Habíamos empezado el descenso de esa primer montaña y algo noté: un abrumador silencio. Atrás había quedado la algarabía, los gritos de apoyo, el alboroto. Parecía que estábamos agotados a muerte. Y algo había de eso.
Desde que se anunció este Ultramaratón en Ensenada yo estaba ansioso por hacerlo. El referente anterior de 28 kilómetros nos había dejado muy buen sabor de boca con la sorpresiva ruta muy demandante y para esta ocasión siendo proyectada más del doble definitivamente sería muy disfrutable. Hice varios entrenamientos de preparación y revisando altimetría digamos que ya sabíamos que esperar. Y no, nunca es suficiente.

Siempre al inicio es mucho el buen ánimo y ambiente. Fue indescriptible ver a Yaya y Héctor dando apoyo desmadrugándose para venir hasta acá. Con toda la emoción que un inicio de carrera da, emprendimos la salida. Sabíamos que los primeros 10 kilómetros eran unas terracerías que aunque no sencillas muy manejables. Ahí con los corridos cantados por Victor Ponce y la plática con Faby y varios más estuvo bastante entretenido el ambiente. Llegamos a un punto donde a alguien se le ocurrió decirnos que había que subir un kilómetro a pesar de que todos vimos la señalización para nosotros que haríamos la ruta larga. Pero bueno, sirvió para encontrarnos con los que apenas iniciaban la ruta corta y pues entre las porras y ánimos pudimos sobrellevar darnos cuenta que no teníamos nada que hacer hasta allá y nos regresamos. Lo que siguió fue un recorrido por lo que queda de un riachuelo, con su complejidad de subir rocas resbalosas y medio trotar en arena muy suelta. Llegamos a un puente para incorporarnos al nuevo libramiento de Ensenada que tienen más de 5 años haciéndolo y ahí pudimos soltar las piernas pues era totalmente plano el camino. Pero seguía lo bueno. El famoso bombón que no es otra cosa que una pared para escalar, debíamos tener mucha confianza en los tenis y agarrarnos hasta con las uñas de peldaños en las rocas para subir. Todo esto fue menos de un kilómetro, pero lo debastador es que cuando llegamos a donde habíamos librado esta pared, teníamos que seguir subiendo con un alto grado de inclinación y ni hablar, había que seguirle. Fue bajando de esto que ya nadie tenía aliento para platicar ni nada, teníamos que llegar al punto de abastecimiento y era importante para mí pues ya me estaba acabando el agua de mi mochila. En este punto (como en todos) la gente muy amable y acomedida a apoyarte. Pero fue mi primera contrariedad pues ellos aseguraban estar en el kilómetro 27 cuando yo tenía poco menos de 25. Aquí empecé a dudar de mi carrera y como a partir de ahí iba prácticamente solo, estuve prestando muy dedicada atención a seguir los listones rojos y los letreros del Ultramaratón (y es que había otros letreros para ciclistas) pero aún así, llegando al 27 no hice un loop de un kilómetro y medio donde al final te marcaban el número y te regresabas. Esto no lo comprobé hasta que regresé a casa y comparé mi recorrido con otros. Mientras tanto, yo seguía atento a la señalización en estos parajes donde atravesamos lo que queda de una laguna (o dos) con una vegetación muy vistoza que me daba un poco de sombra a estas horas que ya estaba arriba el sol. Saliendo de estos bosques me encuentro con Genaro que llevaba la camioneta con hielos, gatorades y otras viandas para apoyar a los corredores. Le agradecí me recogiera la basura que estuve levantando durante la ruta y lo felicité (como a todos y en cada punto de hidratación) y seguí mi camino.

Ya estábamos de vuelta en el libramiento y esos 2 o 3 kilómetros de carretera totalmente plana que me permitió trotarla me parecía interminable. Estaba atento a lo que seguía que era subir los Attenuatas y adentrarnos al bosque que tristemente estaría quemado. Llegando al punto previo antes del ascenso me sorprendo de que me dijeron que era el kilómetro 48, achis los mariachis, si a mi me estaba marcando mi Garmin apenas 37. Por un momento pensé que en algún tramo se me desconectó del GPS o algo pero no podía estar seguro hasta llegar a casa, así que tuve que hacer a un lado toda esa distracción para continuar. Aquí de nuevo agradecí a los voluntarios y emprendí la subida. Interminable subida. Afortunadamente me les pegué a un grupo de otros 3 corredores para hacer menos monótono el trayecto y a ratitos trotábamos para avanzar un poco más. Y subíamos. Y seguíamos subiendo. Ya para subir el último trayecto me encuentro a Adhir y le enseño orgulloso el parche de Running Addiction que intenté coser a medio camino a mi mochila infructuosamente pero mientras lo pude pegar con un seguro. Veo entonces que ya viene de regreso Marix con toda el ánimo y noté sus manos llenas de ceniza. Pensé para mí mismo que eran los estragos del reciente incendio así que a eso nos estaríamos enfrentando. Así llegamos a adentrarnos al bosque quemado. Muy sorprendente pues lo que antes era una zona muy boscosa, que no mirabas más allá del sendero enfrente de tí, ahora podías ver a kilómetros incluso a otros corredores que iban a media montaña por el sendero que se dejaba ver en medio de un negro panorama. Era una escena tétrica, pero sobre todo muy triste. Se dice que habrá que esperar 15 años para que se recupere totalmente. De todos modos era gratificante ver algunos brotes de vegetación que surgieron hace poco. Aquí como podías ver casi toda la ruta dentro de este bosque pude ver que ya me estaba dando alcance Isabel que venía muy tranquila a un paso firme, poco después ya que veníamos descendiendo de plano nos rebasó rápidamente. Aquí ya me había despegado del grupo con quien ascendí y yo lo que quería era ya llegar. Me encontré a Alonso que ya había terminado la ruta corta y buscaba a sus compañeros de equipo pero me quedé “¿cómo tienes energía para subir otra vez hasta acá?”
Ya en la recta final estaba descepcionado porque no estaba seguro de la ruta, mi distancia ni nada. Platicando con varios durante el recorrido llegamos a la conclusión de que definitivamente no serían los 57k pero yo quería hacer al menos 50. Insisto, no podría saber esto hasta analizar el recorrido llegando a casa así que me limité a llegar. Y sí, disfruté llegar, alzar las manos en la meta y recibir la medalla. Pero algo muy curioso pasó. Poco tiempo después de mí llegó Martha, lo que me parecía inverosimil porque yo siempre la ví por lo menos 2 kilómetros enfrente de mí. Y muy chistoso cuando llegó Marco y me comentó “¿cómo llegaste antes?” y más me entró la duda y la ansiedad de regresar cuanto antes a casa a ver el recorrido.

Y listo, lo comparé con la distancia de Isabel y otros muchos que compartieron la carrera en Strava y la carrera terminó siendo de 51 a 52 kilómetros. Y encontré el punto en el km. 27 en donde debí subir ese kilómetro y medio que yo de plano no ví por más atención que estuve prestando a la señalización ¿cómo decirte que ni siquiera saqué el teléfono nunca para tomar fotos? ni una sola foto tomé. Así de concentrado estaba. Una vez aclaradas mis sospechas notifiqué a Protime que me descalificaran y espero no aparecer en los resultados.
Y mira, siempre se estuvo publicando como Genaro y su equipo (otras dos personas, básicamente) remaron contra marea para sacar adelante el evento. Yo los sigo felicitando por atraverse a realizarlo pero bueno, los fallos fueron más que claros y sus decisiones habrán que tomar. Yo por mi parte a pesar de la frustración de no hacer el recorrido completo (que fue sin saña) mis casi 49 kilómetros recorridos me dan la satisfacción de subir completo el “Bombón”, los Attenuatas y terminar tiznado y con pulmones de fumador por ese bosque. Sobre todo disfrutar con mis amigos y otros compañeros su llegada y la camaradería al final.
En 1977 salieron de la tierra dos sondas Voyager a explorar a detalle con varios instrumentos a bordo las características físicas de Júpiter, Saturno y algunas de sus lunas. Después de completada la misión aprovecharían el impulso gravitacional para salir despedidos a las profundidades del espacio, así que ¿qué otro uso le podrían dar a las Voyager? Le fue encargado a Carl Sagan la compilación de una especie de recuerdo de la tierra para la posibilidad de que entidades inteligentes del otro lado de la galaxia eventualmente se encontrara con esas sondas y descubriera de donde vinieron.
Aquí hay varias cosas que considerar, por un lado, en la posibilidad más optimista cualquiera de estas sondas podría encontrarse con un sistema planetario de la estrella más cercana en varios millones de años, sin considerar aún que en ese sistema hubiera la posibilidad de vida inteligente que pudiera interpretar el contenido del disco. En el peor de los casos es una cápsula del tiempo para nosotros mismos. En la ciencia ficción podemos imaginar autos voladores, androides o turismo espacial en los próximas décadas. Quizás colonización de otros planetas o visitas a otras galaxias en los próximos siglos. Pero ¿cómo imaginas la humanidad en un millón de años? ¿en diez millones de años? ¿en mil millones? ¿Qué pensarán de esos exploradores que en 1977 enviaron un mensaje dentro de una botella que aventaron al más vasto mar?
De regreso a casa no encontraba sus libros o eran títulos que no entendía o quería entender. Lo cierto es que cuando entré ya de lleno a leer sus libros fue en tercero de secundaria, específicamente aquellos que trataban sobre Cuba. Quedé fascinado con las historias de la travesía de Fidel Castro para "liberar" a Cuba de un tirano pero sobre todo la forma amena de relatar todo. Obviamente con el 'Lástima de Cuba' comprendí muy contrariado como Rius mismo se lamentaba del "logro" cubano. Me dí cuenta que está bien cometer errores y no solo eso, rectificarte cuando te das cuenta de ello. El punto es que gracias a esta maestra me atreví a adentrarme a esos libros más "serios" como el 'abché', 'Lenin' y 'Marx' (para principiantes), 'La Pereztroika' y otros más de tinte, digamos, de izquierda. Por ahí leí compendios de Los Agachados o Los Supermachos que compartíamos entre algunos amigos. Ya después la revista 'El Chahuistle' era muy esperada y por supuesto nos adentramos a la nueva generación de moneros que de una u otra forma nacieron gracias a Rius.
Cuando salió el 'Rius para principiantes' me lo regaló un gran amigo, y coincidentemente vino a Mexicali a promocionarlo. Me quedé con las ganas de asistir al teatro de la universidad y oirle hablar de las diabluras que relata en su autobiografía. Supe que el teatro estaba lleno, muchos lectores con sus libros que tenían la esperanza de que se los dedicara y firmara. Le pude seguir la pista después con El Chamuco y hasta me dedicaron un saludo en una edición que pude comprar. Y es que a pesar de sus más de 80 años seguía escribiendo y se quedaron algunos borradores en su librería según tengo entendido. Lo cierto es que Rius hizo mucho por transmitir educación en este país; y hay legiones de lectores que hoy lamentan su partida de este plano existencial.
Esta crónica empieza a principios de año 2017. Varios amigos nos decidimos a dar el siguiente paso después de varios ultras de 50k muy satisfactorios. Nos inscribimos a las 50 millas (alrededor de 80 kilómetros) por la bellísima Pacific Crest Trail. Son unos caminos que acompañan a los senderistas por meses a partir de la línea divisoria entre México y Estados Unidos hasta la frontera con Canadá. Pues bien, un tramo de unos 40 kilómetros de las 2600 millas que conforman este trail son aprovechados para este ultramaratón. A mí me entusiasmaba mucho la idea pues estos senderos los he corrido con anterioridad y siempre me parecieron ideales para correr. Las inclinaciones son muy manejables para correrlas y las panorámicas son una combinación de árboles, terrenos áridos, algo de arroyos y mucho bosque. Aquí el reto era aguantar el correrlo por espacio de unas 12 a 13 horas.