río que desciende de la montaña. Después todavía faltaban algunos kilómetros en subida para llegar al checkpoint de la Rumorosita y ahora nos encontrábamos con los corredores de la carrera de 30k. Algunos con mucha fuerza y otros no tanto, pero no dejábamos de darnos ánimos. Ya llegando al punto de abastecimiento del kilómetro 44 me estiré para descansar un poco y yo ya quería llegar. Me sorprendí de que Germán también ya venía conmigo a la meta. Yo ya sabía que es corredor pero ahora era distinto cargando 4 kilos de equipo fotográfico en su mochila. Pues aún así se escapaba a ratos y me alcanzaba a tomar fotos adelante de mí. Toda esta parte de la ruta para mí es ya darme cuenta que estoy a punto de llegar, así que tenía mucho mejor ánimo. Y mucho más cuando a menos de un kilómetro para llegar me encuentro con Rose ofreciéndome una Ultra que acepté gustoso.

Por fin llegando a la meta con mucha gente apoyando y aplaudiendo a quienes terminaban llegué al checkpoint del kilómetro 50, unos metros antes del arco de llegada. Ahí me recibieron Saúl y Rosario quienes decidieron quedarse a apoyar aún casi 11 horas después de su arribo al Rancho Casián. Me sentaron en una silla al lado y me sentí como rey: Ilse y María me masajeaban una pierna cada una, Arrona me acercó un bote de cerveza que me terminé de un trago, Germán me acercó agua y soda, mi prima Edith me dió chocolates y wipes para el camino y además Omar, aquel que hacía 5 años me transportaba de regreso en el bus de los DNF, ahora me ofrecía una hamburguesa. Era increíble el nivel de atención, pero estaba más enfocado en regresar a la ruta pues en mi mente sentía que si me quedaba cómodamente me iba a querer quedar y no salir. Me despido agradeciendo a todo mundo, y ahí voy.

Es distinto el camino ahora con el sol arriba de tí quemándote pero también por toda la gente dándonte ánimos ahora en la segunda vuelta. Ahí justo en la última subida para quienes ya van a la meta me topo con un chica que parecía estar desesperada por terminar y que tuvo que tomarse un momento para descansar. Le dije «te voy a contar un secreto, aquí saliendo de esta colinita ya solo es bajada y llegas en menos de un kilómetro» y le cambió la cara, se animó y le siguió. Yo apenas iba pero eso me hizo animarme más. Mi meta era terminar este reto y así estaba lográndolo tratando de tener la mejor actitud. Llegando a la Rumorosita de nuevo ya en el kilómetro 56 comí muchas papas fritas, necesitaba sal en el sistema y volví a tomar Ginger Ale. Cada que llegaba a cualquier checkpoint preguntaba por mis amigos y me dijeron que Mayo hacía menos de diez minutos que había salido.

No se trataba de alcanzarlo, toda la carrera estuvimos como quien dice acompañándonos aunque tuviéramos 1 o 2 kilómetros de separación, pero me daba gusto que él y mis amigos continuaban muy bien la carrera. Ahora seguía continuar por las veredas en los picos de los cerros cuesta abajo hasta llegar al «ahorcado». A estas alturas corríamos juntos Arévalo y yo que ya no soportábamos las plantas de los pies. Me sentía sorprendentemente bien con la respuesta de los músculos de las piernas (y brazos) pero lo que sí estaba causando mella era el impacto de los pies en estos terrenos. Ya llegando de nuevo a la subida con la cuerda mis bastones simplemente no eran para esto. Lo que tuve que hacer fue aventarlos para arriba y ya yo subir escalando esas piedras en vertical. Llegaba a los bastones y otra vez aventarlos unos metros más arriba para continuar subiendo. Así por fin llegaba de nuevo al punto del bosque Wanna’s, ahora en el kilómetro 63. Ahora tenían carne recién asada y con todo el gusto me fuí comiendo un pedazo. Esta era la última vez que los miraba así que me despedí agradeciendo su tiempo y disposición de ayudar.

Subiendo la Meseta (ahora por la cara este) tuve que dedicarle un tiempo a buscar mi pulsera amarilla donde horas antes que me había cambiado la perdí. Y pues no, no la encontré, quizás porque ahora no me metí de lleno a la hiedra pero no tenía ningún interés en volver a sentir esos aguijones punsándome las piernas. Aproveché la interrupción para ponerme de nuevo la chamarra pues ya sentía más fuerte el viento fresco y no quería que me agarrara desprevenido el frío en la obscuridad. Yo le había dicho a Arévalo que ya en el siguiente checkpoint ahora sí tendríamos que ponernos las lámparas en la cabeza y allá arriba solo mirábamos el sol ocultándose en el horizonte del Pacífico. Por fin estábamos descendiendo y miraba abajo (muy abajo) el penúltimo checkpoint. Esto me daba más ánimos pues ya quería tener comida caliente que estaba seguro tendría Ingrid ahí, y felizmente sí estaba. Llegando por fin al punto del kilómetro 67 lo primero que Ingrid me acercó fue un vaso de sopa caliente. Pau me atendía de maravilla llenando mi botella de suero, Ricardo me cubría con una manta y todos tenían algo para mí listo. Entonces al son de «mientras más pronto me vaya, más pronto llego» me despedí de mis amigos y continué la ruta. Ahora sí con la lámpara encendida.

Yo solo miraba los estrovos y luces de un par de personas enfrente y atrás de mí a unos 2 kilómetros pero yo iba en mi carrera a mi paso, sin tanta preocupación. Recibí entonces una llamada de mi hermana que preguntaba como me estaba yendo después de notar que el seguimiento de la carrera en Endomondo se había detenido. Le contesté que me sentía fuerte y con muchos ánimos de terminar de mejor manera. Llegué a un punto en la base de la subida a la Meseta donde estaba ya listo esperando Edson a los últimos corredores para cerrar con ellos la carrera. Y es que la organización siempre tiene conocimiento y total detalle de los corredores, en todas y cada una de las ediciones de este Ultramaratón siempre ha sido así. Le agradecí su esfuerzo y continué ahora bordeando el río que lleva al complejo residencial que están construyendo en estos terrenos. Seguía una etapa de la carrera donde ya estaba mentalizado en que el ascenso sería tedioso pero la ventaja era que estaba en total obscuridad, solo miraba los reflejos de las marcas reflectivas que colocaron en la ruta conforme me acercaba a ellas. Y allá a lo lejos (bastante muy lejos) logré ver las luces del último checkpoint y me animé a seguir subiendo apoyándome en los bastontes. A lo lejos detrás de mí miraba las 3 luces de Ricardo, Jorge y Rigo apresurando el paso pero bueno, yo lo que quería era llegar ya. Y por fin llego al punto del kilómetro 74.

Ivonne me recibe con quesadillas recién hechas, prácticamente sin masticar me pasé una. Tomé rápidamente agua y no quise dejar pasar más tiempo y me lancé cuesta abajo después de un «señores, ¡muchas gracias por todo!» Esta parte de la ruta es la que menciono siempre que es más corrible y así estaba, corriendo estos últimos kilómetros. De pronto frente a mí noto unos destellos de algo moviéndose. Me detengo y era una chica preguntándome si estaba bien la ruta. Le respondo que sí iluminando con mi lámpara al vacío y haciéndole notar los reflejos de las marcas que definen la ruta. Me causó curiosidad que no tuviera su lámpara encendida aunque a decir verdad a estas alturas ya estaba la luna muy brillante y salvo para iluminar los reflectivos, en realidad no era necesaria la luz de la linterna. Así continuamos cada quien en su carrera siguiendo por los caminos que demandaban las últimas subidas. Yo tenía más ánimos, veía muy cerca la meta. Ya había apagado minutos antes los podcasts y música que llevaba pues quería escuchar todo el camino estos últimos momentos. Imaginaba de nuevo llegar a la meta y tener a mi familia recibiéndome. No sé, es algo que siempre he imaginado que me da mucho más ánimo para cerrar con fuerza. Entonces llegué al punto donde horas antes le conté a la chica que era el último kilómetro. Y me solté.

Seguí corriendo, digo, era cuesta abajo pero kilómetros atrás procuraba guardar mejor el ritmo. Al llegar al entronque con el camino ancho ahí sí no hubo manera de detenerme. Corrí iluminado por los faros de un carro que iba detrás de mí. Yo no quería dejarme y continué corriendo estos últimos metros. En la vuelta de la esquina antes de llegar al Casián me di cuenta que era una camioneta de rescate que estaba custodiándome por lo que les agradecí bastante el acompañamiento. Ya miraba la meta enfrente. Estaba todo totalmente oscuro (ya eran más de las 9 de la noche) pero la luz en la meta era clara y estaba enfrente de mí. Corro y doy el paso por el tapete para marcar la culminación de los 79.5 kilómetros de este Ultramaratón Baja Trail del 2019.

Foto de Isabel Mata

Estaban todos mis amigos. No solo Isabel, Adán, Martha, Marco y Mayo quienes terminamos la carrera sino también Magally, Edgar, Ricardo, Karina, Ingrid, Paulina y muchos más que ya habían regresado de sus puntos de abastecimiento. Saludaba a todos y no me había dado cuenta de algo. Estaba mi mamá, mi hermana y cuñado ahí para recibirme. Los abracé a todos y no podía estar más contento. Pero había más sorpresas. Además de la medallotota que avalaban completar los 80 kilómetros en tiempo y forma me dieron un tubular conmemorativo del evento. Y no solo eso, el director de la carrera, Antonio Ríos, me ofreció una sudadera de la carrera en agradecimiento por haber concluido por 5 años consecutivos este ultramaratón. Y es que después del abandono en el kilómetro 25 ese año 2014, todas las ediciones posteriores las terminé apropiadamente. Y a decir verdad, esta edición fue la que más disfruté. Cuando me he mentalizado a no tener presión alguna, todo lo demás está de sobra. La satisfacción de terminar el reto (en tiempo y forma) es el logro.

Vamos a Correr – Maratón Gobernador 2018

In the name of desperation
In the name of wretched pain
In the name of all creation
Gone insane

Metallica – Hardwired

Tenemos que empezar de algún modo y en esta ocasión así es. Después de desear suerte a amigos y familiares ahora sí, solo eres tú y el asfalto. Vamos a ver si puedo hacer mejor papel que el PB de 3:53 hecho en enero del 2017, aunque la verdad me conformo con mejorar la marca de 3:59 del año pasado en esta misma ruta. Lo que hay que hacer es enfocar, dejar de talonear tanto manteniendo el ritmo que planeo entre 4:50 a 5:10 minutos el kilómetro.

Penetrate, Penetrate
All the simple minds
They adore, what a bore how they stand in line
Dilate, Dilate

The Union Underground – Turn Me On «Mr. Deadman»

No hay que perder el paso, estamos platicando muy agusto Víctor Puma y yo. Entre los dos nos contamos de los temores y a lo que nos estamos enfrentando con los distintos errores que cometimos en los entrenamientos para este maratón.

Pude cerrar los ojos
Mas no pude dejar de verte
Y dejar de dormir
Mas no dejar de soñar
Puedo callar las voces
Mas no puedo dejar de oírte
Puedo dejar de ser
Pero no puedo dejar de estar

Fobia – Hipnotízame

Me gusta el ritmo que traigo ahora que pasamos por el primer puesto de relevos, me gusta contar de 11 en 11 (no sé, se me hace más fácil la cuarta parte así), así que ahora que estamos acá percibo que sigo en buena forma aún.

foto de Yo También Corro en Tijuana

We get some rules to follow
That and this
These and those
No one knows

Queens Of The Stone Age – No One Knows

Oh diablos, está muy bien que quieran apoyar a su gente pero no tienen porqué estorbar el carril por donde vamos. Eso Tx8 vamos bien. Esa pareja corriendo a lo Naruto está en mejores condiciones que yo. Esta subidita seguro va a hacer de las suyas cuando pasemos por aquí en la segunda vuelta. Ahora mismo la siento que corro mejor de subida.

There was a place
And the name of the place escapes me
When I can’t remember
It irritates me
Could be I can’t remember
Could be I choose to not
Let’s move the song along
And try to find the plot

The Mighty Mighty Bosstones – Someday I Suppose

Debo dejar de alterarme tanto, concéntrate te digo. Hey que onda Robert, todo muy bien pero ¿podríamos dejar de hablar de trabajo? Estoy cruzando los 22k en muy buen tiempo (para mí) de 1:48 y sigo manteniéndome en el ritmo planeado de 5:10 aproximados.

foto de Pic2go

Do you feel like a chain-store
Practically floored
One of many zeros
Kicked around bored
Your ears are full, but you’re empty
Holding out your heart
To people who never really
Care how you are

Blur – Coffee and TV

Nos sentimos bien, seguimos adelante. No se porque sigo sintiendo mucho frío, Robert espera que no sea por baja presión o algo así a lo que respondo que no me siento así de mal, es solo frío. Es extraño. Checo el ritmo cardiaco también y lo veo normal, aunque no estabilizado como me había tocado en los entrenamientos, varía mucho.

I got up feeling so down
I got off being sold out
I’ve kept the movie rolling
But the story’s getting old now, oh yeah
I just looked in the mirror
And things aren’t looking so good
I’m looking California and feeling Minnesota, oh yeah

Soundgarden – Outshined

Esta parte del Río siempre ha sido, digamos, aburrida. Calles anchas sin mucha gente ni negocios. Eso sí, mucho tráfico que los encargados de seguridad han cuidado nos permitan correr este maratón sin problemas. Nada que ver con otros años donde las mentadas eran cada 3 minutos.

Yeah (yeah, yeah)
I was right all along,
Yeah (yeah, yeah)
You come tagging along,
Exhibit a,
On a tray,
What you say,
Ends up thrown in your face,
Exhibit b,
What you see,
Well that’s me,
I’ll put you back in your place

The Hives – Tick Tick Boom

No… debo… parar… Ni siquiera a caminar. Ahora sí estoy sintiendo el rigor. Digo, ya bajé el ritmo hasta 5:40 minutos el kilómetro llegando al 33 pero no es para tanto. Aún así podría terminarlo en sub4. Solo… debo… evitar… parar.

Como echarte flores
Si eres un jardín
Con esos olores me siento morir

Aterciopelados – Florecita Rockera

Ni hablar, mis piernas no dan para más. Ahora vamos a caminar, tan solo un poco, no tiene nada de malo, digo, ahorita me recupero. Espero.

They’re trying to build a prison
They’re trying to build a prison

System of a Down – Prison Song

Sigo trotando en el 38 que llego a este puesto de abastecimiento. No es el ritmo que quisiera pero por lo menos lo tengo que terminar. Que curioso ¿calambres en los brazos? ¡mira! al llevarme agua a la boca se me engarrota todo el brazo sin poder moverlo. Tengo que usar la otra mano para bajarlo. Deja lo intento otra vez. ¡CARAJO! ¡¿¡calambres en los brazos!?! ¿cómo es posible esto? GAAAAAH! calambres en las piernas, directo en los chamorros. No puedo moverme.

Dos corredores me toman de los brazos y me ayudan a ponerme en la orilla. Uno de ellos le dice a los que están dirigiendo el tráfico que llamen a la ambulancia. ¡No me puedo mover! Me dicen «siéntate» pero no puedo moverme. Me levantan de los brazos para darme vuelta y sigo con las piernas completamente tiesas. Me ayudan a sentarme y lo que veo me parece irreal: los músculos de los gemelos están contrayéndose estrujándose como si tuvieran vida propia. Me explican que es mejor que me mantenga estirando para evitar más dolor. Yo solo estoy padeciéndolo todo.

Déjate caer
La Tierra es al revés
La sangre es amarilla
Déjate caer

Los Tres – Déjate Caer

Me atiende la prima Edith con árnica, de algo debe servir para aliviar este dolor. Otro señor que se acerca me da un spray que provoca el efecto de frío helado que agradezco mucho. Ya llevo aquí veinte minutos y por fin puedo pararme yo solo. Hace rato el Garmin hizo timeout del entrenamiento y se guardó hasta donde llegué: 38 kilómetros y medio. Ya no pasa nada, es todo lo que debía correr hoy.

Pues si me buscas me encuentras no vivo en la tienda
Ni espero a que vengas nomas pa’ que aprendas
Conmigo te topas payaso con ropas
No estés tan tranquilo que pronto te toca
Te traigo entre ojos y los traigo rojos
El diablo anda suelto entre todos los locos
Detente y comprende lo que te conviene
A mi no me mientes ni peles los dientes

Control Machete – Comprendes, Mendes?

Caray, como hace 2 años, cuando ya todo lo demás falla ¿qué nos queda? a cantar y bailar. Pero habrá que seguir adelante.

What do you think they would say
If I stood up and I walked away
Nobody here really understand me
And so I’ll wave goodbye I’m fine

Blind Melon – Tones of Home

Sí, estoy llorando, es normal en la vueltita del kilómetro 39 ¿qué no?

I’m gonna fight ‘em all
A seven nation army couldn’t hold me back
They’re gonna rip it off
Taking their time right behind my back

The White Stripes – Seven Nation Army

Me faltan dos kilómetros y decido correrlos. Ya estuvo bueno de medio caminar y detenerme. Vamos a terminar corriendo este maratón. Rebaso a varios con quienes minutos antes estaba compartiendo el sufrimiento. Todavía hay dolor pero puedo correr, así que ¡VÁMONOS!

foto de Yo También Corro en Tijuana

It’s a God-awful small affair
To the girl with the mousy hair
But her mummy is yelling no
And her daddy has told her to go

David Bowie – Life on Mars?

Llego gritando, agradeciendo a todos. Cumplí terminándolo y hasta ahí. No se alcanzó el objetivo, no lo disfruté, y solo por orgullo no me quise subir a la ambulancia.

Hasta la vista Maratón Gobernador

Vamos a correr – #UBT2018

IMG_4622Empezamos pocos minutos después de las 6 de la mañana. Todos traíamos las lámparas funcionando aunque ya estaba por amanecer. Nos dimos ánimos Marco, Chain y yo y nos fuimos más o menos en compañía. Solo íbamos 55 en esta distancia así que no íbamos a perdernos tanto de vista. Este primer trayecto con moderada fuerza pues ya sabía lo que nos avecinaba. En casa no recordé rellenar mi mochila pero en la salida unos corredores me dejaron ponerle un poco de un garrafón de Bonafont que llevaban, así que en el primer checkpoint en el kilómetro 6 me iba a tomar mi tiempo en lo que me llenaban bien.

te quité el vestido, te besé en la boca, pero no quisiste… darme todo una vez más

Ahí vamos bajando estos estupendos senderos, siempre pensé lo que nos costaría el regreso de la segunda vuelta, pero ahora era tiempo de aprovechar. Ya abajo, estábamos los que #SomosdeBarrio y en un descuido el Chain se fue siguiendo a otros por el camino normal para llegar a la meseta, les insistía que debíamos estar atentos a los listones y dejar de seguir la corriente a otros que «ya se saben» el camino. Por donde sí era la ruta dudamos un poco pero me adelanté para ver la ruta de regreso a 50 o 60 metros en paralelo a la ruta donde veníamos corriendo y ya seguimos con mayor seguridad. Siempre siguiendo los listones. Hacía mucho frío pero a lo lejos veo una manta negra con símbolos de diablos prehispánicos. Adelante saludo con euforia a Marthita que hacía un escándalo con la matraca y que gustosa nos daba la bienvenida. Acercándonos al checkpoint del kilómetro 13 con mi gente Diablillos saludé abrazando a todos, a Rosario, Saúl, Monse, Naraí, Ari, Karina, Edson, a todos. Expuse mi muñeca para que Yaya me colocara la primer pulsera y ya pedía mi primer shot de whisky. Estábamos tan a gusto que nos tuvo que decir Mayo que estábamos perdiendo tiempo y era hora de partir.

decídete, yo sé bien que es la primera vez

Primer subida a la Meseta, yo con mi vara alcanzaba a otros pero cuidaba no hacer esfuerzos innecesarios, todavía faltaba mucho. Prefiero este lado por donde ahora subimos la meseta porque desde la primera vez que bajé por aquí andaba perdiendo el paso y a punto de azotar. Ya arriba podía trotar y avanzar pero ese viento frío estaba fuerte. En el descenso ya se sentían gotas de lluvia y pues para eso traje el impermeable, me lo puse al menos en la cabeza para llegando con los Wanna’s ponérmelo bien. Ya estaba lloviendo, era lodo por donde estábamos tratando de avanzar. Y en la última recta estaba considerando seriamente mejor sentarme y dejarme deslizar. Llegando al checkpoint del kilómetro 18 aproveché para ponerle más agua a la mochila, comer papas fritas y Coca-Cola. Pero había que salir y decidí llevarme mi palo-bastón previendo que lo necesitaría más que nada para evitar resbalones.

IMG_4628Y para eso lo usé. Lo que seguía era camino de lodo en bajada por 4 kilómetros, y ya abajo había que subir otros 3 para llegar al checkpoint de Marix. En este cañón es donde ya estaba con la garra que se caracteriza Isa y Adán, haciendo un estupendo 50k. Ya en el puesto de Marix, preferí no detenerme tanto y solo pedí soda, había que subir el Coronel. Si en tiempos normales es extenuante la subida de kilómetro y medio, se multiplica por dos cuando el terreno está mojado. Aquí estábamos acompañándonos el Chain y yo y justo nos estábamos metiendo donde la cumbre del Coronel es consumida por las nubes y bromeamos con que estábamos introduciéndonos al Shimer espeluznante de ‘Annihilation’, y sí que era un espectáculo de otro mundo a donde nos adentramos. Animamos a los que ya descendían y nos cuidábamos de no resbalar. Allá arriba, solo éramos nosotros en medio de la nube, y solicité mi segunda pulsera, y no quise perder más tiempo para regresar. El descenso fue complicado por lo angosto de la vereda y lo resbaloso pero al menos no pasó a mayores. Ya de vuelta con Marix en lo que ya venía siendo el kilómetro 28 ahora sí me recargué con agua, soda, cerveza, y nomás no quise tequila porque pensé que me iba a cruzar (:P). Ante la recomendación de Marix de nutrirnos tomé un huevo cocido que estúpidamente pregunté como se comía (?) me dijeron «te lo pones en la boca y empiezas a masticar», así le hice no sin antes llenarlo de sal que ya me estaba haciendo falta. Pero era hora y emprendí la huida agradeciendo como siempre a todos.

como cada noche, vuelvo a acompañarte, a las nueve y media te devuelvo a tu mamá

Me alcanzó Danny en este trayecto largo y agotador, era bajada por lo que aproveché para pedirle que cargara mi mochila mientras me cambiaba. Estaba empapado y quería que se secara un poco mi sudadera ahora que salía el sol entre las nubes. Le dí los últimos ánimos porque él sí tenía mucha fuerza para continuar y me emocioné con él de la estupenda carrera que estaba haciendo.

nos quedamos solos, todos se marcharon y en mi cuarto había apenas luz en un rincón

Así amarrada mi sudadera a mi mochila continué estos largos kilómetros de subida de nuevo.

luego solo en casa mirando tu foto sueño con tu cuerpo y en silencio siento amor

Sabía que eran solo 4 pero estaban siendo extremadamente largos.

maldita mi suerte, decídete, simplemente amor, decídete

Muchos corredores me pasaban, no tenía ánimos de esforzarme siquiera.

y volemos hacia mundos lejanos, los dos de la mano, decídete

Tengo frío, estoy a duras penas avanzando, no se me quita esta jodida canción de la cabeza.

decídete, no lo dudes más, decídete, que no puedo resistir sin tenerte

foto por Mariana Delgado
foto por Mariana Delgado

¡YA! debo dejar estos pensamientos derrotistas y poner mi música para quitarme esta canción. Así que le puse Reproducir a mi playlist de Deezer y empieza No Doubt con ‘Ex-Girlfriend’ y voy más animado. Ya de nuevo con los Wanna’s en el kilómetro 36 les digo que ahí les encargo mi báculo de poder, lo voy a necesitar en la segunda vuelta. Y ahora sí con música que sí me gusta, en senderos que sí puedo correr que además son requete-bonitos, voy con un ánimo enorme. Aquí me encuentro al Mosco que va tranquilo porque ya entregó el número pero va bien. Voy bajando por la cuerda y me doy cuenta que prefiero no usarla, está empinadísimo pero no es lo mío. Ya una vez abajo vuelvo a correr en medio de árboles y rodeando el riachuelo me doy cuenta de nuevo porqué me gusta correr por las montañas. Respiro un aire puro, con el movimiento genero calor y no es tan grave el frío, mis pies tocan el suelo de tierra al correr y es de lo mejor. Estoy en mi mejor momento de ánimos y veo que vienen en su segunda vuelta los punteros de 80k, van de lo más relajados y corriendo disfrutando la carrera. En el Uno / Dos van el corredor de Tecate y el de Ensenada confirmando la estadística de que ningún Tijuanense ha ganado el UBT en sus cinco ediciones. Eso me da más ánimos con esa gallardía con el que se conducen y en la cordillera que nos llevará de nuevo al primer checkpoint voy pasando a varios corredores que van por los 30k. Sigo cuidando el paso para no sobre-esforzarme y a lo lejos veo a Edgar que sigue tomando fotos a pesar del frío y lluvia. Le pregunto por Magally y me dice que ya debió haber llegado y me dió muchísimo gusto.

foto por Sergio Shmidt
foto por Sergio Shmidt

En este punto del kilómetro 43 no quiero rellenar la mochila para no meterle más peso pero sí aprovecho para tomar soda y comer algo de papas fritas. Me retiro nuevamente agradeciendo a todos y salgo disfrutando esta parte de la ruta que desde la primera vez que la usaron hace 3 años me gustó bastante. Seguía disfrutando y al ver gente de los 80k que ya regresaba les daba ánimos. Incluso a la señora de más de 50 años que resultó llegar en 3er lugar al verme me gritó un «Gooood jooob!!» que me dió ánimos. Ahora, cuando me encontré a Marco y Chain en su segunda vuelta a un kilómetro y medio de la meta en algo que no pude evitar decirle es que si no regresaba a la segunda vuelta volvería por él. Estos pensamientos siguieron con los columpios de estos últimos metros, me imaginaba regresando a un baño de agua caliente, sin sentir frío, sin tener más dolor por el esfuerzo. Pero seguía una bajada más. TODOS dando ánimos. Corrí más y alcancé la última esquina donde estaban Trini y Lalo animando. Les agradecí y pregunté a la hermana de Santiago por él y aún no terminaba sus 50k. Ya por llegar a la meta veo al Flecha grabando con su celular y dándome ánimos, incluso corrió conmigo unos metros para alcanzarme al punto de abastecimiento y agradecí sus porras.

foto de Adhir Aguilera
foto por Adhir Aguilera

Ahí dentro no pude hablar, solo me quité la sudadera que tenía mojada, me preguntaron cómo me sentía, si quería comer algo. Graciela y Óscar se aseguraron que tuviera el checklist completo de lo obligatorio para continuar consistente en una manta térmica, impermeable, silbato, celular cargado, lámpara y baterías extras, silbato, luz estrobo roja, y adicional ya llevaba yo cápsulas de sal que me había brindado antes Mayo, además de GUs extra. Mientras pasaba todo esto, Martha me daba masajes en las piernas con el ungüento anticalambres y Arelí me alcanzó una cerveza que disfruté como si no hubiera un mañana. Así que sin pensarla mucho ni nada me aventé de nuevo a la aventura ya bien colocada mi chamarra, gorra y todo lo demás. Nuevos aplausos y ánimos por parte de los asistentes y emprendí hacia los 30 kilómetros restantes. Ahí en la vuelta alcancé a ver a Ingrid que ya venía cerrando sus 50k, estaba muy gustoso por ella llegando a la meta. Le abracé y le deseé lo mejor y continué. Seguía corriendo y en la desviación para agarrar de nuevo el cerro un señor que me había visto llegar me dice «¿cómo? ¿otra vez?» le respondo que sí, que porque estoy loco y me responde «sí que lo estás, pero ¡ánimo!»

En la ruta recordé ‘Criminal Utopia’, que en el primer capítulo trata del protagonista haciendo un ultramaratón de 100 millas. Estaba a punto de desistir y él se daba ánimos diciendo «¿ves el árbol allá enfrente? hay que llegar a él y ahí decido si abandonar.» Llegaba al árbol y desde ahí miraba otro punto como una piedra, un río o una brecha, y era su nuevo referente. Y eso mismo estaba haciendo yo. Miraba a lo lejos la salida de un cañón y me daba el empuje necesario para continuar. En el trayecto ahora sí miré a Santiago quien me ofreció sus pastillas de sal. A Adriana que aunque cansada llegaría muy bien a la meta. A muchos otros que les daba ánimos diciéndoles «ya solo falta kilómetro y medio» cuando en realidad faltaban menos.

Llegando al checkpoint en el kilómetro 54, estaba muy agotado y con mucho frío. A lo lejos miraba a Edgar que seguía tomando fotos. Estaba lloviendo. Todos estaban mojados. Unos se guarecían de la lluvia en el carro o pickup titiritando de frío al igual que yo. Me sentaron en lo que Ricardo me aplicaba unas esponjas con agua fría en las piernas. Lo veo a los ojos y los noto rojos, con la mirada cansada. Se me ocurre preguntar «¿y tú cómo estás?» Me respondió que anoche después de continuar marcando la ruta siguió cociendo papas, se acostó a dormir a la 1 de la mañana para despertar a las 2 y media para venirse para acá. Agarré la onda. Me levanté y les dije a todos en la mesa «no voy a abandonar, sería una pendejada de mi parte que todo su esfuerzo se echara a la basura por un ‘uy tengo frío’, ‘ay no me mojo’, ni madres, voy a continuar» Le pedí a Richard que avisara a los otros Diablillos que sí seguí, y me despedí de nuevo agradeciendo mucho a Jorge, Chely, Lorena, Ivonne, Ricardo y los demás que estaban ahí.

IMG_4641Y voy para abajo. Sería llegar por ruta preciosa que siempre me ha gustado pues estás corriendo por el borde de la cordillera viendo el abismo al fondo, la Meseta (ahora nublada) y una panorámica con las montañas de Cuero de Venados. Allá voy bajando hasta la base y ahora debía llegar con los Wanna’s primero pasando por la ruta «del ahorcado» por esos senderos que me gusta muchísimo correr. Llegando a la cuerda, otra vez preferí no usarla, no sé, le tengo más confianza a mis manos aferrándose de las piedras escalando que depender de una cuerda que se mueve para todos lados. Allá arriba no paraba el martirio, había más subidas pero de nuevo volvería a bajarlas para llegar al checkpoint en el kilómetro 60. Me reciben Gabriel y David con un burrito que recalentaron en las brasas. Reposo un momento en una caja de plástico que había ahí y les agradezco viendo que se quedaron a dormir en casas de campaña aguantando mucho más que uno que viene disfrutando la carrera. Ellos ya estaban esperando a los últimos corredores y me dicen que debo ser el 36 y que ya algunos habían abandonado. Les doy el último «gracias», tomo mi bastón y emprendo la subida a la Meseta por extenuantes 800 metros.

Hace frío, el sol a duras penas alumbra un poco considerando que está del otro lado de la montaña y oculto bajo las nubes. Está lloviendo y hace mucho viento en la parte alta de la meseta. Me convenzo a mí mismo de que si corro voy a generar calor para aguantar más, pero esto no sucede. Hace demasiado frío. Llego a la parte del descenso (el que no me gusta por lo empinado y empedrado) y veo a lo lejos el checkpoint, pero hay que llegar a él. Bajo con cuidado aunque sí aprovecho para dar pasos más acelerados pues ya quiero llegar. Deja de llover a medio camino y veo los últimos rayos de sol atravesar las nubes al fondo. Sigo cargando mi vara que a estas alturas definitivamente estorba y la tiro al lado del camino. Mayo ya viene hacia mí.

Es el punto del kilómetro 65. Mayo me pregunta «¿quieres que te acompañe a la meta?» y le respondo «sí» pero en mi mente grito «POR FAVOR SÍ, CORRE CONMIGO, NO ME DEJES SOLO». Karina me atiende con una exquisita sopa de lentejas que hizo Edson, le pido otro vaso que devoro con gusto. Naraí me rellena de agua la mochila, Mayo me sirve whisky, todos me atienden de maravilla. Y estamos en ruta.

Platicamos de las vivencias durante el día, después de todo él también está arriba desde antes de las 4 de la mañana. Le platico de mis dudas y recuerdo como le dije que no lo defraudaría, él me pide que repita el mantra: «TERMINAR» es la meta. Sea como sea. Ya es hora de encender las luces y que bueno que venía él preparado pues mi lamparita aunque es suficiente no daba tanta luz como la de él. A lo lejos vemos que viene Lorena y su perrita Daisy que ya están en labores de barredora. Nos acompañamos en esta parte de la ruta que no sabía que eran tan empinadas, como que siempre había tomado esta sección de bajada y no lo recordaba. Ahora sí está completamente oscuro, «pitch black», ni siquiera las luces de la ciudad se alcanzan a ver y en una de esas regresa asustada Lorena pues había vacas (4, 8, 20, quien sabe cuantas) en el camino. Solo nos desviamos un poco para no provocarlas y continuamos ascendiendo. ¿Te conté que estaba totalmente obscuro? No distinguía el camino para nada, de día pues te da una idea de referencia los cerros a los lados pero ahora mismo no se ve más que los pocos metros enfrente de tí por la luz de las lámparas. Llegamos a un punto donde Lorena nos dijo que ya llegaríamos al checkpoint pero no logro distinguir nada. Seguía lloviendo por lo que impedía la visibilidad pero por fin, a lo lejos vemos la carpa y sus luces.

foto de Isabel Mata
foto por Isabel Mata

Este punto ya era el kilómetro 72, y Ricardo nos mencionó a todos los que ya habían pasado y que solo esperaban otros 3 además de mí. Me dió un masaje que revivió mis músculos y comí lo último para aguantar los 6 kilómetros restantes. Aproveché para deshacerme de basura que había estado recogiendo y no se porqué no había tirado en los checkpoints y me despedí insistiendo en el agradecimiento una vez más y salimos. Era espectacular esta parte de la ruta, estábamos corriéndolo (a mi paso débil, pero corriendo) y yo lo estaba disfrutando ampliamente. Es bien curioso como revitalizan los mensajes de ánimo de Endomondo que recibí de Mario, Jonathan, Nacho y Nadia, además de que mi hermana me llamó. No se porqué le dije que tenía mucho sueño, quizás era de la emoción de sentir su apoyo ya en los últimos 2 o 3 kilómetros. Ya ahora sí estábamos en la última bajada y debía cuidar el paso para no caer en alguna grieta. Por fin salimos de las rejas que separan el monte del camino hacia el Rancho Casián y salimos corriendo. A un par de corredores que caminaban este tramo les dimos alcance y los rebasamos. Ahora sí venía muy contento de completar este reto. Se notaba a lo lejos el ruido y la gente y me emocioné aún más. ¿Cómo llegué a la meta? Eufórico. No podía hablar. Mostré mi muñeca para que me contaran las 7 pulseras que habalaban haber recorrido correctamente la ruta. Recibí la medalla, el MigÖ alusivo al evento y yo seguía emocionadísimo. Abracé a todos quienes estaban cerca y agradecí a Antonio, Zuluz y de Baja Trail que ví que estaban ahí.

foto de Manuel Ayala
foto por Manuel Ayala

La primer parte de la ruta me había planeado llegar en menos de 9 horas y pude hacerlo con unos veinte minutos de ventaja. Mi plan era hacer los últimos 30k en 5 horas pero ahí sí me desapegué al plan por el cansancio, el esfuerzo adicional por el lodo, además del frío y lluvia. Aún así, me supieron a gloria esos 78 kilómetros en 14 horas 50 minutos. Fue tal mi cansancio que mi corridita post carrera no la pude hacer al día siguiente, apenas podía moverme. Fue hasta el segundo día que pude trotar 5 kilómetros y ya al día siguiente amanecí con las piernas más descansadas.

No puedo dejar de agradecer el esfuerzo de Baja Trail Endurance Runners & More por hacer esta carrera. La que más espero en el año y definitivamente la que más disfruto. He participado en las 5 ediciones (aunque la primera no la terminé) y quiero seguir corriendo para disfrutarlas. Siempre tienen una nueva locura en cada edición y es de reconocer que siempre han tenido los mejores resultados con todos los que participamos. GRACIAS.

Vamos a correr – 52 Maratón Gobernador

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Foto por Adhir Aguilera para Running Addiction

Tengo mucho frío y este cobertor aunque ha pasado por quien sabe cuantos corredores antes de mí resulta lo más reconfortante del mundo. Oh oh, lo que no me detuvo en todo el recorrido ahora empieza, los temidos calambres. Tengo una idea, puedo bailar.

«Tomo para no enamorarme, me enamoro para no tomar»

Pero después de bailar con Paulina seguía sintiendo unos intentos de calambres, y en una ida al carro de Marco de plano me engarroté. Pensaba que lo bueno es que no sentí nada de esto durante la ruta pero ahora mismo estaba sufriéndolos. Veo enfrente al Lince Daniel Quijada quien es terapeuta y le grito «¡Danny! ¿qué hago?» y más presto que nada montó la cama de masajes, y ahí mismo me recuperó.

Mientras hacían magia en mis piernas, me dí cuenta que no me acordé de detener el Deezer en el cel y me puse a pensar en esas rolas que me acompañaron en éste, mi décimo cuarto maratón, y por segunda vez sub 4.

I wanna be your misery (Danzig – Until you call on the dark)

Empezar un maratón no es fácil, sobre todo cuando hay dudas por el trabajo previo de entrenamiento. Estuve llevando mi plan de entrenamiento pero en las primeras semanas me pegó una infección muy fuerte en la garganta. Y sí, de nuevo por mis corridas a horas muy tempranas de la mañana con el frío muy duro de la montaña tecatense. Siempre (y de verdad es que siempre) corro con un tubular (buff) para aminorar dolencias, pero no es muy difícil sufrir de nuevo estas faringitis. Así empezamos este maratón después de saludar a todos los amigos y desearnos éxito en estas tierras cachanillas.

«can you see it … can’t you feel it»

She came from Greece she had a thirst for knowledge (Pulp – Common People)

Aún siento mucho frío a pesar de estar casi llegando al kilómetro 8. Algo muy curioso en esta edición es la cantidad de malos olores que he saboreado en el recorrido, desde que salimos y ahora mismo nos acompañan. Me gusta como la gente sigue vitoreando a sus familiares y amigos y ahí me cuelo. Estoy manteniéndome en un ritmo cómodo de 5:20 a 5:25 el kilómetro, y sobre todo haciendo caso no celebrar sino hasta el final sin andar gritando innecesariamente.

«so it started.. there»

You’ve got a great car (The Dandy Warhols – Bohemian like you)

Estamos llegando al primer punto de cambio de relevos y obligatoriamente hay más gente. Saludo a Germán que está esperando a su relevo aunque parece que se le despegó hace tiempo. Los voluntarios están haciendo espléndidamente su trabajo acercándonos el agua, naranja o plátanos, afortunadamente hay muchos de ellos. Les agradezco mostrándoles mi pulgar solamente y sigo evitando hablar siquiera con la música a un volumen muy alto.

«Wait, who’s that guy?»

Shakedown 1979, cool kids never have the time (Smashing Pumpkins – 1979)

Parece interminable este bulevar de Río Nuevo. Noto mucha basura esta mañana en Mexicali, digo, casi siempre está así pero me he sorprendido de encontrar bastante tiradero a lo largo de la ruta. Por estos rumbos hay más conductores impacientes, me desespera su desesperación.

«We don’t even care, as restless as we are»

Tonight I’m gonna have myself a real good time (Queen – Don’t stop me now)

Sigue haciendo mucho frío y me estoy acercando a los puentes que serán bastante duros en la segunda vuelta. Esta pendiente aunque pequeña me está costando mucho trabajo, debo recordar respirar bien. Tomo nota de que no debo subirla así de apresurado la siguiente vez que pase por aquí si quiero terminar en buenas condiciones este maratón.

«I’m burning through the sky, yeah!»

Yeah yeah backward words, he got em (Republica – Drop Dead Gorgeous)

Por fin en la Madero y necesito recuperar el aliento. Casi 14 kilómetros y sigo en buenas condiciones dentro de lo que cabe. Algo que he estado haciendo desde que empezamos y creo que ya empecé a incomodar al de enfrente es que me pongo justo detrás de algún corredor para aminorar el golpe del viento. Es que sigo teniendo frío.

«You’re still a friend of mine»

¡Ay! dame, dame miel del escorpión (Fobia – Miel del Escorpión)

El panorama luce bien a estas alturas de llegar a la marca de medio maratón. Hay mucha emoción pero me contengo y solo agradezco el apoyo de todos los que están aquí. Aunque eso no me impide bromear con Sergio y hacer la señal de Running Addiction a la cámara de Action Shot TJ. Le estoy dando varios tragos al suero que me estuvo guardando Mayo y el plan es mantener el ritmo, solo después del 30 me aventuraré a tratar de aumentar la intensidad. Veo a la prima Edith que me ofrece llevarse el suero para no andar cargándolo y aprecio mucho esto pues ya tendré por fin mis brazos libres para evitar cualquier esfuerzo extra.

«Para jugar tu absurdo juego de esperarte»

El decide lo que va, dice lo que no será (Mano Negra – Señor Matanza)

Aquí ya vengo rebasando a varios. Como no quiero hablar ni gritar solo les doy unas palmadas de apoyo por la espalda y les deseo mejor suerte con el pulgar arriba. Pero ¿qué carajos? ¿quién se pone toda la botella de perfume para salir a correr? puaj, es en serio, casi estoy a punto de vomitar.

«Decide quien la paga, dice quien sufrirá»

Son hermosos ruidos (Los Prisioneros – We are sudamerican rockers)

Afortunadamente hay mucho apoyo de ciclistas que desinteresadamente y aunque no sean tu familiar o conocido te preguntan si ocupas algo. Desde que empecé a hacer este maratón critiqué el hecho de que los primeros kilómetros sean tan extensas las distancias entre abastecimiento y abastecimiento, y lo que veo es mucha gente caminando, con calambres y sufriéndolo. Niña, ya estuvo bueno de tanta pitadera por favor.

«decimos lo que sabes pero sabemos como hablar»

Sailors fighting in the dance hall (David Bowie – Life on Mars?)

Nos vamos aproximando a los puentes de nuevo. Tengo que respirar correctamente y profundo. Subo a buen paso y afortunadamente no tuve complicaciones, veo en el reloj que voy a un ritmo de 6:40 minutos por kilómetro lo cual veo normal con esta subidita. Hmm, no estoy avanzando como quisiera, aunque no estoy retrasándome tanto. De hecho incluso pasé a Marco y a Ingrid. A ver, no me siento mal por mi ritmo pero tampoco es tan constante como me hubiera gustado. No me quiero esforzar de más aún, solo con continuar en esta avenida no debo tener mayores complicaciones.

«But the film is a saddening bore»

Fue la fuerza del destino y algo más (La Lupita – Maldito Amor)

Ingrid me rebasa en esta canción, y me da ánimos. He llevado un paso más lento ahora, cuando me acerco peligrosamente a los 7 minutos el kilómetro. No importa, hago cuentas y puedo llegar incluso a este ritmo sin problema. Llego de nuevo a la carpa donde está Martha y Mayo y él me dice «cagado de la risa llegas en sub 4», agradezco por la Coca Cola y le sigo más tranquilo. Sin aflojar pero sin tanta presión. Se trata de continuar sin detenerse.

«Nos sentimos, nos miramos y al tocar: un escalofrío, electricidad»

Here we go! (Jane’s Addiction – Stop!)

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Foto por Sudor Cachanilla

Mi momento de histeria está ocurriendo. Incluso ahora que me rebasa una ciclista con el corredor que acompaña me miran preocupados. Pero comienza el recital de «Señoras y señores» de esta canción. Agarro fuerzas no se de donde y grito el «HERE WE GO!» con el que comienza la canción. Y corro.

Corro rumbo a la meta en este último kilómetro. Atrás ha quedado la incertidumbre de este maratón, la preparación que tuve o dejé de tener, ahora solo quiero correr. Y corro rumbo a la meta. Se me ocurre voltear a ver el reloj solo por curiosidad y veo que voy a menos de 5 minutos el kilómetro. Y me siento estupendamente. Corro porque puedo, porque estoy emocionado, porque disfruto correr. Corro y doy vuelta donde están todos vitoreando y yo estoy corriendo. Corriendo y cantando, ahora sí estoy gritando, festejando y celebrando. Doy con la última esquina y ahí está el último tapete.

«Gimmie that!
Gimmie that your automobile
Turn off that smokestack
And that goddamn radio
Hum… along with me
Hum along with the TV

Oh oh oh
Oh oh oh oh
Oh, oh oh oh
No, oh oh»

MaratónGobernador2017

#EnsenadaTrails 2017

Habíamos empezado el descenso de esa primer montaña y algo noté: un abrumador silencio. Atrás había quedado la algarabía, los gritos de apoyo, el alboroto. Parecía que estábamos agotados a muerte. Y algo había de eso.

Desde que se anunció este Ultramaratón en Ensenada yo estaba ansioso por hacerlo. El referente anterior de 28 kilómetros nos había dejado muy buen sabor de boca con la sorpresiva ruta muy demandante y para esta ocasión siendo proyectada más del doble definitivamente sería muy disfrutable. Hice varios entrenamientos de preparación y revisando altimetría digamos que ya sabíamos que esperar. Y no, nunca es suficiente.

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En la meta, foto por Héctor Tostado

Siempre al inicio es mucho el buen ánimo y ambiente. Fue indescriptible ver a Yaya y Héctor dando apoyo desmadrugándose para venir hasta acá. Con toda la emoción que un inicio de carrera da, emprendimos la salida. Sabíamos que los primeros 10 kilómetros eran unas terracerías que aunque no sencillas muy manejables. Ahí con los corridos cantados por Victor Ponce y la plática con Faby y varios más estuvo bastante entretenido el ambiente. Llegamos a un punto donde a alguien se le ocurrió decirnos que había que subir un kilómetro a pesar de que todos vimos la señalización para nosotros que haríamos la ruta larga. Pero bueno, sirvió para encontrarnos con los que apenas iniciaban la ruta corta y pues entre las porras y ánimos pudimos sobrellevar darnos cuenta que no teníamos nada que hacer hasta allá y nos regresamos. Lo que siguió fue un recorrido por lo que queda de un riachuelo, con su complejidad de subir rocas resbalosas y medio trotar en arena muy suelta. Llegamos a un puente para incorporarnos al nuevo libramiento de Ensenada que tienen más de 5 años haciéndolo y ahí pudimos soltar las piernas pues era totalmente plano el camino. Pero seguía lo bueno. El famoso bombón que no es otra cosa que una pared para escalar, debíamos tener mucha confianza en los tenis y agarrarnos hasta con las uñas de peldaños en las rocas para subir. Todo esto fue menos de un kilómetro, pero lo debastador es que cuando llegamos a donde habíamos librado esta pared, teníamos que seguir subiendo con un alto grado de inclinación y ni hablar, había que seguirle. Fue bajando de esto que ya nadie tenía aliento para platicar ni nada, teníamos que llegar al punto de abastecimiento y era importante para mí pues ya me estaba acabando el agua de mi mochila. En este punto (como en todos) la gente muy amable y acomedida a apoyarte. Pero fue mi primera contrariedad pues ellos aseguraban estar en el kilómetro 27 cuando yo tenía poco menos de 25. Aquí empecé a dudar de mi carrera y como a partir de ahí iba prácticamente solo, estuve prestando muy dedicada atención a seguir los listones rojos y los letreros del Ultramaratón (y es que había otros letreros para ciclistas) pero aún así, llegando al 27 no hice un loop de un kilómetro y medio donde al final te marcaban el número y te regresabas. Esto no lo comprobé hasta que regresé a casa y comparé mi recorrido con otros. Mientras tanto, yo seguía atento a la señalización en estos parajes donde atravesamos lo que queda de una laguna (o dos) con una vegetación muy vistoza que me daba un poco de sombra a estas horas que ya estaba arriba el sol. Saliendo de estos bosques me encuentro con Genaro que llevaba la camioneta con hielos, gatorades y otras viandas para apoyar a los corredores. Le agradecí me recogiera la basura que estuve levantando durante la ruta y lo felicité (como a todos y en cada punto de hidratación) y seguí mi camino.

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Bajando de los Attenuatas, foto por Isabel Mata

Ya estábamos de vuelta en el libramiento y esos 2 o 3 kilómetros de carretera totalmente plana que me permitió trotarla me parecía interminable. Estaba atento a lo que seguía que era subir los Attenuatas y adentrarnos al bosque que tristemente estaría quemado. Llegando al punto previo antes del ascenso me sorprendo de que me dijeron que era el kilómetro 48, achis los mariachis, si a mi me estaba marcando mi Garmin apenas 37. Por un momento pensé que en algún tramo se me desconectó del GPS o algo pero no podía estar seguro hasta llegar a casa, así que tuve que hacer a un lado toda esa distracción para continuar. Aquí de nuevo agradecí a los voluntarios y emprendí la subida. Interminable subida. Afortunadamente me les pegué a un grupo de otros 3 corredores para hacer menos monótono el trayecto y a ratitos trotábamos para avanzar un poco más. Y subíamos. Y seguíamos subiendo. Ya para subir el último trayecto me encuentro a Adhir y le enseño orgulloso el parche de Running Addiction que intenté coser a medio camino a mi mochila infructuosamente pero mientras lo pude pegar con un seguro. Veo entonces que ya viene de regreso Marix con toda el ánimo y noté sus manos llenas de ceniza. Pensé para mí mismo que eran los estragos del reciente incendio así que a eso nos estaríamos enfrentando. Así llegamos a adentrarnos al bosque quemado. Muy sorprendente pues lo que antes era una zona muy boscosa, que no mirabas más allá del sendero enfrente de tí, ahora podías ver a kilómetros incluso a otros corredores que iban a media montaña por el sendero que se dejaba ver en medio de un negro panorama. Era una escena tétrica, pero sobre todo muy triste. Se dice que habrá que esperar 15 años para que se recupere totalmente. De todos modos era gratificante ver algunos brotes de vegetación que surgieron hace poco. Aquí como podías ver casi toda la ruta dentro de este bosque pude ver que ya me estaba dando alcance Isabel que venía muy tranquila a un paso firme, poco después ya que veníamos descendiendo de plano nos rebasó rápidamente. Aquí ya me había despegado del grupo con quien ascendí y yo lo que quería era ya llegar. Me encontré a Alonso que ya había terminado la ruta corta y buscaba a sus compañeros de equipo pero me quedé “¿cómo tienes energía para subir otra vez hasta acá?”

Ya en la recta final estaba descepcionado porque no estaba seguro de la ruta, mi distancia ni nada. Platicando con varios durante el recorrido llegamos a la conclusión de que definitivamente no serían los 57k pero yo quería hacer al menos 50. Insisto, no podría saber esto hasta analizar el recorrido llegando a casa así que me limité a llegar. Y sí, disfruté llegar, alzar las manos en la meta y recibir la medalla. Pero algo muy curioso pasó. Poco tiempo después de mí llegó Martha, lo que me parecía inverosimil porque yo siempre la ví por lo menos 2 kilómetros enfrente de mí. Y muy chistoso cuando llegó Marco y me comentó “¿cómo llegaste antes?” y más me entró la duda y la ansiedad de regresar cuanto antes a casa a ver el recorrido.

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Ese loop fue el que me brinqué (sin saberlo) y en el Flyby noté que René Salas también dudó y se regresaba y se volvía a ir y al último sí pudo hacer su recorrido completo

Y listo, lo comparé con la distancia de Isabel y otros muchos que compartieron la carrera en Strava y la carrera terminó siendo de 51 a 52 kilómetros. Y encontré el punto en el km. 27 en donde debí subir ese kilómetro y medio que yo de plano no ví por más atención que estuve prestando a la señalización ¿cómo decirte que ni siquiera saqué el teléfono nunca para tomar fotos? ni una sola foto tomé. Así de concentrado estaba. Una vez aclaradas mis sospechas notifiqué a Protime que me descalificaran y espero no aparecer en los resultados.

Y mira, siempre se estuvo publicando como Genaro y su equipo (otras dos personas, básicamente) remaron contra marea para sacar adelante el evento. Yo los sigo felicitando por atraverse a realizarlo pero bueno, los fallos fueron más que claros y sus decisiones habrán que tomar. Yo por mi parte a pesar de la frustración de no hacer el recorrido completo (que fue sin saña) mis casi 49 kilómetros recorridos me dan la satisfacción de subir completo el “Bombón”, los Attenuatas y terminar tiznado y con pulmones de fumador por ese bosque. Sobre todo disfrutar con mis amigos y otros compañeros su llegada y la camaradería al final.

 

Vamos a correr – Crónica de un intento

Ya me había hidratado, comido, puesto diclofenaco en todas las piernas y por segunda vez tuve que decirles a las voluntarias que aún no salía del checkpoint. Tenía que ir al baño de la cabaña de Todd y que sorpresa ver una vivienda totalmente equipada. Al entrar por la puerta me llegó el aroma de la cocina y yo con mi hambre después de más de 9 horas de correr. El baño era enorme, de casa normal, y lo siento pero aproveché para lavarme la cara, echarme agua en el cabello y refrescarme lo más que pude. Salí y mencioné de nuevo mi salida a los voluntarios. Subí pesadamente esa colina para regresar al sendero que continúa la ruta del Pacific Crest Trail. Mis cálculos marcaban alrededor de 51 kilómetros y enfilé a la meta. Troté muy despacio y llegué a la carretera cerrada. No me sentía del todo bien. Caminé (ya no podía trotar) unos 200 metros más y aún a pesar de estar cubierto de las sombras de ese bosque de pinos, decidí abandonar definitivamente.

71464646-A42X9445_1Esta crónica empieza a principios de año 2017. Varios amigos nos decidimos a dar el siguiente paso después de varios ultras de 50k muy satisfactorios. Nos inscribimos a las 50 millas (alrededor de 80 kilómetros) por la bellísima Pacific Crest Trail. Son unos caminos que acompañan a los senderistas por meses a partir de la línea divisoria entre México y Estados Unidos hasta la frontera con Canadá. Pues bien, un tramo de unos 40 kilómetros de las 2600 millas que conforman este trail son aprovechados para este ultramaratón. A mí me entusiasmaba mucho la idea pues estos senderos los he corrido con anterioridad y siempre me parecieron ideales para correr. Las inclinaciones son muy manejables para correrlas y las panorámicas son una combinación de árboles, terrenos áridos, algo de arroyos y mucho bosque. Aquí el reto era aguantar el correrlo por espacio de unas 12 a 13 horas.

Estudié la ruta con sus subidas y variaciones de inclinación. Diseñé una especie de plan de entrenamiento muy intensivo que fue una combinación de otros 3 que me acompañarían por unos 4 meses. Se atravesarían varios medio maratones y el UBT que ayudarían a formar el kilometraje necesario para llevarnos al reto. Por mi parte hice varias veces entrenamientos en terracería y ascensos al Cuchumá, era muy importante para mí la ganancia en altimetría. Con mis amigos hice varios de los entrenamientos en ruta para agarrar resistencia y fuerza en subidas muy empinadas al punto de que en una ocasión hasta logré subir «La Bestia» de Colinas de Chapultepec trotándola de inicio a fin. Me sentía preparado.

El día 13 de mayo mi día empezó a la 1 de la mañana. Me bañé y comí algo para aguantar la jornada y mi papá llegó por mí para ganarle tiempo al camino. Llegamos a las 4 y ya estaban colocándose los organizadores. Recogí mi kit y me despedí de mi padre que me ha aguantado varias locuras así. Recordé cuando me acompañó junto con mi hermana a la primera vez que logré terminar los 42,195 metros corriendo de Tecate a Tijuana y ahí estaban ellos junto a mis carnales, apoyándome las 4 horas y media que nos tomó llevarlo a cabo.

Nuestros amigos de Baja Trail Endurance Runners & More, además de mi equipo Diablillos ya estaban llegando y todos nos dimos los ánimos y en ese instante todos estábamos seguros de que nos veríamos en medio día más logrando la meta. Empezó el conteo para la salida anticipada de las 5 de la mañana (el resto saldría a la hora oficial de 6AM) y me tomó por sorpresa. Ni siquiera había encendido mi Garmin ni el que amablemente me prestó Juanito (es que el de él sí duraría más de 12 horas, el mío ya no aguanta tanto) y partimos.

Antes del primer check point estaba gozando la ruta. Había un manto de niebla tomando los valles y nosotros corríamos por encima de esa vista asombrosa. Nos rebasábamos de vez en vez Ricardo y yo y así nos acompañábamos, a veces dejaba pasar cuando caminaba y a su vez él me daba el pase cuando prefería bajar el ritmo. Así nos la llevamos los primeros 40 kilómetros. Saliendo del primer checkpoint transcurridos los primeros 10 kilómetros me dió mucho gusto encontrarme con Paulina y las fotos no pudieron esperar, quien sabe cuando podríamos volver a encontrarnos. A lo lejos miraba a Ari y Leslie muy fuertes y Ricardo una vez más se adelantaba en el camino. En este trayecto que tenía como parte de mi estrategia caminar las subidas, íbamos platicando Pau y yo. El siguiente punto estaba a 12 kilómetros y siempre que revisaba el mapa que nos había proporcionado Mayo miraba los kilómetros enfrente de mí con mucho ánimo y seguro de mí mismo. Las bajadas las continuaba corriendo pero todavía faltaba varios ascensos, aún estábamos a unos 1400 metros sobre el nivel del mar.

Ya seguía en muy buena forma, corriendo y disfrutando ese ambiente de carrera y camaradería entre completos desconocidos que es habitual. A lo lejos veo a unas niñas que aplaudían y animaban y me dió mucho gusto encontrarme a Dana y Zul quienes con Adán esperaban a recibir a los amigos de la Baja California en esta carrera. Llegando a Todd’s Cabin la primera vez estaba muy emocionado del ritmo que llevaba. Zuluz me dió ánimos y me sacó de onda verla arropada en una chamarra gruesa pues yo estaba con un clima muy cómodo para correr según yo. Ya era tiempo de partir y me coloqué la música que me ayudaba a no enfrascarme tanto en las distancias, pero no podía dejar el volumen muy alto, había que oir atentamente al entorno y sobre todo cuando alguien que pasaba requería de rebasarte. Son senderos angostos y ni hablar, hay que alzar la voz para dejarnos pasar.

Continué la ruta y ahora seguían subidas para llegar a más de 1800 metros de altura y como ya el sol estaba muy arriba tuve que orillarme para ponerme la gorra que Tito me dió para hacer frente a este reto. Me sentía muy bien, la gorra dejaba respirar muy bien mi cabeza y me protegía del sol perfectamente. Si tan solo no hubiera olvidado ponerme bloqueador el juego hubiera estado completo. Por aquí me pasó Nacho Anaya que me decía «el Ironman» por la mochila con ese logo que cargaba, solo le pude decir «Ironman de mochila nomás», y es que, que pena portar prendas con algo que no eres, en serio. Pero la verdad la compré por barata, no por algún otro caso de aparentar lo que no soy.

Al fin superamos el borde de una colina y a lo lejos (muy a lo lejos) se miraba el siguiente punto de abastecimiento. Era Penny Pines. Ahora había que recorrer un trail angosto donde ya varios corredores hacían el trayecto de regreso por lo que había que cuidar cuando les dieras el paso pues había un abismo abajo. Ahí pude notar el sendero por el que pasa Noble Canyon 50k al fondo y ahora que venía por una ruta un tanto más cómoda, no podía creer que estaba a punto de llegar a la mitad del recorrido. Aquí fue cuando ya nos rebasaron Marco e Isabel, quienes salieron a la hora oficial de 6 de la mañana y empecé a hacer cuentas. El tiempo de corte al llegar a Penny Pines era 12 del día, yo estaba llegando ahí casi a las 11, es decir, tenía poco más de una hora de ventaja por haber salido a las 5 de la mañana. De haber hecho mi salida «normal» a las 6 estuviera casi rayando el tiempo de corte. Esto me preocupó porque aunque me sentía bastante bien en cuanto a los músculos de las piernas, el calor estaba empezando a hacerme sentir mal y el peso que llevaba en la mochila me estaba incomodando. Por eso, al ver en el punto a Arelí, Ingrid y Adán con ese recibimiento no lo dudé y le pedí a Ingrid que me aguantara la mochila en los aproximadamente 8 kilómetros de ida y vuelta que representaba esta parte de la ruta donde debíamos regresar a este punto. Saludé a los amigos de Baja Trail que como es costumbre tenían fiesta apoyando a sus compañeros y con ese ambiente es insuperable no sentirse con ánimo.

Y así partí al norte, solo con un electrolyt de 600 mililitros para acompañarme en este trayecto y ya sin el peso podía trotar estos senderos bastante bien. Miré a la siempre fuerte Marix con paso decidido y no paraba de aplaudir. Aquí me dió alcance Mayo quien se miraba muy fuerte, también ya en el retorno Marco e Isabel lucían concentrados. Yo estaba empezando a impacientarme de lo angosto del camino y las veces que tienes que dejar espacio o pedir que te dejen pasar, ya mi cabeza estaba haciendo trucos. En el punto de retorno volví a encontrarme con Mayo y me dió ánimos para continuar y al tocar esos tres listones naranjas el encargado del checkpoint solo me dijo «that’s it, you’re going home» y pensé por primera vez en «casa».

En el trayecto de vuelta me encontré a Martha como siempre la veo, a su paso pero segura, llevaba muy buen ritmo y lucía muy fuerte y decidida. Me dió mucho gusto ver a Erica también que iba constante a su ritmo. A todas esas personas que me daban ánimo mencionando «let’s go Diablitous!» nomás les correspondía el saludo. Y así llegué de nueva cuenta a Penny Pines y acepté el consejo de Adán de bajarle al peso a mi mochila y se me ocurrió que era más que suficiente el litro de la botella de Gatorade. Tomé de la cerveza que me ofreció Arelí y aproveché para frotarme hielos en las piernas, mojarme la cabeza y colocarme más hielos dentro de la gorra. Me sentí listo y decidido. Agradecí de nueva cuenta a Ingrid y a Adán que se la rifaron como apoyo excepcional en esta carrera y me fuí muy contento a continuar la travesía.

Aquí seguí un camino falso que me llevó a la carretera y no lo podía creer. No solo estaba muy cerca de los tiempos de corte sino que se me ocurre salirme de la ruta cerca de 200 metros. Definitivamente no era posible que los senderos llegaran a la carretera de asfalto así que me regresé hasta ver un letrero del PCT. Continué y me dió algo de pena ver a los senderistas que sin decirles nada se apartaban de la ruta para darnos el paso y al pedirles disculpas uno de ellos me dijo sin ningún problema «don’t worry, I have four months ahead of me, you have a couple of hours left» y más me hizo preocuparme por el tiempo de corte. Continué caminando la colina que me aleja de ese cañón y varios me rebasaron pues seguía atento a no esforzarme de más por lo que no trotaba siquiera las subidas. Mis piernas no estaban en su mejor momento, aunque no tenía para nada algún asomo de calambre las sentía muy duras, muy «arremangadas» como diría. Y me tranquilicé al entrar a una zona boscosa que me hacía imaginar que llegaría pronto a la cabaña de Todd. Pero no llegaba, me parecía interminable. Una pareja de corredores me dieron alcance y les mencioné que tenía preocupación de que ya hubiéramos pasado Todd’s Cabin sin haberme internado en ese abastecimiento, pero me aseguraron que faltaba muy poco. Después de pasar un kilómetro más y yo caminando sin poder trotar nada no veía ni oía nada. Mi agua ya me la había terminado y solo agradecía no estar al rayazo del sol con la protección de los árboles. Aquí ya estaba más desanimado de que si ni siquiera podía correr estos senderos que son bastante cómodos no lograría llegar al tiempo de corte del último punto. Tendría que apresurarme saliendo de la cabaña para poder alejarme del fantasma del DNF. Pero no podía, y todavía no llegaba a Todd’s Cabin.

Por fin a lo lejos veo el letrero y me animo, pero no respondían las piernas. Estaban tiesas, duras. Caminaba lentamente a pesar de que era una bajada. A lo lejos veo a Adán y a Ingrid animándome y no podía estar más que agradecido. Les compartí mis pensamientos de desistir y al oirme decirlo en voz alta me contraríe. No podía creer que había llegado hasta acá como para ahora abandonar, por lo que me conformé con «déjenme hacerme un tune up y ya les comento que decidí» y ellos siempre apoyándome a que respetarían la decisión que tomase.

Me senté, me unté diclofenaco, comí papa y papas fritas, tomé mucha Coca Cola, me unté hielos. Pero no estaba seguro. Por un momento pensé en irme con la botella de agua solamente pero desistí de ello pues si en menos de 8 kilómetros me la había acabado en los siguientes puntos se distanciaba entre ellos 12 y 10k. No me decidía y seguí comiendo, salieron unas quesadillas recién salidas de la cocina y las gocé como creo que nunca he gozado una quesadilla. A lo lejos Antonio me daba consejos de los siguientes puntos de la ruta y escuchaba atento para no perder detalle, los demás miembros de Baja Trail seguían dando todo el apoyo y yo no estaba seguro aún de continuar. Al fin me armé de valor y me monté la mochila. Después del baño vaquero que me dí en el baño de la cabaña estaba con nuevos bríos y empecé a subir la cuesta para salir de este punto de abastecimiento. Todos sin importar quien era me apoyó, a pesar de que faltaba media hora para el tiempo de corte en este punto. Una vez más hice mis cuentas y no me salieron. De haber iniciado a la hora oficial de salida de las 6 AM ¡ya me hubiera pasado por una hora! Y con esto, más estuve convencido de que no podía hacer un esfuerzo sobre-humano de llegar al siguiente punto para que me cortaran. Poco tiempo después se sorprendieron de verme regresando Ingrid y Adán y ya, les comuniqué que solo necesitaba regresar el número y les pedí darme un aventón a la salida.

Sin solicitarlo, muchos amigos me ofrecieron palabras de aliento o valiosos consejos y les estoy muy agradecido, pero sorpresivamente no me sentí decepcionado o frustrado. A pesar de los meses dedicados a esta carrera y todo lo que representaba para mí llegar a estos 80 kilómetros solo puedo decir que escuché mi cuerpo y no quería destrozarme por llegar a la meta. Recordé mucho a Jorge cuando le platiqué que la ruta me parecía muy manejable y que me comentó «cuando lo hagas me avisas si piensas igual» Y bueno, ahora que no la terminé sigo pensando que si quiero hacer 80 kilómetros en montaña no hay mejor lugar que esta carrera. Con el apoyo de los voluntarios, amigos y demás participantes esta ruta es muy cómoda para lograr correr las 50 millas. Quizás mi estrategia de no correr las subidas fue la que me falló al permanecer más tiempo en ellas haciendo el esfuerzo de superarlas, no lo se, pero como toda experiencia, es para aprender a sobrellevarla y corregir lo que se tenga que corregir para mejorar en el futuro.

Las condiciones ideales nunca estarán al cien por ciento en una carrera, pero anoto esto como puntos a considerar en nuevos retos:
– Debemos descansar bien antes de una carrera, dormir solo 3 horas la noche anterior no ayuda a enfrentar una jornada extenuante de 12 horas o más
– Haber cumplido en un 70% un plan de entrenamiento no es garantía de éxito, ni siquiera el haberlo cumplido en un 100%
– No somos inmunes a situaciones complicadas en casa o en el trabajo, pero se debe enfocar la mente en el objetivo, buscar el equilibrio
– Los que hacen el PCT cargan uno o más libros para enfrentar las horas «muertas» de descanso, conforme avanzan se van desprendiendo de hojas leídas evitando así peso inútil. Debo replantearme si realmente necesito ir cargando esos dos o tres litros adicionales que acostumbro.
– No hay que aferrarse a los tenis favoritos si es que ya no son buenos. Por más agarre fabuloso que tengan los Speedcross, si se sienten como tabla, te sacan 5 ampollas y te rompen los calcetines no debo usarlos.

Vamos a correr – un Maratón sub 4

Mi primer maratón lo hice en el 2013, el que fuera mi mejor marca hasta ahora con 4 horas y 8 minutos.

Definir: El Plan

Estuve por años checando varios planes de entrenamiento. Los que me dictaba Endomondo simplemente no me sirvieron, no me daban la marca a pesar de seguirlos al pie de la letra o quizás yo no le ingresaba los parámetros adecuados. Hasta que Gerardo Berrelleza me compartió el plan que le sirvió a él a superar el maratón en menos de 4 horas. Consistía en entrenamientos muy dedicados, sobre todo considerando mi ritmo personal de carrera. Para esto fijamos como mi mejor 5K los 21 minutos que corrí en 2015 y así surgieron entrenamientos para todos los días de la semana exceptuando un día de descanso que fijamos en el día miércoles ¿y esto porqué? porque el jueves tocaba pista. La endemoniada pista. Muy necesarios esos cambios de ritmo y con entrenamientos progresivos logré llegar al día que me tocó sostener un ritmo de menos de 5 minutos el kilómetro durante 4000 metros (10 vueltas a la pista pues) combinado con «descansos» de 800 metros a ritmo de 6 minutos por kilómetro y repetirlo 4 veces: 4000x800x4. Los fines de semana eran de tiradas largas alternando alrededor de los 16 y 32 kilómetros, y en lo que me enfoqué yo es que la segunda mitad de estas tiradas largas fueran las decisivas pues le cambiaba el ritmo asegurando ir de 15 o 20 segundos el kilómetro más rápido que la primera mitad. Así que mi calendario lucía muy entretenido.

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Todo esto estaba enfocado para hacerlos en los meses previos al Maratón Gobernador del 2016 en Mexicali. Clima idóneo, ruta prácticamente sin elevación y con el apoyo de mi equipo pintaba para que pudiera llevarlo a cabo. Pero ya sabemos como terminó esa historia.

No es imposible: Sobrellevar el fracaso

Las dos semanas previas a ese maratón no pude seguir el entrenamiento, y el resultado ahí está: 4 horas 12 minutos, que a pesar de que sí lo disfruté y lo viví al máximo, no cumplí el objetivo trazado. No fue como para autoflagelarme ni nada por el estilo pero simplemente la espinita sub4 seguía ahí.

Así que unos días después de navidad me confirmó mi hermano que no podría correr el maratón por el que había pagado meses antes y que el boleto tendría mi nombre si así lo deseaba, y pues claro que acepté. La cita quedó para el 15 de enero en Phoenix, solo unas tres semanas adelante. Tomé el plan de entrenamiento, recorrí las últimas tres semanas y me dispuse a seguirlo.

Lo difícil: Distractores

Hay carreras de 5K donde la comunidad atlética se reúne y es imposible no darse una vuelta a saludar. También las fiestas de fin de año incluyen deliciosos platillos a los que no les puedes hacer el feo y por supuesto que se antojan esas copitas y botellas de cerveza (que sabrosa la Noche Buena de este año, por cierto). Pero pues hay un objetivo en mente.

La Fórmula: Entrenamiento + Disciplina + Concentración + Enfoque = Resultados

De todos modos se trata mucho de disciplina seguir el plan a pesar de que solo tienes disponibles las mañanas a partir de las 4 de la mañana en el invierno de montaña. Llegando el día lo que pasó fue que estaría solo en la carrera pues mi cuñado haría el medio y en este lugar es separado del maratón, y a decir verdad me gustó mucho así. La otra es que solo miré a otros 3 mexicanos en toda la carrera, no se si tenga que ver algo el próximo presidente de los EE.UU. pero eso fue lo que me tocó. Por esta separación de las rutas los corredores son menos pues estamos ahí únicamente los que vamos por el maratón y había unos 6 «corrales». Al colocarme en el número 3 me dí cuenta que ahí estaba el pacer de 4 horas así que todo tenía más sentido. De hecho dieron el balazo de salida y corrimos todos sin esperar la salida de los corrales previos. Ya durante la carrera en esa fría mañana con amenaza de lluvia recordaba mucho las palabras de Gerardo «concéntrate ahorita, festeja después.» Es que mi personalidad de estar muy alegre recibiendo el apoyo de completos desconocidos y agradeciendo no puedo reprimirla; ahí estaba dando high fives y thumbs up a todo mundo. Cantando las canciones de las bandas y corrigiendo «La Bamba» a aquel que medio la tarareaba. Diciéndoles el «thanks a lot officers» a la policía, felicitando a aquel que festejaba su cumpleaños 42 corriendo 42 kilómetros, el paquete completo pues. Pero de todos modos sentía que estaba haciendo mi carrera prácticamente solo.

611840_246267196_xlargeLa ruta es saliendo de Downtown Phoenix pasando por las colonias de comercios más antiguos de la ciudad y pasando por mucha zona residencial. Son rectas muy largas y por lo mismo no las consideraría aburridas, más bien enfocadas y al ser en medio de casas, varias familias salen a apoyar a los corredores. Después de otras rectas había una pendiente, ligera, pero pendiente al fin de unos 7 kilómetros antes de llegar a Scottsdale, y aquí todavía mantenía un ritmo constante de 5:30, y como no quería menguarlo seguí pegándole a pesar de la subida y me sentí bastante bien. Pensaba que en el retorno me iba a soltar pues me tocaría descenso y así fue. Ya era más del kilómetro 30 y podía darle 5:25 y hasta 5:20 el ritmo. Para mí los puntos clave son los kilómetros 11, 22 y 33 para darme una idea como voy y ya para el 33 iba con bastante buena actitud. Me sentía sin ningún tipo de molestia y ya empezaba a considerar que en efecto todo pintaba para ahora sí superar el PB. Pero no podía perder el enfoque: «festeja al terminar» me seguía repitiendo. Seguí con mi ritmo a menos de 5:30 sin atravancarme ni tratando nada más rápido. Ya cuando llegué al kilómetro 40 tomé la única colina «pesada» del recorrido subiendo un puente, pero lo tomé con todo el entusiasmo, determinado a continuar a la meta para terminar el maratón en la mejor forma. Conforme nos acercábamos a la meta ya estaban regresando los corredores que habían terminado y nos apoyaban. Ya en el puente sobre el río antes de llegar a Tempe, a 600 metros de la meta perdí toda serenidad y me dí el lujo de tomarme la selfie y no cabía de contento. Proseguí corriendo a la par de una chica con la que nos estuvimos echando porras todo el camino y ahora sí al dar vuelta a unos 200 metros de la meta voltié a ver el reloj y ahí no quise dejar de festejar. Crucé la meta gritando y brincando. 3 horas y 52 minutos habían transcurrido. Objetivo al fin logrado.

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Pude mantener una constancia en el ritmo

Recuperación: La carrerita post-maratón

Héctor Buelna me enseñó a dar un trote ligero después de un medio y vaya que me funcionaba. Resulta que por el esfuerzo terminas con los músculos tensos, inflamados y arremangados (como quien dice) así que con la trotatida se va reacomodando todo en su sitio poco a poco. Me acostumbré a darle un par de kilómetros después de terminar un medio maratón desde entonces. Y luego lo probé con los maratones.

Pues el día lunes después del maratón Rock N Roll de Arizona me aventé unos 5 kilómetros y medio a unos muy lentos pero satisfactorios 35 minutos. Y es que todo el día domingo después del maratón sí me sentí con una leve molestia en la rodilla, los muslos atrincherados y con las pantorrillas muy tensas. Hice la corridita temprano en la mañana y ese mismo lunes noté mejoría. Para el martes (es en serio) ya me sentía como si nada. Ni cansancio, ni la inflamación ni nada que dijera que acababa de hacer un maratón.

Objetivo cumplido: nuevos retos

Este año 2017 no digo que dejaré de ir a carreras pero la presión de hacer menos de 4 horas ya está fuera de mi mente así que puedo voltear a ver con otros ojos lo que me proponga. Y con más tranquilidad.

Disfrutaré entonces el UBT50K en marzo, buscaré enfocarme en completar el PCT50M en mayo por lo pronto, con miras a llegar en buen estado para el Tule Trail 57K en octubre y hasta ahí estaré concentrando mis esfuerzos. Si se atraviesan un par de medios o el maratón de Tijuana ya será con más calma y sin presión. Quiero más tierra y menos asfalto ahora que ya pude quitar un elemento de mi lista «de la cubeta». Al menos este año.