Vamos a correr – el Maratón Gobernador 2016

Tengo un playlist en Deezer con canciones que me gusta escuchar de vez en cuando. No puedo decir que son mis favoritas de toda la vida pero más bien canciones que puedo escuchar y disfrutarlas a la hora que sea y en la situación que sea. Hace más de un año que no corro una carrera con música y se me ocurrió para el quincuagésimo primer maratón Gobernador rescatar ese playlist y ponerlo en Shuffle. Esta es una selección de las canciones que estaba escuchando y lo que pasaba por mi mente al recorrer esos kilómetros. Está en Spotify pues se facilita más compartirlo por acá. Dale al play.

Words like violence, break the silence

Es muy fría esta mañana ¿en serio estamos a 0ºC? que bueno que me puse una camiseta pegadita debajo. Desayuné ligero, pero desayuné, y esos pretzels que me eché en el camino me deben ayudar a no andar hambreado. Voy bien en mi ritmo, la clave es no bajar de 5:20 pero nunca llegar hasta 5:50 por kilómetro.

Si la vida me da palo yo la voy a soportar, si la vida me da palo yo la voy a espavilar

Vamos sobre Lázaro Cárdenas y apenas el primer abastecimiento. Insisto que hidratarnos cada 5 kilómetros no es suficiente aún cuando estamos en temporada invernal ¿pero qué voy a saber yo? Ya dejé atrás a Aracely quien va por su tercer maratón y ahora estoy concentrado en la música, mi ritmo que ha seguido estable fluctuando el 5 y medio por kilómetro.

Me dicen el matador nací en barracas

Tengo que hacerle caso a Gerardo y concentarme, él sí ha podido bajarle de 4 horas con el plan de entrenamiento. Ya se va con Alex pero me aconseja concentración y dejar las celebraciones para el final. No estoy seguro de no andar como loco saludando a todo mundo, aplaudiendo a todos quienes están a los lados dando ánimos y gritando cada rato, así soy ¿qué puedo hacer? Saludo a Tania que esta vez recorre el circuito en bici. Toda esta Calzada de los Presidentes me parece que será lo más complicado de la ruta ¡no hay nada! pero afortunadamente es corto, nada que ver con la Calzada Cetys que simplemente por las mentadas era más que insoportable.

Dicen que no conoció el amor, dicen que tiene maldito el corazón

Amo la Madero. Esta avenida es especial con sus tiendas de Guayaberas a las que veníamos con mi papá de niños. Creo que no volví a Mexicali después de esos viajes a los 8 o 9 años sino hasta que regresé para los trámites de ingreso a la universidad. Ahora estoy pateando esta avenida y re-descubriendo como ha cambiado a lo largo de los años. Wow, ahí viene Zeth corriendo a alcanzarme suero, me acuerdo de pedirle potasio para evitar calambres (a pesar de que no hay indicios de ello aún), saludo a Naraí y a su sobrino que es una máquina animando a la gente.

Do what I want cause I can and if I don’t because I wanna be ignored by the stiff and the bored because I’m gonna.

Aquí era, Argentina 270. Viví aquí el último semestre que estudié en Mexicali. No ha cambiado tanto y sí, recuerdo perfectamente estas cuadras enormes que me hacían sudar cada que me iba rumbo a la Justo Sierra a tomar el camión que me llevaba a la escuela. Aquí me emparejé con Zuluz platicando admirando la fuerza que trae.

You’ve got your mother in a whirl, she’s not sure if you’re a boy or a girl
foto por Germán Rodríguez
foto por Germán Rodríguez

Cantidad de gente alcanzando el medio maratón. Esta es la parte que estaba seguro valdría mucho la pena pues al dar dos vueltas todos estarían esperando en la meta y podríamos pasar por ella a la mitad recibiendo de todos ese apoyo vital. Tomo mi primer Gu de Espresso Love que ya necesito ese boost de energía y cafeína. Oh oh, me acaba de tomar una foto Germán y yo con mis cosas. Voy razonablemente bien con 1 hora y 58 minutos en la mitad del reto.

Many years since I was here, on the street i was passin’ my time away

Recuerdo la pena que me daba cuando corredores del estado iban a correr a Tecate por la condición de las calles. Es absurdo, todas las calles están igual de mal en todo el país. Pero es imposible que en esta calle enfrente de la UABC siga con estos bachecitos que si no me doy cuenta prestando atención asotaré. No puedo creer que esté rebasando a Victor Ponce, pero mi ritmo ha seguido estable en 5:30. No importa, al rato me pasará sin duda. [actualización: por supuesto que sí me rebasó]

Spitting in a wishing well, blown to hell crash… on the last splash

Estoy siendo testigo de un gran duelo. Hay dos parejas enfrente de mí disputándose el tercer lugar en la categoría de débiles visuales. Una vez más va Edgar guiando a Álvaro. Voy siguiéndolos de cerca y casi me descuido con un ritmo de 5:10 , tengo que bajarle. Parece que les dieron ganas de ir al baño y les digo que ahorita se reponen ya que regresen a darle.

Maldito sudaca, maldito latino, inmundo chileno, peruano o argentino

Estoy alcanzando a Claudia y la saludo con el «lalalá lalalá» de la canción, jeje, nos deseamos lo mejor y le seguimos. Yo estoy incomprensiblemente emocionado de que tal vez, solo tal vez este maratón sea cuando por fin lo haga en menos de 4 horas. Me siento muy entero aún y sigo midiéndome en mi ritmo. Aquí viene Danny que aunque viene batallando estoy seguro lo terminará bien.

El hablar me ha cansado, he hablado toda mi vida

Caray, es el kilómetro 33 y me está costando trabajo esta subidita. Un momento, ya estoy otra vez en el centro y no puedo bajarle, ir a más de 6 minutos el kilómetro no está bien. Ok, aquí dando la vuelta me recupero nomás que pasen estos taxistas. Agradezco a los oficiales de policía que están dirigiendo el tráfico siempre complicado de este rumbo. Va, ya estoy en marcha. Estoy sintiendo un jaloncito en el muslo, ahora que regrese al carro de Zeth y Naraí me pongo el unguento mágico de Marthita. Ah mira, ahí está precisamente, a ver si puedo alcanzarla.

I can’t stand it, I know you planned it, but I’m gonna set it straight, this is Watergate

Bueno, oficialmente tengo calambres. No estoy caminando pero voy a casi 8 minutos el kilómetro ¿no es muy estresante estarte midiendo el ritmo en todo momento? ¿qué pasó con disfrutar el correr simplemente por correr? No, no, estoy a nada de llegar, solo faltan 5 kilómetros. Pero me duele. Me están tratando de detener. Oh, ya viene de nuevo Gerardo. «ya estás llegando, sigue dándole» y así le trato de hacer. Pero duele. Déjame caminar. 9 minutos el kilómetro. No puedo dejar esto así no puede ser. Saludo como puedo a Susy para que no se note tanto mi sufrimiento para la foto. Agradezco a los motociclistas que detienen el tráfico de la Justo Sierra y le corro más rápido para no importunar (más) a los conductores. Le doy y le doy. Pero me duele. 9 minutos el kilómetro.

Esta está buena pa’ bailar. No sé donde acomodarte, no sé de que color pintarte

Mi reloj marca 3 horas y 45 minutos transcurridos desde el disparo de salida. Estoy en el kilómetro 38. No hay manera de que los próximos 4 kilómetros y fracción los haga en menos de 4 minutos el kilómetro. Es simplemente imposible. Los calambres no me han dejado así que ¿qué voy a hacer? a la fregada todo. Voy a bailar. Al menos estaré avanzando. Me ve con gracia Aracely en el último retorno pues ya me alcanzó y me da gusto que venga entera a terminarlo. Yo sigo bailando ¿ya qué? O al menos eso creo que hago ¿porqué me miran burlonamente estos muchachos de la patrulla juvenil?

Me and Fast got the gats; we’re out to rob a bank. We got Steve outside carrying A full pack.

Sigo bailando ¿ya qué? nunca me he aprendido la letra completa de esta rola. Seguiré medio tarareándola.

One crown shines on through the sound, one crown born to lose, one man does not give a damn

A huevo, este disco de Metallica está chingón. Esta rola inmortalizando a Lemmy debe ser el mejor homenaje. Me vale lo que pienses de mí conductor del auto verde que ni te conozco, esta rola está chingona y seguiré en el headbanging.

Somos campesinos de la raza de altroqué, jamás un turista del famoso deme tres
foto por Silvia Gómez
foto por Silvia Gómez

Que increíble que una campeona del tamaño de Andrea Jarillo me conceda este último kilómetro con ella. Me dice que se lo aventó en relevos y ahorita está apoyando y celebrando a los que estamos terminando el maratón. Ya vamos bajándole a algo así de 6 minutos el kilómetro y me siento muy bien. Me despide en la última esquina y ya estoy celebrando culminar mi undécimo maratón (oficial) con la meta aquí a la vuelta. Me saluda Jenni y el club Zaragoza. Me aplauden los familiares y amigos de alguien. Veo al enfilarme a Marco y Mayo gritando y apoyando también. Aquí estoy en la meta y suena el cruce en el MyLaps de Protime. Saludo a Silvia que seguro terminó hace una hora y me envuelven en una cobija. Caray, no había reparado en que he tenido frío toda esta mañana hasta sentir este calor.

Epílogo

Oficialmente 4 horas con 14 minutos y 30 segundos. Nunca había entrenado tanto para un maratón y nunca había llegado tan mal preparado a un maratón. Con salidas casi a diario de más o menos 10 kilómetros por tirada. Exigentes repeticiones en pista y cambios de ritmo. Fines de semana dedicados a marcar distancias superiores a 28 kilómetros. Y es que te puedes acostumbrar a salir a correr a las cuatro y media de la mañana y al hacer hábito te encarrilas a hacer ese tipo de distancias. Pero salir a correr a las cuatro y media de la mañana en diciembre enfrentándote a temperaturas cercanas a cero grados centígrados cobraron factura con una fuerte infección en la garganta. Me imposibilitaron el entrenamiento a 15 días de la carrera, y aunque estaba nervioso por esto no desconfié. Siempre tuve en duda el Sub4 por esta misma razón pero definitivamente no quería terminarlo muerto, mi meta era terminar el maratón en buenas condiciones. Y a eso me enfoqué este 18 de diciembre de 2016 en Mexicali.

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Vamos a Correr – Noble Canyon 50k

Brincando entre roca y roca en una de ellas no alcancé a subir bien el pie y ¡pum! el dolor fue contundente y directo. Imagínate que vas por la calle y le das una patada a la pared nomás porque sí, justo así fue. Sentí ahí mismo la pérdida de mi uña del dedo gordo del pie derecho. Pero aún faltaban 8 kilómetros aproximadamente.

Siempre uno se emociona con los retos a los que se registra, y este Noble Canyon mis amigos que ya lo habían corrido me habían dejado muy buena impresión por sus experiencias en él. Así que este año prácticamente en cuanto se abrieron las inscripciones me registré y fue buena idea porque en muy pocos días se llegó al límite de 260 corredores en estos 50 kilómetros en la zona de Pine Valley (muy cerca de Mount Laguna) del este de San Diego CA.

Este año, y mucho tuvo que ver encontrarme con Aleyda Limón en una corrida casual vespertina, decidí no participar mucho en las carreras de fin de semana. Los entrenamientos los programé de acuerdo a un plan que seguimos Marco, Mayo y yo (aunque menos religiosamente que de costumbre) cada quien como pudiera y cuando pudiera. Afortunadamente hubo de todo. Pude entrenar con Isabel y Adán en un calor mayor a 34ºC subiendo y bajando el Cuchumá (ascendiendo de 550 a 1191 metros sobre el nivel del mar) y un par de semanas después además con Paulina, Martha, Chain, Marco y Mayo ya con un clima más cómodo. Me dí mi vuelta por la zona donde el club Linces tuvo su carrera recorriendo las faldas del Cuchumá del lado mexicano y más atrás del ISSSTECALI a la orilla del Río subiendo piedras y entrenando la tierra. Me escapé también por Tanamá a Las Auras que aunque eran más cómodos los ascensos (682 a 952 msendm) sí eran retadores y largos para distancia en terracería. La mejor parte a mi parecer fue recorrer tramos del Pacific Crest Trail cercanos a la frontera con México en Campo, CA que son senderos y veredas muy similares a los de la ruta de la carrera de los 50K de este Noble Canyon. Además de vistas preciosas a todo el largo y ancho de cualquier punto de este trail, tiene los elementos de roca, ganancias en altura y tramos estrechos por donde pasar.

Tuve una infección en la garganta dos semanas antes del reto que me dejó imposibilitado de salir a entrenar por semana y media. Antonio atribuye mi resultado a este descanso que necesitaban mis músculos que permitieron que rindiera muy bien en el #NC50K, pero mientras tanto yo me sentía desesperado, me inquietaba mucho estar cerca de la fecha de la carrera y no poder siquiera estirar las piernas. El médico me inyectaba y recetó antibióticos pero no terminaban de componerme y ya sentía la presión encima. Fue tanta que simplemente un par de días antes decidí correrla a mi modo, sin riesgos, sin buscar ningún tipo de marca de nada con el fin de terminarla en buen estado.

Así llegó el día sábado 17 de septiembre y no pude dormir para nada la noche anterior. Mi alarma estaba para las 3 de la mañana y a las 2:20 decidí levantarme para bañarme, preparar algo de comer y estar listo. Y así me fuí. Como siempre y todas y cada una de las veces que tengo un evento importante tenía la sensación de que algo se me había olvidado pero no lograba atinarle. Cuando llegué a la garita de Otay presentí que era que olvidé irme por la fila del Ready Lane pero fue mejor para mí pues en la fila «normal» solo tenía 3 carros enfrente y pasé sin mayor complicación (ni me dirigió la palabra el agente de inmigración). El camino fue largo, pensaba en que estaba fresco, y con eso me seguía convenciendo a mí mismo que nomás le diera para terminar la carrera aunque seguía con las ansias de que empezara ya.

img_0365Llegando saludando a todo mundo, ya estaba Marco y Sandra ahí, todos con frío. Poco a poco fueron llegando la enorme cantidad de corredores de la Baja California que alcanzaron a inscribirse y el ambiente era muy mexicano, con todo y bandera que alguien tenía. También los apoyos como Ninfa, Verito y su hijo, los demás Baja Trail y otros voluntarios. Iba saliendo poco a poco el sol y entre foto y foto, abrazos y buenos deseos ni me di cuenta que ya había empezado y salimos.

En esta primer parte del trayecto es correr en una carretera que le comenté a Mary Aldaco que no me iba a gustar correrla de regreso. Y algo que fue muy notorio ya que iniciamos la escalerita para el primer ascenso (no es muy sencillo rebasar a nadie por más «excuse me» que digas) es que todo mundo iba callado, concentrado, enfocado. Eso está muy bien pero me enfadé y como al kilómetro 6 y en un estrecho donde alcanzas a ver la vuelta de la fila de corredores enfrente de tí alcancé a notar a Paulina e Isabel y grité el «¡HAY NARANJAS!» para darle emoción al asunto pues, aunque percibí un «que pena con las visitas» en su expresión jaja.

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Detrás de mí la gran Lori Hancock (foto de George Casas)

Llegamos al primer punto de abastecimiento adyacente al Pine Creek Rd. y los voluntarios aunque muy apurados con que siguiéramos nuestro camino pues había que aprovechar el clima que aún estaba fresco. Y tenían razón porque yo recordaba en mis mapas que tenía preparados que a partir de este punto seguía un ascenso casi sin descansos de 1173 a 1710 metros de altura. Y aquí agarré la onda, éstas tablitas y mapitas con los puntos de hidratación, alturas y tiempos de corte fue lo que olvidé en casa. Pero bueno, al menos lo había estudiado más o menos bien y recordaba lo más importante.

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la ida, el regreso (con tiempos de corte) y altimetría

Así que empecé a administrar mis energías para enfrentar estas subidas. Ahí en medio de este bosque de pinos enormes al lado de arroyuelos me pasó Marthita cantando muy campante con sus poles, y ahí busqué alguna rama seca que encontrara que me sirviera de bastón. Y así por fin llegamos a Big Tree donde seguía sintiendo hambre a pesar del sándwich de manteca de maní y jalea de fresas que desayuné antes de salir. Aquí pude complementar con papas fritas, galletas, pretzels y tomé un gel sabor Mocha con buena dosis de cafeína que me gustó bastante, por cierto.

Todo aún muy bien con estas subidas aunque ya empezaba a sentirse el calorcito. Hilda, una TX8 que ya es veterana en Noble me vió preocupada por mi bastón y me ofreció Advil por si tenía alguna molestia. Le comenté que mis poles los tengo en casa y no había problema, simplemente uso ramas secas prácticamente siempre que subo alguna montaña. Pude platicar con Erica también que estaba haciendo por primera vez sus 50K y se miraba muy fuerte. Y así conversando con ellas seguimos amplios kilómetros enfrente hasta llegar a Penny Pines donde felicité por su esfuerzo como voluntario a Matt (así nos lo habían pedido antes de salir) y curiosamente todo mundo se quedó extrañado por mi gesto. Aquí seguía con hambre y después de una papa cocida llena de sal hasta tomé un pedazo de sándwich que había en el buffett. Como siempre agradecía a todos, daba mi número para que no hubiera pérdida de control y seguimos el camino.

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Aquí Hilda de TX8

Nos alertaron de que serían los más calientes kilómetros pues no tendríamos la protección de los árboles pero la verdad lo disfruté mucho, simplemente por las vistas a los cañones y laderas de las montañas. Además hacía un viento muy frío que aminoraban la temperatura. Yo seguía con mi mapa mental de que estos kilómetros al menos no serían tan preocupantes las subidas y así fue hasta llegar a la zona donde topas con el punto de abastecimiento pero tienes que subir alrededor de una milla y regresar. Aquí tuve oportunidad de toparme con Claudia, Juan y otros amigos que hice durante el recorrido para desearnos buena carrera y darnos cuenta que todos seguíamos en buen estado.

Regresando al punto de abastecimiento de Pionner Mail tuve un recibimiento de lo mejor con Karina que me aplicó agua helada en la cabeza que se sentía como la gloria misma. Aquí estaban el resto de los camaradas de Baja Trail que fueron a apoyar y aquí me convenció Antonio cuando mencionó que me quitara de cosas y me creyera que estoy en buena forma para correr esta carrera. Esto porque ya estábamos en el kilómetro 27 y medio y me sentía bastante bien. Agradecí los buenos deseos y así me lancé para lo que seguía y al despedirme de Adán que estaba también apoyando me dí cuenta que ya era el kilómetro 28 y apenas salíamos de ahí. Aquí haciendo cuentas me dí a la idea que tendríamos que hacer finalmente un kilómetro más, pero eso lo corroboraría hasta llegar a Big Tree de nuevo que sería el punto donde vuelves a pasar por la misma ruta y la vuelves a recorrer pero de regreso; apenas así estaría ya más seguro de estos cálculos.

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De acuerdo a mi mapa que tenía en la mente aquí seguían unos cuantos kilómetros tronadores porque había subidas un poco más largas aunque no con tanta pendiente. Aquí rebasé a Juan que seguía sintiéndose bien pero a paso más conservador. La vista seguía siendo espectacular por la distinta vegetación de esta zona de la montaña y los senderos eran más estrechos, pero por fin regresamos a Big Tree y corroboré mis temores, en este punto aún faltaban aproximadamente 15 kilómetros y sí, tendríamos que hacer un kilómetro más. Yo me seguía sintiendo bien y de hecho prefería que fuera un kilómetro más en lugar de un kilómetro de menos así que ya lo asumí como parte del reto. Rellené mi mochila que ahora sí se me había acabado el agua, tomé un par de sorbos de Coca Cola, Mountain Dew y Ginger Ale (no se porqué se me antojó tanto) y continué.

Aquí ya el sol estaba muy arriba, seguía por los pasadizos en medio del bosque alrededor de riachuelos y estaba todo precioso. Conversaba con una americana y un chicano que ya tenían experiencia corriendo en la montaña pero me preguntaban por el #ubt50K de Baja Trail y les dije la verdad «it’s brutal, but great!» Y es que también cuando rebasamos a Mayo en este caminito recordé cuando el XGabriel nos dijo que si ya hiciste el UBT, Noble es un «walk in the park» y sin ánimos de falsa modestia, pero hasta este punto con casi 40 kilómetros recorridos yo lo sentía así. Y bueno, solo como anécdota les comenté que son pocos los americanos que hacen el  ultramaratón de la Baja y que lo repiten el año que sigue.

Aquí ya estábamos por llegar a Pine Creek de vuelta y fue en este recorrido lleno de rocas enormes y escalones de piedra que me dí el porrazo pateando una piedra sólida en seco al no subir bien el pie. Me gusta mucho el agarre que tienen mis Speedcross 4 pero sí recordé porque usaba casquillos en las botas que portaba cuando tenía 20. No era un dolor que me impidiera continuar pero sí sentí que bajé el ritmo. Con esto, ya con el calor encima y aún con el cansancio natural hasta ese momento me dí cuenta que a pesar de todo quizás sí haría el tiempo que Ultrasignup me proyectó cuando me asignaron el número. Y eso me dió mucha satisfacción y me impulsó más a seguir adelante. De hecho en el punto de abastecimiento solo les pedí me remojaran la cabeza y las piernas con el agua helada y no quise perder mucho tiempo aquí. Estaba muy entusiasmado.

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foto de George Casas

Aquí estuvo engañosa la ruta pues yo recordaba perfectamente que el punto más alto antes de iniciar el descenso ya enfilando a la meta era de 1283 metros. Pero no pasábamos de subidas y bajadas de 1170 que me hicieron dudar si no me habría equivocado de numerito pero seguíamos subiendo y bajando y enfrente de mí una pareja de plano me dejó pasar porque no me podían aguantar el ritmo (digo, no iba para nada rápido, como 9 minutos el kilómetro) pero estaba en mejor forma que ellos. Pero no, mi memoria no me falló y hubo una cuesta que seguía ascendiendo hasta que llegamos a los 1279 más similares a lo que yo recordaba y ahora sí, ya iba para abajo.

A poco menos de 4 kilómetros de la meta podía ver el Bible Camp y se miraba tan cerca y tan lejano que yo nada más me emocionaba. Estaba un señor ya mayor que no se dejaba rebasar que incluso me decía que le avisara si necesitaba pasarlo. Pero no, le dije, a este ritmo vamos muy bien. Ya más abajo, donde precisamente empieza el Noble Canyon Trail lo perdí de vista, fue de los que se siguieron derecho por la carretera e hicieron más de 700 metros extras. Yo hice caso a mi instinto y no dejé nunca de perseguir los listones naranjas y por eso no lo seguí. Y aquí mis temores iniciales fueron acertados, sentí pisar el asfalto como un martirio a la planta de los pies y lo peor es que era como una milla para llegar. Enfrente de mí iba un par de chicas que iban muy emocionadas por terminar su carrera pero una de ellas desistió pero no dejó de apoyar a su amiga: «you can do it Gloria!» le gritaba y pues yo también le animaba y al verme cerca le daba más duro y yo lo único que quería era terminar.

Al fin llegamos a la entrada del Bible Camp donde volvíamos a pisar terracería y ya no cabía en mí mismo. Ya estaba extasiado y como acostumbro levantando los brazos emocionado y gritando. Al ya ver la meta y la rata colgada alcancé a ver a Karina y a Isabel que ya había terminado y yo me sentía muy contento de lograr estos (finalmente 51) kilómetros. Pero quien sabe porqué, no quise para nada besar a la rata, una especie de ritual que tienen los Bad Rats en esta carrera. Todo mundo felicitaba y gritaba y por fin me dieron la preciada (y pesada) medalla del Noble Canyon 50K.

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foto de Karina Rodríguez

No digo que no tenga su nivel de dificultad, lo tiene, y no es un reto que se debe tomar a la ligera porque a final de cuentas cincuenta kilómetros son cincuenta kilómetros. También resultó en la temperatura más agradable en los diez años que se lleva haciendo esta carrera que históricamente para mediados de septiembre se da el calor más intenso de todo el verano. Pero agregando todos estos factores a nuestro favor, es simplemente que cuando te preparas, haces tus entrenamientos, tienes el apoyo de tus amigos y compañeros, las cosas suceden.

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resultado oficial

 

Vamos a Correr – 2016 Rock ‘N’ Roll Marathon San Diego

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Kilómetro 36 apenas empezaba la cuesta matadora con el letrero de que hay quienes temen las subidas, y aquellos que las deboran (o algo así), pero la verdad ya llevaba como 2 kilómetros previos muy pesados por los caminos de cemento que sí me hicieron mella en la planta de mis pies. Ni modo, mientras más pronto salga de esta subida sobre el 163 más pronto llegaré a la meta y aunque gustozo tomé la bajada ya para enfilar a la meta sí resentí en las piernas y rodillas estos últimos 5 kilómetros.

Pero antes tuve toda la semana con nervios por el calor que estuvo haciendo y que se proyectaba para este domingo 5 de junio de 2016. Afortunadamente empezaba a las 6:15 de la mañana saliendo de las inmediaciones de Balboa Park y el clima pintaba muy favorecedor con una brisa suave y el cielo nublado. Muy sabrosa la salida con los buenos deseos de los amigos que saludé y que emocionados corríamos este nuevo maratón (y algunos el medio). La primera parte era una vuelta por unas colonias alrededor de Normal Heights justo enfrente de las casas de donde ofrecían de todo y animaban a miles de corredores de todas partes. Pero en una milla que me conmovió enormemente, había retratos de soldados que no regresaron de sus tours de deber. Muy largo pero al terminar aplaudí a sus familiares y amigos que portaban la bandera de EE.UU. en su memoria. Cualquier opinión de las incursiones bélicas de ese país no regresan a esos padres, madres, hermanos, amigos que dieron la vida por él, y merecen todo el respeto. Este sentimiento me acompañó todo el maratón y sentí paz solo al terminarlo.

Mis audífonos de plano mejor los guardé después de detenerme a escuchar a una banda tributo a Black Sabbath en el Presidio Park. Con varias de estas bandas daban ganas de quedarse un rato a disfrutarlas pero había que continuar. Más adelante por fin salir de esos lagos pestilentes cercanos a Sea World fue un alivio. Por las vueltas y retornos de la ruta ahí podía saludar a amigos que apenas iban o ya venían de regreso de donde me encontraba, y me animaban más por todo lo que faltaba. Un estrecho largo por Friars (esa calle que te lleva a Qualcomm Stadium) y ya veía a mi derecha mi coco, el Highway 163. Retumbaban mis músculos por el esfuerzo hecho hasta entonces y abandoné la idea de que esta fuera la ocasión de mi sub-4, ni modo. Había que tomar por los cuernos este ascenso y después de que Víctor y Efrén me pasaron dándome ánimos me avisaban que atrás muy cerca venía Paulina. Y así miraba de vez en cuando a ver si me alcanzaba y al mirarla no dudé en gritarle el «¡hay naranjas!» Venía fuerte, enfocada y con todas las miras a terminar en buena forma este maratón, le deseé lo mejor y al mirar la dedicatoria en su espalda de este maratón solté el llanto una vez más. Por pláticas que he tenido con ella al respecto pasaron por mi mente muchas cosas que me estremecieron y traté de no decaer y continuar con paso firme.

Ya venía el último tirón de unos 4 a 5 kilómetros en bajada que resentí por el impacto y ahí sí tuve una sensación de calambres que afortunadamente no me pegaron tanto como para orillarme como otros muchos corredores que trataban de estirarse en los camellones de este freeway. Se miraban muy altos los puentes sobre nosotros con aún mucha gente apoyando y dándonos ánimos. Y es que hubo apoyo todo el recorrido, de porristas de varias escuelas, porristas de barba y panzones, gente en los patios de sus casas, en las intersecciones, en las paradas de autobús, daba gusto ver a simpatizantes de Trump los menos pero también de Hillary o Bernie aprovechar la ocasión para darnos un empujoncito más con esos gritos de apoyo.

Y bueno, ya muy tranquilamente empezaba la recta final que no fue recta. Mi Garmin me indicaba que ya había concluido mi maratón pero seguía pasando por las calles dando vueltas por el centro de San Diego. Por fin a lo lejos miraba la meta y mi tercera conmosión ocurría, estaba agradecido de tener fuerzas para hacer estos retos y pedía poder continuar por más años adelante. Mi mal pisada, mi preparación no muy óptima me cobraban factura por este tipo de esfuerzo pero ahí estaba, terminando un maratón más. Y pasando la meta, la interminable peregrinación para la rehidratación, abastecimientos y por lo que yo iba: la chamarra de Marathon Finisher.

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Foto de Isabel Mata
Foto de Edgar Armenta

Vamos a correr – Mi #ubt50k 2016 descrito

Rutas sorpresa

Foto de Viviana Garay
Foto de Viviana Garay

Sabíamos que entraríamos a una zona boscosa pero no sabíamos que estaría lleno de árboles, verde vegetación (cactus picantes), bordeando un arroyo y ante la mirada magestuosa de unas formaciones rocosas que me las imagino con agua en forma de cascada. Y esto apenas ni llegando al kilómetro 5. La mayor sorpresa fue al subir a los senderos que conducen a la Meseta fuera del curso tradicional y subir cerca de un kilómetro por subidas extremas antes de llegar al segundo puesto de abastecimiento. Todo esto aumentó el nivel del reto pero con las vistas espectaculares se compensa. Aún mejor cuando de regreso a pesar de tener que subir unos 200 metros quedaba la idea de que al menos recorreríamos los últimos 2 kilómetros y medio en prácticamente puras bajadas en medio de senderos que se dedicaron a limpiar semanas antes.
Panorámica
Y es que la vista con la neblina debajo de nosotros fue inmejorable, las montañas de Cuero de Venados siempre es de la mejor escenografía en cualquier carrera, pero ahora ese plus lo hacía aún mejor. Ni hablar en la cumbre del Coronel con la playa de Popotla de fondo.

 

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Por allá está la meseta

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Compañerismo
Invariablemente persona con quien te topabas aunque fuera la primera vez que lo mirabas te daba ánimos y respondía a los tuyos, siempre había chance de apoyar con darle la mano a quien estuviera a punto de caer en los ascensos o avisarnos de lo que estaba por llegar. De cualquier edad, género o nacionalidad se sentía ese apoyo.
Baja Trail Runners & More

Foto de Viviana Garay
Foto de Viviana Garay

No puede haber mejor grupo de corredores que organicen este tipo de eventos, no solo prestan especial atención a que todos estemos muy cuidadosamente atentidos sino que dan ese extra coordinando voluntarios, patrocinadores y hasta dar esos ánimos tan especiales como las hadas del bosque o los payasos de rodeo que siempre sacaron más de una sonrisa. Aclaro, esto no tiene que ver solo con las más de 16 horas que le invirtieron enfocados durante la carrera, sino los meses de preparación previos. Mil y una veces agradecido con todos los que lograron una vez más llevar a la región un evento de este nivel a la altura de cualquier otro en el mundo y mucho más.

 
Los amigos

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Foto de Karina Rodríguez

Durante el recorrido no pude haber tenido mejor compañía, esos últimos 25 kilómetros los disfruté como nunca he disfrutado una carrera. Pero también vuelvo a ver imágenes o videos del esfuerzo vertido en este ultra por la gente con quien entrenas cada semana y me da una emoción enorme. El grito de guerra de nuestro club «¡HAY NARANJAS!» se dejaba escuchar entre las montañas, cañadas y bosques y nos respondíamos. Ante el desafortunado tropezón con el que le rompí un hiking pole a Santiago él solo decía que no había problema. El corredor que se torció el tobillo y ahí lo apoyaron otros cinco hasta que pudiera levantarse y continuar. Las pastillas de sal, los geles, los chocolates que te ofrecían a lo largo del camino y otras muestras afecto son de apreciarse y agradecer. Además, con las porras llenas de júbilo, los aplausos y ánimos de los amigos que miras en todas las carreras es de lo más gratificante en esos momentos que estás a punto de concluir tu reto. Pero esa es solo una parte, ver llegar a tus amigos cumpliendo su reto y darles esos últimos aplausos antes de que lleguen a la meta es para encender aún más los ánimos que ya tienes al tope.

Foto de Germán Rodríguez para Yo También Corro en Tijuana
Foto de Germán Rodríguez para Yo También Corro en Tijuana

Vencer tu reto
Primer UBT abandoné en el K28 por calambres, el segundo UBT con muchos calambres también pero terminé muy satisfecho con 10 horas y 9 minutos. Esta vez iba llegando y al darme cuenta que haría aproximadamente 8 horas y 8 minutos me emocioné mucho más pues llegué a la meta en muy buenas condiciones y disfrutando cada uno de los kilómetros corridos.

 

La suprema alegría aquí claramente es palpable en este video de Monse Sánchez, no solo era la emoción de la mejora en los tiempos sino ver a todos estos amigos recibiéndote ¡lo mejor!

Vamos a correr – L Maratón Gobernador

Gritaba «muchas gracias por el apoyo Mexicali ¡gracias!» mientras les aplaudía en el crucero de Gómez Morín y Calzada Cetys. Luego, dejaron pasar a los carros que estaban detenidos y enseguidita de mí una señora me recetó el clásico pitido… Le comenté a Paulina «eso es una mentada»

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Foto por Mexicali Corre

4 horas y 28 minutos aproximadamente fue lo que me duró el Maratón Gobernador 2015 en su edición número 50. No mi mejor tiempo en este evento pero afortunadamente no como la primera vez en el 2013 que llegué a la meta después de 5 horas y acalambrado de todo.

Lo mejor como siempre la convivencia con otros corredores, desde el inicio como la mayoría con algo de nervios por la prueba máxima del atletismo que insisto ¿porqué nos inscribimos más de 1000 si solo una treintena tienen posibilidades de subir al podio? por el reto personal que implica completar esta prueba, tan sencillo como eso. Empezando nos fuimos emparejando Isabel Mata, Adán Morales, Paulina Vega, Sergio Lizárraga y yo, aunque poco después salió disparada la #ultraMata y llegó a la meta con un estupendo tiempo y en muy buenas condiciones. Ahí comentando experiencias con Sergio fueron más amenos los primeros 24 kilómetros y cantando recuerdos de mis tiempos que escuchaba (a fuerzas) La Invasora pude sacarle risas a la #ultraPau. Es que pasamos justo al lado de un puesto de cocos, ¡en Mexicali! y me nació comentarle sobre lo ridícula letra de la canción de los cocos cantándola como la recordaba y comentando como no me hacía sentido:

eres jarocha mi negra
no soy jarocha
eres cubana mi gorda
no soy cubana
entonces que eres mi reina
soy colombiana
entonces que eres mi reina
soy de Tijuana

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Foto por Saúl Tornero

Para esto ya iba en el kilómetro 34 o algo así poco antes del puesto de abastecimiento donde aunque lastimados pero nunca derrotados Martha y Mayito me convidaron de una buena cerveza acompañando a Juan en un aunque improvisado muy socorrido puesto de hidratación ecológico. Con ellos y la chambota que se aventaron mis compañeros de equipo Rosario y Saúl con una barra de rehidratación en el kilómetro 30 donde recargué pilas con el hielo y suero además de los ánimos y comentarios de apoyo todavía teníamos un muy buen ritmo para completar este reto. Ya era el kilómetro 36 y medio y le comenté a Paulina «¿puedes hacer 6 kilómetos en media hora? podemos terminarlo antes de 4 horas» pero era muy cierto lo que contestó, después de correr tanto tiempo no salen las cuentas para este esfuerzo, pero aún así le seguimos duro.

 

En Mexicali no hay botes de basura digamos, públicos donde tirar la basura que cargas, si acaso en algún Oxxo. Pues ya en la calle Cristobal Colón pegadita al muro de la infamia que nos separa de los EE.UU. solo buscaba un bote para devolver el estómago que ya traía revuelto de tanta cosa que estuve ingiriendo y no terminaba de digerirse.

Era el 39 y un señor fuera de su casa me grita «vas muy bien, solo faltan 3 kilómetros ¡ánimo!» y volteo a darme cuenta que tenía bote de basura afuera, me acerco y le digo «perdóname carnal» y acto seguido abrazo el bote a reclamarle a los dioses su abandono. Varios se acercaron conmigo entre ellos mis compas de barrio de Aire Confort pero les comentaba que solo era la revoltura de estómago lo que traía, no algo más grave. Ya con el depósito hecho agradecí su comprensión a este señor en su casa y pude ya correr más tranquilo a la meta que aunque se sentía inalcanzable pude meterle más ganas para terminar este reto.

Llegar a la meta depués de tantas cosas que pasaste, tantas cosas que compartiste con otros guerreros del asfalto es indescriptible en todas las emociones, y ahora con Raymundo Ricardez nombrando al micrófono a los que iban llegando antes de cruzar la meta más bríos dan para cerrar con todo entusiasmo.

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Foto por Saúl Tornero

Lo que me causó aún más emoción es ver a los nuevos maratonistas que se estrenaron como Sergio, Isabelita, Silvia Edith, José Trinidad, Alejandra Figueroa, Piter, Eréndira de Ensenada, Karina y Arelí que aunque no miré su llegada siempre que coincidíamos aprovechaba para darles ánimos y admirarme de su esfuerzo. A quien sí pude ver llegar a la meta es a mi amiga Claudia Lizeth que no se dejó subir a la barredora pues quería completar su reto, tantos meses de preparación no los iba a dejar pasar y llegó entera, a su paso y ritmo, pero en buenas condiciones. A Yaya me dió mucho gusto verla llegar también con toda entereza pero sobre todo muy entusiasmada de graduarse como maratonista y así gritaba felicitándola.

 

Ya en los festejos pude ver a muchos amigos corredores como Héctor Buelna que ya tenía comentarios sobre el evento siempre atinados, felicité a Lalo y Trinidad que también hicieron un estupendo maratón. Mariana, Michelle, Castañeda, Adriana Díaz, Emery, Zoila, Carlos Méndez mejorando su tiempo a sub4, Lulú y Ramón aunque batallándole pero sin rendirse, Macedonio imparable, al que ya hacía su segundo maratón Héctor Tostado, a la siempre emotiva Montse, a Rodolfo, Luis y Bravis con quienes somos barrio lo mismo con felicitaciones. A la familia de Claudia Nájera, Tino y Brenda Solis siempre es emocionante como disfrutan en familia de esta actividad y festejamos su logro en relevos. A Zuluz, Leslie, Ari, Marix, Rayo Ensenada, al marido de Verónica, Santiago Agreda, ya no los miré después pero lo mismo en cada oportunidad festejaba su esfuerzo. A mis compañeros Berrendo Angye, Jesús, Marco, Ninfa, Ernesto y Paulina que ya habían terminado estupendamente la carrera pude compartir las felicitaciones. A todo mundo con quien me topaba nos felicitábamos mutuamente y siempre se agradece. Aunque hubo varios que no pudieron completar la ruta como Claudia, no dejo de admirarme porque lo intentaron, no lo quisieron dejar al «hubiera» y se aventuraron a por lo menos dejar constancia de que el intento se hizo.

Por el último maratón del año y los que siguen, brindamos con el whiskey de la victoria ¡salud!

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Vamos a correr – Lo que pienso durante un maratón

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Estos pensamientos me asaltaron durante el Rock ‘n’ Roll en Las Vegas del 15 de noviembre de 2015, los números corresponden a los marcados aquí arriba entre kilómetros recorridos.

1 Todo mundo me está rebasando ¡TODOS! quizás no fue tan buena idea adelantar mi corral de salida
2 Psst ¿son escupitajos? ¿es mi sudor? ¿no me digas que está lloviendo?
3 ¡Por fin los port-a-potty! al menos puedo cubrirme un poco de este viento tormentoso maldito
4 No, esto definitivamente es lluvia, ah caray, por como brilla el agua en los reflectores está arreciando
5 «Bitch better have my money!» Hora de cubrirme completo con el Buff ¡pinche frío!
6 Hey ¿porqué no me habrá saludado? digo, nos conocemos ¿qué no?
7 Al rato nos vemos Marco, nada más que voy a tener que pasar la invitación a la cheve, ¡tengo mucho frío!
8 Esas mexicanas que me gritan «¡vamos Berrendo!» están a punto de alcanzarme, vienen fuerte, Zuluz aunque detrás de ellas continúa firme, muy bien
9 Aquí está Adán ya, me le voy a pegar a ver si mejoro el ritmo ahorita que ya estoy empezando a rebasar gente
10 No pues ya no miré a Héctor, se acabaron las idas y vueltas de este black hole, psst ¿dónde quedaron mis carnales?
11 ¿Cuándo terminarán las vueltas a estas colonias? ¡Pinche frío!
12 Ya me imagino al promotor «mira, les ponemos las bocinas a todo lo que da, ¡se van a sentir como en el antro! brillante idea, no’mbre, ¿qué se van a andar molestando por el alto volumen?»
13 No manches ¿hasta allá está el Stratosphere?
14 Jeje, que bueno que me encontré a Carlos de Tecate Running, ninguno quiere dejar ir al otro, necesitaba este empujón
15 ¿Que no era la meta en el Treasure Island?

Vamos a correr – En la lluvia

Tú me conoces, el frío helado de invierno, lluvia, a veces sol quemador no me impide salir a correr. Lo que sí te puedo confesar no me gusta es el viento, no tanto por los efectos que en la velocidad produce sino por el polvaderón. No te deja respirar, te incomoda, es molesto. Pero si es en medio de la lluvia, es otra cosa.

En el Medio Maratón Rosarito Puerto Nuevo de este 2015 todos los pronósticos indicaban lluvia incesante desde las 5 de la mañana hasta avanzada la tarde. La espectativa de correr bajo lluvia esta distancia la verdad me emocionaba pues aunque varias veces lo había hecho en entrenamientos, nunca en competencia con otros corredores y no era lo mismo que aquella carrera Sports Fan donde solo acababa de llover y el piso estaba mojado. Ahora la promesa era lluvia.

Guareciéndonos
Guareciéndonos

Desde poco antes de las 7 que llegamos no paraba de llover, y esto me emocionaba más. Al ir en el carro notando a los voluntarios ya instalados en los puntos de abastecimiento soportando el fresco guareciéndose del agua bajo las carpas me animaba y aseguraba una buena organización en este medio maratón que ya es tradición en la región pues ya es la decimo primer edición este año. Y ahí estábamos varios bajo los medios techos de un Burger King esperando a que avanzara la hora de irnos a la línea de salida o que bajara la intensidad de la lluvia, lo que ocurriera primero. Ya en la línea de salida con los ánimos incansables de Raymundo Ricardez daban más nervios y emociones, pero no había más lluvia. Y así empezamos, varios nos dijimos que íbamos a un paso bastante conservador ese primer kilómetro, pero bueno, servía para platicarnos, animarnos, tomarnos las selfies y gritar como locos.

Club Berrendo muy animados (foto de Isabel Mata)

Pero no había lluvia. Por lo mismo de la lluvia proyectada, no quise batallar con mis audífonos y el ziploc en el que envolví el celular y por primera vez en un medio maratón no me acompañaron mis playlists. Y se sintieron bastante rápidos los puntos de abastecimiento, quizás por esto. Cuando menos lo pensaba ya llegaba al km. 9, km. 12, km. 15 donde encontré a Ninfa con muy buen paso y comentándome que estos últimos 6 eran los más retadores. La verdad no lo sentí así, iba disfrutando la escena a un lado del mar que esta ruta tiene. Conversando brevemente con quien alcanzaba, agradeciendo el apoyo táctico a Verito del Club Berrendo, posando para fotos desde todos lados, agradeciendo los ánimos de varios quienes apoyaban a sus familiares y otros tantos corredores como Víctor Puma que fueron a apoyar simplemente.

Empapadas pero con mucho ánimo apoyaron
Empapadas pero con mucho ánimo apoyaron

Pero llegó por fin la lluvia. Los últimos 2 kilómetros empezaron a lloviznar y a un kilómetro de la meta ya sentimos lluvia bastante fuerte que por un momento pensé que era granizo. Ahora sí estábamos empapados completamente y yo estaba extasiado. A lo lejos miré la meta y se oía el sonido. Las chicas de la batucada SportsFan aguantaban el rigor de la lluvia torrencial pero con mucho ánimo. Los voluntarios apoyaban y aplaudían, el público con paraguas o chamarras también bajo la lluvia pero animaban a que cerraras bien este medio maratón. Después de recibir la medalla curiosamente me estaba cuidando de no pisar charcos mientras seguía lloviendo, pero en fin.

Lo que me sirvió:
– Prepararse. Con plásticos para cubrir cartera, llaves, celular lo que sea que no quieras que se moje. También en el guardarropa dejé una chamarra, fue lo que me puse al terminar después de quitarme la camiseta empapada y evitar así una neumonía.
– Asimilarlo. Va a llover ¿ya qué? mejor disfrutarlo.
– Cambio de ropa seco. Lieutenant Dan tiene razón, un par de calcetines secos hacen toda la diferencia del mundo para el traslado a casa.

Atrás, nubes amenazantes (foto de Verito Gálvez)
Atrás, nubes amenazantes (foto de Verito Gálvez)

El viento helado me pegaba de frente en los kilómetros 10 y 11 y me preocupaba me afectara con una gripe o algo peor. Entre delirios no se si leí los labios de un señor que junto a una familia estaba en la caja de un pickup avanzando lento en el tráfico provocado por nosotros corriendo, pero también aguantando ese mismo viento helado. Al parecer nos dijo «pinches locos».

Un poco de locura hay que tener.

Addendum: demasiado buena para no rescartarla de la llegada a la meta LLOVIENDO.

Foto de Isabelita Granados
Foto de Isabelita Granados

Vamos a correr- Agradeciendo a los que apoyan en las carreras

Es el Primer Maratón del Puerto de Ensenada, y a pesar de que iba prácticamente arrastrando las piernas, haciendo cálculos ya estaba por llegar al kilómetro 40 y fue impresionante como me levantó el ánimo este sujeto en ese puesto de abastecimiento. Este señor se desvivió en darme agua helada para beber, un plátano, naranja, empaparme en agua fresca y ya emprendiendo camino va corriendo conmigo a darme un vaso de jugo de naranja. No tiene idea como estoy agradecido.

Así como estoy sumamente agradecido con 3 chicas de un carro gris que me encontré como 4 o 5 veces. Se iban recorriendo conforme avanzaba el contingente de este primer maratón y a todo mundo apoyaban con todas las ganas. La última vez que las vi así se los hice saber «no saben como me sirvió este apoyo, muchas gracias».

AdobePhotoshopExpress_b3e62e4176f9434f87832aa14516ac98Una disculpa a la dependiente del Oxxo por ahí del km. 28 pues iba derramando sudor por toda la tienda cuando me metí a comprar una Coca Cola y una botella de agua. Era necesario, me acordé de que en medio de este esfuerzo esa azúcar levanta fuerte. Aunque lo que me faltó fue salinizarme (o como se diga) pues por ahí del km. 35 ya sentía un hormigueo en las palmas de las manos que me obligó (junto con lo agotado de las piernas) a tener un «receso» y caminar por algunos kilómetros.

Con Héctor Buelna pude coincidir en la cena de carbohidratos y al terminar cuando ya estaba festejando su lugar ganado en el Maratón, y siempre son conversaciones donde se aprende mucho y por ello agradezco poder comentar la experiencia después de las carreras. Me dió mucha pena con Adriana Lascano pues cuando llegué a la meta me tenía que ir corriendo a hacer el checkout al hotel y solo pude tomarme rápidamente una foto y ni chance de felicitarle por su lugar ganado y más por ser su primer maratón. Desde aquí un abrazo Adriana. Al Chain también fue de los pocos que pude saludar al terminar su maratón bastante fuerte.

Muchas familias esperabaran a sus competidores para acercarles agua helada, algún suero o fruta. La gran mayoría ofrecía a todos los corredores un poco de lo que podían, al costo de su propio bolsillo o que se les terminara y tener que regresar por más. Pero esos niños con sus cartulinas apoyando o aquellos que acercaban la hielera para que te pudieras surtir de lo que hubiera son gestos de gran humanidad que se aprecian y agradecen enormemente sobre todo en una prueba como ésta.

Los voluntarios en cada puesto de abastecimiento estuvieron muy animados y contentos de ser partícipes de este gran evento en el puerto, soportaron el calor, las quejas, los pitidos de los autos que no pueden tolerar una pequeña interrupción en sus trayectos. Los ciclistas que cada que pasaban se preocupaban y me ofrecían agua y otros más que con todo el entusiasmo gritaban «sí se puede Gabo, ¡vamos!»

No es nada fácil organizar una carrera, y menos el evento estrella de atletismo, así que esa camisa de once baras (como la llaman) no debió ser una decisión tan sencilla de tomar y se pudo lograr un buen evento, con algunas fallas que ya están observadas pero no dejando de hacer historia. A la próxima.

Gracias por la foto Adriana
Gracias por la foto Adriana

Vamos a Correr – Los encuentros en el 5to Maratón Internacional de Tijuana

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Siempre apoyando Santiago Agreda

Empezando daba oportunidad de saludar a los amigos corredores de todo el estado y otros más del otro lado. Como a Santiago Agreda que siempre tiene toda la actitud y aquí empezando pues más. También pude saludar a José Luis Cano con la foto obligada y los ánimos aún empezando. Aproveché encontrarme con Gerardo Berrelleza quien ya pudo hacer su maratón sub4 y me daba consejos para lograrlo yo esta vez. Ahí por el kilómetro 5 miré a Daniela Tejeda con su muy animado estilo para correr, siempre contenta siempre entusiasmada por hacer la prueba y en esta ocasión acompañando a su amiga para que lograra su primer medio.

A eso del km. 7 me le pegué a Marco Antonio de Somnus y nos dimos cuenta que llevaba un ritmo un tanto apresurado para mí así que me le tuve que despegar. Me topé con Paulina Vega y nos dimos ánimos en lo que la dejé ir porque no quería esforzarme de más. Allí pasandito el puente de la 5 y 10 venía muy fuerte Edgar Armenta haciendo muy buena carrera. En la Plaza Carrusel siempre es complicado por la cantidad enorme de autos desesperados pues se detiene completamente la circulación pero aún así, habían familias enteras apoyando a alguien en particular pero echando porras a todos los que pasamos por ahí. En el punto de ida y vuelta ya en el Benítez te vas dando cuenta quien está enfrente y ahí vi que Mayito y Marco de Berrendos venían con muy buen ritmo y ya cuando me tocó a mí el retorno ves a los que venían detrás y estaba haciendo muy buena carrera Narciso, Jonathan, Marysol y Zeth de Berrendos también. Ya cuando llegas al punto de rocío de agua con el personal de bomberos agradeces esa brisa refrescante que ya siendo poco más de las 8 se disfruta enorme. Restaba mucho más ruta del Benítez y volví a encontrarme a Gerardo de Bonita Roadrunners que me recomendó le bajara pues mi ritmo iba medio acelerado, y sí lo pude constatar con los tiempos en mi marcaje en Endomondo. Volví a encontrarme con Daniela y su amiga que ya estaban más animadas pues les faltaba poco para terminar su medio.

Ya llegando a la Zona Río el ambiente de fiesta es incomparable, todo mundo entre aficionados y corredores que terminaron el medio te da ánimos, lo malo, me tocaban aún otros 21 kilómetros y 97 metros por correr. Y lo que me angustió un tanto es que la botella de suero oral que dejé clavado en un arbusto ya no estaba donde lo dejé 😦 ni hablar, tendría que consumir los powerades que te dan en los puestos de abastecimiento. Ahí al llegar a la meta del lado derecho teníamos que irnos los maratonistas y yo extasiado gritaba «DOS HORAS MÁS» mientras muchas muchas personas me daban el high five. Ahí después me comentó Héctor Buelna que me vió pasar pero lástima que no pude verlo en toda la carrera. Llegando al CREA ni modo, perdí unos minutos en los port-a-potty mientras miraba retirarse a Edson y Leslie (¿o era Ivonne Sita?) de Baja Trail. Pero había que seguirle, aproveché muy bien las esponjas para irme refrescando en el camino. Regresando de las vueltas por el otro lado de la canalización y ya entrando a Plaza Río me encuentro a Alfonso Uribe que ya había terminado y con esos ánimos que me dió ya tenía más energías para seguirle.

Foto de Isabel Mata
Con Paulina en la foto de Isabel Mata

Y es que ya entrar a la Vía Rápida de inmediato sentí el rayazo de sol, ya éramos solo maratonistas y había más metros de separación entre cada uno de nosotros. A lo lejos veo venir con mucha fuerza a Angélica Alejos, con una excelente actitud a pesar de los calores y con mucho gusto pues aunque había entrenado solo para el medio, por un error quedó en el maratón y había decidido completarlo. Al poco tiempo veo llegar corriendo a un par de locas con bib verde, que se les ocurrió así como así «¿le seguimos otro ratito?» y ahí iban no solo para meterle más kilómetros, sino para apoyarnos a los maratonistas. Se agradece siempre la buena vibra de Paulina Vega y la Ultramata Isabel quienes cuales hadas de bosque corrían y corrían aún con ese sol tomando fotos y echándonos porras.

Escuchar los pitidos de apoyo desde los carros en la Vía Rápida como Juan Peñuelas o ya de regreso en el Benítez a Jennifer Federico y a muchos otros que no reconocí y a que a lo mejor eran extraños pero entusiasmados de vernos hacer el esfuerzo de esta carrera. Como a los cientos de voluntarios que me llegué a encontrar quienes aún estando a la sombra no hallaban como echarse aire para soportar el calor que estaba haciendo, y aún así encontraban ánimos para apoyarnos. Y es que esa recta de la Vía Rápida siempre ha sido el coco de muchos, ya lo que uno quiere es salir de ese «black hole». Aquí me rebasó el Chain que tenía la pachita de Whiskey en el carro para celebrar al terminar. Afortunadamente ya venía la vuelta en el kilómetro 34 y alguien de ese puesto de hidratación me reconoció de Tecate y ahí mismo me pasó Claudia Soto y Juan Othon de Berrendos que también preocupados preguntaban como me sentía. La verdad me sentía bien, no había calambres pues ya hacía mucho había decidido no esforzarme de más y hacer un ritmo que me permitiera correrlo para terminarlo. Al dar vuelta ya en el Benítez restaban solo 8 kilómetros cuando me llega por atrás Lorena Puga y me anima a apretar el paso prestándome sus alas para hacerlo. Le pregunto «¿le podemos bajar poquito?» y me dice que no, a darle, pero le tuve que insistir pues ya empezaba a sentir las dolencias de indicios de calambre que era precisamente lo que estaba evitando. Lo comprendió y ya me soltó pero de todos modos eso me animó a tratar de darle un poquito más para no hacer más de 5 horas. Ya quería llegar al punto de rocío de los Bomberos, pero esta vez como era más espaciado el espacio entre corredor y corredor me tocó un regaderazo directo con agua fresca que agradecí con todas mis fuerzas.

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El quemador en el Benítez

Ya con el paso un poco más apretado estaba pasando por grupos de corredores que quizás no estaban en su mejor estado, pero no dejaba de animarlos. Ya faltaba muy poco pues por fin salíamos del Benítez. Y es que iba empapado, aparte de que todo el tiempo en cada puesto de hidratación aprovechaba para mojarme, tomar agua y volver a mojarme. Venía exprimiendo la playera y los shorts y aún así sentía que cargaba mucha agua en la ropa. Pero ya estaba a la vuelta el kilómetro 40, ya varios que habían terminado el maratón regresaban a dar ánimos a los que les faltaba y eso siempre es reconfortante. Ahí en esos metros que se alcanza a ver la Vía Rápida desde Paseo de los Héroes desde un carro nos mostraron el dedo medio al mismo tiempo que pitaban con la tonada característica, yo solo les aplaudí. Y no me importaba pues estaba a punto de terminar. En esta región todo el tráfico estaba limitado y todo mundo apoyaba. Pero al salir de la glorieta Lincoln estaban ahí un grupo del Club Berrendo encabezados por Adrián y Susana, casi lloraba cuando saludé a todos ahí pues esperaron más de 3 horas a que termináramos el resto del club. Pero faltaban unos 500 metros y ya mis ánimos eran otros, estaba muy contento de poder terminarlo y a unos metros de llegar a la meta me encuentro con otro grupo del club con Marysol, Verito, los Berrenditos de Anselmo y Jesús, Claudia, Juan, Marco y demás familia. Siemplemente muy emocionante también ver los clubs Aire Confort, TX8, Tecate Running, Tru Runners y mucho más público en general que en la vida me hacen pero que de todos modos me apoyaban y animaban a terminarlo por fin, en 4 horas 58 minutos.

Esta vez la histeria me dió cuando en el puesto médico cruzando la meta les pregunté extasiado «¿¡¿qué se hace en casos de histeria como éste?!?» y creo que no les pareció tanto.

Todo muy bien organizado y con todos los apoyos al corredor que debe haber en cuanto a seguridad, asistencia, hidratación y todo. Sin embargo a estas alturas es mucha la confusión y molestia de la ciudadanía en general que se topa con el contigente de corredores y se tiene que esperar varios minutos en algunos puntos. No se que trabajo adicional de difusión deba haber pues aunque yo sí ví bastante esfuerzo en este sentido, las mentadas seguían apareciendo. La otra cosa que no me late pero ya es cosa de logística supongo, es que es un evento para los corredores del medio maratón con el extra del maratón y se nota bastante pues muchos apenas van llegando cuando ya está a todo lo que da la celebración de la premiación.

Ahora, a seguir preparándonos que hay dos maratones más en la región que hacer.

Foto de Juan Luis Burgueño. Edición de Héctor Buelna
Foto de Juan Luis Burgueño. Edición de Héctor Buelna

Vamos a correr – Cuando en el fracaso hay victorias

Tenía rato con esto en los borradores pero debido a la experiencia de varias amigas y amigos en el Medio Maratón de Rosarito de este domingo, supongo que es lo apropiado publicarlo ahora. No son palabras de aliento ni nada como superarlo, solo unas reflexiones.

1903009_10151944607426881_1372298289_nEn el 2014 me preparé lo mejor que pude para el primer Ultramaratón Baja Trail, pero del kilómetro 24 al 28 tuve una cantidad tal de calambres que me hizo imposible continuar y tuve que esperarme a que fueran por mí y regresar como todo un perdedor a la línea de salida y tuve que meterme al área del estacionamiento por un lado. Fue tal mi decepción que no aguanté más que un par de minutos dando ánimos a los que sí llegaron (como hago en todas las carreras) y mejor me fuí a refugiar al carro en lo que llegaban los demás.
En el 2014 mismo hice mi mejor tiempo en un medio maratón en Mexicali con 1 hora, 39 minutos y algunos segundos. Según yo me estaba preparando igual para mejorar este tiempo pero en el 2015 no lo pude hacer, y no he podido superar esta marca desde entonces.
Desde que terminé mi primer maratón, he tratado por años hacerlo en menos de 4 horas. Imaginé que en el maratón Gobernador del 2014 sería por fin la fecha en que podría cumplirla. Preparándome para la ruta y clima inigualable de Mexicali e intercambiando consejos con Gerardo de Bonita Roadrunners (que también estaba trabajando para lograrlo en esos momentos, aunque él ya lo logró a estas alturas) imaginé que ahora sí podría desquitarme en ese año. No fue así y lo terminé incluso con tiempos peores a mi marca personal.
Nunca me había sentido tan mal como la vez del fracaso del Ultra del 2014. Yo sabía que todo era enseñanza, que los errores había que corregirlos para superarse y que cada carrera es distinta por más que te hayas preparado pues hay un sin número de factores de los cuales no puedes tener control. Pero me sentía sumamente mal.
Hace muy poco me dí cuenta de algo. Yo siempre, siempre doy palabras de aliento a un corredor que hizo 40 minutos en una carrera de 5K, alentándolo a seguir adelante, que no se desanime y que podrá hacer mejores marcas en la siguiente. O cuando alguien se frusta por haber hecho 5 horas en un maratón lo felicito con total sinceridad, realmente muy contento de su logro, por más que su marca no haya sido la mejor. O cuando alguien hace 3 horas en un medio maratón yo admiro el esfuerzo de esta persona que tiene todo en contra pero valoro su atrevimiento y coraje de terminarlo sea el tiempo que sea. De hecho, yo mismo cuando llego a la meta de cualquier carrera, por más mal que me haya ido, levanto al aire los brazos y me congratulo extasiado en felicidad de haber llegado. Entonces mejor dejamos para otra ocasión estos aires de fracaso ¿no? Por simplemente haber salido corriendo al sonar el disparo de salida ya hiciste mucho más que lo que algunos no se imaginan pueden lograr si tan solo se lo propusieran.
Hace poco le comenté a Héctor Buelna por algo relacionado, palabras más, palabras menos una frase que va en el sentido de «hasta en los fracasos hay enseñanza» y esos «fracasos» nos dan herramientas para tomar medidas, prepararnos mejor.
Y hacerlo.