Recuerdo vívidamente una explicación de lo que es democracia de mi maestra de Ciencias Sociales en tercer grado de secundaria. Ella nos decía que en la escuela se nos enseñan muchas cosas que no necesariamente están en un plan de estudios pero que son cosas que se deben aprender. De ahí la importancia de esas materias que nosotros llamábamos Taller pues se nos enseñaban oficios más o menos artesanales como electricidad y carpintería para los niños además de cocina y corte y confección para las niñas (aunque nunca faltaba quien le gustaba estar en el taller que no le «correspondía» a su género, y ahora que recuerdo nunca había burlas ni nada por el estilo para la niña que iba cargando electrodos para soldar ni para el niño que cargaba sus pasteles, pero bueno, es otra historia eso).
«¿Y cómo les enseñamos sobre las elecciones? ahí está el certamen de Señorita Simpatía.» No lo matizaban como concurso de belleza como tal, y afortunadamente en esta secundaria no se trataba de quien recaudara más dinero en efectivo (afortunadamente, si así hubiera sido tendrías que aguantar este arrebato de opinión personal en otro tono :S). A la vista de todas las candidatas se contaban todos los votos en total transparencia. Vaya, me decía yo, si esto es la democracia, está muy bien, no hay pierde y todo mundo sabe exactamente si perdió y porque perdió. Pero en estos concursos también lo que recuerdo muy claramente es que yo sabía perfectamente por quien votar nada más empezando las campañas, pues siempre sabía quien de las niñas me caía mejor desde antes. Muchas veces no concordaba con el resto de mis compañeros y de hecho fue muy doloroso para mí ver que en una de esas mi candidata solo alcanzó 4 votos, uno de ellos el mío. Y ¿porqué perdió tan abrumadoramente? Nunca dió quequitos (todavía no los llamaban cupcakes), paletas, dulces, ni nada de ningún incentivo para que votaran por ella. Desconozco si no tuvo apoyo de sus amigas, de su salón o su casa, simplemente nunca la ví regalando cosas.
Muchos años después descubro que efectivamente estas enseñanzas de secundaria encuadran perfectamente con la realidad. Me atrevo a apostar que esta maestra de Sociales sabía perfectamente las implicaciones de todo el proceso, con todo lo que la igualdad de condiciones en campaña significan (las pregonadas en papel y las reales).
Entonces ¿qué es la democracia?
Pues es precisamente eso, el ejercicio electivo entre pares, libre y respetuoso del voto. Por lo cual si tu elección no queda, pues no queda mas que aceptarlo, aún cuando tengas argumentos de que el ganador no lo amerita. La democracia es más «perfecta» en cuanto mejor refleja la decisión de la mayoría y no por el buen juicio, la madurez o la inteligencia colectiva que ésta tenga al tomar sus decisiones. Es pues, un ejercicio de cantidad y no de calidad en la elección. En ese sentido tal vez tengan razón quienes opinan que sólo deberían votar aquellos que sean cultos y con una madura conciencia cívica, pero independientemente de la dificultad de medir esas cualidades, se estaría incurriendo en elitismo y por ende en una especie de aristocracia. Por lo que, o dejamos de valorar la democracia o la aceptamos con todo y que conlleve a que un pueblo elija libremente a su salvación o a su condenación. (Hitler, entre otros dictadores mesiánicos recientes, llegaron al poder democráticamente.)
Lo otro que podríamos hacer es promover la democracia responsable sobre la democracia simple o «sin adjetivos», para después diseñar los mecanismos que la aseguren, pero esa es otra historia.
Bueno, lo de que ganaba la mayoría y que no necesariamente tenga que coincidir conmigo siempre me quedó claro. El argumento aquí es que no tenemos igualdad de condiciones y por lo tanto no siempre es un voto pensado o analizado. Cuando me dicen que votaron por X o Y partido para agradecer las láminas de aluminio que le llevó el candidato o para que vuelvan a invitarla al festejo de día de las madres donde se sacó un refrigerador me recuerda mucho lo de los quequitos de la secundaria.
Lo de Hitler fue un hábil caso de jugarretas políticas que devinieron en su ascenso al poder, y ya adentro con la estructura del Estado a su servicio pudo ratificar con las urnas su estadía. ¿A qué me recuerda esto?
Gracias por tu opinión, muy buen comentario.
Las elecciones es una parte importante de la democracia, pero no lo es todo. La participación ciudadana no debe terminar en las urnas, hay muchas cosas que se pueden hacer para que nuestros «representantes» realmente se conduzcan en beneficio de la mayoría. El sistema no es perfecto, de ninguna manera.
Las elecciones siempre han sido un concurso de popularidad, los electores no les importa las ideologías, propuestas, plataformas, etc. Por lo tanto, los candidatos se enfocan en los regalitos, despensas, etc. y promesas vagas.
Pero, bueno, es mejor que una monarquía.
Claro, las elecciones son una minúscula parte del sistema político, casi ni siquiera tan importante.
¡Qué bonita reflexion Gabo! Ya se gestaban los principios que ahora rigen tu vida.
Y qué bonitos tiempos donde las cosas se ganaban por ser quien eras y no se compraba a la gente con dinero ni regalos. Me recordo a mi pequeña Camila cuando participo para reina de la parroquia a la que algun tiempo asistimos. Todo era ver cual de las niñas recababa mas dinero para donarlo a la iglesia. Claro como nosotras solo contabamos con el dinero recaudado de la venta de un puestecito que arme en las fiestas patrias de hot dogs pues ella perdio asi como tu candidata de la Secu: rotundamente. Definitivamente en la infancia recibimos todas las lecciones que nos van formando.
¡Saludos!
Es curioso pero sí, la formación que uno recibe desde muy chico tiene repercusiones a lo largo de la vida. Así uno se explica la educación (o falta de) de muchas personas que uno conoce como adultos.
Pues ese es el punto. Actualmente en ninguna parte se dicta que la democracia deba ser de otra manera, es un juego de popularidad y por ende las jugarretas como les llamas es el pan de cada día. A algunos nos purga eso pero así son actualmente las cosas. A la gran mayoría les importa un bledo hacer una elección responsable porque no lo contempla el actual sistema, por lo que solo se increpan cuando no gana su candidato, pero cuando gana así sea con jugarretas están orgullosos de la capacidad estratégica de su líder. Los políticos lo saben y por eso como jugadores de este juego hacen sus movidas que aunque nos parezcan cochinadas a algunos, son parte implícita del juego. Así que con el actual modelo de democracia que no nos sorprenda que los Hitlers sigan llegando al poder…