En el mundo planteado por ‘Interstellar’, es el de una generación que a duras penas sobrevive en medio de tormentas de polvo que lastimosamente acostumbran a vivir entre la suciedad y hacen muy difícil respirar. La prioridad entonces está en asegurar el alimento para esta población, en esta tierra donde solo puede germinar el maíz. Cooper (Matthew McConaughey), es un hombre de granja que fue uno de los últimos astronautas en este mundo. La exploración espacial cedió ante la necesidad de conservación de la especie y en la granja vive con su suegro y sus dos hijos procurando primero el alimento pero enseguida el despertar de sus mentes, para no conformarse en ser granjeros y nada más. En este mundo donde no se permite un aire aventurero ni de fomento al descubrimiento, los libros de texto han sido cambiados para deshacerse de los vestigios de la NASA que llevó al hombre a la luna, argumentando que estos gastos excesivos no ayudan a la prosperidad de la población cuya necesidad más apremiante es la alimentación.
Su hijo Tom entiende esta necesidad y está muy acostumbrado a la granja donde sabe que seguirá porque es lo que le gusta y para lo que está destinado. La hija de Cooper, Murph, tiene bien presente el sentido de curiosidad y ante una serie de sucesos en su habitación donde cualquier otra niña podría asustarse, ella intenta descifrar lo que significan. En este intento de interpretar lo que sucede en ese cuarto, dan con un búnker donde la extinta NASA sigue aportando ideas para extender la sobrevivencia del ser humano. Aquí, en el reencuentro con el Profesor Brand (con el incansable Michael Caine), Cooper apuesta por apoyar la misión especial que le proponen.
La discusión científica entra en el argumento. El planeta es insalvable, el ser humano no puede seguir aquí. Se debe encontrar un planeta habitable y apto para sobrevivir. Ya han lanzado varias de estas misiones y existen una serie de planetas que cubren con las características necesarias. Después de explorar y decidirse por cual de los planetas que cuente con las características adecuadas para la vida humana, el Plan A es llevar a la mayor cantidad de personas hacia él; el Plan B, es el de establecer ahí una colonia de humanos con embriones que llevan en la misión. ¿Cómo se logra el viaje interestelar hacia una galaxia a años luz de distancia? Fue encontrada una anomalía cerca de Saturno que después de varias sondas y experimentación se descubre es en realidad un agujero de gusano, lo que teóricamente permite el traslado a otro punto en el universo a velocidades superiores a la de la luz, permitiendo así la investigación en las misiones Lázaro en el tiempo suficiente para poder recoger transmisiones que den mejores pistas para tomar la mejor decisión. El escenario deseable por supuesto que es el plan A, y el Profesor Brand ha hecho el trabajo de su vida el de adecuar las fórmulas matemáticas para resolver la gravitación cuántica que permitan el traslado de buena parte de la población en las naves espaciales que ya están construyendo.
En este viaje donde no hay garantía de regreso, Cooper rompe con su hija, prometiendo volver, y es inegable la conmoción que provoca el saber que es posible que esta promesa no se podrá cumplir. La relaciones padre-hija siempre son especiales y se siente en la pantalla el dolor de la separación sí, pero más de la decepción y el abandono. En la trama se incluyen elementos que invitan a pensar para sí mismo el significado de las fuerzas que no son medibles científicamente como el amor y la esperanza pero que indudablemente existen.
Los robots que auxilian como alivio cómico sirven para sentar bases de realidad a lo largo de los datos que manejan y la información de lo que ocurre entre los personajes (por lo menos en una manera menos tétrica que el mítico HAL 9000). Las escenas de los viajes interplanetarios están muy bien logradas en una experiencia visual que ya se ha visto (no se puede evitar comparar con ‘Gravity’) pero no deja de emocionar e impresionar. El texto es por momentos denso, pero es importante en esos momentos cuando estás alejado de tu casa (por millones de kilómetros) por lo menos algo de razón se pierde (o se gana) tratando de analizar la realidad y la motivación por alcanzarla. La banda sonora de Hans Zimmer envuelve esta ambientación cósmica produciendo sensaciones que solo pueden ser provocadas por un buen sonido.
Resumiendo, esta película es un logro más de Cristopher Nolan (con sus reservas). Y como es esperado con ideas que te hacen cuestionar, que te conmueven, que hacen pensar. Más allá de que tiene 4 que 5 momentos muy previsibles y las claras fallas científicas ya documentadas: como la elección de un sistema solar con un gigantesco hoyo negro en medio o el escape de la gravedad de un planeta con el combustible de una simple nave de servicio (Phil Plait los detalla). Pero la riqueza de esta historia la hace más cercana a casa, a más de un millón de años luz. Uno puede conceder estas «fallas» para disfrutar la película y dejarse llevar por una esperanza enfurecida contra la muerte de la luz.
Las tomas de la película siguen el estilo de las historietas poniendo encuadres que encajan perfectamente en las viñetas del cómic y aderezando con globos de diálogo (o pensamiento) lo que los personajes están transmitiendo. En varias ocasiones las transiciones entre las secuencias aparece el Harvey Pekar de la vida real agregando algo a las escenas que acabamos de ver, o presentando a aquellos que conocemos en la película. En estas secuencias es cuando conocemos al verdadero Toby siendo un auténtico nerd y vemos que el actor que lo personifica no estaba siendo exagerado. Nos damos cuenta también que Joyce de la vida real es tal cual es retratada por Hope Davis cuando aparece en una especie de entrevista hablando de su relación con Harvey.
No es una epopeya biográfica al no centrarse solo en la historia de su vida, que dicho sea de paso, ni siquiera es tan extraordinaria. No es una trama de la lucha combativa de un paciente de cáncer, si acaso le dedica un par de escenas en situaciones clave a este hecho. Lo que sí es la película son las opiniones y puntos de vista de un norteamericano común y corriente con una forma de ser muy particular que llegó a miles gracias a la decisión de verter estas ocurrencias en un formato gráfico con la ayuda de dibujantes excepcionales. Esto es el mayor de los aciertos de los directores Shari Berman y Robert Pulcini, al dejar que sea Harvey Pekar quien de la pauta de lo que quiere transmitir y ellos son solo el instrumento para llevarlo a cabo.