Algunos apuntes sobre un entrenamiento hecho hace unos días en esta ruta.
Está cortita, desde el Paso del Águila a la caseta son entre 19 y 20 kilómetros solamente. Y sí, te cobran 105 pesos por eso
De la entrada a la autopista desde la salida a Mexicali hasta la caseta son aprox. 30 km solamente
Los letreros indican que no se permiten bicicletas, tampoco peatones
El puente peatonal en Paso del Águila tiene puerta cerrada, es completamente inútil
Hay ciclistas que sí te regresan el saludo, lo miré cuando iba de ida y estaba del otro carril, de regreso estaba en mi carril y ambas ocasiones sí regresó el «buenos días»
Que unos 5 kilómetros sea pura bajadita ayuda a hacer buenos tiempos
Saludar a los empleados de limpieza de la autopista también es redituable
Hay mucho tráfico hacia Tijuana, aún a las 5 de la mañana
Las curvas al final antes de llegar a caseta es vital tomarlas en sentido contrario al tráfico
Los Gatorade de 600ml cuestan 18 pesos en la tiendita de la caseta
Los camiones de pasajeros no se detienen a subir pasaje en la caseta, menos si tienen adentro al supervisor
Siempre ten preparado el plan B para regresar
Addendum:
Hay una zona con muchos mosquitos, demasiados
Encontré al menos 3 botellas de plástica llenas de un líquido ambar y cerradas, según me dicen algunos amigos traileros, muchas veces detenerse un par de minutos implica muchas operaciones adicionales en el transporte, por lo que optan por utilizar estas botellas, cerrarlas y aventarlas al lado de la carretera con la máquina caminando. Siempre recojo basura que me encuentro, esta vez de ninguna manera toqué estos recipientes.
La vista hacia Valle Redondo es inigualable, se antoja mucho un entrenamiento siguiendo esas rutas la próxima vez, para muestra:
Hace unas semanas fuimos mi hija y yo al CEART (Centro Estatal de las Artes) y metí el carro al estacionamiento prácticamente vacío. Al salir del carro para entrar al recinto un señor ya mayor que no me había dado cuenta estaba ahí básicamente me acusó del estado deplorable de la juventud actual. Al parecer al entrar al estacionamiento no hice un alto en un cruce peatonal. El señor no estaba esperando a cruzar ni nada, solo estaba ahí. Y se dió cuenta cuando no hice el alto. «¿Que ejemplo le está dando a su hija?, por eso estamos como estamos»; «mire, ahí viene otra que está igual que usted, ¿ya ve lo que sucede?»; «si la educación empieza en casa, pero así ¿cómo?» Y no supe que decirle pues quizás sí me había pasado ese alto. En un amplio estacionamiento donde ni siquiera ví gente, es posible que simplemente no le haya prestado atención. Solo me fuí, y una guardia de seguridad se me quedó viendo tranquilamente, quizás acostumbrada a como este señor increpaba a las personas.
Lo que me dejó más pensativo es esta situación de prejuicio. Este señor no tiene ni más mínima idea de como educo a mi hija, de que ejemplo le doy o de todo lo que hago por ella para que sea una persona de bien. Solo se dió cuenta de un (mal) gesto, en unos cuantos segundos y con eso fue suficiente para emitir un juicio respecto a mí, con total seguridad (y enfado). Vas por la calle y miras a alguien con aspecto «cholo» y hasta con un tatuaje de una lágrima y tu mente empieza a imaginar cien cosas. O el conductor del auto que se te cerró en una intersección ya le adivinas hasta de donde es nativo. No escatimas en acusar de otras diez cosas al agente de inmigración que te mandó a segunda revisión.
Yo no puedo decir que hacer o que no hacer, pero quiero acordarme que ante los hechos lo mejor para mí es reducir todo a lo que estos mismos hechos dan de sí mismos. Es todo lo que presenciaste y toda la información posible que tienes en estos minutos que tienes en tu interacción con una persona de la cual conoces absolutamente nada. Limitarte a lo que sí sabes, que no es mucho de cualquier modo. ¿Qué caso tienen los «tenías que ser de (algún lugar)» o los «así son todos los (algún adjetivo)»? ¿a qué ayuda?
¿O nos acostumbramos a los prejuicios y ya?
Recuerdo vívidamente una explicación de lo que es democracia de mi maestra de Ciencias Sociales en tercer grado de secundaria. Ella nos decía que en la escuela se nos enseñan muchas cosas que no necesariamente están en un plan de estudios pero que son cosas que se deben aprender. De ahí la importancia de esas materias que nosotros llamábamos Taller pues se nos enseñaban oficios más o menos artesanales como electricidad y carpintería para los niños además de cocina y corte y confección para las niñas (aunque nunca faltaba quien le gustaba estar en el taller que no le «correspondía» a su género, y ahora que recuerdo nunca había burlas ni nada por el estilo para la niña que iba cargando electrodos para soldar ni para el niño que cargaba sus pasteles, pero bueno, es otra historia eso).
«¿Y cómo les enseñamos sobre las elecciones? ahí está el certamen de Señorita Simpatía.» No lo matizaban como concurso de belleza como tal, y afortunadamente en esta secundaria no se trataba de quien recaudara más dinero en efectivo (afortunadamente, si así hubiera sido tendrías que aguantar este arrebato de opinión personal en otro tono :S). A la vista de todas las candidatas se contaban todos los votos en total transparencia. Vaya, me decía yo, si esto es la democracia, está muy bien, no hay pierde y todo mundo sabe exactamente si perdió y porque perdió. Pero en estos concursos también lo que recuerdo muy claramente es que yo sabía perfectamente por quien votar nada más empezando las campañas, pues siempre sabía quien de las niñas me caía mejor desde antes. Muchas veces no concordaba con el resto de mis compañeros y de hecho fue muy doloroso para mí ver que en una de esas mi candidata solo alcanzó 4 votos, uno de ellos el mío. Y ¿porqué perdió tan abrumadoramente? Nunca dió quequitos (todavía no los llamaban cupcakes), paletas, dulces, ni nada de ningún incentivo para que votaran por ella. Desconozco si no tuvo apoyo de sus amigas, de su salón o su casa, simplemente nunca la ví regalando cosas.
Muchos años después descubro que efectivamente estas enseñanzas de secundaria encuadran perfectamente con la realidad. Me atrevo a apostar que esta maestra de Sociales sabía perfectamente las implicaciones de todo el proceso, con todo lo que la igualdad de condiciones en campaña significan (las pregonadas en papel y las reales).
Por meses los entrenamientos organizados por Adrián y Susie nos estuvieron preparando para lo que vendría. Pero ya en el día de la carrera todo puede cambiar, o al menos la percepción es distinta. Lo que más me preocupaba a mí precisamente eran los tiempos de corte así que tenía que tener muy presentes los horarios. No iba a sacar un súper tiempo, lo que quería era terminarlo. Después del año pasado que tuve que abandonar en el km 28, éste ultramaratón representaba un reto mayor. El día comenzó… mal. Quería desayunar razonablamente pero después de dos mordidas a un plátano no sentí muy bien mi estómago. Así que empaqué el resto del plátano y el sándwich que había hecho para comérmelo antes de empezar la carrera. Pero a la hora de lavarme los dientes todo se me revolvió y tuve que agacharme a abrazar el escusado :S No quise que esto fuera una excusa para desistir y así partí al Rancho Casián.
Berrendos en el Ultra
Llegué a las 5:40 y ya estaba todo el equipo de Baja Trail Endurance & More ya con todo organizando a los voluntarios, los garrafones de agua, los abastecimientos, todo perfecto. Poco a poco empezaron a llegar los demás corredores y la camaredería y buenos deseos de todos para con todos daban mejor ánimo, pero los nervios en todos eran muy palpables. Con Marthita y Mayito hice unos ejercicios de estiramiento súper efectivos que me quitaron un poco los nervios. Luego que fueron llegando todos los Berrendo pudimos ahora sí tomarnos la foto del recuerdo de los que participaríamos (aunque todavía no llegaba Picos). Así entre saludando a todo mundo y deseándonos lo mejor, de pronto el sonido a cargo de Raymundo Ramírez solicitaba a Antonio Ríos a dar el banderazo de salida no sin antes dar la última plática de orientación. Y así empezamos.
solo lo primero, y lo que faltaba
La primer sorpresa fue una vuelta rodeando el Rancho Casián para ahora sí enfilar rumbo al camino de terracería que nos llevaría al primer cerro. Los ánimos ya estaban encendidos pero al menos yo me quería guardar y las subidas por más pequeñas que fueran quería caminarlas. Esta primer vereda era tranquilita con un camino perfectamente marcado y todavía con mucha compañía que entre todos nos dábamos ánimos. Llegamos al primer puesto de abastecimiento (Isengard) con todavía neblina en el cielo por lo que el sol no era problema. Había que tratar de comer una papa cocida y unos trozos de sándwich para compensar pero todavía tenía el estómago revuelto
Corredores enfilando a la Meseta
Salimos así subiendo las jorobas de las cuales detesto las piedras sueltas pero bueno, se trataba de asumir esta parte del reto también. Ya bajando de ahí Raúl Nuncio quien se había apuntado como voluntario daba los primeros gritos de aliento a todos los que pasaban por ahí. Después de esto la corrida siguiendo la montaña es una vista espectacular, pero teníamos que dejar la admiración del paisaje para otra ocasión porque había que tener la vista fija en el camino. Más de dos ví caer estrepitosamente y era particularmente peligroso porque estábamos corriendo por la parte más alta del cerro rodeados de nopaleras y otros cactáceos espinosos . Bajando de estos cerros miré a unos metros del segundo puesto de abastecimiento como Iván Santana iba en friega, quien terminó ganando la carrera de 25k. Aquí ya pude tragar una buena cantidad de papa cocida para reponer energías. Pero lo siguiente era mental.
En medio del bosque en las faldas de la Meseta
Estábamos a las faldas de la Meseta (en mis anotaciones Mount Doom) y había que llegar al siguiente puesto de abastecimiento. En esta parte es donde el escenario es espectacular, en medio de un bosque y un río (aunque seco). Pasando el espantapájaros colgado era que había que hacer un hiking en medio de raíces y más árboles, aunque quisiera no era para correr. Aquí hice uso de uno de los bastones para apoyarme con una rama seca suficientemente firme que encontré y pelando sus varillas sueltas. Esto es subir una montaña y estos bastones ayudan mucho. Había varios que ví con sus bastones profesionales como Santiago Agreda a quien amenazaba rentárselos. Y es que la ventaja de ellos es que son de un material nada pesado y muy firme que asegura un buen soporte. Y así llegamos a un punto de abastecimiento que no era el check point pero que la gente de Baja Trail te apoyaba con agua o cualquier cosa que necesitaras. Pero había que seguir y ahora se trataba de un camino de terracería subiendo y bajando muy empinadamente. Por fin llegamos al tercer check-point que yo llamo Minas Tirith (porque está muy cerca de Mount Doom, get it?) y aquí dejé mi bastón en la caja del pickup. No lo necesitaría pues seguían unas bajadas de unos 5 o 6 kms.
curvas curvas y más curvas
Aquí veíamos como poco a poco dejábamos la Meseta y miraba incrédulo un gran pico de lo que no podía creer era el Cerro Coronel. No solo lucía enorme, sino que el caminito para llegar a él se miraba empinado. Estaba muy equivocado, era peor. En el valle antes de volver a subir como referencia había marcado Dorwinion, el único lugar con vestigios de civilización entre estas dos montañas. Era un valle precioso pero había que empezar a subir. Aquí encontré otra rama que curiosamente estaba perfectamente recta y que me apoyé para usarla de bastón. La primer subida estaba increíblemente empinada y aquí miré a los primeros en regresar que ya iban en los primeros lugares. Pero en una zona donde se emparejaba el camino (plano, pues) empecé a sentir unos intentos de calambres. No quise esperarme y me puse Iodex para calmarlos. Aquí por el kilómetro 21 me encontré a Héctor Romero ya de regreso que también venía con calambres. Ahora lo que me preocupaba era que estaba por terminarse mi agua de mi mochila y la botella adicional que traía. Y empezaron las subidas más empinadas en un camino de terracería lleno de piedras y muy accidentado. Aquí lo que era realmente traumante era que miraba una curva que me hacía entender que al sortearla llegaría al siguiente punto de check-in pero no, había una curva más, y después otra, y una más. Estaba desesperado ante mi falta de agua, mis calambres y el cansancio.
La vista espectacular en la cima
La mala noticia fue que a unos 10 metros del puesto pasó un señor que estaba quejándose amargamente de que no tenían agua. En mi mente solo pasaron maldiciones ¿cómo no iban a tener agua? ¡yo ya no tengo! sentí el peso del fracaso pasar mi mente pero preferí no hacerle caso. Llegando al puesto confirmé y efectivamente no tenían agua porque los garrafones que llevaron se les cayeron y se rompieron. Las personas en este puesto apoyaron como pudieron y había Coca-Cola y otros refrescos pero yo necesitaba agua. Una chica de Baja Trail se apiadó de varios de nosotros y al parecer de su botella personal nos dió unos chorros de agua para lograr subir el último pico. Aquí no podía creer lo empinado que estaba. Era pura piedra en unos caminitos que se miraban muy pesados y así lo confirmé con Marco Valencia que ya venía de regreso y me dice «está muy pesado». Ni hablar, a darle. A pesar del cansancio y los calambres, esta parte la sentí bastante cómoda. Me recordó las idas al Cuchumá que hace años (cuando la frontera con EE.UU. era una cuerda) subíamos mi familia y amigos cada fin de semana. Las piernas las sentía bastante bien a pesar de que prácticamente veníamos escalando. Lo malo es que teníamos que dejar libre el paso para los que venían bajando y ahí estábamos como cabras pastoreando a la orilla de los riscos. Aquí me dió mucho gusto ver enteritos a Marthita y Mayito que también siempre en cualquier carrera me dan unos ánimos y apoyo que siempre se agradece. Sorteando la primer subida miré con mucha paciencia que seguían unos 200 o 300 metros más planos antes de otra vez subir empinado. En esta parte plana sentí más pesadas las piernas pero había que subir lo último. La vista era espectacular en Dor-en-Ermil en el punto del kilómetro 25 exactos, aunque estábamos en las puntas de unas piedras. Se logra ver prácticamente hasta la bahía de San Diego hasta un poco más allá de Popotla. Al otro lado la Meseta que todavía nos esperaba. Aquí abriendo mi mochila descubrí una botella de suero que no me acordaba que traía y lo tragué en menos de un minuto. Aquí me dió un gustazo ver llegar a Gerardo Berrelleza aunque desafortunadamente iba en no la mejor condición. Pero ya había que regresar pues se aproximaba el tiempo de corte. Así que empezamos el descenso y me encontré a Viviana Garay que con el compromiso de una gran fotógrafa hizo el esfuerzo de subir a la punta para lograr esas capturas muy especiales para los corredores. Llegando de nuevo al checkpoint ya por fin había agua. Me unté hielo, rellené todo lo que traía y tragué puños y puños de sal. Pero había que partir de nuevo.
Bajando la Meseta
Aquí bajando lo empecé a trotar pues había que llegar en menos de dos horas a Minas Tirith de nuevo. Como sabía que seguían unas subidas muy grandes antes de llegar a la Mt Doom me preocupaban los tiempos de corte. Así lo pude bajar no sin antes ponerme de vez en vez Iodex para apasiguar los calambres hasta que llegamos de nuevo a Dorwinion en la parte más baja de este valle. Y empezó el ascenso de unos 5 a 6 kms. Insoportables. Pero venía acompañado de otras 5 o 6 personas, no se cuantas, apenas miraba yo, y nos adelantábamos a veces y a veces retrasábamos pero sin variar íbamos caminando. Mi bastón me volvió a servir bastante bien y aquí mis recuerdos me traicionaron porque mirábamos la Meseta muy lejana. Pero seguíamos y seguíamos y trataba de reconocer el terreno pero me tranquilizaba al ver las marcas anaranjadas perfectamente bien marcadas. Hasta que por fin llegamos al checkpoint. Aquí me reabastecí con los siempre amables voluntarios de Baja Trail y agradecí enormemente sus atenciones. La mochila recargada de agua y bien hidratado con el Powerade había que enfilar a sortear la última montaña. Recogí el bastón que había dejado en el pickup y ahora con dos bastones esta subida fue mucho más ágil. Es que imagínate unas escaleras con barandales, esto es el soporte adicional que ayuda a que dejes de tener todo el apoyo en las piernas. Y aunque mis brazos hicieron un esfuerzo adicional, esto me permitió llegar en mejor forma a la cima de la meseta. Tanto que hasta me permití trotarlo. Aquí usando los bastones para dar las zancadas más amplias ocurrió mi primer momento de histera. Estaba totalmente feliz, había dominado la Meseta y no solo eso, estaba corriéndola. Al llegar al otro extremo dejé los bastones (la verdad en bajada estorban) dando el otro aviso en Twitter de esto mismo y empecé a bajarlo. Aquí La Lupita me acompañó y yo cantando todas las canciones del último disco fue mucho más placentero. Al bajar estaba un pickup de apoyo de emergencia, me han de haber visto todo loco pero ya no importaba, les hice una señal de que iba bien y continué. Aquí abajo, viendo al lado la Meseta atrás y muy arriba fue mi segundo momento de histeria. Lloré, la volteaba a ver de nuevo y lloré más y más. El reto que me detuvo el año pasado hoy lo había cumplido.
Foto por Raúl Nuncio
Pero son engañosos a veces los caminos, al menos no es lo mismo ir de ida que de vuelta y no me daba cuenta cuanto faltaba. Ahí en la última bajada de la Meseta encontré a Antonio Ríos que buscaba a los últimos corredores y se aseguraba que todos estuviéramos bien. Así llegué a Lothlorien, el checkpoint ya del kilómetro 41 donde me atendieron como Rey. Un voluntario en cada pierna me presionaba agua helada con las esponjas. Otro más me rellenaba la mochila. Una chica me mojaba la cabeza y otra más me acercaba papas, sandía y naranjas. Antes de partir todos y cada uno de las 10 a 15 personas que estaban aquí me daban gritos de apoyo y me deseaban un buen fin de carrera. Seguía pasar por un sendero que es mi favorito en todo el trayecto, siguiendo un riachuelo que en tiempos de lluvia se ha de mirar precioso. Venía pisándole los talones a otro corredor que aunque venía tan cansado no tenía los calambres que yo. Al último le dije que quería trotarlo antes de llegar a la siguiente subida antes del ckeckpoint y me le despegué. Aquí antes de llegar a empezar a subir rumbo a Isengard, encuentro de nuevo a Raúl Nuncio que seguía dando y dando apoyo a todo mundo. Le comento que tengo un poco de calambres todavía aunque controlados con Iodex pero me comenta que como es caliente es mejor con agua fría. Y así me empezó a dar unos masajes con agua fría que los sentí como gloria. Esos detalles y extra que dan los voluntarios son lo que hacen la diferencia. Pero había que continuar porque se acercaba el tiempo de corte. Empecé a subir rumbo al último checkpoint y me desesperaba porque recordaba unas bajadas que ahora serían subidas y yo todavía no estaba en mejores condiciones. Pero allá arriba veo a Edgar Armenta muy entusiasta con Magally atendiendo de maravilla. Tomo más Powerade y relleno la botella, la mochila no la necesitaría (tanto). Así que solo faltaba lo último, 5 kilómetros más. Aquí en la parte más baja grité muy fuerte pues sentí una de las ampollas reventarse. Tan fuerte que otro corredor volteó a ver si estaba bien. Le hice señas para que no se preocupara y levanté ambos brazos con los pulgares arriba para que en el puesto me miraran con los binoculares y vieran que estaba en buena forma. La verdad lo único que me hacía continuar era visualizarme en la meta, obteniendo esa medalla preciada y así empecé a trotar de nuevo. El corredor enfrente de mí empezaba a gritar, supongo que para darse ánimos y nomás me daba emoción que faltaba realmente muy poco. Había otras subidas y había que caminarlas. Pero ya se acercaba la última bajada y estaba más que emocionado. Bajando ya era el camino de terracería que nos enfilaba hacia el Casián y ya estaba corriendo entusiasmado. Aquí en ese camino me topé con Blanca la chica de SportsFan que el año pasado me dió muchos ánimos a pesar del fracaso y ahora me miraba llegar y me aplaudía.
Foto por Isabelita Granados
Ya por fin se miraba la última esquina y ahí estaba Ricardo Castillo a quien pregunté si nos iban a hacer dar la vuelta al rancho como al principio y no, afortunadamente ¡ya solo era cuestión de unos 300 metros! Y ahí miraba la entrada a dar el último esfuerzo. Ahí estaban en esta entrada más voluntarios que vitoreaban. Aquí, Leslie Valladares me acompañó y me seguía dando ánimos y yo estaba extasiado de felicidad, al fin en una vueltita miré la meta y había otros corredores y voluntarios aplaudiendo y felicitando y así, ¡terminé! Aplaudía, abrazaba a quien se pusiera enfrente, lloré, agradecí a todos. Me colgaron la medalla y sentí su peso y me sentí excelente. Los dolores, calambres y todo el sudor habían quedado atrás. Por ahí llamaron a Germán y no me acordaba que había una lona de Finisher y al verla ahí sí lloré inconsolablemente, me tomó la foto ahí en este símbolo de reto cumplido. Al fijarme en el reloj hice aproximadamente 10:10 (mi gps se pausó en un largo trayecto después de Lothlorien) así que estaba rayando en el tiempo de corte pero afortunadamente lo terminé muy bien, y esa era mi reto, terminarlo.
Mi mapa de referencia, junto con otro que me encontré que no entendí del todo
Es imposible dejarlos pasar inadvertidos, ahí están, inundando las redes sociales con sus consignas, frases prefabricadas y loas a sus candidatos.
De hace unos años para acá los partidos por fin le hicieron caso a los expertos de social media sobre la importancia de expandir sus mensajes a una plataforma más aparte de los medios de comunicación tradicionales: internet. Y no estoy hablando aquí de la presencia en línea que es importantísima. Se debe tener una cuenta en redes sociales que permitan una interacción más directa con los usuarios y responderles. Pero como en todo, hay diferencias, empezando en los costos, no es lo mismo producir un spot de 30 segundos de televisión a empujar un trending topic. Algo importante que tiene que ver con el Alcance (como lo llaman los que sí saben de mercadotecnia) también tiene sus diferencias en esta nueva era de las campañas electorales. No es lo mismo hacer llegar un mensaje muy directo a mil personas en un distrito en específico (con intereses muy particulares) en comparación con un mensaje muy general que es literalmente enviado a todo el mundo (que lo lea). Y es aquí donde no me queda claro a quien benefician estas cuadrillas de personas esparciendo mensajes en las redes sociales. Su objetivo al parecer no es dar a conocer la plataforma del partido o candidato, ni siquiera la de recoger inquietudes de ciudadanos interesados.
Como en cada campaña desde algo así como una década, solo buscan lograr un pellizco de un pico de menciones populares. ¿Esto que aporta a la campaña? Una cosa son las discusiones que se gestan en redes sociales de manera orgánica. En Twitter es más notorio pues ante notas de última hora (sea por desgracia o escándalo suficientemente importante) es prácticamente inmediato saber de ese suceso notorio pues la misma población de esta red social se encarga de convertirlo en suficientemente viral como para tomarlo en cuenta. Cuando así quedan fijos ciertos trending topics al navegar rápidamente entre los cientos (o miles) de menciones de usuarios comunes y corrientes es que se da uno cuenta de la importancia de dicho tema. Uno ve con desconfianza cuando encontramos trending topics claramente fabricados y no es poco común. Puede ocurrir que simplemente una estrella pop pide a sus seguidores twittear (y retwittear) sobre la última película que protagoniza o el más reciente disco que lanza al mercado. En los realmente exitosos sirven a la estrella en cuestión a que se hable del producto que está ofreciendo pues esto invariablemente se traduce en el consumo del mismo. A esto aspiran programas de televisión que en una esquina de la pantalla colocan el título del show acompañado de un hashtag. Los realmente patéticos son los que intentan empujarlos de acuerdo a lo que está sucediendo en el programa (que no es lo mismo cuando es un evento deportivo). En estos casos de #Dianaconda o #ExigimosADN (así de extraños e ininteligibles) es que esta dinámica no termina de cuajar y por lo menos no son tan predecibles para asegurar el éxito de alguna campaña que algún experto intentó venderle a algún productor.
Pero llegamos a las campañas políticas. ¿Cómo le demuestran a los tomadores de decisiones dentro de la campaña que sus trucos han surtido efecto? Convencerlos de tener una presencia en línea es una cosa, es casi tan importante como el diseño de imagen y eslogan de campaña, pero ¿qué idea les venden cuando les proponen tener a 5, 10, 50 fulanos enviar una y otra vez los mensajes que intentan colocar como trending topic? No hablemos de los bots pre-programados que en Twitter cada vez más se especializa en ir eliminando, en el mejor de los casos estamos hablando de personas de carne y hueso que se ponen de acuerdo a determinadas horas y días para empujar un mensaje o sentido del mensaje del día. A veces se juntan en una sede para estar en el mismo canal (y convivir si se da el caso). Si al término del día lograron un pico en el alcance del mensaje que ese día se decidió empujar terminaron su trabajo. ¿Enfadaron a todo mundo? no importa ¿Sus seguidores terminaron bloqueándolos? no es problema ¿Ni siquiera llegaron a un trending topic? no le hace. El meollo del asunto es que en ese preciso día lograron presentarle una gráfica al candidato donde 1,000 ocasiones se disparó el mensaje que querían empujar. ¿Qué sentido tiene esto? Una cosa es que con dichos mensajes lograran que usuarios (digamos, normales) voltearon a ver al candidato o partido y se sumaron como seguidores (y a su vez nuevos retwitteadores) y otra es que estos usuarios normales prefirieron desenfadarse de estos mensajes y evitar redes sociales por lo que resta de la campaña. Tú los puedes reconocer, de repente salen frases que claramente están pre-fabricadas y muy de pronto están inundando tu timeline. El siguiente paso de los expertos es sacar notas de prensa o boletines informativos glorificando el suceso de alcanzar un hito de menciones del candidato. La cosa se vuelve realmente fea cuando hay debates entre estos candidatos. Prácticamente hay que desestimar cualquier nota que hable de las repercusiones en redes sociales de ello ¿no te parece curioso que el «ganador» del debate depende del medio que lo proclame? Lo mismo ocurre con los «análisis» en redes sociales que hacen después. ¿Qué utilidad tiene un análisis de impacto en redes sociales si estas tendencias son manufacturadas?
Mi recomendación es lo que hago siempre, si algo me enfada, molesta o irrita, lo bloqueo. Si veo que es algo que hostiga, abusa y me parece inapropiado lo siguiente es reportarlo. Esto ayuda a que mi timeline (y la red social en general) está más acorde a la realidad de las cosas y no a lo que estos expertos quieran tratar de imponer.
Lo de siempre antes de una carrera fuerte son los nervios, por más preparado que estés nunca faltan. Este maratón no era la excepción en primera porque en el 2013 casi fuí derrotado por unos muy fuertes calambres que me hicieron acabarlo en más de 5 horas, pero logré terminarlo. En segunda porque venía de una semana sin haber podido salir a correr por una infección en la garganta en este invierno húmedo.
Con Club Berrendo y el Chain
Llegamos muy temprano a las 6:30 después de un buen café a las estupendas instalaciones de Ciudad Deportiva en Mexicali, saludando a los amigos y compañeros corredores de todo el estado. Un poco de tiempo para las fotos del recuerdo y sin saber como, ya estaban dando la tercera llamada para empezar el maratón y escuchar las palabras de ánimo del Gober Kiko Vega. Suena el disparo y empezamos.
Muy tranquilamente y guardándome inicié pegándome a mi compañero de club y amigo, Marco Valencia. Él venía con muy buena preparación y un excelente plan para hacer un sub 4 y por eso traté de estar siempre con él. La ruta permitía ver a los que ya vienen de regreso lo que no siempre estoy seguro me agrade porque por un lado te distrae y te da ánimos al mismo tiempo que apoyas a quienes te vas encontrando, pero también te deja ver cuanto te falta para alcanzarlos. Bajamos por la Justo Sierra, rodeamos la glorieta Lázaro Cárdenas y subimos de nuevo para recorrer la Avenida Reforma regresando por Madero con muy buen paso.
Espartanos escoltando
Ahí nos encontramos a otro grupo de corredores con quienes nos fuimos juntos para la compañía y el apoyo. Bajando por Gómez Morín fue que nos despegamos el Chain y yo del grupo pero continuando todavía a buen paso. De hecho al llegar a la marca del medio maratón habíamos hecho 1:53 lo cual era bastante acorde a mi plan. En ese enorme bulevar mirando a los punteros, saludando a Castañeda quien estaba haciendo muy buena carrera y checando las distancias que faltaban como que bajé un poco el paso y ya estaba haciendo poco más de 6 minutos por kilómetro pero todavía con muy buen paso, hasta me lo hicieron saber así Gerardo y Alex de Bonita Road Runners que también querían hacer el sub4. Entrando a la Calzada Cetys, una ida y venida de más de 7 kilómetros con los automovilistas más irrespetuosos del mundo ya estaba llegando a los 7 minutos por kilómetro pero pasando cerca de la casa de mi hermana y con los ánimos de mi carnal quien hacía el último tramo del maratón en relevos no dejé decaerme.
Aquí ya llegando a la calle de la línea de la garita de Mexicali y faltando solo unos 4 kilómetros apenas podía trotar, había un intento de calambre que querían darme pero no quise detenerme a caminar pues sabía que cualquier segundo de inactividad dispararía estos calambres. Todo mundo que me pasaba, como Carlos Arreola (el incansable enmascarado) me daban ánimos y estoy muy agradecido con los jóvenes voluntarios de estos últimos puestos de abastecimiento que no solo detenían el tráfico y te acercaban agua, plátanos, miel y otros aditamentos, sino que se notaba que genuinamente querían apoyarte y que llegaras bien. Aquí al dar vuelta de nuevo, mi ingle estaba a punto de estallar con intentos de calambre y aprovechando que el agua de los bolis estaba helada hice lo que tenía que hacer, abrir los shorts y rociarme el agua. No me había dado cuenta que en esa glorietita estaba una pareja que nomás se me quedaron viendo incómodamente. Pero cuando tienes 40 kilómetros recorridos, obviamente no me importó y seguí echándome esa agua helada que aliviaba mis músculos.
Ya solo faltaban un par de kilómetros, pero mis tiempos estaban acercándose a los 9 minutos por kilómetro casi arrastrando mis pies pero nunca caminando. No reconocía para nada las calles por lo que no tenía idea en realidad cuanto faltaba, hasta que un corredor que ya venía de regreso me dice «ya solo medio kilómetro, ya la hiciste». Pero no miraba nada. Por fin una vuelta en una esquina y ya podía visualizar que realmente era cuestión de unos doscientos metros. Y aquí un ángel se apareció, venía vestida completamente de negro, me tocó con dos yemas de sus dedos en mi espalda prestándome sus alas para correr a una mejor velocidad y me dijo «ya falta muy poco, ¡disfrútalo!», y ocurrió mi momento de histeria, estaba realmente feliz, carcajéandome tanto que creo que cuando me miró Isabel Mata la ví medio preocupada, pero yo seguía corriendo, riéndome, agradeciendo a este ángel que me llevó unos metros a alcanzar de la mejor forma posible a la meta.
Extasiado llegando a la meta
Ya dando la última vuelta este ángel no estaba ahí (¿la aluciné?) pero miré el reloj, miré la gente aplaudiendo y me ví levantando las manos disfrutando enormemente terminar este maratón, como dice Raymundo, sin parar y sin llorar.
Sigo pensando que es mucha distancia dejar la hidratación para cada 5 kilómetros los primeros 30, y lo puedo comprobar porque fueron muchos los acalambrados. Por lo mismo llevé agua en una botellita y mis botes a la cintura que estuve cuidando tomar en tiempos apropiados. Llevé 6 Gu de chocolate y de espresso de los cuales solo me eché 3, y otros 2 los regalé pues vi que los necesitaban más que yo. Lo que sí, es que Mexicali es una ciudad que siempre su gente te apoya cuando te mira haciendo tu mejor esfuerzo, no así la mayoría de los automovilistas, pero eso es otra cosa. Los voluntarios en motos, los del pelotón juvenil, los oficiales de tránsito aguantando mentadas, los mismos empleados de INDE muy puntuales en el apoyo. Los puestos de auxilio de la Cruz Roja siempre atentos con quien lo necesitara. La temperatura fresca, la ruta muy apta para esta distancia, el compañerismo y la camaredería después de terminar la carrera hicieron de este maratón gobernador una estupenda experiencia.
Iba a publicar, incluso empecé a escribir, algo sobre los recientes hechos que nos han llenado de indignación como mexicanos. Era algo sobre mi opinión de que todos tenemos la culpa de todo y no por cambiar al titular del ejecutivo federal de la noche a la mañana cambiarían las cosas, algo así. Pero terminé de leer el ‘Mis Confusiones’ de Eduardo del Río (Rius) y me quedo con su reflexión de su «México particular» donde tal cual siento que sus palabras reflejan mi pensar. Aquí reproduzco (con énfasis míos) un fragmento sin permiso del autor ni su editora:
«…ESTE POBRE PAÍS YA NO TIENE REMEDIO. Todavía no resolvemos el viejo problema del indio, el dueño de este país, ni el viejo problema de que todavía sigamos (o sigan) adorando a los santos y las vírgenes que nos impusieron los conquistadores, haciéndonos renegar de nuestro pasado. Y mientras no resolvamos es problema, no se va a resolver lo demás. Que es nada más la corrupción generalizada, la ausencia de democracia y de justicia, el fracaso del sistema educativo, la impunidad de los gobernantes y asociados, el problema de los migrantes, el desastre de nuestro campo, la ausencia de la industria nacional, la idiotez de las grandes televisoras, la discriminación, los abusos del ejército y la policía, la inexistencia de una planificación de la economía, el entreguismo hacia Estados Unidos, el constante aumento de la pobreza, la mediocridad de las universidades, el problema de la obesidad, el cinismo de la clase política, la entrega de la soberanía, el creciente analfabetismo, la deforestación de nuestra geografía, la entrega de la banca al extranjero, y otros problemas igual de gordos que llevan sin resolverse…
«¿Por dónde empezamos a tratar de cambiar este país, díganme ustedes? Tenemos pendientes desde hace sexenios una reforma política de a de veras, que no pase por los partidos políticos, que se han convertido en una burla a la despistada ciudadanía. El desempleo, la falta de un sindicalismo auténtico, la cada vez más grave desnutrición, la entrega de nuestras riquezas mineras al capital extranjero, la contaminación de nuestro ambiente, el abandono de nuestros ríos y lagos o la ya casi eterna guerra (fallida) contra el narco… ¿voy bien o me regreso?
«Y les sigo preguntando: ¿por dónde empezamos? El horror del sistema carcelario, el otro horror de la violencia contra las mujeres, la creciente prostitución de las casi-niñas (y niños) o la imparable alcoholización de nuestras mujeres. Sumen ustedes todos los problemas que esperan solución y se pondrán tan pesimistas como el que esto escribe. Pónganse a pensar que la solución a la mayoría de esos problemones está en manos de quienes los han provocado, relegado, detenido o echado de un lado, en el archivo del olvido y del ahí-se-va. Ni modo que esperemos que los políticos resuelvan algo, si ellos son uno de los problemas. Necesitamos otra clase de gobernantes. Otro sistema de gobierno. Otro tipo de sociedad. Nada más (y nada menos).
«Por ahí deberíamos empezar, pero. . . ¿como le hacemos para tener otro tipo de gobierno, que de veras emprenda los cambios necesarios? Necio que soy, insisto en señalar que mientras no resolvamos el problema indigenista con todo lo que eso conlleva, no tenemos futuro como país. Seguiremos siendo una sociedad que se niega a sí misma y que prefiere refugiarse en la política del avestruz «cristiano» para no ver el problema. Seguimos viviendo de espaldas a nuestra realidad, haciéndonos de cuenta que rezándole a la Guadalupana Morenita de Tepeyac se nos van a resolver nuestros problemas y nos va a mejorar el futuro. O peor todavía, creyendo que la clase política nacional va a cambiar así porque sí y se va a dedicar a sacar al país del hoyote en que estamos metidos…»
Aclaro una vez más, es un fragmento del último libro de Eduardo del Río García (impreso en junio del 2014, sí, antes de todo lo que pasó).
En el mundo planteado por ‘Interstellar’, es el de una generación que a duras penas sobrevive en medio de tormentas de polvo que lastimosamente acostumbran a vivir entre la suciedad y hacen muy difícil respirar. La prioridad entonces está en asegurar el alimento para esta población, en esta tierra donde solo puede germinar el maíz. Cooper (Matthew McConaughey), es un hombre de granja que fue uno de los últimos astronautas en este mundo. La exploración espacial cedió ante la necesidad de conservación de la especie y en la granja vive con su suegro y sus dos hijos procurando primero el alimento pero enseguida el despertar de sus mentes, para no conformarse en ser granjeros y nada más. En este mundo donde no se permite un aire aventurero ni de fomento al descubrimiento, los libros de texto han sido cambiados para deshacerse de los vestigios de la NASA que llevó al hombre a la luna, argumentando que estos gastos excesivos no ayudan a la prosperidad de la población cuya necesidad más apremiante es la alimentación.
Su hijo Tom entiende esta necesidad y está muy acostumbrado a la granja donde sabe que seguirá porque es lo que le gusta y para lo que está destinado. La hija de Cooper, Murph, tiene bien presente el sentido de curiosidad y ante una serie de sucesos en su habitación donde cualquier otra niña podría asustarse, ella intenta descifrar lo que significan. En este intento de interpretar lo que sucede en ese cuarto, dan con un búnker donde la extinta NASA sigue aportando ideas para extender la sobrevivencia del ser humano. Aquí, en el reencuentro con el Profesor Brand (con el incansable Michael Caine), Cooper apuesta por apoyar la misión especial que le proponen.
La discusión científica entra en el argumento. El planeta es insalvable, el ser humano no puede seguir aquí. Se debe encontrar un planeta habitable y apto para sobrevivir. Ya han lanzado varias de estas misiones y existen una serie de planetas que cubren con las características necesarias. Después de explorar y decidirse por cual de los planetas que cuente con las características adecuadas para la vida humana, el Plan A es llevar a la mayor cantidad de personas hacia él; el Plan B, es el de establecer ahí una colonia de humanos con embriones que llevan en la misión. ¿Cómo se logra el viaje interestelar hacia una galaxia a años luz de distancia? Fue encontrada una anomalía cerca de Saturno que después de varias sondas y experimentación se descubre es en realidad un agujero de gusano, lo que teóricamente permite el traslado a otro punto en el universo a velocidades superiores a la de la luz, permitiendo así la investigación en las misiones Lázaro en el tiempo suficiente para poder recoger transmisiones que den mejores pistas para tomar la mejor decisión. El escenario deseable por supuesto que es el plan A, y el Profesor Brand ha hecho el trabajo de su vida el de adecuar las fórmulas matemáticas para resolver la gravitación cuántica que permitan el traslado de buena parte de la población en las naves espaciales que ya están construyendo.
En este viaje donde no hay garantía de regreso, Cooper rompe con su hija, prometiendo volver, y es inegable la conmoción que provoca el saber que es posible que esta promesa no se podrá cumplir. La relaciones padre-hija siempre son especiales y se siente en la pantalla el dolor de la separación sí, pero más de la decepción y el abandono. En la trama se incluyen elementos que invitan a pensar para sí mismo el significado de las fuerzas que no son medibles científicamente como el amor y la esperanza pero que indudablemente existen.
Los robots que auxilian como alivio cómico sirven para sentar bases de realidad a lo largo de los datos que manejan y la información de lo que ocurre entre los personajes (por lo menos en una manera menos tétrica que el mítico HAL 9000). Las escenas de los viajes interplanetarios están muy bien logradas en una experiencia visual que ya se ha visto (no se puede evitar comparar con ‘Gravity’) pero no deja de emocionar e impresionar. El texto es por momentos denso, pero es importante en esos momentos cuando estás alejado de tu casa (por millones de kilómetros) por lo menos algo de razón se pierde (o se gana) tratando de analizar la realidad y la motivación por alcanzarla. La banda sonora de Hans Zimmer envuelve esta ambientación cósmica produciendo sensaciones que solo pueden ser provocadas por un buen sonido.
Resumiendo, esta película es un logro más de Cristopher Nolan (con sus reservas). Y como es esperado con ideas que te hacen cuestionar, que te conmueven, que hacen pensar. Más allá de que tiene 4 que 5 momentos muy previsibles y las claras fallas científicas ya documentadas: como la elección de un sistema solar con un gigantesco hoyo negro en medio o el escape de la gravedad de un planeta con el combustible de una simple nave de servicio (Phil Plait los detalla). Pero la riqueza de esta historia la hace más cercana a casa, a más de un millón de años luz. Uno puede conceder estas «fallas» para disfrutar la película y dejarse llevar por una esperanza enfurecida contra la muerte de la luz.
En Estados Unidos hay una subcultura de cómics muy arraigada, donde alejados de los superhéroes toman este medio para contar historias. La obra de Frank Miller o Alan Moore e incluso el serial de Ghost World son otras historietas que han sido llevados al cine y que de ninguna manera deben ser considerados como infantiles por ser “dibujos”; tan así que gozan de seguidores muy comprometidos que disfrutan de esta forma de arte mes a mes. ‘American Splendor’ es una de estas historias narradas gráficamente, donde Harvey Pekar narra los detalles de su vida y como la mira a su alrededor en sus números.
Siendo un ávido coleccionista de discos de Jazz, habiendo pasado por 2 matrimonios (y una vasectomía), Harvey (interpretado por un muy convincente Paul Giamatti) decide compartir su vida usando los comics como medio. Él provee el material y otros artistas gráficos lo dibujan, publicando así lo que le ocurre en su aburrido trabajo como archivador de hospital, sus interacciones con amigos, vecinos y compañeros de trabajo. Lo que él piensa de sí mismo en el trayecto a su casa, mientras lava su ropa o escucha música. Sus historias tienen un éxito moderado que lo hace vender varios compilados de sus números y hasta ser invitado varias veces por David Letterman en su Late Show (cuando aún estaba en NBC).
Aunque nunca haya llegado a tener un gran éxito comercial, sí tuvo varios admiradores y coleccionistas que esperaban ansiosamente el más reciente número. Uno de ellos fue Joyce Brabner (representada por una irreconocible Hope Davis) quien a través de una carta logra iniciar una relación de larga distancia y a quien convence Harvey de irse a vivir con él. Ella lo adora a pesar de todos sus defectos y se llega a involucrar tanto en su vida mejorándola en muchos aspectos. Siendo alertada desde la primera vez que se conocen de la vasectomía, acepta a Harvey por lo que es, y el futuro que le espera.
Las tomas de la película siguen el estilo de las historietas poniendo encuadres que encajan perfectamente en las viñetas del cómic y aderezando con globos de diálogo (o pensamiento) lo que los personajes están transmitiendo. En varias ocasiones las transiciones entre las secuencias aparece el Harvey Pekar de la vida real agregando algo a las escenas que acabamos de ver, o presentando a aquellos que conocemos en la película. En estas secuencias es cuando conocemos al verdadero Toby siendo un auténtico nerd y vemos que el actor que lo personifica no estaba siendo exagerado. Nos damos cuenta también que Joyce de la vida real es tal cual es retratada por Hope Davis cuando aparece en una especie de entrevista hablando de su relación con Harvey.
Hay una diferenciación en la presentación de las distintas etapas de la vida de Harvey, por ejemplo donde experimenta una soledad inconsolable al inicio de esta historia, son tomas con líneas de perspectiva donde vemos la figura disminuida de Harvey pasando a través de pasillos largos sobre un puente o en banquetas que se funden en el horizonte. En esta etapa vemos planos más abiertos con inserts muy específicos de las situaciones que vemos y sentimos de su día a día que al parecer no tienen sentido. Después de que se anima a hacer el cómic lo vemos en planos mucho más cerrados, donde son más claras sus expresiones faciales y podemos comparar sus gestos con aquellos que son dibujados y presentados como parte de la historieta. Al enterarse de su enfermedad, es muy notorio el cambio en el sentir de la historia pues la iluminación baja y la desesperación de los personajes son palpables, haciendo esta ambientación muy definida.
No es una epopeya biográfica al no centrarse solo en la historia de su vida, que dicho sea de paso, ni siquiera es tan extraordinaria. No es una trama de la lucha combativa de un paciente de cáncer, si acaso le dedica un par de escenas en situaciones clave a este hecho. Lo que sí es la película son las opiniones y puntos de vista de un norteamericano común y corriente con una forma de ser muy particular que llegó a miles gracias a la decisión de verter estas ocurrencias en un formato gráfico con la ayuda de dibujantes excepcionales. Esto es el mayor de los aciertos de los directores Shari Berman y Robert Pulcini, al dejar que sea Harvey Pekar quien de la pauta de lo que quiere transmitir y ellos son solo el instrumento para llevarlo a cabo.
Después de la película realizada en 2003, siguieron haciendo los cómics, incluso la novela gráfica ‘Our Movie Year’ tratando sobre sus experiencias al realizar esta película. De sus últimos trabajos incluyen una reflexión sobre su judaísmo en ‘Not the Israel My Parents Promised Me’, y un tratamiento sobre su ciudad en ‘Harvey Pekar’s Cleveland’, donde se impone su forma de ver las cosas que no necesariamente son del todo populares. Antes de su muerte el 12 de junio de 2010 dejó otros trabajos empezados que su esposa se encargaría de editar, con quien vivió hasta su sobredosis accidental mientras seguía tratándose del cáncer que por tercera vez lo acechaba.
El personaje de Harvey Pekar no es el de una persona agradable, eso está muy claro, pero no es posible dejar de sentir empatía con él. El mundo que nos rodea puede ser muchas veces muy monótono y encontramos en pequeños vicios una manera de escapar de ello. En un principio solo era el Jazz, pero cuando Harvey decide relatar su estilo de vida plebeya en los cómics que escribe es como termina de reivindicarse. Las frustraciones en el trabajo, riñas con amigos, los conflictos de pareja e incluso la batalla contra el cáncer que Harvey llega a tener y aquí se retratan son situaciones tan comunes y banales como la vida misma. La vida de cualquier persona.
Escrito para el Taller de Análisis Cinematográfico impartido por el Maestro Juan Alberto Apodaca en la Facultad de Artes de la UABC Tecate
Ahora que ya tienes una disciplina y sales a correr rutinariamente y además de inscribirte a carreras te conviene ir midiendo tu progreso. Sí es entendible (y recomendable) correr por el simple gusto sin preocuparte cuanto llevas o que tan rápido. Pero como todo en la vida, si no hay manera de medir algo no hay manera de mejorarlo.
¿Qué se necesita? Básicamente:
Medir distancia
Medir velocidad
Rastrear ruta por GPS
Garmin (o TomTom, Timex y otros GPS de pulsera)
He visto que es la opción que prefieren los corredores profesionales y tiene sentido pues solo lo llevas en tu muñeca por lo que es muy ligero, además de que las mediciones siempre son más confiables. La desventaja es que casi siempre los encuentras en más de 150 dólares.
Fitbit (o Jawbone Up y otros medidores de patrones portátiles)
Además de medir todo lo anterior te ayuda a rastrear todas las actividades de ejercicio durante el día. Algunos ofrecen opciones más completas como rastreo de tus hábitos de sueño. Por su diseño muy pequeño lo puedes colgar de tus tenis o colocarlo en una pulsera que se vende por separado. Lo encuentras por unos 99 dólares.
La app que instalas en tu celular te ayuda a registrar tus entrenamientos y te va diciendo cuando superas tus mejores marcas en atractivos anuncios que puedes compartir en Facebook. En lo personal me parece confuso por usar «puntos» para sus mediciones en lugar de centrarse en el kilometraje (o millaje) recorrido o velocidad. Ésto a algunos les parece más simple para compararse con otros pero bueno, es cuestión de gustos. Además es la única app cuyo portal se enfoca principalmente en productos Nike que comprar en lugar de tus corridas o las de tus contactos.
Son apps gratuitas soportando el registro de tus mejores tiempos en carreras, distancia recorrida y algunos de ellos con extras (premium) para registrar otro tipo de cosas para lograr tu bienestar en forma. Todos ellos con muy buen soporte para comparar tus ejercicios con tus contactos y compartirlos en Facebook. En algunos de ellos puedes sincronizar con una banda de medición de ritmo cardiaco (vía bluetooth) para que te esté alertando cuando debas bajarle.
Mi preferido desde que empecé a correr, además de registrar todo lo anterior tiene una base de usuarios de todo el mundo por lo que puedes comparar tu desempeño fácilmente con alguien de tus características. Los retos mensuales son motivamentes para competir con tus contactos y ver su evolución a través del tiempo. La característica premium de los planes de entrenamiento se sincronizan con tu cel para que no te pierdas de correr lo que te tocaba hoy para lograr la meta que hayas configurado. Acepta múltiples maneras de importar datos de tus ejercicios de otros dispositivos o cuando anduviste «fuera de línea» haciendo la integración muy simple. También es muy útil para conocer nuevas rutas (en tu ciudad o cuando estás fuera) pues la extensa base de usuarios comparten rutas todo el tiempo, llevándote a tener entrenamientos más informados cuando hay dudas de por donde irte.
¿Quieres hacer tus entrenamientos más interesantes? Imagínate que vas corriendo pero de repente escuchas muy cerca de tí gruñidos de los no vivos, así que hay que correr. Tienes que hacer caso a las indicaciones de las misiones para seguir la historia y en tu corrida recopilar víveres y luchar por tu supervivencia. Si los zombies se acercan mucho puedes perder estos víveres así que tienes que correr más rápido y regresar a la base. Es un poco caro dependiendo de la plataforma que uses pero sin duda muy interesante.
Como ves, éstas son solo herramientas para apoyarte a mejorar. Comparando registros a lo largo del tiempo te puedes dar cuenta de tus mejores rutas, de entrenamientos más apropiados, o tu mejor manera de prepararte para alguna carrera próxima. Aquí lo primordial es que estás compitiendo contigo mismo y con estos registros es la manera de comprobarlo. Prácticamente todas estas herramientas tienen la característica de compartir en tus redes sociales tus logros y entrenamientos, solo configura un poco quien puede ver esto para evitar abrumar a quien de plano no le interese. Y a quienes sí abrumas, siempre pueden bloquear la aplicación y listo.
La mejor app o dispositivo que uses solo tienes que tener presente para que lo quieres aprovechar ¿para mejorar tus tiempos? ¿rastrear tu desempeño? ¿compararte con tus colegas? ¿hacer nuevas amistades? Todo se vale, ¿cuál recomiendas tú?