Iba a publicar, incluso empecé a escribir, algo sobre los recientes hechos que nos han llenado de indignación como mexicanos. Era algo sobre mi opinión de que todos tenemos la culpa de todo y no por cambiar al titular del ejecutivo federal de la noche a la mañana cambiarían las cosas, algo así. Pero terminé de leer el ‘Mis Confusiones’ de Eduardo del Río (Rius) y me quedo con su reflexión de su «México particular» donde tal cual siento que sus palabras reflejan mi pensar. Aquí reproduzco (con énfasis míos) un fragmento sin permiso del autor ni su editora:

«…ESTE POBRE PAÍS YA NO TIENE REMEDIO. Todavía no resolvemos el viejo problema del indio, el dueño de este país, ni el viejo problema de que todavía sigamos (o sigan) adorando a los santos y las vírgenes que nos impusieron los conquistadores, haciéndonos renegar de nuestro pasado. Y mientras no resolvamos es problema, no se va a resolver lo demás. Que es nada más la corrupción generalizada, la ausencia de democracia y de justicia, el fracaso del sistema educativo, la impunidad de los gobernantes y asociados, el problema de los migrantes, el desastre de nuestro campo, la ausencia de la industria nacional, la idiotez de las grandes televisoras, la discriminación, los abusos del ejército y la policía, la inexistencia de una planificación de la economía, el entreguismo hacia Estados Unidos, el constante aumento de la pobreza, la mediocridad de las universidades, el problema de la obesidad, el cinismo de la clase política, la entrega de la soberanía, el creciente analfabetismo, la deforestación de nuestra geografía, la entrega de la banca al extranjero, y otros problemas igual de gordos que llevan sin resolverse…
«¿Por dónde empezamos a tratar de cambiar este país, díganme ustedes? Tenemos pendientes desde hace sexenios una reforma política de a de veras, que no pase por los partidos políticos, que se han convertido en una burla a la despistada ciudadanía. El desempleo, la falta de un sindicalismo auténtico, la cada vez más grave desnutrición, la entrega de nuestras riquezas mineras al capital extranjero, la contaminación de nuestro ambiente, el abandono de nuestros ríos y lagos o la ya casi eterna guerra (fallida) contra el narco… ¿voy bien o me regreso?
«Y les sigo preguntando: ¿por dónde empezamos? El horror del sistema carcelario, el otro horror de la violencia contra las mujeres, la creciente prostitución de las casi-niñas (y niños) o la imparable alcoholización de nuestras mujeres. Sumen ustedes todos los problemas que esperan solución y se pondrán tan pesimistas como el que esto escribe. Pónganse a pensar que la solución a la mayoría de esos problemones está en manos de quienes los han provocado, relegado, detenido o echado de un lado, en el archivo del olvido y del ahí-se-va. Ni modo que esperemos que los políticos resuelvan algo, si ellos son uno de los problemas. Necesitamos otra clase de gobernantes. Otro sistema de gobierno. Otro tipo de sociedad. Nada más (y nada menos).
«Por ahí deberíamos empezar, pero. . . ¿como le hacemos para  tener otro tipo de gobierno, que de veras emprenda los cambios   necesarios? Necio que soy, insisto en señalar que mientras no resolvamos el problema indigenista con todo lo que eso conlleva, no tenemos futuro como país. Seguiremos siendo una sociedad que se niega a sí misma y que prefiere refugiarse en la política del avestruz «cristiano» para no ver el problema. Seguimos viviendo de espaldas a nuestra realidad, haciéndonos de cuenta que rezándole a la Guadalupana Morenita de Tepeyac se nos van a resolver nuestros problemas y nos va a mejorar el futuro. O peor todavía, creyendo que la clase política nacional va a cambiar así porque sí y se va a dedicar a sacar al país del hoyote en que estamos metidos…»

Aclaro una vez más, es un fragmento del último libro de Eduardo del Río García (impreso en junio del 2014, sí, antes de todo lo que pasó).

 

 

3 comentarios sobre “No tenemos remedio

  1. Lo que comenta Rius es un poco utópico, tenemos un gran peso de la historia que no podemos cambiar por decreto, tendrán que pasar generaciones para llegar al cambio que propone, pero también si nos remitimos a la historia, tendrá que haber una gran convulsión social que seguramente tendrá que haber violencia para un cambio significativo.

    También está la presencia del imperio al norte de nosotros, ellos tienen el México que les conviene, así está diseñado ¿cómo alejarnos de eso? Tendría que caer también ese régimen y sí los vislumbro dentro de algunos años.

    Solo podemos desear que nos toque alguna revolución y que nuestros hijos tengan el beneficio del mismo.

    1. ¿Utópico? es lo más pesimista del mundo, no puse la parte final porque compete más a los temas tratados en el mismo pero básicamente él tira la toalla y se da por vencido y se da cuenta que no tenemos manera de remediar al país de *todos* estos problemas.
      Por lo que lo puse es porque a quienes le estamos exigiendo que los resuelvan, son ellos mismos una parte de los problemas, no se puede así.
      Y la historia es eso, los cambios realmente drásticos solo se han dado a través de la violencia. Que no es deseable tampoco.

      1. Tiene razón, lei con más detenimiento el texto, es sumamente pesimista y no hay razón para no serlo.
        Pero por otra parte piensa, lo que pasó en Ayotzinapa y como reaccionó el país sí ha provocado que renuncie un gobernador, probablemente renuncie el procurador general de la república, tiene al presidente encasillado y titubeante.
        No sé, a lo mejor esto es un parteaguas para que algo bueno suceda, quizá no toda la solución, pero un buen comienzo.

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