Esta serie en la superficie puedes quedarte con la espiral decadente de Richie Finestra (Bobby Cannavale) a causa del abuso de sustancias. Alguien con el poder que llega a tener (o por lo menos hace creer a sí mismo) pareciera intocable al mando de una importante firma de discos (cuando eran de vinil, claro) hasta que la realidad lo alcanza. Pero también es la historia de Devon (una espectacular Olivia Wilde) como la esposa aflijida que no tiene porque seguir soportando la humillación constante. El músico Lester Grimes (Ato Essandoh) y su vuelta a la industria después de que American Century (la discográfica de Finestra) lo exprimió hasta derrumbarlo. Jamie Vine (Juno Temple) como la ambiciosa ejecutiva que quiere escalar en los peldaños de la industria descubriendo a los Nasty Bits liderados por Kip (James Jagger, sí, el hijo) y descubriendo todos el estiercolero en lo que se ha convertido la industria de vender música.
Pero ese es el punto de esta serie creada por Martin Scorcese, Mick fucking Jagger, Rich Cohen entre otros, la música es el centro y definición de todo lo que se mueve. Desde el primer episodio donde Richie vuelve a sentir aquello que se siente cuando la música te mueve y te llega hasta volverte deseoso de vivir. Es cuando decide que siempre no quiere vender su compañía con un cheque de salida que le permitirá vivir muy holgadamente. Decide apostar a eso, a la música, a volver a levantar esta compañía y buscar esos sonidos que sí vale la pena escuchar y por los que la gente consume discos. Aunque cueste su matrimonio, su paz mental, y su vida esa apuesta.
Y es que la ambientación no pudo ser mejor en estos principios de los 70’s, con referencias a actos que marcaban la pauta en ese entonces como Led Zeppelin, David Bowie (si alguien puede hacer su biopic es Noah Bean), Elvis y más. Pero más que nada, esa actitud de «we want the world and we want it NOW!» es lo que adorna todo alrededor de esta pequeña fotografía a la industria musical, con todos sus cuantiosos y cuestionables defectos pero con toda su magia que provoca la música también. Y es por eso que no se puede comprender como HBO canceló la serie culminada tan solo una temporada, con la calidad de sus guionistas, los actores y la producción. Lo más raro incluso es que ni siquiera en HBO Max se puede ver, se tiene que comprar en Amazon o en algún mercado alternativo.
Siempre he dicho «yo no voy a andar promocionando gratis marcas, nunca me verás usando chamarra con la marca de ‘véanme, puedo comprarme esto carísimo'» y mi amiga me cuestiona «¿y esa camiseta de Megadeth?»
Viento, agua, frío, lodo, lluvia, calor, barro y más
La pandemia detuvo los planes para llevar a cabo la edición 2021 de este Ultramaratón Baja Trail que se lleva a cabo desde 2014 en el área de Cuero de Venados al sur de Tijuana, B.C. Pero con porcentajes de vacunación a la alza y la curva de contagios a la baja se prestaron las condiciones para ahora sí llevar a cabo esta demandante carrera de montaña.
«Va a llover» me estuvo diciendo mi chica toda la semana, y le respondía «pues me pongo chamarra» y así fue. El ritual de la noche previa es uno que todo corredor conoce, y en cierta manera es la primera mentalización de lo que viene. Tenía especial interés en ver como se comportan (en carrera larga) los LMNT que me funcionan como suero de muy buen sabor, con la ventaja de que al ser en polvo lo que cargué fueron los sobres y no la botella completa de Electrolit como en ediciones anteriores. Tenía también listas unas pastillas de potasio por lo que pudiera pasar, además de agua en mi vejiga de 1.5 litros. Una camiseta ceñida y otra de mi equipo junto con la chamarra impermeable y empaquetable. A diferencia de otros años y otras carreras en la montaña me fuí muy minimalista.
Quiero siempre llegar lo más pronto posible para evitar las aglomeraciones y estar listo evitando filas, así que desde las 5 de la mañana llegué a Rancho Casián. Ahí en el carro estuve desayunándome un sándwich de crema de cacahuate con mi café esperando que llegara la hora. Pero después como le comenté a Mario cuando nos vimos en la línea de salida, quien sabe porqué me empezó a doler la espalda baja justo antes de salir. Algo que se me hizo muy curioso y raro fue saludar de nuevo a tanta gente. Obviamente con sana distancia y todo, pero muchos que saludé aquí era la primera vez en dos años que no había visto siquiera, se sentía tan extraño pero tan complacido a la vez de regresar.
Foto por Germán Rodríguez
Estuvimos mentalizándonos y preparándonos Marco, Karina y yo pero aún sin chicharra, empezó todo con la emoción de todos los participantes. Como parte de los requisitos era que en áreas comunes todavía tenemos que seguir usando cubre bocas y aunque yo estoy acostumbrado a siempre correr con tubulares Migö, sí se sintió la diferencia, así que después de un kilómetro y más aislada la gente uno del otro ya pude quitármelo. Los primeras subidas empezaban y no se porqué esta vez no le hice caso a mi cautela, será el entrenamiento que he estado teniendo estos últimos meses o que será, pero subir a la banquita no era caminando, pasaba a otros corredores cuando lo prudente es caminarla pues faltan otras ochocientas cuarenta y siete subidas más adelante. Aquí y al llegar al primer check point en la Rumorosita se sentía el buen ambiente, ahora con mucha más porra y personal de apoyo, todos dándote ánimos.
Algo muy recurrente fue que cuando ya sentía mucho calor porque salía el sol un momento y guardaba mi chamarra de repente se volvía a nublar y estaba de nuevo en otra colina donde soplaba un viento frío que me obligaba a ponérmela de nuevo. Todo esto siguió pasando mientras llegábamos al check point del Ahorcado de nuevo muy bien abastecido y con todos los ánimos.
Para mí siempre es especial la Meseta desde la primera edición, pero ahora estaba listo para enfrentarla corriéndola en medio de las nubes y visibilidad de unos cuantos metros enfrente. Ahora se sentían bastante más picudas las piedras, será por la limpia que les hizo la lluvia o qué pero así sentí. Afortunadamente no fue como otros años que bajar de la Meseta era prácticamente una resbaladilla pero no menos difícil y ya estábamos en el Check de los Wannas donde el buen Antonio me atendió de maravilla mientras saludaba de nuevo a Isabelita. Rellenada mi mochila para allá me lancé, donde me esperaba el largo camino para el cañón que nos lleva al Coronel.
Y es que fue aquí donde todo fue a pique con el barro. No podías quitarlo simplemente golpeando los tenis contra alguna piedra, no, tenías que hacer una maceta y moldearla para que pudiera despegarse y pudieras continuar a acomular más barro. Aquí también me funcionaron muy bien los gaiters porque ese barro no entró a mis tenis, y eso sí hubiera sido mucho más incómodo. Pero lo importante era que estaba avanzando cuando veo regresar a Adán y luego al Silencio, con un ritmo bastante fuerte a pesar de las condiciones.
Ya para subir el Coronel lo que siempre hago es dejar mi mochila para descansar un poco de ella, y fue lo más difícil tratar de subirlo mientras veía a todos los que bajaban cayendo. Allá arriba todo estaba totalmente cubierto de neblina o estábamos en medio de las nubes sintiendo lluvia pegarte por todos lados en momentos. Solo agarré la pulsera y me regresé. Y aunque no estaba tratando de regresar corriendo azoté dos veces. No fue tan doloroso pero sí fueron golpes. Y seguía acomulando lodo. Solo quería regresar con Marix y aprovechar el lunch de huevos cocidos.
Pero ya era hora de regresar y vamos de regreso cuando ya me estaba marcando el reloj que teníamos 29 kilómetros. Aquí todo estaba de muy buen ánimo aún. Mi estrategia fue no cargar mucho pero siempre tendría que tener las dos botellas llenas por si las dudas aunque no tuviera la vejiga llena. Tomé una tableta de potasio ahora que sí sentía ya más el cansancio en las piernas por el esfuerzo en la casi vertical subida al Coronel.
Foto por Isabelita Granados
Parecía eterno pero llegando al Wannas ahora sí les pedí un vasito de cerveza, digo, si ya estamos de party aprovechar. Agradecí de nuevo y a seguir. Al bajar por la cuerda (que no me gusta usarla) temía resbalar por el lodo y humedad pero hasta eso que mis Altra tuvieron muy buen agarre y no fue problema. Saludé por última vez a Ricardo y me despedí de todos en el Ahorcado que siguieron los 6 u 8 kilómetros en subida más pesados pues son constantes y ya llevas el cansancio anterior hasta llegar de nuevo a la Rumorosita donde otra vez me compartieron cerveza para terminar de mejor ánimo los últimos 6 kilómetros.
Foto por Germán Rodríguez
Ya es el regreso de lo más ameno a estas alturas, ya es prácticamente terreno nivelado entre vereditas y senderos llenos de plantas, árboles, riachuelos y flores. La meta casi la puedes ver, porque estás sintiendo que ya terminaste este reto. Y llegando a la meta veo a mi hermana con su familia y mis sobrinos recibiéndome, estaba de lo más emocionado.
Fue muy especial esta carrera por regresar después de dos años, porque todo el cariño y buenos deseos de quienes te apoyan es palpable, ¡hay demasiada gente que quiere verte disfrutándolo! Mi agradecimiento a los organizadores, lo he dicho antes pero lo vuelvo a decir, es de los mejores eventos más allá de recibir por lo que estás pagando, estás gozando del esfuerzo de muchas personas que genuinamente están haciendo todo lo que está en su poder para hacer una carrera memorable.
Con esto inicia mi año de retos en la montaña que quería hacer en el 2020. En mayo nos vemos en el PCT 50 millas para luego en junio hacer de pacer a Marco en sus 100 millas de San Diego y terminar con los 100k de Cuyamaca.
Imagina un mundo donde la humanidad (d)evoluciona hasta perder la vista. Hay muchas teorías sobre el porqué de esta condición pero se ha llegado al grado de olvidar que alguna vez hace cientos de años esos órganos llamados ojos tenían un uso, y eran para mirar el mundo. La humanidad entonces se ve buscando la compañía de otros y formando pequeñas tribus alrededor de ríos o lagunas como en los tiempos antiguos, de los «ancestros», como se refieren a la humanidad con el don de la vista. Un daño colateral de esta sociedad dispersa que no ve, es la superstición y charlatanería en la que pueden caer grupos de personas crédulas en lo que cualquier insinuación siquiera de aquello llamado mirar es entrar en terrenos de la blasfemia.
Seguimos en esta serie a la comunidad o tribu de los Alkenny, liderados por Baba Voss (Jason Momoa). Se nota como el ser humano ante todo es adaptable y en esta sociedad pueden encontrar sustento, vestirse y poner un techo para sus familias a pesar de no ver. Y esto es clave, la ceguera no representa una discapacidad sino solo una circunstancia. Maghra (Hera Hilmar) llegó a esta tribu embarazada pero aún así Baba Voss la aceptó como esposa y cría a sus hijos como suyos desde su nacimiento. Pero es cuando empiezan a crecer que se dan cuenta que ellos son diferentes, parece que «tienen luz» en sus ojos. Pero no pueden mencionarlo, sería perjudicial no solo para ellos sino que podrían exponer a la tribu entera a los cazadores de brujos.
Estos cazadores de brujos son enviados por la Reina Kane (Sylvia Hoeks) en esta región de lo que alguna vez fue los Estados Unidos. Este reinado afincado en una presa con generadores hidroeléctricos les da energía para calor y hasta música para entretener a la más alta clase. Ante la falta de distinción por belleza o color de piel, la nobleza se distingue por colgantes tipo cascabeles que hacen saber su condición de casta alta. La reina es una implacable soberana y no quiere dejar ningún cabo suelto que ponga en riesgo su reino, así que combate a cualquier «brujo» que ose mencionar siquiera alguna referencia al verbo ver. Su dominio es controlado por la fuerza de su ejército implacable a quien encomienda encontrar a quien más supondría poner en peligro su reinado: Jerlamarel (Joshua Henry), quien sospechan está regando su semilla y con ello devolver la luz a la humanidad.
Hay varias cosas adicionales que hacen más rica la historia, pequeñas referencias a como esta nueva forma de vida tiene sus pecualiaridades. Por ejemplo, la escritura sí persistió a pesar de la imposibilidad de ver, ahora se da usando nudos hechos en cuerdas donde sí pueden escribir por lo menos correspondencia y letreros en los caminos. Indagando un poco noté de alguna cultura peruana que usaba algo similar para llevar una especie de contabilidad en esas comunidades, así que por lo menos sí hay un antecedente como para haber tomado esta alternativa. Al depender más de sus otros sentidos como como el sonido, cada tribu tiene sus formas de comunicarse y hacerse notar. Son fascinantes las míticas «Sombras» que son más bien parecidas a las ninfas del bosque de antaño a quien les puedes pedir indaguen en los sueños de los enemigos o quienes nos interesan amorosamente para tomar alguna ventaja con ello; aunque todo simplemente es más sencillo si opacamos el sentido del ofalto para simular poderes sobrenaturales.
Es esta lucha interna de Baba Voss entre su pasado siniestro y su vida familiar actual al mando de su tribu y el contraste con la gran esperanza de quien pareciera ser el padre de sus hijos, aquel que puede cambiar el destino de la humanidad. Pero como todo padre, no abandonará a sus hijos tal cual. ¿Qué otras piezas faltan por ver? ¿Y si el que ve no necesariamente es rey?
Esta entrada la escribí el año pasado y ha estado en borrador desde entonces pero la situación actual de este verano del 2020 me hizo recordar que por aquí la tenía. Haciendo a un lado el hecho de que estoy en un punto de mi vida en que voy a reventar de tanto material que tenga que ver con superhéroes, no puedo dejar de recomendar esta serie de HBO.
Empezando por explicar de que va. No son superhéroes per se, estamos hablando más que nada de vigilantes (ergo «watchmen») que existen en esta realidad alterna. Hace varias décadas, varios personajes sintieron la necesidad de resguardarse en una máscara para combatir el crimen. Se dieron cuenta que tendrían mejores resultados si conformaban un grupo llamado ‘Minute men’ para poner un alto al crimen. Uno de ellos, Dr. Manhattan, después de un accidente en un laboratorio nuclear adquiere cualidades especiales que lo hacen ser, digamos, un superhéroe; ya había dicho que no hay aquí, pero este es el único que sabemos a ciencia cierta sí tiene poderes. Al usarlo el gobierno en el conflicto en Vietman desencadenó una serie de eventos en este mundo donde EE.UU. ganó esa guerra, Nixon tuvo hasta 5 periodos presidenciales y por alguna razón Robert Redford (sí, el actor) llegó a ser presidente también. En los 80’s, ante la tensión de la guerra fría, uno de los vigilantes (Ozymandias) decide por su cuenta que para unificar al mundo, necesita originar una amenaza exterior, aunque las cosas no salen como las planeó. Aunado a este incidente y por varios conflictos el Dr. Manhattan se ve obligado a vivir en Marte (sí, el planeta) y así lo notan desde la tierra donde es cosa común hablar de este personaje. Hasta aquí el preámbulo que tiene que ver con el cómic de Alan Moore y la película de Zack Snyder.
La serie se desenvuelve en la época actual, donde los vigilantes ahora trabajan en conjunto con las fuerzas policiales, cuyos elementos deben de cubrirse el rostro también para evitar represarias personales o a su familia. Se vive una amenaza de parte de un grupo de renegados sociales llamados ‘7th Cavalry’ que ya se han adjudicado muertes de policías previamente. El tono de la serie deja ver mucho de desigualdad por motivos raciales imperante en este mundo (y el nuestro). Precisamente iniciando la serie vemos una revuelta ocurrida en Tulsa EE.UU. en 1921 que sí ocurrió en nuestra realidad que desemboca en acontecimientos que tienen que ver con la protagonista, una estupenda Regina King interpretando por un lado a una ex-policía Angela Abar que después del incidente con la Caballería decide tomar una identidad vigilante como Sister Night.
Ya hablando con spoilers aquí: Es cierto que la serie se desenvuele con un ritmo por lo menos confuso. Es de esas series que sí demandan toda tu atención pues en todo momento hay algo que ver, que escuchar, que discernir. Tal vez en el momento que lo veas no lo relacionas con nada pero 3 episodios después sí lo recuerdas y aquí no te tratan como un idiota que se le tienen que recordar estos guiños. No por nada abundan los videos de «30 cosas que no notaste» o «100 easter eggs» sobre esta serie. Mencioné antes que esto es un asunto racial y se deja ver desde que la Caballería utilizando una derivación de la máscara de Rorschach justifica sus motivos abiertamente de supremacía blanca. Es entonces que conforme avanzan los episodios y se van develando las historias que se tocan brevemente resultan magistrales las formas de contar estos relatos. En los primeros episodios por ejemplo se le ve a un detestable y genial Jeremy Irons como Ozymandias prácticamente disfrutando en total libertad de la vida en un palacio con sirvientes que le hacen llamar «Amo» y que además le conceden cualquier tipo de inquietud, incluyendo cuando se trata de ofrendar su vida para su beneplácito. No se explica mucho cada vez que se toca algo de esta parte de la historia pero conforme se van construyendo todos los porqués es que se entiende y se descubre la geniliadad detrás de esto.
Misma genialidad que se ve en el episodio donde Angela devora desesperadamente cápsulas de Nostalgia, una droga que permite hacer recordar sucesos de una persona en específico, y así ella puede revivir todo por lo que ha pasado su abuelo. Descubrimos entonces que su abuelo fue el niño que sobrevivió la matanza de Tulsa, se convierte en un oficial de policía pero por ser negro no recibe el respeto de nadie, y ante una situación que muchos están comparando al abuelo del actual presidente de EE.UU. (el de nuestra realidad) ocasiona que sus compañeros policías casi lo linchen aunque lo dejan ir bajo amenaza. Es así que decide tomar justicia por su propia mano, usando la capucha y soga con la que lo iban a linchar para convertirse en Hooded Justice, uno de los miembros fundadores de los Minute Men. Lo interesante aquí es que decide maquillarse como blanco para que a través de los ojos de su capucha esconder su apariencia negra, resignado a que aún con el rostro cubierto solo le tendrán respeto si aparenta ser de una raza que no es la suya. La genialidad de este episodio es como se intercala al actor que personifica esta etapa de la vida del abuelo con la estupenda Regina King. Como los recuerdos aparecen donde no necesariamente ocurrieron (como la siempre presente madre tocando el piano) todo se vuelve un mosaico de vivencias pero sí es muy claro el mensaje complejo de vivir esta vida aunque ajena a Sister Night, refleja como es que terminamos donde estamos.
Mencioné antes que cualquier situación por extraña o confusa sí tiene que ver, y así se nota conforme se desarrolla la historia. Es en perfecta armonía como cada cabo suelto se va acomadando y clarificando, hasta perfeccionar el reloj cuya maquinaría compleja deja ver algo tan simple e inocuo como el tiempo que estamos viviendo.
«Te voy a decir la verdad, está de la chingada la subida pero ya de regreso ¡mírame!» Les decía a los que todavía les faltaba como 2 kilómetros para la cima del Coronel.
Sí, varios estábamos nerviosos antes de iniciar, sobre todo por la pandemia recién llegada a México. Ante la amenaza de la cancelación, el comité organizador se guió por las recomendaciones oficiales y no había aún la directiva de evitar conglomeraciones siquiera. Vamos, fue el fin de semana en el que el Vive Latino se llevó a cabo sin ninguna restricción. Pues hasta acá en la esquina de este mundo tierra la recomendación entonces fue la de practicar la sana distancia y todos en el staff llevaron cubrebocas y guantes de inicio a fin. Cubierta esta situación, nos fuimos a la aventura.
Este reto lo veo en cierta manera cercano a la situación que estamos viviendo hoy en día en esta contingencia. Al inicio todos vamos pensando que lo podemos enfrentar sin problema. "Sí, me lo aviento, ¿qué tanto es tantito?" Como en todas las ediciones, hay un elemento sorpresa y en este 2020 esto fue la subida a la Banquita Baja Trail por ahí del kilómetro 5. Al llegar al primer abastecimiento con Ivonne Sita todavía andábamos de buen ánimo, y más cuando más abajo en el kilómetro 10 estaban mis compañeros Diablillos orientando y apoyando a los corredores. Siempre puedes contar con tus amigos.
La meseta la subí bastante bien, en anteriores tiempos era mi coco pero los entrenamientos me prepararon bien para esta subida (y bajada) y ahí seguí a pesar de todo. Ya en el Wanna’s Antonio me decía que no cargara tanta agua pero yo me temía un problema mayor al peso la falta de agua, como ya me ha pasado antes. Así sin problemas de hidratación continué por los Dead Marshes a veces rebasando, a veces evitando estorbar. Eso sí, me daban ganas de sonarme la nariz y me alejaba del sendero 5 o 6 metros para hacerlo siempre hay que seguir el estornudo (o sonadera de mocos) de etiqueta.
El trayecto zigzagueante rumbo al punto de Marix no lo sentí tan pesado hasta que realmente sí, por eso fue un alivio llegar a él y dejar ahí la mochila para el último trayecto hacia la cima del Coronel mejor es dejar atrás cosas que te estorban que llevarlas a cuestas y allá arriba compartimos entre todos los que estábamos suero, barritas Clif y un spray anticalambres que de no haber sido por ello la hubiera pasado muy mal entre todos apoyando, es mejor. De la nada, ya de regreso por alguna razón estaba tarareando una canción punk que a veces la usan en estadios para animar a la audiencia. Ni idea como se llama. En parte porque realmente estaba viviendo mi momento de histeria y en parte para avisar que iba camino abajo y no pegarle a alguien. Ahí fue donde les decía que sí estaba muy pesado, sobre aviso no hay engaño, pero la verdad de bajada ya no se sentía, lo disfrutaba con gusto.
De vuelta con Marix, Rose me obsequió huevo cocido que bañé en sal y me gustó tanto que quería más. Agradecí a todos y emprendí hacia abajo. Ahí animaba a otros que apenas iban y todavía les faltaba bastante, ¿qué más se podía hacer? Entonces llegué al temido trayecto entre el 33½ y 37½ solo de subida, pesada, eterna. Lo único por hacer era seguir a un ritmo leve pero seguir adelante. Faltando un kilómetro para el punto Wanas es la ruta más tediosa para mí, pesada pero todo esto pasará.
Llegué devorando unos sándwiches que tenían ahí en ese punto de abastecimiento y confirmé con Antonio que tenía razón y no necesité tanta agua hay que hacerle caso a los expertos por lo que cargué por ahí de un litro extra que no era necesario cargar. La verdad estuve muy agradecido con cada uno de los miembros del staff en todo momento, y en esta que era la última vez que los vería la despedida era más emotiva. ¡No los he vuelto a ver!
En el playlist que tenía siguió ‘Dittohead’ de Slayer, y con toda la carrilla que tenía a cuestas por ahí del 38, corrí como si no hubiera un mañana siempre puedes dar el extra. Así seguí con la parte que no es de mis favoritas, la sección escarpada que hasta ponen una cuerda para apoyarte en el descenso. La verdad nunca la he usado, siento que me destantea más y prefiero bajar con mucho cuidado. Superado el obstáculo, mi parte favorita es este bosque del ahorcado corriendo tranquilamente a lo largo del riachuelo en medio de los árboles. Una vez saliendo de ahí me topé con compañeras de la ruta de 30k, para mí ya el 43. Y nos topamos con las vacas obstruyendo el camino. La chica tenía mucho miedo de ellas y yo solo atiné en decirle «mira, ellas tienen más miedo que nosotros» y sí, lo pudimos comprobar porque avanzamos y se salieron del sendero. Íbamos con mucha cautela hasta que vimos un macho y antes de continuar solo me quedó hablarle y decirle «vamos de pasada, no queremos incomodarte» todos atravezaremos por cierta locura y no nos peló.
Ya por fin era la última carpa de apoyo y comí de todo antes de continuar. Salí corriendo porque ya hacía falta. La meta ya la vislumbraba y corría emocionado hacia ella. El último kilómetro lo grité «I’m home free». Llegué emocionado y abrazando a todo mundo.
Entonces quizás cuando lleguemos a la meta nos enteremos de alguno o varios que abandonaron la carrera. Otros más con alguna lesión que seguramente saldrán bien librados. Y habremos otros que pudimos superar esta prueba. Cada quien lo superará de distinta manera.
Después de esto la contingencia ahora sí fue estricta y no he podido salir a correr como acostumbraba desde entonces. Varios otros eventos y carreras que tenía programadas como el PCT el 16 de mayo fueron cancelados o pospuestos. Pero al final del día, siempre tendremos otra oportunidad de hacer lo que nos gusta.
La serie ‘Years and Years’ sigue la vida de la familia Lyons a través de los años 2020 al 2035. Nos deja ver que está sucediendo en el mundo con pequeñas cápsulas noticiosas y también por el involucramiento de ellos mismos en los hechos que están sucediendo, principalmente de Edith.
Es relevante todo lo que sucede en el mundo al ser esta una familia muy diversa. La abuela Muriel es la que le da cierta paz y tranquilidad a los hermanos después de que años antes la madre de estos muriera. Stephen es un padre de familia en un empleo muy cómodo casado con Celeste con quien tiene dos hijas. Daniel está comprometido con Ralph antes de conocer a Viktor. Rosie trabaja y se las ingenia para no depender de nadie a pesar de su silla de ruedas y tener que atender a dos hijos pequeños. Edith es una activista de las que van y se enfrentan en persona ante las injusticias o desigualdades, no a través de redes sociales. La cena dominical en la casa de la abuela nos sirve también para ver como les afectan las decisiones de políticos, elecciones y demás (y como no sucede nada también).
A lo largo de los seis capítulos vemos como la carrera política de Viv Rook (interpretada magistralmente por Emma Thompson) asciende desde unas elecciones mediocres hasta ser el centro de la vida política en el país. Y es por sus opiniones (y acciones) poco convencionales y atrevidas que se gana de adeptos y se vuelve tema de conversación en la familia Lyons.
Los avances tecnológicos sí son visibles en una serie que se desenvuelve en nuestro futuro, pero se toman como lo que son, accesorios para la vida diaria. Lo principal podría ser el Signor, una especie de Alexa al que le puedes preguntar cualquier cosa y te sirve de enlace para contestar y hacer llamadas. Lo que lo convierte también en un punto central de la familia, pues son habituales las llamadas en conferencia (en audio o video) entre todos los miembros de esta utilizando este aparato. Por varias situaciones que tiene que ver con el calentamiento global y decisiones políticas que ocasionan impensables apagones en la Gran Bretaña también se ve el sorprendente resurgimiento del papel impreso en este futuro cada vez más digital. Con Bethany (Lydia West) vemos también de que van estos avances pues la vemos desde usar una especie de máscara digital para transmitir sus emociones (imagínate filtros de snapchat pero que puedes ver en la vida real), pasando por mejoras corporales con apartos incrustables en tu cuerpo, hasta su deseo de ser una transhumana, es decir, la posibilidad de transferir tu conciencia al entorno digital.
Con el nacimiento de Lincoln en el primer episodio, y el comentario que hacen de «¿qué te tocará vivir en los próximos años?» es que suceden los primeros «flash forwards» y sirve para darnos cuenta de que en los últimos días del segundo mandato del presidente de los EEUU, éste ordena una detonación nuclear en una isla artificial china donde viven más de 40 mil personas. Edith está en Vietnam y es testigo de esta situación y ella junto con su equipo revelan imágenes tomadas con drones de la debastación después de la explosión. Esto, por supuesto, por estar expuesta muy cerca de la zona cero le supone una afectación en su salud que la llevará a tomar decisiones atrevidas años más tarde.
Por supuesto recuerdas cuando surgió el EZLN, del magnicidio de Colosio o los ataques del 9/11, pero ¿recuerdas qué sentiste? Como había cierta tensión en el ambiente y era palpable la desesperación por el ¿qué va a pasar ahora? a raíz de estos hechos históricos mientras acababan de suceder. Esto es notable en las relaciones familiares de los Lyons y como realmente sí les afectan en su vida diaria que los llevan a tomar medidas extremas para conseguir lo mejor para su familia. Pero también como otros que parecía cambiarían por completo su vida realmente no causaron nada más adelante.
Es muy buena serie, muy bien escrita con actuaciones muy atractivas, especialmente la de Emma Thompson y Anne Reid que interpreta a la matriarca Muriel. Ella encapsula el sentido común a pesar de las desgracias que están aconteciendo en el mundo, en la isla británica y en su pequeño núcleo familiar. La vida siempre es un ciclo.
‘Tijuana’ es una serie de 11 episodios sobre un semanario ficticio llamado Frente Tijuana y la lucha de sus periodistas por encontrar la verdad detrás del asesinato del candidato independiente a gobernador que lidera las encuestas. Intenta retratar el trabajo investigativo de periodistas aguerridos en medio del caos de una ciudad como Tijuana. Esta producción de Netflix, Story House y Univisión (quienes trajeron para tí la serie de ‘El Chapo’) cuya mayoría de sus episodios son dirigidos por Hammudi Al-Rahmoun Font, retoma varias anécdotas del semanario Zeta de Tijuana para enriquecer la historia que intenta contar. No me preocupa que se diga de Tijuana todo lo malo que es (y lo es) sino la muy pobre atención al detalle que refleja este trabajo.
Esto no es el Zeta
La serie sigue el camino de crecimiento y errores de Gabriela Cisneros (Tamara Vallarta) abriéndose paso en el periodismo siguiendo la nota del asesinato. El director del semanario Antonio Borja (Demián Alcázar) aparece como el director a veces necio, pero denotando los años de experiencia que lo han colocado como un pilar del periodismo en la ciudad. En un hilo narrativo que no llega a ninguna parte aparece «El Pantera» (Roberto Sosa) en la forma de entrevista en videos que el hijo del director consulta para hacer un documental sobre él y su asesinato ocurrido hace un par de décadas. La trama pasa por problemas de narcotráfico, trata, corrupción política y otros temas ya sabidos de esta frontera. Los paralelos con el Zeta son claros, el Pantera es el «Gato» Félix de cuyo asesinato se culpa a Mueller (una especie de Hank Rhon interpretado por Rodrigo Abed) y con quien el hijo de Borja desarrolla una amistad enfermiza. Donde no tiene similitud es en la investigación de la narco política bajacaliforniana que le costó a Blancornelas dos atentados y cobró la vida de su escolta y de Francisco Ortiz Franco en su momento. No tuvo porque ser un reflejo de la vida real y al final fue decisión de quien escribió ‘Tijuana’ no incluir esta parte de la historia pero es justo esto por lo que Zeta es reconocido a nivel mundial, simplemente me parece raro.
Esto no es Tijuana
De ninguna manera me estoy quejando de la «leyenda negra» de Tijuana que series como ésta perpetúan, a final de cuentas es una realidad y existe. La queja es en la pobreza del guión y la manufactura. Se les olvida por ejemplo que ese tamaño de tanques de gas simplemente no se usan en Tijuana. O por alguna razón una mujer que figura de prestanombres su trabajo de día es en Luz y Fuerza (¿va y viene al centro del país?) En un par de escenas se les escapan las placas de la Ciudad de México en los carros. Y hablando de esto, ¿porqué es tan importante hacernos saber que Gabriela pone la alarma a su carro tantas veces? perdón, «coche» como se refiere ella y Lalo a estos vehículos. Batallé tratando de reconocer alguna de las calles que figuran en sus escenas, y simplemente parecería que no filmaron ningún actor en esta ciudad con sus contadas excepciones. Claro, quien manejó el dron realizó muy buenas tomas aéreas para los títulos pero muy pocas escenas veo en exteriores donde sí reconozco a Tijuana.
Es el guión
Diálogos rayando en lo melodramático de «¿porqué nadie piensa en esta gente?» «debemos luchar por la verdad» y así por el estilo de programa unitario de media tarde. Como consumidor de un producto de entretenimiento es mi deber suspender la realidad un rato en ciertos casos, por ejemplo, de hacer de cuenta que existe un sindicato que vela por los derechos de trabajadores de maquila. Pero es demasiado esfuerzo, lo siento. Y (spoiler) la manera como resuelven el caso es lo más alejado posible de un trabajo de investigación periodística, ¿cómo una foto fortuita en un evento aleatorio donde aparece la candidata con uno de los sospechosos es la resolución del caso? Incluso debaten en el equipo de trabajo que es algo basado en suposiciones muy extremas ¡y aún así deciden ir a la imprenta con esa historia! Sabemos de la fama de amarillismo del Zeta (ok, olvidémonos del Zeta que no es la historia de este semanario, pero aún así hablemos de un periódico cualquiera) de ahí a publicar conjeturas basadas en nada hay mucho trecho.
En conclusión, me hubiera gustado que se llamese «Tinta Roja» como se referían a esta serie mientras estaba en producción, englobar con su nombre a la serie con el de esta ciudad o como dijeron a manera de homenaje a la labor periodística de este país me queda mucho a deber.
– Smashing Pumpkins, Nirvana, Alice in Chains, no manches éstas son mis rolas ¿pues qué estación es?
– Ehm, 91X, ¿sí la haz oido? la de San Diego
Y mi mente me llevó a esa radiograbadora gris que usaba en mi adolescencia para escuchar «mis rolas», 20 años después seguían programando estas mismas canciones en la misma estación. Íbamos en el jeep que nos regresaba al Rancho Casián desde la Meseta a los que habíamos abandonado el UBT en esa primera edición del 30 de marzo de 2014. El mismo conductor de ese jeep me ofreció ahora 5 años después una hamburguesa en el checkpoint del kilómetro 50.
El Ultramaratón Baja Trail es para mí el evento de trail más esperado para mí por decenas de razones. Para empezar es organizado por corredores de montaña entusiastas, y apoyado por voluntarios igual de entusiasmados de dedicar su día libre para que los corredores disfruten de su carrera y no falte nada para lograr su objetivo.
Foto por Sergio Schmidt
Ya eran las 4:30 de la mañana y estaba Leslie en friega acomodando mesas, sillas y dejando todo listo para el inicio. En punto de las 5 de la mañana Rosario y Saúl ya estaban haciendo el check in y se les miraba de buen humor, brindando los mejores ánimos y resolviendo dudas de los corredores en inglés y en español. Yadira, Rogelio y más estaban recibiendo los drop bags y maletas para el guardarropa. Antonio y Germán preparaban el micrófono para dar las instrucciones finales antes de iniciar. Y ahí vamos a la salida.
Pasando un poco después de las 6 aún de noche damos inicio con los aplausos y vivas de cientos de familiares y amigos que rodeaban las vallas que nos encaminaban a la ruta. No consideré necesario encender la lámpara pues con el contingente de corredores había buena iluminación. En la desviación donde el camino ancho nos lleva a los primeros cerritos ya estaba Arelí animando a todos cuando no había rastro siquiera de los primeros rayos del sol. Aún platicaba con Mayo entusiasmado, convencido solo de una cosa: terminar este reto de 80 kilómetros a como diera lugar.
Yo iba bastante cómodo, yendo a mi paso sin apresurarme ni presionarme. Estos senderos son bastante corribles y disfrutables así que solo me dedicaba a eso. Los estragos de las enfermedades de las últimas semanas empezaron a hacer acto de presencia con esta mañana fresca pero no tenía mayor problema antes de llegar al primer checkpoint del kilómetro 6. Con mucho ánimo nos recibieron y solo necesitaba una papa cocida bañada en sal que digerí en un segundo y ya estábamos de nuevo en ruta. Hacíamos cálculos y nos dimos cuenta que prácticamente éramos el grupo de retaguardia, tan solo un americano veíamos más atrás de nosotros. No hay problema, seguimos a nuestro paso descendiendo estas cordilleras fabulosas ahora sí con el sol iluminándonos mejor. Allá abajo nos sorprendimos en el kilómetro 10 aproximadamente cruzando el riachuelo rebasándonos a toda velocidad Ricardo Mejía e Iván Santana quienes iniciaron su carrera de 50 kilómetros media hora después de nosotros. Ahora la sorpresa de la ruta eran «Las Zapatillas» donde nos encaminaron a un cerrito por veredas «offtrail» también muy bonito que ahora después de las lluvias de las últimas semanas lucían verdes resplandecientes. Ya más cerca se miraba la Meseta y nos adentramos en lo que hasta hace algunos años era prácticamente un bosque antes del incendio mientras dejábamos pasar a quienes venían con mejor ritmo que nosotros. Seguimos ascendiendo hasta llegar al segundo checkpoint del kilómetro 13 donde tomé más agua y me desayuné como 3 trozos de sándwich de jamón que me supieron deliciosos. Me animaba con mis amigos Pau, Edson, Ricardo e Ingrid que como siempre nos dieron ánimos todo el tiempo que nos topamos. Ya para salir fue imposible perder oportunidad de saludar a Sergio para salir bien en la foto de Action Shot TJ pero había que subir la Meseta. Ahí empezando la cuesta también saludamos a Manuel Ayala que nos tomaba también foto para el recuerdo.
Aunque ya estaba calientito por la luz del sol no quería quitarme la chamarra aún pues sabía que el viento allá arriba me sacaría de quicio y así fue. A medio bajar de la Meseta ya con el sol encima decidí que era el momento de «cambiarme» y me aparté de la ruta para no estorbar a nadie y sin saber nada solo sentí cientos de agujas en mis piernas. Salté hasta que logré treparme en unas piedras pero no tenía idea que era hiedra lo que alcancé a sentir. Traté de tallarme con los plásticos que cargaba por si me hacía algún tipo de efecto peor pero afortunadamente no pasó a mayores. Regresé a la ruta ya ataviado con mi gorra y lentes oscuros con mi chamarra ajustada a mi mochila para dejarla secar y ya veía el tercer checkpoint del kilómetro 16 y medio, el de los Wanna’s.
Coloqué mi brazo para que me pusieran mi segunda pulsera con la que había de comprobar que pasé por este punto y me dí cuenta aterrorizado que no tenía la primer pulsera amarilla que nos dieron en el check in antes de salir. Preocupado le conté a Zuluz de la situación e inmediatamente dió aviso y pude notar que le respondieron por radio de varias estaciones «de acuerdo, Gabriel Flores perdió la pulsera amarilla» y no cabía de la pena. Aproveché para llenar de agua la mochila, comer un poco más de papas y así continué el camino esperando no hubiera más repercusiones de mi descuido. Lo que seguía para mí era lo más pesado de la ruta, no tanto «la matona» sino llegar a ella que son como 4 kilómetros de caminos un tanto técnicos y tediosos a la vez. Allá abajo teniendo de frente esa imponente subida vimos pasar ya de regreso a Adán, nos gritaba preocupado que si llegáramos a ver una pulsera negra antes de la subida se la guardáramos. «Bueno, al menos no fuí el único» pensé para mí. Ahora, imagínate una colina empinada, de terreno lodoso ahora seco, estamos hablando de un grado de pendiente de 38.5% prácticamente de agarrarte con todo y uñas para subir. Pero en esta ocasión tenía unos bastones de montañista que me regaló Claudia años atrás y que ahora sí que aproveché. El detalle es que con ellos distribuyes el esfuerzo necesario para subir con los brazos y así no le das tanta batalla solo a las piernas. Por eso, esta subida la subí sin problemas, claro que me costó pero ya sabiendo a que me enfrentaba y con la ayuda de los «poles» fue más sobrellevadero.
Lo que seguía eran ahora los zig zag pero bueno, ya lo esperaba y no me fue tan mal tratando de salir de ellos. Mientras tanto ya varios corredores venían de regreso y nos dábamos ánimos mutuamente pero ya, por fin llegaba al checkpoint de la base del Cerro del Coronel con Marix ya en el kilómetro 25. Desde que incluyeron en la ruta este cerro me acostumbré a allá arriba en la punta tomarme un medio litro de suero. En esta ocasión me traje la botella vacía para aquí llenarle el agua y subir ahorrándome así la carga extra de líquido durante el camino. Ahora sí, había que subir y la línea de conga se miraba muy divertida para llegar a la cima. Es tan solo un kilómetro si acaso, pero tardas en llegar como media hora por lo complicado del trayecto. Igual daba y recibía ánimos hasta que por fin llegué a las rocas que definen la punta del Coronel. Ahí me tomé un momento para simplemente admirar el paisaje mientras comía el delicioso pan lemba (así le llamo yo, aunque era un Cliff bar) que me regaló Alejandra antes de iniciar. Me tomé mi suero tranquilamente y hasta selfie con Grace tuve chance. Pero ya, la meditación tenía que terminar pues había de continuar la carrera. Camino abajo cuidándonos de no caer platicaba con una americana que me decía que no esperaba que fuera tan complicada la ruta, que le gustó muchísimo pero sí estaba teniendo ratos muy pesados. Regresamos al checkpoint y ahí por alguna extraña razón estuve tome y tome Ginger Ale que me supo muy sabroso. Ya era necesario un baño con agua helada usando la esponja y allá vamos de regreso.
Foto por Rouss Calderón
Por lo menos ahora era de bajada y pude trotar un poco más. Por las personas que nos pasaban o que apenas iban al Coronel pude deducir que seguía siendo de los últimos de mi ruta de 80k. No es problema, sigo con muy buen tiempo (una hora de ventaja con respecto a la hora de corte) y me siento bastante bien. En el arroyo en la parte más baja (y de hecho en cualquier corriente de agua que me encontrara) aproveché para mojarme las piernas y así refrescarme un poco más. Pero todavía faltaban como 4 kilómetros colina arriba para llegar al checkpoint. Ahí iba a mi paso cuando de la nada me rebasa Erica que estaba muy contenta de hacer 50k en la Baja, aún cuando hacía pocas semanas había hecho otro ultra de 50 kilómetros en Los Angeles. Así fue este trayecto, algunas veces rebasando y otras me pasaban pero eso sí, con bastante fuerza todavía para llegar. Hasta que por fin, en la base de la Meseta llegué al Bosque Wanna’s del kilómetro 36 en la ruta.
Estaba Magally apoyando a los corredores, me explicó que tuvo problemas al bajar de la meseta que le impidieron continuar entonces para aprovechar el tiempo se dedicó de voluntaria en lo que llegaba la hora de regresar. Le agradecí el esfuerzo y después de cargar más agua me tomé agua y soda que me acercó Araceli pero ya tenía que emprender el camino de vuelta. Ahora el camino estaba más soleado, ni modo, pero seguía con buen ánimo. Hasta llegar a la cuerda. Es una pendiente relativamente corta (no creo que más de 100 metros) pero es tan vertical que los organizadores colocaron una cuerda para auxiliarnos en el descenso (y ascenso). Ya habían explicado que no era para escalarla con la cuerda sino para no perder el equilibrio, aunque a mí la verdad nunca me ha gustado usarla. Prefiero usar mis pies y manos sabiendo exactamente de que me estoy agarrando para evitar una caída. Y bueno, ya abajo continuaba un trail bastante bonito donde las copas de los árboles cubrían del sol en un terreno verde bordeando el río que desciende de la montaña. Después todavía faltaban algunos kilómetros en subida para llegar al checkpoint de la Rumorosita y ahora nos encontrábamos con los corredores de la carrera de 30k. Algunos con mucha fuerza y otros no tanto, pero no dejábamos de darnos ánimos. Ya llegando al punto de abastecimiento del kilómetro 44 me estiré para descansar un poco y yo ya quería llegar. Me sorprendí de que Germán también ya venía conmigo a la meta. Yo ya sabía que es corredor pero ahora era distinto cargando 4 kilos de equipo fotográfico en su mochila. Pues aún así se escapaba a ratos y me alcanzaba a tomar fotos adelante de mí. Toda esta parte de la ruta para mí es ya darme cuenta que estoy a punto de llegar, así que tenía mucho mejor ánimo. Y mucho más cuando a menos de un kilómetro para llegar me encuentro con Rose ofreciéndome una Ultra que acepté gustoso.
Por fin llegando a la meta con mucha gente apoyando y aplaudiendo a quienes terminaban llegué al checkpoint del kilómetro 50, unos metros antes del arco de llegada. Ahí me recibieron Saúl y Rosario quienes decidieron quedarse a apoyar aún casi 11 horas después de su arribo al Rancho Casián. Me sentaron en una silla al lado y me sentí como rey: Ilse y María me masajeaban una pierna cada una, Arrona me acercó un bote de cerveza que me terminé de un trago, Germán me acercó agua y soda, mi prima Edith me dió chocolates y wipes para el camino y además Omar, aquel que hacía 5 años me transportaba de regreso en el bus de los DNF, ahora me ofrecía una hamburguesa. Era increíble el nivel de atención, pero estaba más enfocado en regresar a la ruta pues en mi mente sentía que si me quedaba cómodamente me iba a querer quedar y no salir. Me despido agradeciendo a todo mundo, y ahí voy.
Es distinto el camino ahora con el sol arriba de tí quemándote pero también por toda la gente dándonte ánimos ahora en la segunda vuelta. Ahí justo en la última subida para quienes ya van a la meta me topo con un chica que parecía estar desesperada por terminar y que tuvo que tomarse un momento para descansar. Le dije «te voy a contar un secreto, aquí saliendo de esta colinita ya solo es bajada y llegas en menos de un kilómetro» y le cambió la cara, se animó y le siguió. Yo apenas iba pero eso me hizo animarme más. Mi meta era terminar este reto y así estaba lográndolo tratando de tener la mejor actitud. Llegando a la Rumorosita de nuevo ya en el kilómetro 56 comí muchas papas fritas, necesitaba sal en el sistema y volví a tomar Ginger Ale. Cada que llegaba a cualquier checkpoint preguntaba por mis amigos y me dijeron que Mayo hacía menos de diez minutos que había salido.
No se trataba de alcanzarlo, toda la carrera estuvimos como quien dice acompañándonos aunque tuviéramos 1 o 2 kilómetros de separación, pero me daba gusto que él y mis amigos continuaban muy bien la carrera. Ahora seguía continuar por las veredas en los picos de los cerros cuesta abajo hasta llegar al «ahorcado». A estas alturas corríamos juntos Arévalo y yo que ya no soportábamos las plantas de los pies. Me sentía sorprendentemente bien con la respuesta de los músculos de las piernas (y brazos) pero lo que sí estaba causando mella era el impacto de los pies en estos terrenos. Ya llegando de nuevo a la subida con la cuerda mis bastones simplemente no eran para esto. Lo que tuve que hacer fue aventarlos para arriba y ya yo subir escalando esas piedras en vertical. Llegaba a los bastones y otra vez aventarlos unos metros más arriba para continuar subiendo. Así por fin llegaba de nuevo al punto del bosque Wanna’s, ahora en el kilómetro 63. Ahora tenían carne recién asada y con todo el gusto me fuí comiendo un pedazo. Esta era la última vez que los miraba así que me despedí agradeciendo su tiempo y disposición de ayudar.
Subiendo la Meseta (ahora por la cara este) tuve que dedicarle un tiempo a buscar mi pulsera amarilla donde horas antes que me había cambiado la perdí. Y pues no, no la encontré, quizás porque ahora no me metí de lleno a la hiedra pero no tenía ningún interés en volver a sentir esos aguijones punsándome las piernas. Aproveché la interrupción para ponerme de nuevo la chamarra pues ya sentía más fuerte el viento fresco y no quería que me agarrara desprevenido el frío en la obscuridad. Yo le había dicho a Arévalo que ya en el siguiente checkpoint ahora sí tendríamos que ponernos las lámparas en la cabeza y allá arriba solo mirábamos el sol ocultándose en el horizonte del Pacífico. Por fin estábamos descendiendo y miraba abajo (muy abajo) el penúltimo checkpoint. Esto me daba más ánimos pues ya quería tener comida caliente que estaba seguro tendría Ingrid ahí, y felizmente sí estaba. Llegando por fin al punto del kilómetro 67 lo primero que Ingrid me acercó fue un vaso de sopa caliente. Pau me atendía de maravilla llenando mi botella de suero, Ricardo me cubría con una manta y todos tenían algo para mí listo. Entonces al son de «mientras más pronto me vaya, más pronto llego» me despedí de mis amigos y continué la ruta. Ahora sí con la lámpara encendida.
Yo solo miraba los estrovos y luces de un par de personas enfrente y atrás de mí a unos 2 kilómetros pero yo iba en mi carrera a mi paso, sin tanta preocupación. Recibí entonces una llamada de mi hermana que preguntaba como me estaba yendo después de notar que el seguimiento de la carrera en Endomondo se había detenido. Le contesté que me sentía fuerte y con muchos ánimos de terminar de mejor manera. Llegué a un punto en la base de la subida a la Meseta donde estaba ya listo esperando Edson a los últimos corredores para cerrar con ellos la carrera. Y es que la organización siempre tiene conocimiento y total detalle de los corredores, en todas y cada una de las ediciones de este Ultramaratón siempre ha sido así. Le agradecí su esfuerzo y continué ahora bordeando el río que lleva al complejo residencial que están construyendo en estos terrenos. Seguía una etapa de la carrera donde ya estaba mentalizado en que el ascenso sería tedioso pero la ventaja era que estaba en total obscuridad, solo miraba los reflejos de las marcas reflectivas que colocaron en la ruta conforme me acercaba a ellas. Y allá a lo lejos (bastante muy lejos) logré ver las luces del último checkpoint y me animé a seguir subiendo apoyándome en los bastontes. A lo lejos detrás de mí miraba las 3 luces de Ricardo, Jorge y Rigo apresurando el paso pero bueno, yo lo que quería era llegar ya. Y por fin llego al punto del kilómetro 74.
Ivonne me recibe con quesadillas recién hechas, prácticamente sin masticar me pasé una. Tomé rápidamente agua y no quise dejar pasar más tiempo y me lancé cuesta abajo después de un «señores, ¡muchas gracias por todo!» Esta parte de la ruta es la que menciono siempre que es más corrible y así estaba, corriendo estos últimos kilómetros. De pronto frente a mí noto unos destellos de algo moviéndose. Me detengo y era una chica preguntándome si estaba bien la ruta. Le respondo que sí iluminando con mi lámpara al vacío y haciéndole notar los reflejos de las marcas que definen la ruta. Me causó curiosidad que no tuviera su lámpara encendida aunque a decir verdad a estas alturas ya estaba la luna muy brillante y salvo para iluminar los reflectivos, en realidad no era necesaria la luz de la linterna. Así continuamos cada quien en su carrera siguiendo por los caminos que demandaban las últimas subidas. Yo tenía más ánimos, veía muy cerca la meta. Ya había apagado minutos antes los podcasts y música que llevaba pues quería escuchar todo el camino estos últimos momentos. Imaginaba de nuevo llegar a la meta y tener a mi familia recibiéndome. No sé, es algo que siempre he imaginado que me da mucho más ánimo para cerrar con fuerza. Entonces llegué al punto donde horas antes le conté a la chica que era el último kilómetro. Y me solté.
Seguí corriendo, digo, era cuesta abajo pero kilómetros atrás procuraba guardar mejor el ritmo. Al llegar al entronque con el camino ancho ahí sí no hubo manera de detenerme. Corrí iluminado por los faros de un carro que iba detrás de mí. Yo no quería dejarme y continué corriendo estos últimos metros. En la vuelta de la esquina antes de llegar al Casián me di cuenta que era una camioneta de rescate que estaba custodiándome por lo que les agradecí bastante el acompañamiento. Ya miraba la meta enfrente. Estaba todo totalmente oscuro (ya eran más de las 9 de la noche) pero la luz en la meta era clara y estaba enfrente de mí. Corro y doy el paso por el tapete para marcar la culminación de los 79.5 kilómetros de este Ultramaratón Baja Trail del 2019.
Foto de Isabel Mata
Estaban todos mis amigos. No solo Isabel, Adán, Martha, Marco y Mayo quienes terminamos la carrera sino también Magally, Edgar, Ricardo, Karina, Ingrid, Paulina y muchos más que ya habían regresado de sus puntos de abastecimiento. Saludaba a todos y no me había dado cuenta de algo. Estaba mi mamá, mi hermana y cuñado ahí para recibirme. Los abracé a todos y no podía estar más contento. Pero había más sorpresas. Además de la medallotota que avalaban completar los 80 kilómetros en tiempo y forma me dieron un tubular conmemorativo del evento. Y no solo eso, el director de la carrera, Antonio Ríos, me ofreció una sudadera de la carrera en agradecimiento por haber concluido por 5 años consecutivos este ultramaratón. Y es que después del abandono en el kilómetro 25 ese año 2014, todas las ediciones posteriores las terminé apropiadamente. Y a decir verdad, esta edición fue la que más disfruté. Cuando me he mentalizado a no tener presión alguna, todo lo demás está de sobra. La satisfacción de terminar el reto (en tiempo y forma) es el logro.
Desde el inicio me encantó la idea de flickr por 5 razones:
Tags Me había enterado de una página donde podías encontrar fotos usando algo muy novedoso llamado «tags» (o etiquetas) que te facilita filtrar los resultados de la búsqueda de imágenes. Estos básicamente eran metadatos para describir la imagen que subes. Ya sabes, no es lo mismo que subas la imagen de una cascada con alguna descripción filosófica que nadie buscaría, pero con las etiquetas de «cascada», «naturaleza» y «agua» sí. Poder tener la ubicación exacta donde fue tomada la foto fue un plus adicional para darle contexto a la imagen y por lo tanto a la búsqueda también.
Creative Commons Todos conocemos los Derechos Reservados y Copyright ¿cierto? y más por las consecuencias de no respetarlos. Pero ¿qué pasaría si hubiera un licenciamiento para obras artísticas que no solo permite sino que fomenta que las uses y modifiques para lo que quieras? Desde que lo permitieron en flickr todas las fotos que subía las marqué para que pudieran modificarse y compartir libremente, tan solo pidiendo la inclusión de mi nombre en la obra derivada. Podías «configurar» esta licencia para permitir o no permitir ciertas cosas, requerir remuneración económica o no, solo para obras compartidas de la misma manera o no, en fin, total libertad. Esta facilidad me permitió que más de 10 fotos acompañaran un artículo de algo llamado Matador Network (gratis) y de por lo menos 3 oportunidades de venta de mi trabajo fotográfico en situaciones donde el cliente no podía incrustrar alguna leyenda indicando el autor de la foto.
De cuando usaron una foto mía pero no me dieron crédito
Grupos Nada te permite crecer como fotógrafo como exponer tu trabajo ante aún mejores fotógrafos. Esto era posible con los grupos donde no solo tú hacías la inclusión de alguna foto tuya en grupos con temática muy especializada (o quizás no tan especializada, todo depende de que estabas buscando), pero también otros fotógrafos podían incluir tus fotos en estos grupos. La discusión en ellos enriquecía toda la experiencia.
Explore Cuando una foto tuya era comentada, favoriteada, entre otros criterios podía figurar en Explore para ese día. Así podías presumir que al menos para el día 24 de marzo de 2005 una foto tuya estuvo en este selecto grupo de «mejores» fotos dentro de flickr.
Datos, datos, datos No solo las estadísticas eran súper detalladas, también a nivel individual poder saber (si así lo permitías) la configuración completa de tu cámara para llegar a esa foto era información valiosísima.
Y viendo las estadísticas me encontré con varias curiosidades. Empezando por el hecho de que las más comentadas, favoriteadas o visualizadas no se acercan para nada a las fotos por las que estoy más orgulloso o que simplemente me tomó más trabajo hacer. La reacción del público no siempre concuerda con tu esfuerzo pero bueno…
Visualizadas
«Favoriteadas»
Comentadas
En las más comentadas, me sorprendí de que la mayoría de las cosas expresadas en «16» (hace precisamente 10 años) aún aplican. La de pruebas con el lápiz del IFE fue cuando me tocó presidir una casilla en las elecciones presidenciales del 2012 y publiqué varias fotos de la jornada para ilustrar el post en mi blog. La «Se siente como el fin del mundo» fue una foto tomada originalmente por mi amiga Diana en medio de un incendio en el 2007 que con su permiso publiqué en mi galería (con su debido crédito, claro). La más comentada fue una que metí a un grupo para forzar alguna foto realmente fea figure en Explore (funcionó solo por un par de días).
Un «fav» es muy simil a los «likes» en cualquier otra red social pero aquí era casi una declaración de principios. Por supuesto hay fotos de chicas entre mis más «favoriteadas«, pero rescato la de la pareja que de hecho fue usada para la portada de un libro de una autora independiente en España. En esa ocasión Nef Zaldívar me invitó a hacer unas tomas adicionales para mí en una sesión de fotos de él y así con fotos muy detrás de cámaras y alejado de la acción surgieron buenas tomas que fueron muy gustadas. La «Se siente como el fin del mundo» de Diana Frausto se asoma aquí también.
En las mayormente vistas de todos los tiempos no solo son las que se veían a través de flickr, sino también las reproducidas para ilustrar artículos, blogs, páginas web de cualquier índole que usaron el link original de la foto. La foto del mosquito del 2008 la vi en notas de periódico sobre el dengue. Las de celulares las vi ilustraban posts de blogs hablando de ellos. ‘Love is in the air’ la vi compartida sobre todo en grupos dentro de Flickr pero también para ilustrar algún artículo sobre el amor y sus costumbres. Desconozco porque la foto del Antifaz Veneciano fue tan vista, y eso que era una foto más bien simple, tomada en 2007 con un Sony Ericsson con mínima iluminación de este antifaz de mi amiga Malú.
Y así mi actividad en esta estupenda plataforma desde 2004. Cuando Yahoo! la adquirió indicó un respeto muy pobre hacia los fotógrafos pero la gota que derramó el vaso fue el absurdo manejo que hicieron ante la filtración de datos de millones de cuentas. Después lo vendieron y re-vendieron y simplemente ya no es lo mismo. En muy poco tiempo eliminarán más de 3 mil de las 4,322 fotos que publiqué ahí por una reestructuración que hicieron y están en todo derecho de hacer. Permanecí como usario pro por más años de los que debería pero fue en agradecimiento a Stewart Butterfield y Caterina Fake por diseñar un espacio para compartir (y encontrar) fotografías. Me llevo la experiencia en los comentarios vertidos, las fotos que descubrí de cientos de amigos aunque virtuales muy fieles, las oportunidades aprovechadas a través de esta comunidad.