Brincando entre roca y roca en una de ellas no alcancé a subir bien el pie y ¡pum! el dolor fue contundente y directo. Imagínate que vas por la calle y le das una patada a la pared nomás porque sí, justo así fue. Sentí ahí mismo la pérdida de mi uña del dedo gordo del pie derecho. Pero aún faltaban 8 kilómetros aproximadamente.
Siempre uno se emociona con los retos a los que se registra, y este Noble Canyon mis amigos que ya lo habían corrido me habían dejado muy buena impresión por sus experiencias en él. Así que este año prácticamente en cuanto se abrieron las inscripciones me registré y fue buena idea porque en muy pocos días se llegó al límite de 260 corredores en estos 50 kilómetros en la zona de Pine Valley (muy cerca de Mount Laguna) del este de San Diego CA.
Este año, y mucho tuvo que ver encontrarme con Aleyda Limón en una corrida casual vespertina, decidí no participar mucho en las carreras de fin de semana. Los entrenamientos los programé de acuerdo a un plan que seguimos Marco, Mayo y yo (aunque menos religiosamente que de costumbre) cada quien como pudiera y cuando pudiera. Afortunadamente hubo de todo. Pude entrenar con Isabel y Adán en un calor mayor a 34ºC subiendo y bajando el Cuchumá (ascendiendo de 550 a 1191 metros sobre el nivel del mar) y un par de semanas después además con Paulina, Martha, Chain, Marco y Mayo ya con un clima más cómodo. Me dí mi vuelta por la zona donde el club Linces tuvo su carrera recorriendo las faldas del Cuchumá del lado mexicano y más atrás del ISSSTECALI a la orilla del Río subiendo piedras y entrenando la tierra. Me escapé también por Tanamá a Las Auras que aunque eran más cómodos los ascensos (682 a 952 msendm) sí eran retadores y largos para distancia en terracería. La mejor parte a mi parecer fue recorrer tramos del Pacific Crest Trail cercanos a la frontera con México en Campo, CA que son senderos y veredas muy similares a los de la ruta de la carrera de los 50K de este Noble Canyon. Además de vistas preciosas a todo el largo y ancho de cualquier punto de este trail, tiene los elementos de roca, ganancias en altura y tramos estrechos por donde pasar.
Tuve una infección en la garganta dos semanas antes del reto que me dejó imposibilitado de salir a entrenar por semana y media. Antonio atribuye mi resultado a este descanso que necesitaban mis músculos que permitieron que rindiera muy bien en el #NC50K, pero mientras tanto yo me sentía desesperado, me inquietaba mucho estar cerca de la fecha de la carrera y no poder siquiera estirar las piernas. El médico me inyectaba y recetó antibióticos pero no terminaban de componerme y ya sentía la presión encima. Fue tanta que simplemente un par de días antes decidí correrla a mi modo, sin riesgos, sin buscar ningún tipo de marca de nada con el fin de terminarla en buen estado.
Así llegó el día sábado 17 de septiembre y no pude dormir para nada la noche anterior. Mi alarma estaba para las 3 de la mañana y a las 2:20 decidí levantarme para bañarme, preparar algo de comer y estar listo. Y así me fuí. Como siempre y todas y cada una de las veces que tengo un evento importante tenía la sensación de que algo se me había olvidado pero no lograba atinarle. Cuando llegué a la garita de Otay presentí que era que olvidé irme por la fila del Ready Lane pero fue mejor para mí pues en la fila «normal» solo tenía 3 carros enfrente y pasé sin mayor complicación (ni me dirigió la palabra el agente de inmigración). El camino fue largo, pensaba en que estaba fresco, y con eso me seguía convenciendo a mí mismo que nomás le diera para terminar la carrera aunque seguía con las ansias de que empezara ya.
Llegando saludando a todo mundo, ya estaba Marco y Sandra ahí, todos con frío. Poco a poco fueron llegando la enorme cantidad de corredores de la Baja California que alcanzaron a inscribirse y el ambiente era muy mexicano, con todo y bandera que alguien tenía. También los apoyos como Ninfa, Verito y su hijo, los demás Baja Trail y otros voluntarios. Iba saliendo poco a poco el sol y entre foto y foto, abrazos y buenos deseos ni me di cuenta que ya había empezado y salimos.
En esta primer parte del trayecto es correr en una carretera que le comenté a Mary Aldaco que no me iba a gustar correrla de regreso. Y algo que fue muy notorio ya que iniciamos la escalerita para el primer ascenso (no es muy sencillo rebasar a nadie por más «excuse me» que digas) es que todo mundo iba callado, concentrado, enfocado. Eso está muy bien pero me enfadé y como al kilómetro 6 y en un estrecho donde alcanzas a ver la vuelta de la fila de corredores enfrente de tí alcancé a notar a Paulina e Isabel y grité el «¡HAY NARANJAS!» para darle emoción al asunto pues, aunque percibí un «que pena con las visitas» en su expresión jaja.

Llegamos al primer punto de abastecimiento adyacente al Pine Creek Rd. y los voluntarios aunque muy apurados con que siguiéramos nuestro camino pues había que aprovechar el clima que aún estaba fresco. Y tenían razón porque yo recordaba en mis mapas que tenía preparados que a partir de este punto seguía un ascenso casi sin descansos de 1173 a 1710 metros de altura. Y aquí agarré la onda, éstas tablitas y mapitas con los puntos de hidratación, alturas y tiempos de corte fue lo que olvidé en casa. Pero bueno, al menos lo había estudiado más o menos bien y recordaba lo más importante.

Así que empecé a administrar mis energías para enfrentar estas subidas. Ahí en medio de este bosque de pinos enormes al lado de arroyuelos me pasó Marthita cantando muy campante con sus poles, y ahí busqué alguna rama seca que encontrara que me sirviera de bastón. Y así por fin llegamos a Big Tree donde seguía sintiendo hambre a pesar del sándwich de manteca de maní y jalea de fresas que desayuné antes de salir. Aquí pude complementar con papas fritas, galletas, pretzels y tomé un gel sabor Mocha con buena dosis de cafeína que me gustó bastante, por cierto.
Todo aún muy bien con estas subidas aunque ya empezaba a sentirse el calorcito. Hilda, una TX8 que ya es veterana en Noble me vió preocupada por mi bastón y me ofreció Advil por si tenía alguna molestia. Le comenté que mis poles los tengo en casa y no había problema, simplemente uso ramas secas prácticamente siempre que subo alguna montaña. Pude platicar con Erica también que estaba haciendo por primera vez sus 50K y se miraba muy fuerte. Y así conversando con ellas seguimos amplios kilómetros enfrente hasta llegar a Penny Pines donde felicité por su esfuerzo como voluntario a Matt (así nos lo habían pedido antes de salir) y curiosamente todo mundo se quedó extrañado por mi gesto. Aquí seguía con hambre y después de una papa cocida llena de sal hasta tomé un pedazo de sándwich que había en el buffett. Como siempre agradecía a todos, daba mi número para que no hubiera pérdida de control y seguimos el camino.

Nos alertaron de que serían los más calientes kilómetros pues no tendríamos la protección de los árboles pero la verdad lo disfruté mucho, simplemente por las vistas a los cañones y laderas de las montañas. Además hacía un viento muy frío que aminoraban la temperatura. Yo seguía con mi mapa mental de que estos kilómetros al menos no serían tan preocupantes las subidas y así fue hasta llegar a la zona donde topas con el punto de abastecimiento pero tienes que subir alrededor de una milla y regresar. Aquí tuve oportunidad de toparme con Claudia, Juan y otros amigos que hice durante el recorrido para desearnos buena carrera y darnos cuenta que todos seguíamos en buen estado.
Regresando al punto de abastecimiento de Pionner Mail tuve un recibimiento de lo mejor con Karina que me aplicó agua helada en la cabeza que se sentía como la gloria misma. Aquí estaban el resto de los camaradas de Baja Trail que fueron a apoyar y aquí me convenció Antonio cuando mencionó que me quitara de cosas y me creyera que estoy en buena forma para correr esta carrera. Esto porque ya estábamos en el kilómetro 27 y medio y me sentía bastante bien. Agradecí los buenos deseos y así me lancé para lo que seguía y al despedirme de Adán que estaba también apoyando me dí cuenta que ya era el kilómetro 28 y apenas salíamos de ahí. Aquí haciendo cuentas me dí a la idea que tendríamos que hacer finalmente un kilómetro más, pero eso lo corroboraría hasta llegar a Big Tree de nuevo que sería el punto donde vuelves a pasar por la misma ruta y la vuelves a recorrer pero de regreso; apenas así estaría ya más seguro de estos cálculos.

De acuerdo a mi mapa que tenía en la mente aquí seguían unos cuantos kilómetros tronadores porque había subidas un poco más largas aunque no con tanta pendiente. Aquí rebasé a Juan que seguía sintiéndose bien pero a paso más conservador. La vista seguía siendo espectacular por la distinta vegetación de esta zona de la montaña y los senderos eran más estrechos, pero por fin regresamos a Big Tree y corroboré mis temores, en este punto aún faltaban aproximadamente 15 kilómetros y sí, tendríamos que hacer un kilómetro más. Yo me seguía sintiendo bien y de hecho prefería que fuera un kilómetro más en lugar de un kilómetro de menos así que ya lo asumí como parte del reto. Rellené mi mochila que ahora sí se me había acabado el agua, tomé un par de sorbos de Coca Cola, Mountain Dew y Ginger Ale (no se porqué se me antojó tanto) y continué.
Aquí ya el sol estaba muy arriba, seguía por los pasadizos en medio del bosque alrededor de riachuelos y estaba todo precioso. Conversaba con una americana y un chicano que ya tenían experiencia corriendo en la montaña pero me preguntaban por el #ubt50K de Baja Trail y les dije la verdad «it’s brutal, but great!» Y es que también cuando rebasamos a Mayo en este caminito recordé cuando el XGabriel nos dijo que si ya hiciste el UBT, Noble es un «walk in the park» y sin ánimos de falsa modestia, pero hasta este punto con casi 40 kilómetros recorridos yo lo sentía así. Y bueno, solo como anécdota les comenté que son pocos los americanos que hacen el ultramaratón de la Baja y que lo repiten el año que sigue.
Aquí ya estábamos por llegar a Pine Creek de vuelta y fue en este recorrido lleno de rocas enormes y escalones de piedra que me dí el porrazo pateando una piedra sólida en seco al no subir bien el pie. Me gusta mucho el agarre que tienen mis Speedcross 4 pero sí recordé porque usaba casquillos en las botas que portaba cuando tenía 20. No era un dolor que me impidiera continuar pero sí sentí que bajé el ritmo. Con esto, ya con el calor encima y aún con el cansancio natural hasta ese momento me dí cuenta que a pesar de todo quizás sí haría el tiempo que Ultrasignup me proyectó cuando me asignaron el número. Y eso me dió mucha satisfacción y me impulsó más a seguir adelante. De hecho en el punto de abastecimiento solo les pedí me remojaran la cabeza y las piernas con el agua helada y no quise perder mucho tiempo aquí. Estaba muy entusiasmado.

Aquí estuvo engañosa la ruta pues yo recordaba perfectamente que el punto más alto antes de iniciar el descenso ya enfilando a la meta era de 1283 metros. Pero no pasábamos de subidas y bajadas de 1170 que me hicieron dudar si no me habría equivocado de numerito pero seguíamos subiendo y bajando y enfrente de mí una pareja de plano me dejó pasar porque no me podían aguantar el ritmo (digo, no iba para nada rápido, como 9 minutos el kilómetro) pero estaba en mejor forma que ellos. Pero no, mi memoria no me falló y hubo una cuesta que seguía ascendiendo hasta que llegamos a los 1279 más similares a lo que yo recordaba y ahora sí, ya iba para abajo.
A poco menos de 4 kilómetros de la meta podía ver el Bible Camp y se miraba tan cerca y tan lejano que yo nada más me emocionaba. Estaba un señor ya mayor que no se dejaba rebasar que incluso me decía que le avisara si necesitaba pasarlo. Pero no, le dije, a este ritmo vamos muy bien. Ya más abajo, donde precisamente empieza el Noble Canyon Trail lo perdí de vista, fue de los que se siguieron derecho por la carretera e hicieron más de 700 metros extras. Yo hice caso a mi instinto y no dejé nunca de perseguir los listones naranjas y por eso no lo seguí. Y aquí mis temores iniciales fueron acertados, sentí pisar el asfalto como un martirio a la planta de los pies y lo peor es que era como una milla para llegar. Enfrente de mí iba un par de chicas que iban muy emocionadas por terminar su carrera pero una de ellas desistió pero no dejó de apoyar a su amiga: «you can do it Gloria!» le gritaba y pues yo también le animaba y al verme cerca le daba más duro y yo lo único que quería era terminar.
Al fin llegamos a la entrada del Bible Camp donde volvíamos a pisar terracería y ya no cabía en mí mismo. Ya estaba extasiado y como acostumbro levantando los brazos emocionado y gritando. Al ya ver la meta y la rata colgada alcancé a ver a Karina y a Isabel que ya había terminado y yo me sentía muy contento de lograr estos (finalmente 51) kilómetros. Pero quien sabe porqué, no quise para nada besar a la rata, una especie de ritual que tienen los Bad Rats en esta carrera. Todo mundo felicitaba y gritaba y por fin me dieron la preciada (y pesada) medalla del Noble Canyon 50K.

No digo que no tenga su nivel de dificultad, lo tiene, y no es un reto que se debe tomar a la ligera porque a final de cuentas cincuenta kilómetros son cincuenta kilómetros. También resultó en la temperatura más agradable en los diez años que se lleva haciendo esta carrera que históricamente para mediados de septiembre se da el calor más intenso de todo el verano. Pero agregando todos estos factores a nuestro favor, es simplemente que cuando te preparas, haces tus entrenamientos, tienes el apoyo de tus amigos y compañeros, las cosas suceden.

Haaa que curada leerte, de tu golle en la piedra, hasta acá lo sentí, igual traigo una uña un poco morada pero de abajo muy extraño…. Me hiciste revivir el fin pasado, oye pero nunca te hicimos caras de «hay naranjas o si?? jajajaja…
Abrazos amigo! Super buen trabajo!!!
jejeje, fueron risitas tímidas, es que todos callados como que daba pena… pero a mí no 😛
Qué padre toda la narración de tu experiencia, Gabo! Como le había dicho días antes a Isabel Mata: «Les va a tocar un clima envidiable en el ultra, pues estará fresco si comparas al clima con que cada año se corre el NC», y qué bueno que así fué. Al igual que tú, prefiero que sobre distancia en vez de que falte, que la medalla indique tus 50 kms, y concuerde con lo corrido, y no 49 kms por ejemplo. ¡Qué bueno que fue disfrutable el recorrido, tal vez regreses para el 2017!
gracias Héctor, sí oye, después de casi 50 kilómetros me hubiera dado el patatuz, o como en el #ubt que terminando me fuí a completar los 50 con unos 600 metros adicionales en el estacionamiento.
seguramente me inscribiré para el 2017, a ver como nos va