escribirme: Día 30

Día 30: escribí tu día en 4 escenas

Tuve una conversación que ojalá pudiera haber sido más larga pero mi amigo estaba en su trabajo y yo llegué a interrumpirlo. Me regaló una gorra para usar en una de mis próximas carreras y me estaba contando los planes que tenía en cuestión mercadológica. Se miraba muy interesante lo que traía en la mente pero ya se tenía que cortar la plática.

Un detalle notado en la tortillería, es que aún era de día y ya tenían las rejas del comercio colocadas. Seguía abierto y atendiendo a la clientela pero con las rejas puestas. Nos habían contado que en ese mismo lugar habían asaltado en dos ocasiones anteriores y ya no se querían andar con rodeos. Hasta el trato fue a la defensiva, tratando de averiguar si no era yo uno de los maleantes, preguntando la orden exacta de lo que necesitaba y sobre el cambio requerido. No es para menos.

Fue por casualidad que me tocara a mí justo hoy, después de una jornada de trabajo algo inquieta, hacer fila para salir de la ciudad. Ya a esa hora debía estar despejado el tráfico pero a la hora de entrar a la carretera se habían hecho solo dos carriles y la larga fila ya estaba a la vista antes de llegar. Justo hoy, los dioses del tráfico conspiraron contra mí porque me odian y específicamente a mí me quieren ver sufrir y alterado por nimiedades como ésta.

A través de la ventana miré a los albañiles del edificio de enfrente compartir el lunch. Estaban sentados sobre una de las barras que serán usadas en el techo y platicaban mientras comían. Las tortillas se pasaban de mano en mano y compartiendo la botella de Coca Cola de dos litros se miraban contentos. A su lado estaban dos tanques de gas colocados, pareciera, para estorbar el paso de entrada. Había mucha luz a pesar de que estaban en una especie de techo de láminas de plástico. Ellos seguían en sus alimentos inmunes al tráfico que se estaba generando alrededor. Por las dos calles que confluyen en la esquina de la edificación se estaban empezando a formar filas de autos, camiones, trailers y taxis cuyos conductores empezaban a desesperarse. Ellos ya iban por el segundo cucharazo de la cazuela.

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escribirme: Día 29

Día 29: escribí un párrafo de tu futuro libro

Al despuntar el sol la siguiente mañana Iris yacía maltrecha en los escombros de esa guarida. Pudo notar que al menos una de sus rodillas estaba en mal estado pero afortunadamente no había rotura de huesos que lamentar. No podía creer que la hubiese dejado en ese estado Ima, sobre todo después de lo que pasaron juntas. Pero estos pensamientos tendrían que hallar mejor momento, ahora resultaba imperativo salir cuanto antes de ahí. Al pararse lastimosamente hizo un inventario rápido de lo que podría llevar consigo tomando en cuenta el estado de su rodilla, y sin despertar mucha sospecha. Estaba llenando el agua en su cantimplora preguntándose si sería suficiente para emprender lo que quedaba de la jornada cuando recordó como era su vida antes. Antes de que todo el mundo se fuera a la mierda. Cuando el mayor problema de «ir por comida» significaba solo la indecisión de cual restaurant de comida rápida elegir y no buscarla por horas entre los restos de la ciudad. Cuando sus problemas de entonces se miran tan insignificantes ahora que cualquier cosa hecha durante el día tiene que tener como propósito la supervivencia. Cuando aún no conocía a Ima. Su pensamiento regresó a ella y el agua estaba desbordándose, se maldijo a sí misma ahora que era muy difícil de conseguir ese líquido. En este mundo ya no era tan simple como poner una moneda en una máquina y servirse. Sujetó firmemente el agua a su mochila que ya estaba repleta de sus posesiones más preciadas, y salió del refugio. Por poco el Audi dorado chocó con el carrito de supermercado que usa para transportar sus latas de aluminio. El conductor estaba discutiendo acaloradamente en su teléfono por lo que ni se percató de lo que estuvo a punto de suceder. Iris era invisible para él. Desde que vive entre puentes y bajo cartones había adquirido ese poder, el de pasar desapercibida.

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escribirme: Día 28

Día 28: estás preparando una cápsula del tiempo para enterrar en el jardín. La van a desenterrar en 500 años. Escribí una carta explicando cómo es la vida hoy.

Si estás leyendo esto quiere decir que estás viviendo en el año 2517. No me puedo imaginar que cosas de la vida diaria pueden ser tan comunes en ese entonces o las cosas del 2017 que quizás te parezcan incomprensibles. Pero te puedo hablar de cosas a grandes rasgos.

En esta era, las personas nacen con una pantalla de cristal en la mano. Desde niños están viendo a través de esas pantallas animaciones que los entretienen, más grandes usan esas pantallas para entablar comunicación entre ellos por medio de jeroglíficos (sí, como hace 3000 años en Egipto), y los más adultos excusan su uso diciendo que están usando esas pantallas para saber las últimas noticias de sus trabajos. En estas pantallas que no se separan de las manos de sus dueños además están interconectadas en una red de datos mundial con la que se comparte el conocimiento universal. Imágenes, video y texto de todos los rincones de este planeta están accesibles desde la palma de la mano, aunque en la mayoría de los casos se usa para sacar de dudas en medio de una discusión sobre la última película de Tom Hanks.

Ah, claro, el entretenimiento hoy en día se puede separar en básicamente dos: historias y música. La música es la que se disfruta con los sonidos emanados de instrumentos que luego son grabados en pistas almacenados en archivos informáticos en grandes bloques físicos de información. Luego son sacados de estos artilugios para ser mezclados y aplicados efectos para generar un ritmo. Encima de ellos puede que se incluya una voz de una persona que canta alguna letra que es compuesta por 20 personas y son compartidas con el mundo en la red de datos de la que te hablaba para que pueda ser bailada, re-interpretada o puesta en la banda sonora de alguna película.

Esa es la otra parte del entretenimiento: las historias que pueden ser escritas, actuadas, dibujadas, filmadas o fotografiadas en la forma de libros, animaciones, episodios secuenciales en forma de serie o películas. Aún cuando está siendo menos común el uso del papel para reproducir la historia escrita, siguen imprimiéndose en estas placas de desecho de árbol prensado y aclarado. También se aprovecha la facilidad de compartir historias en la red de datos para descargar estas historias y almacenarlas en dispositivos electrónicos que las hace más fácil de transportar. Estas historias que luego pueden ser reimaginadas en la forma de actores interpretando los personajes en teatro, cine o televisión persisten en el imaginario colectivo y pueden dar de que hablar para generar aún más historias relacionadas que a su vez originan aún más opciones de teatro, cine y televisión. En el teatro varios seres humanos asisten a un lugar específico con varias sillas viendo en vivo a los actores representar las historias. En el cine y series de televisión se representan estas historias en lugares dedicados a ello para ser grabados en formatos que luego pueden ser compartidos en la red y pueden ser vistos en las pantallas de las palmas de mano a la hora que sea requerida por el portador.

Ahora mismo ocurre algo muy extraño con las personas que se encargan de darle seguimiento a la vida colectiva y política de la sociedad. Todo mundo está convencido de que quien sea que esté al mando es un inepto y no está a la altura de lo que esa sociedad necesita, pero de igual forma siguen al mando. Y cualquier intento de generar un cambio en estas personas al frente de la organización terminan siendo igual o peores de los que estaban anteriormente en el poder. Cada cierto número de años la sociedad se aglutina en una gran fiesta de la decisión del pueblo que le llaman «democracia» y se empiezan a ver opiniones en pro y en contra de todos y cada uno de los involucrados. Llega el día en que los nuevos cargos son elegidos y todo mundo regresa a la normalidad y sin mayor repercusión. Llega la hora al cabo de otro par de años y el ciclo se repite. Y esto sucede en todas partes del mundo, por cierto.

Pero de todos modos, siempre hay un común denominador. Aunque sí hay gente que no le importa ofender o dañar a otras personas alrededor, en la mayoría de los casos todos prefieren vivir en armonía. Todos son más dados a buscar la mejor de las condiciones primero para sí mismos y sus más allegados, pero también buscando el bien de su entorno en general. De repente a algunos se les olvida que vivimos en sociedad y que si algo malo le ocurre al de enfrente le terminará afectando a él también, pero no siempre es el caso. Todos preferimos el bien común.

Espero esto último no haya cambiado tanto en 500 años. Y los desarrollos tecnológicos estén sirviendo para sumar en lugar de restar.

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escribirme: Día 27

Día 27: salí a dar una vuelta por el barrio y hacé un mapa de sonidos y olores

La sombra del árbol enfrente de mi casa es muy buena, tan buena que a veces no me toca aprovecharla a la hora que llego en el carro. Pero bueno, ahora puedo descansar un momento sintiendo el viento leve que está recorriendo esta calle. Estos enormes perros de esta otra casa ya me han sacado más de un susto. Y no entiendo porque no va siendo hora que me reconozcan, vivo en esta calle desde mucho antes que ustedes, carajo. El gimnasio de esta esquina rompió la maldición del inmueble. Pasó de restaurant, frutería, abarrotes, café, frutería, otra vez abarrotes y nada. El gimnasio ya va para creo más de 5 años, quizás más. Y no veo que decaiga la asistencia.

Siempre prefiero cortar el camino por esta calle, aunque le quieran dar un aire más de privada. Lo que pasa es que termina la parte pavimentada y empieza una especie de sendero de terracería bordeando una colina. Lo interesante es que no hay más casas de este lado así que está tranquilo y no hay perros al acecho. Sí circula mucha gente por aquí y aunque sí cabe un carro, son comunes los baches que se hacen por las lluvias así que no es muy socorrido por vehículos. Ya bajando recuerdo cuando pasaba por estos árboles en la secundaria, aún cuando no había rastros de urbanización. Pero metieron calles pavimentadas y fueron varios árboles los que sufrieron su reacomodo y eventual muerte. Que tristeza.

Aquí siguen ladrando los perros, afortunadamente sí están dentro de las rejas pero de todos modos que ruido. Hmm de esta casa sale un olor a comida muy rica. Bah, tan bien que íbamos, acaba de pasar una dirt bike que no está para nada en el dirt. Yo no se nada de motos, pero ¿cómo funciona? ¿mientras más ruido hagan se considera mejor moto? ¿qué diablos están haciendo aquí en esta tarde apacible rompiendo la calma?

Hay una avenida que atravesar rumbo a un pequeño parque. Hay una familia descansando y tomando agua, los niños están jugando aventándose servilletas ante la mirada juzgadora del papá y los regaños de la mamá. Otro más se les escapó y está aventando agua y al parecer nadie se ha dado cuenta. Espero no se enferme el chamaco. Aquí siempre ha presumido el jardinero que se dan las mejores flores y de hecho por muchos años estuvo cerrado al público. Así se resguardaron varias flores pero sobre todo rosas que siempre algún enamorado se atrevía a brincarse la barda y arrancar alguna. Desde hace muchos años ya no está esa barda o reja y por lo mismo la calidad de las flores ha disminuido, pero siempre se ve al jardinero al pendiente desde muy temprano.

Ya es tiempo de regresar pero regresaré por las escaleras que me llevan a la otra avenida. Este sitio es además una parada de autobús urbano y hay un par de personas esperando. No se porque es de las pocas paradas que no tienen techo para guarecerse de los rayos del sol, y es que por la posición en la que estamos pegan directo prácticamente todo el año. Empiezo a subir las escaleras y vuelvo a recordar como las subía al regresar a casa después de la secundaria. Son pocos escalones pero un tanto empinados así que sí me fatigo un poco al llegar a la calle con la que conecta. Aquí enfrente está un señor tratando de arreglar su carro y le grita «a ver, préndelo» a quien supongo es su hijo que mira atento aunque con cara de enfado. Más adelante más perros ladrándome, uno de ellos una vez le dejaron la puerta de la reja abierta muy temprano cuando paso corriendo por aquí y casi me pegaba una mordida. Más adelante en la esquina está la familia de la casa en la venta de ropa y artículos de segunda, casi nunca encuentro algo que sea de mi gusto.

Bueno, aquí en la llantera el calor hizo de las suyas y ya están con los botes de cerveza, están tranquilos. Llego a la avenida que me conecta con mi destino y me reciben unos perritos que nomás se me quedan viendo. Pasó un carro con su auto-estéreo a todo volumen con algún narcocorrido. Atrás de él unas chicas en otro carro con algún éxito reggaetonero beben sus frappés. En esta casa desde que me acuerdo sus perros me ladran también, aunque no paso tan seguido por aquí me desespera que no hayan aprendido a reconocerme.

Ya llego a casa de nuevo, y como en casi todo el país, noto que en alguna casa a un par de cuadras piensan que nos pueden deleitar con sus canciones que retumban a todo volumen.

Yo ya tengo calor.

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escribirme: Día 26

Día 26: escribí acerca de la ropa que estás usando ahora mismo, cómo cada prenda llegó a tu vida

Los calcetines seguramente los conseguí en una barata en un sobrerruedas pues no los uso mucho. Tengo una situación con los calcetines negros (estilo tube socks), casi siempre solo encuentras en las tiendas en México en talla para niño y talla para adulto. Yo hace mucho que no veo unos en talla extra grande, hablo de medidas 14 o 16 para afro-americanos de 2 metros. Es que este tipo de calcetín enorme son los que me gustan para ponérmelos para dormir pues así no tengo descubiertos mis pies pero tampoco los siento con la compresión de unos calcetines comunes.

Los zapatos ya quiere mi chica que me deshaga de ellos pues ya tienen sus años. No quiero, todavía tienen la suela y costuras como si estuvieran nuevos y están amoldados a mi forma del pie y estilo al caminar. Son los pares más cómodos que tengo. Aunque claro, no los uso para el trabajo por ejemplo pues tienen suficiente desgaste como para no ser apropiado llevarlos.

La camiseta me la regaló en un cumpleaños una gran amiga. Me sorprendió porque no acostumbro recibir cosas festejando mi cumpleaños y el estilo de la camiseta me gustó mucho. Mis pantalones me los regaló mi chica en otro cumpleaños, después de quejarse de que los que tengo ya están viejos y no debería usarlos. Pero insisto mucho en que aunque se mire viejo algo si me siento cómodo en ello pues todo vale.

Y aún desgaste o decoloraciones me da cosa tirar ropa así nomás. Prefiero regalarlo a alguien que lo necesite o colocarlo fuera de los botes de basura, bien acomodado. Alguien siempre puede darle mejor uso.

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escribirme: Día 25

Día 25: escribí acerca de un tema del que no tenés ni idea. Inventá todo.

En la actualidad no podríamos pensar en como podríamos ser funcionales sin el uso de algo tan básico como la pantalla subcutánea. Ya en las primeras iteraciones de los prototipos se fueron notando y resolviendo algunas de los retos que presentaba. Era solo
posible mostrar datos en blanco y negro, provocaban irritación, y no servían más que para notificaciones rápidas y mostrar la hora. Poco a poco se fueron desarrollando nuevas aplicaciones tanto de la información a mostrar como de sensores que podrían
aprovecharse. Después de todo, ya está el aparato dentro de tu cuerpo.

Pero ¿cómo funciona? mediante literalmente inyectar cientos de celdas que se postran por debajo de la epidermis. Éstas son las receptoras de la estimulación microeléctrica con un patrón que están programados para detectar. Esto les dice cuando activar ciertas
secciones de su propia celda en coordinación perfecta con las celdas contiguas. Con el paso del tiempo se fueron perfeccionando las técnicas de implantación y ahora ya es posible tener en una sola aplicación la suficiente cantidad de celdas para asegurar una
cómoda lectura y visión de lo que se muestra, a diferencia de hace unos años que prácticamente eran injertadas una a una con una resolución raquítica.

Esta estimulación es la que las celdas requieren para mostrar o dejar de mostrar los puntos precisos para en conjunto mostrar una imagen o texto. Hoy en día ya están a color y en unos cuantos meses ya están por liberar la aplicación para mostrar video en vivo.
Más adelante podrían incluso desarrollar estas celdas de monitor subcutáneo para emitir otro tipo de señal y no solo fotones. No es muy fantasioso pensar en hologramas o incluso la posibilidad de usar esas celdas para grabar imágenes o video.

Pero hablemos de esas otras aplicaciones que actualmente sí existen y son aprovechadas. En lo estético ya es una realidad ver tatuajes animados (como aquella vieja película animada ‘Moana’, aunque no hemos llegado al punto de que el portador interactúe con él ¿o sí?) También la industria del cine se vió beneficiada ya que los efectos especiales para ciertas escenas terroríficas son ahora más reales gracias a estas celdas. Aunque es más caro que lo que se hacía hace décadas con animación por computadora sobrepuesta en la escena, esas imágenes realistas que claramente son visibles en la piel del personaje es muy beneficioso a la hora de contar una historia.

Las más importantes son las aplicaciones médicas. Gracias a otros elementos (o módulos) que pueden ser injertados junto con las celdas ya es cosa del pasado el pinchazo de sangre para detectar niveles de glucosa. Incluso mediante este método se pudo lograr el monitoreo constante de otros disparadores de emergencias que han salvado innumerables vidas. Gracias a esta tecnología que ya está muy estandarizada en el grueso de la población, con una sola indicación del personal médico que cuenta con las credenciales adecuadas, puede ver el tipo de sangre, alergias, enfermedades crónicas y otros indicadores personales a observar aún cuando el paciente no tenga posibilidad de habla.

Y pensar que este desarrollo tecnológico empezó cuando un especialista en radiología notó que el material de deshecho de su laboratorio se «encendía» con el leve estímulo eléctrico que le daba al estar cerca de un podómetro. Definitivamente el momento
«¡eureka!» de este siglo.

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escribirme: Día 24

Día 24: escribile a alguien que ya no está

Hola Betty,
No puedo negar que la última vez que nos vimos fingí no conocerte. Te ví contenta, feliz con tu nueva pareja y tus dos hijos. Decidí no acercarme siquiera a eso que lograste formar después de tantos años. Ya no recuerdo exactamente como fue que nos dejamos de ver, que dejamos de salir o de hablarnos por teléfono. Seguramente por alguna pareja de alguno de los dos pero no ví porque la amistad tuviera que acabar. Hasta que tu papá me dijo en una llamada que te hice «deja a Betty en el pasado, vive tu vida y déjala vivir la suya». Quería gritarle, exigirle que me pasara contigo para que me explicaras porqué me había dicho esto tu padre. No tenía mucho que hacer, te dejé en paz y seguí mi vida.
Deja contarte, ya formé mi familia con la chica que te decía terminaría casándome y mira, lo logramos. Conseguí salir de la universidad con todo el trabajo que me costó ¿recuerdas que te contaba? También pude salir de ese trabajo que no me daba lo que me necesitaba y tú me insistías lo dejara porque no tendría el crecimiento que me merecía. Y no, los tres perros que me conociste ya pasaron a mejor vida. Tanto que te ladraban histéricamente cuando me visitabas…
Han pasado muchas y tantas cosas y eso está muy bien contarlas, pero no hay otra persona con quien platicar lo que platicaba contigo. La manera de ver la vida desde tu punto de vista tan particular no se encuentra en cualquiera. Entiendo que sería imposible regresar a ese nivel de confianza que nos tuvimos para contarnos las cosas que nos contábamos, han pasado muchos años, pero sí me hubiera gustado tener el valor de saludarte en esa última ocasión que te ví y hacerte saber que me puso contento verte así de feliz.

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escribirme: Día 23

Día 23: cómo te parecés a tu papá

Si algo me causa un trauma es el parecido que mi hijo tiene con respecto a mí. Y es que en ciertos ticks nerviosos o ademanes se nota de donde vienen los genes, ni hablar que físicamente me dicen que es mi misma cara. No me imagino que esperar de él cuando desarrolle una personalidad propia y que características mías se verán reflejadas en él.

Abro con ese desconcierto porque fue muy paulatino como me dí cuenta de las cosas que están muy arraigadas en mí y que vienen de mi papá.

Como mi obsesión con la puntualidad. Desde que me acuerdo mi papá es el primero en llegar al trabajo, por ejemplo. Él y yo nos empezamos a angustiar cuando sabemos que no llegaremos a tiempo a algún compromiso por causas ajenas a nosotros. Pero desde que recae en mi la responsabilidad de llegar a tiempo no hago más que hacer lo que mi papá: puntual. Esto me ha dejado que quienes me rodean saben de esto, y por ello confían que cuando digo una hora, a esa hora estoy listo y disponible.

Desde que tengo 14 años estoy trabajando. No he llegado al punto como él de no tomar vacaciones siquiera, pero no me veo haciendo absolutamente nada. Claro que he tenido mi momento Corona tomando cerveza (obviamente no marca Corona) despreocupadamente, pero ha sido con mi chica y estamos conversando tratando de hallar el hilo existencial de nuestras vidas, no necesariamente no haciendo algo.

Somos muy corajudos. Es una característica que muy pocas veces puedo ocultar, pues a veces estoy tan desesperado que estoy a punto de estallar y no hay manera de guardar compostura. Así que pues no, no somos muy populares en las fiestas.

La lectura. Siempre había libros en casa, de variados temas y agarré el hábito de estar siempre leyendo algo por él. No hay campaña en pro de la lectura más efectiva que ver con naturalidad como un libro te abre la mente y te acerca más al mundo de manos de tus padres. Ahora, nunca fueron mis papás de leer cuentos o cosas así pero estar familiarizado con libros me hizo adentrarme a ellos.

Y bueno otra decena de cualidades y defectos que son mínimos pero que son claros. La sangre se lleva dentro.

 

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escribirme: Día 22

Día 22: escribí el monólogo interno que experimentás cada vez que te sentás a escribir

«Tengo ganas de escribir sobre esto»
«Es que me llamó la atención, tengo unas ganas imperiosas de dar a conocer mi opinión al respecto, aunque ya ni se acuerde nadie»
«A ver, si empiezo con esta idea, puedo desarrollarla y la hilo con esta otra»
«Pero para escribir sobre esto otro tengo que detallar esto de acá, debo revisar más sobre esto»
«Okey, ya entendí esta parte, pero no tiene nada que ver con lo que quería plasmar»
«Bueno, no puedo dejar de mencionarlo, pero no profundizaré tanto para no desviar el tema»
«Íjole, entonces si empiezo hablando de lo primero ya no se como hilarlo»
«A ver, esto de acá tiene que ver con esto de allá y a la vez con lo de acá ¿no quedará todo más confuso?»
«Tengo que plantearlo nomás, solito va a desengranarse todo»
«¡Maldita hoja en blanco!»

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