Por meses los entrenamientos organizados por Adrián y Susie nos estuvieron preparando para lo que vendría. Pero ya en el día de la carrera todo puede cambiar, o al menos la percepción es distinta. Lo que más me preocupaba a mí precisamente eran los tiempos de corte así que tenía que tener muy presentes los horarios. No iba a sacar un súper tiempo, lo que quería era terminarlo. Después del año pasado que tuve que abandonar en el km 28, éste ultramaratón representaba un reto mayor. El día comenzó… mal. Quería desayunar razonablamente pero después de dos mordidas a un plátano no sentí muy bien mi estómago. Así que empaqué el resto del plátano y el sándwich que había hecho para comérmelo antes de empezar la carrera. Pero a la hora de lavarme los dientes todo se me revolvió y tuve que agacharme a abrazar el escusado :S No quise que esto fuera una excusa para desistir y así partí al Rancho Casián.

Berrendos en el Ultra

Llegué a las 5:40 y ya estaba todo el equipo de Baja Trail Endurance & More ya con todo organizando a los voluntarios, los garrafones de agua, los abastecimientos, todo perfecto. Poco a poco empezaron a llegar los demás corredores y la camaredería y buenos deseos de todos para con todos daban mejor ánimo, pero los nervios en todos eran muy palpables. Con Marthita y Mayito hice unos ejercicios de estiramiento súper efectivos que me quitaron un poco los nervios. Luego que fueron llegando todos los Berrendo pudimos ahora sí tomarnos la foto del recuerdo de los que participaríamos (aunque todavía no llegaba Picos). Así entre saludando a todo mundo y deseándonos lo mejor, de pronto el sonido a cargo de Raymundo Ramírez solicitaba a Antonio Ríos a dar el banderazo de salida no sin antes dar la última plática de orientación. Y así empezamos.

y faltaba
solo lo primero, y lo que faltaba

La primer sorpresa fue una vuelta rodeando el Rancho Casián para ahora sí enfilar rumbo al camino de terracería que nos llevaría al primer cerro. Los ánimos ya estaban encendidos pero al menos yo me quería guardar y las subidas por más pequeñas que fueran quería caminarlas. Esta primer vereda era tranquilita con un camino perfectamente marcado y todavía con mucha compañía que entre todos nos dábamos ánimos. Llegamos al primer puesto de abastecimiento (Isengard) con todavía neblina en el cielo por lo que el sol no era problema. Había que tratar de comer una papa cocida y unos trozos de sándwich para compensar pero todavía tenía el estómago revuelto :\

Corredores enfilando a la Meseta

Salimos así subiendo las jorobas de las cuales detesto las piedras sueltas pero bueno, se trataba de asumir esta parte del reto también. Ya bajando de ahí Raúl Nuncio quien se había apuntado como voluntario daba los primeros gritos de aliento a todos los que pasaban por ahí. Después de esto la corrida siguiendo la montaña es una vista espectacular, pero teníamos que dejar la admiración del paisaje para otra ocasión porque había que tener la vista fija en el camino. Más de dos ví caer estrepitosamente y era particularmente peligroso porque estábamos corriendo por la parte más alta del cerro rodeados de nopaleras y otros cactáceos espinosos . Bajando de estos cerros miré a unos metros del segundo puesto de abastecimiento como Iván Santana iba en friega, quien terminó ganando la carrera de 25k. Aquí ya pude tragar una buena cantidad de papa cocida para reponer energías. Pero lo siguiente era mental.

En medio del bosque en las faldas de la Meseta

Estábamos a las faldas de la Meseta (en mis anotaciones Mount Doom) y había que llegar al siguiente puesto de abastecimiento. En esta parte es donde el escenario es espectacular, en medio de un bosque y un río (aunque seco). Pasando el espantapájaros colgado era que había que hacer un hiking en medio de raíces y más árboles, aunque quisiera no era para correr. Aquí hice uso de uno de los bastones para apoyarme con una rama seca suficientemente firme que encontré y pelando sus varillas sueltas. Esto es subir una montaña y estos bastones ayudan mucho. Había varios que ví con sus bastones profesionales como Santiago Agreda a quien amenazaba rentárselos. Y es que la ventaja de ellos es que son de un material nada pesado y muy firme que asegura un buen soporte. Y así llegamos a un punto de abastecimiento que no era el check point pero que la gente de Baja Trail te apoyaba con agua o cualquier cosa que necesitaras. Pero había que seguir y ahora se trataba de un camino de terracería subiendo y bajando muy empinadamente. Por fin llegamos al tercer check-point que yo llamo Minas Tirith (porque está muy cerca de Mount Doom, get it?) y aquí dejé mi bastón en la caja del pickup. No lo necesitaría pues seguían unas bajadas de unos 5 o 6 kms.

curvas curvas y más curvas

Aquí veíamos como poco a poco dejábamos la Meseta y miraba incrédulo un gran pico de lo que no podía creer era el Cerro Coronel. No solo lucía enorme, sino que el caminito para llegar a él se miraba empinado. Estaba muy equivocado, era peor. En el valle antes de volver a subir como referencia había marcado Dorwinion, el único lugar con vestigios de civilización entre estas dos montañas. Era un valle precioso pero había que empezar a subir. Aquí encontré otra rama que curiosamente estaba perfectamente recta y que me apoyé para usarla de bastón. La primer subida estaba increíblemente empinada y aquí miré a los primeros en regresar que ya iban en los primeros lugares. Pero en una zona donde se emparejaba el camino (plano, pues) empecé a sentir unos intentos de calambres. No quise esperarme y me puse Iodex para calmarlos. Aquí por el kilómetro 21 me encontré a Héctor Romero ya de regreso que también venía con calambres. Ahora lo que me preocupaba era que estaba por terminarse mi agua de mi mochila y la botella adicional que traía. Y empezaron las subidas más empinadas en un camino de terracería lleno de piedras y muy accidentado. Aquí lo que era realmente traumante era que miraba una curva que me hacía entender que al sortearla llegaría al siguiente punto de check-in pero no, había una curva más, y después otra, y una más. Estaba desesperado ante mi falta de agua, mis calambres y el cansancio.

La vista espectacular en la cima

La mala noticia fue que a unos 10 metros del puesto pasó un señor que estaba quejándose amargamente de que no tenían agua. En mi mente solo pasaron maldiciones ¿cómo no iban a tener agua? ¡yo ya no tengo! sentí el peso del fracaso pasar mi mente pero preferí no hacerle caso. Llegando al puesto confirmé y efectivamente no tenían agua porque los garrafones que llevaron se les cayeron y se rompieron. Las personas en este puesto apoyaron como pudieron y había Coca-Cola y otros refrescos pero yo necesitaba agua. Una chica de Baja Trail se apiadó de varios de nosotros y al parecer de su botella personal nos dió unos chorros de agua para lograr subir el último pico. Aquí no podía creer lo empinado que estaba. Era pura piedra en unos caminitos que se miraban muy pesados y así lo confirmé con Marco Valencia que ya venía de regreso y me dice «está muy pesado». Ni hablar, a darle. A pesar del cansancio y los calambres, esta parte la sentí bastante cómoda. Me recordó las idas al Cuchumá que hace años (cuando la frontera con EE.UU. era una cuerda) subíamos mi familia y amigos cada fin de semana. Las  piernas las sentía bastante bien a pesar de que prácticamente veníamos escalando. Lo malo es que teníamos que dejar libre el paso para los que venían bajando y ahí estábamos como cabras pastoreando a la orilla de los riscos.  Aquí me dió mucho gusto ver enteritos a Marthita y Mayito que también siempre en cualquier carrera me dan unos ánimos y apoyo que siempre se agradece. Sorteando la primer subida miré con mucha paciencia que seguían unos 200 o 300 metros más planos antes de otra vez subir empinado. En esta parte plana sentí más pesadas las piernas pero había que subir lo último. La vista era espectacular en Dor-en-Ermil en el punto del kilómetro 25 exactos, aunque estábamos en las puntas de unas piedras. Se logra ver prácticamente hasta la bahía de San Diego hasta un poco más allá de Popotla. Al otro lado la Meseta que todavía nos esperaba. Aquí abriendo mi mochila descubrí una botella de suero que no me acordaba que traía y lo tragué en menos de un minuto. Aquí me dió un gustazo ver llegar a Gerardo Berrelleza aunque desafortunadamente iba en no la mejor condición. Pero ya había que regresar pues se aproximaba el tiempo de corte. Así que empezamos el descenso y me encontré a Viviana Garay que con el compromiso de una gran fotógrafa hizo el esfuerzo de subir a la punta para lograr esas capturas muy especiales para los corredores. Llegando de nuevo al checkpoint ya por fin había agua. Me unté hielo, rellené todo lo que traía y tragué puños y puños de sal. Pero había que partir de nuevo.

Bajando la Meseta

Aquí bajando lo empecé a trotar pues había que llegar en menos de dos horas a Minas Tirith de nuevo. Como sabía que seguían unas subidas muy grandes antes de llegar a la Mt Doom me preocupaban los tiempos de corte. Así lo pude bajar no sin antes ponerme de vez en vez Iodex para apasiguar los calambres hasta que llegamos de nuevo a Dorwinion en la parte más baja de este valle. Y empezó el ascenso de unos 5 a 6 kms. Insoportables. Pero venía acompañado de otras 5 o 6 personas, no se cuantas, apenas miraba yo, y nos adelantábamos a veces y a veces retrasábamos pero sin variar íbamos caminando. Mi bastón me volvió a servir bastante bien y aquí mis recuerdos me traicionaron porque mirábamos la Meseta muy lejana. Pero seguíamos y seguíamos y trataba de reconocer el terreno pero me tranquilizaba al ver las marcas anaranjadas perfectamente bien marcadas. Hasta que por fin llegamos al checkpoint. Aquí me reabastecí con los siempre amables voluntarios de Baja Trail y agradecí enormemente sus atenciones. La mochila recargada de agua y bien hidratado con el Powerade había que enfilar a sortear la última montaña. Recogí el bastón que había dejado en el pickup y ahora con dos bastones esta subida fue mucho más ágil. Es que imagínate unas escaleras con barandales, esto es el soporte adicional que ayuda a que dejes de tener todo el apoyo en las piernas. Y aunque mis brazos hicieron un esfuerzo adicional, esto me permitió llegar en mejor forma a la cima de la meseta. Tanto que hasta me permití trotarlo. Aquí usando los bastones para dar las zancadas más amplias ocurrió mi primer momento de histera. Estaba totalmente feliz, había dominado la Meseta y no solo eso, estaba corriéndola. Al llegar al otro extremo dejé los bastones (la verdad en bajada estorban) dando el otro aviso en Twitter de esto mismo y empecé a bajarlo. Aquí La Lupita me acompañó y yo cantando todas las canciones del último disco fue mucho más placentero. Al bajar estaba un pickup de apoyo de emergencia, me han de haber visto todo loco pero ya no importaba, les hice una señal de que iba bien y continué. Aquí abajo, viendo al lado la Meseta atrás y muy arriba fue mi segundo momento de histeria. Lloré, la volteaba a ver de nuevo y lloré más y más. El reto que me detuvo el año pasado hoy lo había cumplido.

Foto por Raúl Nuncio
Foto por Raúl Nuncio

Pero son engañosos a veces los caminos, al menos no es lo mismo ir de ida que de vuelta y no me daba cuenta cuanto faltaba. Ahí en la última bajada de la Meseta encontré a Antonio Ríos que buscaba a los últimos corredores y se aseguraba que todos estuviéramos bien. Así llegué a Lothlorien, el checkpoint ya del kilómetro 41 donde me atendieron como Rey. Un voluntario en cada pierna me presionaba agua helada con las esponjas. Otro más me rellenaba la mochila. Una chica me mojaba la cabeza y otra más me acercaba papas, sandía y naranjas. Antes de partir todos y cada uno de las 10 a 15 personas que estaban aquí me daban gritos de apoyo y me deseaban un buen fin de carrera. Seguía pasar por un sendero que es mi favorito en todo el trayecto, siguiendo un riachuelo que en tiempos de lluvia se ha de mirar precioso. Venía pisándole los talones a otro corredor que aunque venía tan cansado no tenía los calambres que yo. Al último le dije que quería trotarlo antes de llegar a la siguiente subida antes del ckeckpoint y me le despegué. Aquí antes de llegar a empezar a subir rumbo a Isengard, encuentro de nuevo a Raúl Nuncio que seguía dando y dando apoyo a todo mundo. Le comento que tengo un poco de calambres todavía aunque controlados con Iodex pero me comenta que como es caliente es mejor con agua fría. Y así me empezó a dar unos masajes con agua fría que los sentí como gloria. Esos detalles y extra que dan los voluntarios son lo que hacen la diferencia. Pero había que continuar porque se acercaba el tiempo de corte. Empecé a subir rumbo al último checkpoint y me desesperaba porque recordaba unas bajadas que ahora serían subidas y yo todavía no estaba en mejores condiciones. Pero allá arriba veo a Edgar Armenta muy entusiasta con Magally atendiendo de maravilla. Tomo más Powerade y relleno la botella, la mochila no la necesitaría (tanto). Así que solo faltaba lo último, 5 kilómetros más. Aquí en la parte más baja grité muy fuerte pues sentí una de las ampollas reventarse. Tan fuerte que otro corredor volteó a ver si estaba bien. Le hice señas para que no se preocupara y levanté ambos brazos con los pulgares arriba para que en el puesto me miraran con los binoculares y vieran que estaba en buena forma. La verdad lo único que me hacía continuar era visualizarme en la meta, obteniendo esa medalla preciada y así empecé a trotar de nuevo. El corredor enfrente de mí empezaba a gritar, supongo que para darse ánimos y nomás me daba emoción que faltaba realmente muy poco. Había otras subidas y había que caminarlas. Pero ya se acercaba la última bajada y estaba más que emocionado. Bajando ya era el camino de terracería que nos enfilaba hacia el Casián y ya estaba corriendo entusiasmado. Aquí en ese camino me topé con Blanca la chica de SportsFan que el año pasado me dió muchos ánimos a pesar del fracaso y ahora me miraba llegar y me aplaudía.

Foto por Isabelita Granados
Foto por Isabelita Granados

Ya por fin se miraba la última esquina y ahí estaba Ricardo Castillo a quien pregunté si nos iban a hacer dar la vuelta al rancho como al principio y no, afortunadamente ¡ya solo era cuestión de unos 300 metros! Y ahí miraba la entrada a dar el último esfuerzo. Ahí estaban en esta entrada más voluntarios que vitoreaban. Aquí, Leslie Valladares me acompañó y me seguía dando ánimos y yo estaba extasiado de felicidad, al fin en una vueltita miré la meta y había otros corredores y voluntarios aplaudiendo y felicitando y así, ¡terminé! Aplaudía, abrazaba a quien se pusiera enfrente, lloré, agradecí a todos. Me colgaron la medalla y sentí su peso y me sentí excelente. Los dolores, calambres y todo el sudor habían quedado atrás. Por ahí llamaron a Germán y no me acordaba que había una lona de Finisher y al verla ahí sí lloré inconsolablemente, me tomó la foto ahí en este símbolo de reto cumplido. Al fijarme en el reloj hice aproximadamente 10:10 (mi gps se pausó en un largo trayecto después de Lothlorien) así que estaba rayando en el tiempo de corte pero afortunadamente lo terminé muy bien, y esa era mi reto, terminarlo.

Mi mapa de referencia, junto con otro que me encontré que no entendí del todo
Mi mapa de referencia, junto con otro que me encontré que no entendí del todo

4 comentarios sobre “Vamos a Correr – el #ubt50k 2015

  1. Ay Gabooooo… qué bonito y qué emoción!! Solo siento mucho haberme perdido tu llegada. Te felicito mucho, sé lo que esto representa para ti. Te mando un fuerte abrazo y toda mi admiración porque a pesar de tantas cosas no desististe. Enhorabuena!!!

  2. Esta vez me perdi participar en este gran avento, pero para el año siguiente si Dios quiere ire por los 50 km. quiero decirte que ya desde este momento empezo mi entrenamiento, aprendiendo de tu bonita experiencia en todos esos caminos. se que no sera facil pero tampoco imposible. mi admiracion para ti y para todos los que lograron el objetivo de los 50 km. muchas gracias por compartir tu experiencia, es un aprendizaje muy grande que nos dejas a los que deseamos ir por ese ultra.

    saludos.

    p.d. ESOS DE BAJA TRAIL SE LUCIERON!!!!!!!!!!!!!!!!

    1. Pues yo soy ejemplo de que si lo deseas, lo podrás lograr. Y que mejor que te decidas a entrenar desde ya, nada para mañana.
      Y muy de acuerdo, todo el equipo y voluntarios de Baja Trail Endurance Runners & More han hecho de las mejores carreras en la vida.

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