‘Tijuana’ es una serie de 11 episodios sobre un semanario ficticio llamado Frente Tijuana y la lucha de sus periodistas por encontrar la verdad detrás del asesinato del candidato independiente a gobernador que lidera las encuestas. Intenta retratar el trabajo investigativo de periodistas aguerridos en medio del caos de una ciudad como Tijuana. Esta producción de Netflix, Story House y Univisión (quienes trajeron para tí la serie de ‘El Chapo’) cuya mayoría de sus episodios son dirigidos por Hammudi Al-Rahmoun Font, retoma varias anécdotas del semanario Zeta de Tijuana para enriquecer la historia que intenta contar. No me preocupa que se diga de Tijuana todo lo malo que es (y lo es) sino la muy pobre atención al detalle que refleja este trabajo.

Esto no es el Zeta
La serie sigue el camino de crecimiento y errores de Gabriela Cisneros (Tamara Vallarta) abriéndose paso en el periodismo siguiendo la nota del asesinato. El director del semanario Antonio Borja (Demián Alcázar) aparece como el director a veces necio, pero denotando los años de experiencia que lo han colocado como un pilar del periodismo en la ciudad. En un hilo narrativo que no llega a ninguna parte aparece «El Pantera» (Roberto Sosa) en la forma de entrevista en videos que el hijo del director consulta para hacer un documental sobre él y su asesinato ocurrido hace un par de décadas. La trama pasa por problemas de narcotráfico, trata, corrupción política y otros temas ya sabidos de esta frontera. Los paralelos con el Zeta son claros, el Pantera es el «Gato» Félix de cuyo asesinato se culpa a Mueller (una especie de Hank Rhon interpretado por Rodrigo Abed) y con quien el hijo de Borja desarrolla una amistad enfermiza. Donde no tiene similitud es en la investigación de la narco política bajacaliforniana que le costó a Blancornelas dos atentados y cobró la vida de su escolta y de Francisco Ortiz Franco en su momento. No tuvo porque ser un reflejo de la vida real y al final fue decisión de quien escribió ‘Tijuana’ no incluir esta parte de la historia pero es justo esto por lo que Zeta es reconocido a nivel mundial, simplemente me parece raro.
Esto no es Tijuana
De ninguna manera me estoy quejando de la «leyenda negra» de Tijuana que series como ésta perpetúan, a final de cuentas es una realidad y existe. La queja es en la pobreza del guión y la manufactura. Se les olvida por ejemplo que ese tamaño de tanques de gas simplemente no se usan en Tijuana. O por alguna razón una mujer que figura de prestanombres su trabajo de día es en Luz y Fuerza (¿va y viene al centro del país?) En un par de escenas se les escapan las placas de la Ciudad de México en los carros. Y hablando de esto, ¿porqué es tan importante hacernos saber que Gabriela pone la alarma a su carro tantas veces? perdón, «coche» como se refiere ella y Lalo a estos vehículos. Batallé tratando de reconocer alguna de las calles que figuran en sus escenas, y simplemente parecería que no filmaron ningún actor en esta ciudad con sus contadas excepciones. Claro, quien manejó el dron realizó muy buenas tomas aéreas para los títulos pero muy pocas escenas veo en exteriores donde sí reconozco a Tijuana.
Es el guión
Diálogos rayando en lo melodramático de «¿porqué nadie piensa en esta gente?» «debemos luchar por la verdad» y así por el estilo de programa unitario de media tarde. Como consumidor de un producto de entretenimiento es mi deber suspender la realidad un rato en ciertos casos, por ejemplo, de hacer de cuenta que existe un sindicato que vela por los derechos de trabajadores de maquila. Pero es demasiado esfuerzo, lo siento. Y (spoiler) la manera como resuelven el caso es lo más alejado posible de un trabajo de investigación periodística, ¿cómo una foto fortuita en un evento aleatorio donde aparece la candidata con uno de los sospechosos es la resolución del caso? Incluso debaten en el equipo de trabajo que es algo basado en suposiciones muy extremas ¡y aún así deciden ir a la imprenta con esa historia! Sabemos de la fama de amarillismo del Zeta (ok, olvidémonos del Zeta que no es la historia de este semanario, pero aún así hablemos de un periódico cualquiera) de ahí a publicar conjeturas basadas en nada hay mucho trecho.
En conclusión, me hubiera gustado que se llamese «Tinta Roja» como se referían a esta serie mientras estaba en producción, englobar con su nombre a la serie con el de esta ciudad o como dijeron a manera de homenaje a la labor periodística de este país me queda mucho a deber.