Tú me conoces, el frío helado de invierno, lluvia, a veces sol quemador no me impide salir a correr. Lo que sí te puedo confesar no me gusta es el viento, no tanto por los efectos que en la velocidad produce sino por el polvaderón. No te deja respirar, te incomoda, es molesto. Pero si es en medio de la lluvia, es otra cosa.
En el Medio Maratón Rosarito Puerto Nuevo de este 2015 todos los pronósticos indicaban lluvia incesante desde las 5 de la mañana hasta avanzada la tarde. La espectativa de correr bajo lluvia esta distancia la verdad me emocionaba pues aunque varias veces lo había hecho en entrenamientos, nunca en competencia con otros corredores y no era lo mismo que aquella carrera Sports Fan donde solo acababa de llover y el piso estaba mojado. Ahora la promesa era lluvia.
Guareciéndonos
Desde poco antes de las 7 que llegamos no paraba de llover, y esto me emocionaba más. Al ir en el carro notando a los voluntarios ya instalados en los puntos de abastecimiento soportando el fresco guareciéndose del agua bajo las carpas me animaba y aseguraba una buena organización en este medio maratón que ya es tradición en la región pues ya es la decimo primer edición este año. Y ahí estábamos varios bajo los medios techos de un Burger King esperando a que avanzara la hora de irnos a la línea de salida o que bajara la intensidad de la lluvia, lo que ocurriera primero. Ya en la línea de salida con los ánimos incansables de Raymundo Ricardez daban más nervios y emociones, pero no había más lluvia. Y así empezamos, varios nos dijimos que íbamos a un paso bastante conservador ese primer kilómetro, pero bueno, servía para platicarnos, animarnos, tomarnos las selfies y gritar como locos.
Club Berrendo muy animados (foto de Isabel Mata)
Pero no había lluvia. Por lo mismo de la lluvia proyectada, no quise batallar con mis audífonos y el ziploc en el que envolví el celular y por primera vez en un medio maratón no me acompañaron mis playlists. Y se sintieron bastante rápidos los puntos de abastecimiento, quizás por esto. Cuando menos lo pensaba ya llegaba al km. 9, km. 12, km. 15 donde encontré a Ninfa con muy buen paso y comentándome que estos últimos 6 eran los más retadores. La verdad no lo sentí así, iba disfrutando la escena a un lado del mar que esta ruta tiene. Conversando brevemente con quien alcanzaba, agradeciendo el apoyo táctico a Verito del Club Berrendo, posando para fotos desde todos lados, agradeciendo los ánimos de varios quienes apoyaban a sus familiares y otros tantos corredores como Víctor Puma que fueron a apoyar simplemente.
Empapadas pero con mucho ánimo apoyaron
Pero llegó por fin la lluvia. Los últimos 2 kilómetros empezaron a lloviznar y a un kilómetro de la meta ya sentimos lluvia bastante fuerte que por un momento pensé que era granizo. Ahora sí estábamos empapados completamente y yo estaba extasiado. A lo lejos miré la meta y se oía el sonido. Las chicas de la batucada SportsFan aguantaban el rigor de la lluvia torrencial pero con mucho ánimo. Los voluntarios apoyaban y aplaudían, el público con paraguas o chamarras también bajo la lluvia pero animaban a que cerraras bien este medio maratón. Después de recibir la medalla curiosamente me estaba cuidando de no pisar charcos mientras seguía lloviendo, pero en fin.
Lo que me sirvió:
– Prepararse. Con plásticos para cubrir cartera, llaves, celular lo que sea que no quieras que se moje. También en el guardarropa dejé una chamarra, fue lo que me puse al terminar después de quitarme la camiseta empapada y evitar así una neumonía.
– Asimilarlo. Va a llover ¿ya qué? mejor disfrutarlo.
– Cambio de ropa seco. Lieutenant Dan tiene razón, un par de calcetines secos hacen toda la diferencia del mundo para el traslado a casa.
Atrás, nubes amenazantes (foto de Verito Gálvez)
El viento helado me pegaba de frente en los kilómetros 10 y 11 y me preocupaba me afectara con una gripe o algo peor. Entre delirios no se si leí los labios de un señor que junto a una familia estaba en la caja de un pickup avanzando lento en el tráfico provocado por nosotros corriendo, pero también aguantando ese mismo viento helado. Al parecer nos dijo «pinches locos».
Un poco de locura hay que tener.
Addendum: demasiado buena para no rescartarla de la llegada a la meta LLOVIENDO.
Doblada al español. No la pude ver en su idioma original pues esa función estaba hasta después de las 10 de la noche así que no iba a rendir. Simplemente le resta la riqueza de interpretación de diálogos. Si algo hemos aprendido de ‘The Newsroom’ es que Jeff Daniels sabe dramatizar cuando se requiere. Si algo hemos admirado de Matt Damon es conmovernos con su voz entrecortada, o emocionarnos con alguna expresión de júbilo. Eso en cuanto a la interpretación, pero para que notes mi punto con la traducción solo te dejo esto: compara «I’m gonna have to science the shit out of this» (con la voz de Matt Fucking Damon), contra «Voy a tener que aplicar la ciencia al máximo» con la voz de alguien que seguramente escuchaste en un comercial de Volvo (o algo así).
En 3D. Para hacer que valga el 3D (o meterlo a fuerza) se ven unas increíbles panorámicas marcianas que pareciera querían verse majestuosos como quien sobrevuela el magnificente Gran Cañón. Pues bien, aquí no mandaron cámaras a Marte y todo es generado por computadora así que no había de otra. Ese no es el problema, es que por ver esos movimientos de cámara con el 3D parecen la maqueta de 5to grado de tu sobrina. Para lograr que se noten y resalten los primeros, segundos hasta cuarto planos, los artefactos, vehículos o naves parecieran hechas en Lego y tú las estás mirando al borde de la mesa.
La historia es muy buena, no es por nada que el libro tiene el éxito que ha tenido, pero estos detalles me estaban irritando bastante.
Empezando daba oportunidad de saludar a los amigos corredores de todo el estado y otros más del otro lado. Como a Santiago Agreda que siempre tiene toda la actitud y aquí empezando pues más. También pude saludar a José Luis Cano con la foto obligada y los ánimos aún empezando. Aproveché encontrarme con Gerardo Berrelleza quien ya pudo hacer su maratón sub4 y me daba consejos para lograrlo yo esta vez. Ahí por el kilómetro 5 miré a Daniela Tejeda con su muy animado estilo para correr, siempre contenta siempre entusiasmada por hacer la prueba y en esta ocasión acompañando a su amiga para que lograra su primer medio.
A eso del km. 7 me le pegué a Marco Antonio de Somnus y nos dimos cuenta que llevaba un ritmo un tanto apresurado para mí así que me le tuve que despegar. Me topé con Paulina Vega y nos dimos ánimos en lo que la dejé ir porque no quería esforzarme de más. Allí pasandito el puente de la 5 y 10 venía muy fuerte Edgar Armenta haciendo muy buena carrera. En la Plaza Carrusel siempre es complicado por la cantidad enorme de autos desesperados pues se detiene completamente la circulación pero aún así, habían familias enteras apoyando a alguien en particular pero echando porras a todos los que pasamos por ahí. En el punto de ida y vuelta ya en el Benítez te vas dando cuenta quien está enfrente y ahí vi que Mayito y Marco de Berrendos venían con muy buen ritmo y ya cuando me tocó a mí el retorno ves a los que venían detrás y estaba haciendo muy buena carrera Narciso, Jonathan, Marysol y Zeth de Berrendos también. Ya cuando llegas al punto de rocío de agua con el personal de bomberos agradeces esa brisa refrescante que ya siendo poco más de las 8 se disfruta enorme. Restaba mucho más ruta del Benítez y volví a encontrarme a Gerardo de Bonita Roadrunners que me recomendó le bajara pues mi ritmo iba medio acelerado, y sí lo pude constatar con los tiempos en mi marcaje en Endomondo. Volví a encontrarme con Daniela y su amiga que ya estaban más animadas pues les faltaba poco para terminar su medio.
Ya llegando a la Zona Río el ambiente de fiesta es incomparable, todo mundo entre aficionados y corredores que terminaron el medio te da ánimos, lo malo, me tocaban aún otros 21 kilómetros y 97 metros por correr. Y lo que me angustió un tanto es que la botella de suero oral que dejé clavado en un arbusto ya no estaba donde lo dejé 😦 ni hablar, tendría que consumir los powerades que te dan en los puestos de abastecimiento. Ahí al llegar a la meta del lado derecho teníamos que irnos los maratonistas y yo extasiado gritaba «DOS HORAS MÁS» mientras muchas muchas personas me daban el high five. Ahí después me comentó Héctor Buelna que me vió pasar pero lástima que no pude verlo en toda la carrera. Llegando al CREA ni modo, perdí unos minutos en los port-a-potty mientras miraba retirarse a Edson y Leslie (¿o era Ivonne Sita?) de Baja Trail. Pero había que seguirle, aproveché muy bien las esponjas para irme refrescando en el camino. Regresando de las vueltas por el otro lado de la canalización y ya entrando a Plaza Río me encuentro a Alfonso Uribe que ya había terminado y con esos ánimos que me dió ya tenía más energías para seguirle.
Con Paulina en la foto de Isabel Mata
Y es que ya entrar a la Vía Rápida de inmediato sentí el rayazo de sol, ya éramos solo maratonistas y había más metros de separación entre cada uno de nosotros. A lo lejos veo venir con mucha fuerza a Angélica Alejos, con una excelente actitud a pesar de los calores y con mucho gusto pues aunque había entrenado solo para el medio, por un error quedó en el maratón y había decidido completarlo. Al poco tiempo veo llegar corriendo a un par de locas con bib verde, que se les ocurrió así como así «¿le seguimos otro ratito?» y ahí iban no solo para meterle más kilómetros, sino para apoyarnos a los maratonistas. Se agradece siempre la buena vibra de Paulina Vega y la Ultramata Isabel quienes cuales hadas de bosque corrían y corrían aún con ese sol tomando fotos y echándonos porras.
Escuchar los pitidos de apoyo desde los carros en la Vía Rápida como Juan Peñuelas o ya de regreso en el Benítez a Jennifer Federico y a muchos otros que no reconocí y a que a lo mejor eran extraños pero entusiasmados de vernos hacer el esfuerzo de esta carrera. Como a los cientos de voluntarios que me llegué a encontrar quienes aún estando a la sombra no hallaban como echarse aire para soportar el calor que estaba haciendo, y aún así encontraban ánimos para apoyarnos. Y es que esa recta de la Vía Rápida siempre ha sido el coco de muchos, ya lo que uno quiere es salir de ese «black hole». Aquí me rebasó el Chain que tenía la pachita de Whiskey en el carro para celebrar al terminar. Afortunadamente ya venía la vuelta en el kilómetro 34 y alguien de ese puesto de hidratación me reconoció de Tecate y ahí mismo me pasó Claudia Soto y Juan Othon de Berrendos que también preocupados preguntaban como me sentía. La verdad me sentía bien, no había calambres pues ya hacía mucho había decidido no esforzarme de más y hacer un ritmo que me permitiera correrlo para terminarlo. Al dar vuelta ya en el Benítez restaban solo 8 kilómetros cuando me llega por atrás Lorena Puga y me anima a apretar el paso prestándome sus alas para hacerlo. Le pregunto «¿le podemos bajar poquito?» y me dice que no, a darle, pero le tuve que insistir pues ya empezaba a sentir las dolencias de indicios de calambre que era precisamente lo que estaba evitando. Lo comprendió y ya me soltó pero de todos modos eso me animó a tratar de darle un poquito más para no hacer más de 5 horas. Ya quería llegar al punto de rocío de los Bomberos, pero esta vez como era más espaciado el espacio entre corredor y corredor me tocó un regaderazo directo con agua fresca que agradecí con todas mis fuerzas.
El quemador en el Benítez
Ya con el paso un poco más apretado estaba pasando por grupos de corredores que quizás no estaban en su mejor estado, pero no dejaba de animarlos. Ya faltaba muy poco pues por fin salíamos del Benítez. Y es que iba empapado, aparte de que todo el tiempo en cada puesto de hidratación aprovechaba para mojarme, tomar agua y volver a mojarme. Venía exprimiendo la playera y los shorts y aún así sentía que cargaba mucha agua en la ropa. Pero ya estaba a la vuelta el kilómetro 40, ya varios que habían terminado el maratón regresaban a dar ánimos a los que les faltaba y eso siempre es reconfortante. Ahí en esos metros que se alcanza a ver la Vía Rápida desde Paseo de los Héroes desde un carro nos mostraron el dedo medio al mismo tiempo que pitaban con la tonada característica, yo solo les aplaudí. Y no me importaba pues estaba a punto de terminar. En esta región todo el tráfico estaba limitado y todo mundo apoyaba. Pero al salir de la glorieta Lincoln estaban ahí un grupo del Club Berrendo encabezados por Adrián y Susana, casi lloraba cuando saludé a todos ahí pues esperaron más de 3 horas a que termináramos el resto del club. Pero faltaban unos 500 metros y ya mis ánimos eran otros, estaba muy contento de poder terminarlo y a unos metros de llegar a la meta me encuentro con otro grupo del club con Marysol, Verito, los Berrenditos de Anselmo y Jesús, Claudia, Juan, Marco y demás familia. Siemplemente muy emocionante también ver los clubs Aire Confort, TX8, Tecate Running, Tru Runners y mucho más público en general que en la vida me hacen pero que de todos modos me apoyaban y animaban a terminarlo por fin, en 4 horas 58 minutos.
Esta vez la histeria me dió cuando en el puesto médico cruzando la meta les pregunté extasiado «¿¡¿qué se hace en casos de histeria como éste?!?» y creo que no les pareció tanto.
Todo muy bien organizado y con todos los apoyos al corredor que debe haber en cuanto a seguridad, asistencia, hidratación y todo. Sin embargo a estas alturas es mucha la confusión y molestia de la ciudadanía en general que se topa con el contigente de corredores y se tiene que esperar varios minutos en algunos puntos. No se que trabajo adicional de difusión deba haber pues aunque yo sí ví bastante esfuerzo en este sentido, las mentadas seguían apareciendo. La otra cosa que no me late pero ya es cosa de logística supongo, es que es un evento para los corredores del medio maratón con el extra del maratón y se nota bastante pues muchos apenas van llegando cuando ya está a todo lo que da la celebración de la premiación.
Ahora, a seguir preparándonos que hay dos maratones más en la región que hacer.
Foto de Juan Luis Burgueño. Edición de Héctor Buelna
Tenía rato con esto en los borradores pero debido a la experiencia de varias amigas y amigos en el Medio Maratón de Rosarito de este domingo, supongo que es lo apropiado publicarlo ahora. No son palabras de aliento ni nada como superarlo, solo unas reflexiones.
En el 2014 me preparé lo mejor que pude para el primer Ultramaratón Baja Trail, pero del kilómetro 24 al 28 tuve una cantidad tal de calambres que me hizo imposible continuar y tuve que esperarme a que fueran por mí y regresar como todo un perdedor a la línea de salida y tuve que meterme al área del estacionamiento por un lado. Fue tal mi decepción que no aguanté más que un par de minutos dando ánimos a los que sí llegaron (como hago en todas las carreras) y mejor me fuí a refugiar al carro en lo que llegaban los demás.
En el 2014 mismo hice mi mejor tiempo en un medio maratón en Mexicali con 1 hora, 39 minutos y algunos segundos. Según yo me estaba preparando igual para mejorar este tiempo pero en el 2015 no lo pude hacer, y no he podido superar esta marca desde entonces.
Desde que terminé mi primer maratón, he tratado por años hacerlo en menos de 4 horas. Imaginé que en el maratón Gobernador del 2014 sería por fin la fecha en que podría cumplirla. Preparándome para la ruta y clima inigualable de Mexicali e intercambiando consejos con Gerardo de Bonita Roadrunners (que también estaba trabajando para lograrlo en esos momentos, aunque él ya lo logró a estas alturas) imaginé que ahora sí podría desquitarme en ese año. No fue así y lo terminé incluso con tiempos peores a mi marca personal.
Nunca me había sentido tan mal como la vez del fracaso del Ultra del 2014. Yo sabía que todo era enseñanza, que los errores había que corregirlos para superarse y que cada carrera es distinta por más que te hayas preparado pues hay un sin número de factores de los cuales no puedes tener control. Pero me sentía sumamente mal.
Hace muy poco me dí cuenta de algo. Yo siempre, siempre doy palabras de aliento a un corredor que hizo 40 minutos en una carrera de 5K, alentándolo a seguir adelante, que no se desanime y que podrá hacer mejores marcas en la siguiente. O cuando alguien se frusta por haber hecho 5 horas en un maratón lo felicito con total sinceridad, realmente muy contento de su logro, por más que su marca no haya sido la mejor. O cuando alguien hace 3 horas en un medio maratón yo admiro el esfuerzo de esta persona que tiene todo en contra pero valoro su atrevimiento y coraje de terminarlo sea el tiempo que sea. De hecho, yo mismo cuando llego a la meta de cualquier carrera, por más mal que me haya ido, levanto al aire los brazos y me congratulo extasiado en felicidad de haber llegado. Entonces mejor dejamos para otra ocasión estos aires de fracaso ¿no? Por simplemente haber salido corriendo al sonar el disparo de salida ya hiciste mucho más que lo que algunos no se imaginan pueden lograr si tan solo se lo propusieran.
Hace poco le comenté a Héctor Buelna por algo relacionado, palabras más, palabras menos una frase que va en el sentido de «hasta en los fracasos hay enseñanza» y esos «fracasos» nos dan herramientas para tomar medidas, prepararnos mejor.
Y hacerlo.
Mi papá recién había adquirido un reproductor de CDs, era negro y enorme. Tenía casetera y radio por supuesto pero también una bahía donde le cabían 5 (¿o 10?) discos que hacían el proceso de cambiar de álbum algo tedioso.
El punto es que teníamos este equipo de sonido y ningún disco de ningún tipo. Tenía una colección de casettes que rondaba las 3 cifras pero tenía mi propia «grabadora» para oirlos. Ahora tenía que, no, era un deber reemplazarlos todos por discos. ¿Porqué esa urgencia? La promesa de un mejor sonido era atractivo pero básicamente el hecho de poder seleccionar una canción y que ésta sonara prácticamente en instantáneo era muy tentador. ¿De dónde sacaría CDs?
Por revistas que tenía que me llegaban del otro lado sabía de la existencia de «clubs» de música donde te daban 8 CDs por 1 centavo de dólar. ¿Cuál es el gancho? tener que comprar a precio regular por lo menos un disco en menos de un año que tenga la «membresía». Sonaba muy bien pero Columbia House no aceptaba money orders (aún no tenía tarjeta de crédito ni de ningún tipo) así que me refugié en BMG Music Service. Tenías un catálogo enorme para empezar tu colección. Solo tenías que tener el cuidado de regresar la tarjetita donde marcabas el recuadro de que no querías la selección del mes pues si se te pasaba te sería enviada automáticamente y de la misma forma estarías ya debiendo lo que costaba. Si esto ocurría, no había problema, escribías con un marcador en el paquete «REFUSED RETURN TO SENDER» y no había ningún cobro. Todo esto ayudó a que tuviera mis primeros encuentros con música que era muy difícil de conseguir en México como discografía completa de The Cure o adquirir otros que sí como el ‘Violator’ de Depeche Mode pero a un muy bajo precio ¡y en CD! Nunca llegué al punto de cerrar la cuenta y abrir una nueva con nombres inventados para aprovechar la promoción de introducción al club. Pero sí ponía variaciones de mi nombre para dar de alta nuevas cuentas, pero eso sí, siempre cumplía con mi compromiso de compra de al menos un disco a precio regular.
Años después cuando no compraba tantos discos no se que ocurrió primero, si cancelé la cuenta o cerraron, pero empecé a comprar en línea. De hecho, mi primer compra online fue en cdnow usando mi tarjeta de débito. En estas tiendas virtuales podías comprar sin esperar a ir a la oficina de correos a mandar tu orden con su respectivo money order y al cabo de una o dos semanas llegaría tu pedido. ¡Conveniencia! También cdnow cerró o fue adquirido por Amazon y empecé a comprar en Music Boulevard ya en tiempos de Napster donde ya era común dejar de comprar discos. Y como cereza en el pastel, me llegó un catálogo de Columbia House invitándome a la promo de ahora 12 discos por algo mínimo. Intenté entrar ahora que sí tenía una tarjeta virtual de Banamex y listo, ahora sí volvía a tener acceso a un catálogo enorme para resurtir mi colección.
Todo esto porque miré el documental ‘The Target Shots First‘ con las grabaciones de Christopher Wilcha cuando empezó a trabajar en Columbia House. Es muy interesante desde el punto de vista de negocios por lo que implicaba armar una estrategia de marketing en algo nuevo que empezaba a acaparar la atención de los consumidores como lo era el «Alternative» y el Grunge en el ’93 y como los directivos de empresas que se dedicaban a la música como ésta no tenían idea de la escena musical. También se explica como funcionaban las ganancias, básicamente al ser las mismas productoras de música los dueños de estos clubs de música, podían pagar un número muy cercano a cero por regalías a los artistas, entonces siendo ellos mismos los productores que manufacturaban los discos, aún con el pago de 18 dólares que tú hacías por 9 discos en realidad todavía salían ganándole. Pero la mayor parte de los ingresos era por la «opción negativa», esos discos que se enviaban automáticamente de acuerdo a tu elección de género musical preferido. La empresa prácticamente se sostenía de los que olvidaban marcar en la tarjetita optando por no querer la selección del mes.
Así, el documental me recordó el catálogo, los discos, el lenguaje que usaban para según ellos acercarse a la gente joven.
Otros tiempos.
Algunos apuntes sobre un entrenamiento hecho hace unos días en esta ruta.
Está cortita, desde el Paso del Águila a la caseta son entre 19 y 20 kilómetros solamente. Y sí, te cobran 105 pesos por eso
De la entrada a la autopista desde la salida a Mexicali hasta la caseta son aprox. 30 km solamente
Los letreros indican que no se permiten bicicletas, tampoco peatones
El puente peatonal en Paso del Águila tiene puerta cerrada, es completamente inútil
Hay ciclistas que sí te regresan el saludo, lo miré cuando iba de ida y estaba del otro carril, de regreso estaba en mi carril y ambas ocasiones sí regresó el «buenos días»
Que unos 5 kilómetros sea pura bajadita ayuda a hacer buenos tiempos
Saludar a los empleados de limpieza de la autopista también es redituable
Hay mucho tráfico hacia Tijuana, aún a las 5 de la mañana
Las curvas al final antes de llegar a caseta es vital tomarlas en sentido contrario al tráfico
Los Gatorade de 600ml cuestan 18 pesos en la tiendita de la caseta
Los camiones de pasajeros no se detienen a subir pasaje en la caseta, menos si tienen adentro al supervisor
Siempre ten preparado el plan B para regresar
Addendum:
Hay una zona con muchos mosquitos, demasiados
Encontré al menos 3 botellas de plástica llenas de un líquido ambar y cerradas, según me dicen algunos amigos traileros, muchas veces detenerse un par de minutos implica muchas operaciones adicionales en el transporte, por lo que optan por utilizar estas botellas, cerrarlas y aventarlas al lado de la carretera con la máquina caminando. Siempre recojo basura que me encuentro, esta vez de ninguna manera toqué estos recipientes.
La vista hacia Valle Redondo es inigualable, se antoja mucho un entrenamiento siguiendo esas rutas la próxima vez, para muestra:
Hace unas semanas fuimos mi hija y yo al CEART (Centro Estatal de las Artes) y metí el carro al estacionamiento prácticamente vacío. Al salir del carro para entrar al recinto un señor ya mayor que no me había dado cuenta estaba ahí básicamente me acusó del estado deplorable de la juventud actual. Al parecer al entrar al estacionamiento no hice un alto en un cruce peatonal. El señor no estaba esperando a cruzar ni nada, solo estaba ahí. Y se dió cuenta cuando no hice el alto. «¿Que ejemplo le está dando a su hija?, por eso estamos como estamos»; «mire, ahí viene otra que está igual que usted, ¿ya ve lo que sucede?»; «si la educación empieza en casa, pero así ¿cómo?» Y no supe que decirle pues quizás sí me había pasado ese alto. En un amplio estacionamiento donde ni siquiera ví gente, es posible que simplemente no le haya prestado atención. Solo me fuí, y una guardia de seguridad se me quedó viendo tranquilamente, quizás acostumbrada a como este señor increpaba a las personas.
Lo que me dejó más pensativo es esta situación de prejuicio. Este señor no tiene ni más mínima idea de como educo a mi hija, de que ejemplo le doy o de todo lo que hago por ella para que sea una persona de bien. Solo se dió cuenta de un (mal) gesto, en unos cuantos segundos y con eso fue suficiente para emitir un juicio respecto a mí, con total seguridad (y enfado). Vas por la calle y miras a alguien con aspecto «cholo» y hasta con un tatuaje de una lágrima y tu mente empieza a imaginar cien cosas. O el conductor del auto que se te cerró en una intersección ya le adivinas hasta de donde es nativo. No escatimas en acusar de otras diez cosas al agente de inmigración que te mandó a segunda revisión.
Yo no puedo decir que hacer o que no hacer, pero quiero acordarme que ante los hechos lo mejor para mí es reducir todo a lo que estos mismos hechos dan de sí mismos. Es todo lo que presenciaste y toda la información posible que tienes en estos minutos que tienes en tu interacción con una persona de la cual conoces absolutamente nada. Limitarte a lo que sí sabes, que no es mucho de cualquier modo. ¿Qué caso tienen los «tenías que ser de (algún lugar)» o los «así son todos los (algún adjetivo)»? ¿a qué ayuda?
¿O nos acostumbramos a los prejuicios y ya?
Por meses los entrenamientos organizados por Adrián y Susie nos estuvieron preparando para lo que vendría. Pero ya en el día de la carrera todo puede cambiar, o al menos la percepción es distinta. Lo que más me preocupaba a mí precisamente eran los tiempos de corte así que tenía que tener muy presentes los horarios. No iba a sacar un súper tiempo, lo que quería era terminarlo. Después del año pasado que tuve que abandonar en el km 28, éste ultramaratón representaba un reto mayor. El día comenzó… mal. Quería desayunar razonablamente pero después de dos mordidas a un plátano no sentí muy bien mi estómago. Así que empaqué el resto del plátano y el sándwich que había hecho para comérmelo antes de empezar la carrera. Pero a la hora de lavarme los dientes todo se me revolvió y tuve que agacharme a abrazar el escusado :S No quise que esto fuera una excusa para desistir y así partí al Rancho Casián.
Berrendos en el Ultra
Llegué a las 5:40 y ya estaba todo el equipo de Baja Trail Endurance & More ya con todo organizando a los voluntarios, los garrafones de agua, los abastecimientos, todo perfecto. Poco a poco empezaron a llegar los demás corredores y la camaredería y buenos deseos de todos para con todos daban mejor ánimo, pero los nervios en todos eran muy palpables. Con Marthita y Mayito hice unos ejercicios de estiramiento súper efectivos que me quitaron un poco los nervios. Luego que fueron llegando todos los Berrendo pudimos ahora sí tomarnos la foto del recuerdo de los que participaríamos (aunque todavía no llegaba Picos). Así entre saludando a todo mundo y deseándonos lo mejor, de pronto el sonido a cargo de Raymundo Ramírez solicitaba a Antonio Ríos a dar el banderazo de salida no sin antes dar la última plática de orientación. Y así empezamos.
solo lo primero, y lo que faltaba
La primer sorpresa fue una vuelta rodeando el Rancho Casián para ahora sí enfilar rumbo al camino de terracería que nos llevaría al primer cerro. Los ánimos ya estaban encendidos pero al menos yo me quería guardar y las subidas por más pequeñas que fueran quería caminarlas. Esta primer vereda era tranquilita con un camino perfectamente marcado y todavía con mucha compañía que entre todos nos dábamos ánimos. Llegamos al primer puesto de abastecimiento (Isengard) con todavía neblina en el cielo por lo que el sol no era problema. Había que tratar de comer una papa cocida y unos trozos de sándwich para compensar pero todavía tenía el estómago revuelto
Corredores enfilando a la Meseta
Salimos así subiendo las jorobas de las cuales detesto las piedras sueltas pero bueno, se trataba de asumir esta parte del reto también. Ya bajando de ahí Raúl Nuncio quien se había apuntado como voluntario daba los primeros gritos de aliento a todos los que pasaban por ahí. Después de esto la corrida siguiendo la montaña es una vista espectacular, pero teníamos que dejar la admiración del paisaje para otra ocasión porque había que tener la vista fija en el camino. Más de dos ví caer estrepitosamente y era particularmente peligroso porque estábamos corriendo por la parte más alta del cerro rodeados de nopaleras y otros cactáceos espinosos . Bajando de estos cerros miré a unos metros del segundo puesto de abastecimiento como Iván Santana iba en friega, quien terminó ganando la carrera de 25k. Aquí ya pude tragar una buena cantidad de papa cocida para reponer energías. Pero lo siguiente era mental.
En medio del bosque en las faldas de la Meseta
Estábamos a las faldas de la Meseta (en mis anotaciones Mount Doom) y había que llegar al siguiente puesto de abastecimiento. En esta parte es donde el escenario es espectacular, en medio de un bosque y un río (aunque seco). Pasando el espantapájaros colgado era que había que hacer un hiking en medio de raíces y más árboles, aunque quisiera no era para correr. Aquí hice uso de uno de los bastones para apoyarme con una rama seca suficientemente firme que encontré y pelando sus varillas sueltas. Esto es subir una montaña y estos bastones ayudan mucho. Había varios que ví con sus bastones profesionales como Santiago Agreda a quien amenazaba rentárselos. Y es que la ventaja de ellos es que son de un material nada pesado y muy firme que asegura un buen soporte. Y así llegamos a un punto de abastecimiento que no era el check point pero que la gente de Baja Trail te apoyaba con agua o cualquier cosa que necesitaras. Pero había que seguir y ahora se trataba de un camino de terracería subiendo y bajando muy empinadamente. Por fin llegamos al tercer check-point que yo llamo Minas Tirith (porque está muy cerca de Mount Doom, get it?) y aquí dejé mi bastón en la caja del pickup. No lo necesitaría pues seguían unas bajadas de unos 5 o 6 kms.
curvas curvas y más curvas
Aquí veíamos como poco a poco dejábamos la Meseta y miraba incrédulo un gran pico de lo que no podía creer era el Cerro Coronel. No solo lucía enorme, sino que el caminito para llegar a él se miraba empinado. Estaba muy equivocado, era peor. En el valle antes de volver a subir como referencia había marcado Dorwinion, el único lugar con vestigios de civilización entre estas dos montañas. Era un valle precioso pero había que empezar a subir. Aquí encontré otra rama que curiosamente estaba perfectamente recta y que me apoyé para usarla de bastón. La primer subida estaba increíblemente empinada y aquí miré a los primeros en regresar que ya iban en los primeros lugares. Pero en una zona donde se emparejaba el camino (plano, pues) empecé a sentir unos intentos de calambres. No quise esperarme y me puse Iodex para calmarlos. Aquí por el kilómetro 21 me encontré a Héctor Romero ya de regreso que también venía con calambres. Ahora lo que me preocupaba era que estaba por terminarse mi agua de mi mochila y la botella adicional que traía. Y empezaron las subidas más empinadas en un camino de terracería lleno de piedras y muy accidentado. Aquí lo que era realmente traumante era que miraba una curva que me hacía entender que al sortearla llegaría al siguiente punto de check-in pero no, había una curva más, y después otra, y una más. Estaba desesperado ante mi falta de agua, mis calambres y el cansancio.
La vista espectacular en la cima
La mala noticia fue que a unos 10 metros del puesto pasó un señor que estaba quejándose amargamente de que no tenían agua. En mi mente solo pasaron maldiciones ¿cómo no iban a tener agua? ¡yo ya no tengo! sentí el peso del fracaso pasar mi mente pero preferí no hacerle caso. Llegando al puesto confirmé y efectivamente no tenían agua porque los garrafones que llevaron se les cayeron y se rompieron. Las personas en este puesto apoyaron como pudieron y había Coca-Cola y otros refrescos pero yo necesitaba agua. Una chica de Baja Trail se apiadó de varios de nosotros y al parecer de su botella personal nos dió unos chorros de agua para lograr subir el último pico. Aquí no podía creer lo empinado que estaba. Era pura piedra en unos caminitos que se miraban muy pesados y así lo confirmé con Marco Valencia que ya venía de regreso y me dice «está muy pesado». Ni hablar, a darle. A pesar del cansancio y los calambres, esta parte la sentí bastante cómoda. Me recordó las idas al Cuchumá que hace años (cuando la frontera con EE.UU. era una cuerda) subíamos mi familia y amigos cada fin de semana. Las piernas las sentía bastante bien a pesar de que prácticamente veníamos escalando. Lo malo es que teníamos que dejar libre el paso para los que venían bajando y ahí estábamos como cabras pastoreando a la orilla de los riscos. Aquí me dió mucho gusto ver enteritos a Marthita y Mayito que también siempre en cualquier carrera me dan unos ánimos y apoyo que siempre se agradece. Sorteando la primer subida miré con mucha paciencia que seguían unos 200 o 300 metros más planos antes de otra vez subir empinado. En esta parte plana sentí más pesadas las piernas pero había que subir lo último. La vista era espectacular en Dor-en-Ermil en el punto del kilómetro 25 exactos, aunque estábamos en las puntas de unas piedras. Se logra ver prácticamente hasta la bahía de San Diego hasta un poco más allá de Popotla. Al otro lado la Meseta que todavía nos esperaba. Aquí abriendo mi mochila descubrí una botella de suero que no me acordaba que traía y lo tragué en menos de un minuto. Aquí me dió un gustazo ver llegar a Gerardo Berrelleza aunque desafortunadamente iba en no la mejor condición. Pero ya había que regresar pues se aproximaba el tiempo de corte. Así que empezamos el descenso y me encontré a Viviana Garay que con el compromiso de una gran fotógrafa hizo el esfuerzo de subir a la punta para lograr esas capturas muy especiales para los corredores. Llegando de nuevo al checkpoint ya por fin había agua. Me unté hielo, rellené todo lo que traía y tragué puños y puños de sal. Pero había que partir de nuevo.
Bajando la Meseta
Aquí bajando lo empecé a trotar pues había que llegar en menos de dos horas a Minas Tirith de nuevo. Como sabía que seguían unas subidas muy grandes antes de llegar a la Mt Doom me preocupaban los tiempos de corte. Así lo pude bajar no sin antes ponerme de vez en vez Iodex para apasiguar los calambres hasta que llegamos de nuevo a Dorwinion en la parte más baja de este valle. Y empezó el ascenso de unos 5 a 6 kms. Insoportables. Pero venía acompañado de otras 5 o 6 personas, no se cuantas, apenas miraba yo, y nos adelantábamos a veces y a veces retrasábamos pero sin variar íbamos caminando. Mi bastón me volvió a servir bastante bien y aquí mis recuerdos me traicionaron porque mirábamos la Meseta muy lejana. Pero seguíamos y seguíamos y trataba de reconocer el terreno pero me tranquilizaba al ver las marcas anaranjadas perfectamente bien marcadas. Hasta que por fin llegamos al checkpoint. Aquí me reabastecí con los siempre amables voluntarios de Baja Trail y agradecí enormemente sus atenciones. La mochila recargada de agua y bien hidratado con el Powerade había que enfilar a sortear la última montaña. Recogí el bastón que había dejado en el pickup y ahora con dos bastones esta subida fue mucho más ágil. Es que imagínate unas escaleras con barandales, esto es el soporte adicional que ayuda a que dejes de tener todo el apoyo en las piernas. Y aunque mis brazos hicieron un esfuerzo adicional, esto me permitió llegar en mejor forma a la cima de la meseta. Tanto que hasta me permití trotarlo. Aquí usando los bastones para dar las zancadas más amplias ocurrió mi primer momento de histera. Estaba totalmente feliz, había dominado la Meseta y no solo eso, estaba corriéndola. Al llegar al otro extremo dejé los bastones (la verdad en bajada estorban) dando el otro aviso en Twitter de esto mismo y empecé a bajarlo. Aquí La Lupita me acompañó y yo cantando todas las canciones del último disco fue mucho más placentero. Al bajar estaba un pickup de apoyo de emergencia, me han de haber visto todo loco pero ya no importaba, les hice una señal de que iba bien y continué. Aquí abajo, viendo al lado la Meseta atrás y muy arriba fue mi segundo momento de histeria. Lloré, la volteaba a ver de nuevo y lloré más y más. El reto que me detuvo el año pasado hoy lo había cumplido.
Foto por Raúl Nuncio
Pero son engañosos a veces los caminos, al menos no es lo mismo ir de ida que de vuelta y no me daba cuenta cuanto faltaba. Ahí en la última bajada de la Meseta encontré a Antonio Ríos que buscaba a los últimos corredores y se aseguraba que todos estuviéramos bien. Así llegué a Lothlorien, el checkpoint ya del kilómetro 41 donde me atendieron como Rey. Un voluntario en cada pierna me presionaba agua helada con las esponjas. Otro más me rellenaba la mochila. Una chica me mojaba la cabeza y otra más me acercaba papas, sandía y naranjas. Antes de partir todos y cada uno de las 10 a 15 personas que estaban aquí me daban gritos de apoyo y me deseaban un buen fin de carrera. Seguía pasar por un sendero que es mi favorito en todo el trayecto, siguiendo un riachuelo que en tiempos de lluvia se ha de mirar precioso. Venía pisándole los talones a otro corredor que aunque venía tan cansado no tenía los calambres que yo. Al último le dije que quería trotarlo antes de llegar a la siguiente subida antes del ckeckpoint y me le despegué. Aquí antes de llegar a empezar a subir rumbo a Isengard, encuentro de nuevo a Raúl Nuncio que seguía dando y dando apoyo a todo mundo. Le comento que tengo un poco de calambres todavía aunque controlados con Iodex pero me comenta que como es caliente es mejor con agua fría. Y así me empezó a dar unos masajes con agua fría que los sentí como gloria. Esos detalles y extra que dan los voluntarios son lo que hacen la diferencia. Pero había que continuar porque se acercaba el tiempo de corte. Empecé a subir rumbo al último checkpoint y me desesperaba porque recordaba unas bajadas que ahora serían subidas y yo todavía no estaba en mejores condiciones. Pero allá arriba veo a Edgar Armenta muy entusiasta con Magally atendiendo de maravilla. Tomo más Powerade y relleno la botella, la mochila no la necesitaría (tanto). Así que solo faltaba lo último, 5 kilómetros más. Aquí en la parte más baja grité muy fuerte pues sentí una de las ampollas reventarse. Tan fuerte que otro corredor volteó a ver si estaba bien. Le hice señas para que no se preocupara y levanté ambos brazos con los pulgares arriba para que en el puesto me miraran con los binoculares y vieran que estaba en buena forma. La verdad lo único que me hacía continuar era visualizarme en la meta, obteniendo esa medalla preciada y así empecé a trotar de nuevo. El corredor enfrente de mí empezaba a gritar, supongo que para darse ánimos y nomás me daba emoción que faltaba realmente muy poco. Había otras subidas y había que caminarlas. Pero ya se acercaba la última bajada y estaba más que emocionado. Bajando ya era el camino de terracería que nos enfilaba hacia el Casián y ya estaba corriendo entusiasmado. Aquí en ese camino me topé con Blanca la chica de SportsFan que el año pasado me dió muchos ánimos a pesar del fracaso y ahora me miraba llegar y me aplaudía.
Foto por Isabelita Granados
Ya por fin se miraba la última esquina y ahí estaba Ricardo Castillo a quien pregunté si nos iban a hacer dar la vuelta al rancho como al principio y no, afortunadamente ¡ya solo era cuestión de unos 300 metros! Y ahí miraba la entrada a dar el último esfuerzo. Ahí estaban en esta entrada más voluntarios que vitoreaban. Aquí, Leslie Valladares me acompañó y me seguía dando ánimos y yo estaba extasiado de felicidad, al fin en una vueltita miré la meta y había otros corredores y voluntarios aplaudiendo y felicitando y así, ¡terminé! Aplaudía, abrazaba a quien se pusiera enfrente, lloré, agradecí a todos. Me colgaron la medalla y sentí su peso y me sentí excelente. Los dolores, calambres y todo el sudor habían quedado atrás. Por ahí llamaron a Germán y no me acordaba que había una lona de Finisher y al verla ahí sí lloré inconsolablemente, me tomó la foto ahí en este símbolo de reto cumplido. Al fijarme en el reloj hice aproximadamente 10:10 (mi gps se pausó en un largo trayecto después de Lothlorien) así que estaba rayando en el tiempo de corte pero afortunadamente lo terminé muy bien, y esa era mi reto, terminarlo.
Mi mapa de referencia, junto con otro que me encontré que no entendí del todo
Es imposible dejarlos pasar inadvertidos, ahí están, inundando las redes sociales con sus consignas, frases prefabricadas y loas a sus candidatos.
De hace unos años para acá los partidos por fin le hicieron caso a los expertos de social media sobre la importancia de expandir sus mensajes a una plataforma más aparte de los medios de comunicación tradicionales: internet. Y no estoy hablando aquí de la presencia en línea que es importantísima. Se debe tener una cuenta en redes sociales que permitan una interacción más directa con los usuarios y responderles. Pero como en todo, hay diferencias, empezando en los costos, no es lo mismo producir un spot de 30 segundos de televisión a empujar un trending topic. Algo importante que tiene que ver con el Alcance (como lo llaman los que sí saben de mercadotecnia) también tiene sus diferencias en esta nueva era de las campañas electorales. No es lo mismo hacer llegar un mensaje muy directo a mil personas en un distrito en específico (con intereses muy particulares) en comparación con un mensaje muy general que es literalmente enviado a todo el mundo (que lo lea). Y es aquí donde no me queda claro a quien benefician estas cuadrillas de personas esparciendo mensajes en las redes sociales. Su objetivo al parecer no es dar a conocer la plataforma del partido o candidato, ni siquiera la de recoger inquietudes de ciudadanos interesados.
Como en cada campaña desde algo así como una década, solo buscan lograr un pellizco de un pico de menciones populares. ¿Esto que aporta a la campaña? Una cosa son las discusiones que se gestan en redes sociales de manera orgánica. En Twitter es más notorio pues ante notas de última hora (sea por desgracia o escándalo suficientemente importante) es prácticamente inmediato saber de ese suceso notorio pues la misma población de esta red social se encarga de convertirlo en suficientemente viral como para tomarlo en cuenta. Cuando así quedan fijos ciertos trending topics al navegar rápidamente entre los cientos (o miles) de menciones de usuarios comunes y corrientes es que se da uno cuenta de la importancia de dicho tema. Uno ve con desconfianza cuando encontramos trending topics claramente fabricados y no es poco común. Puede ocurrir que simplemente una estrella pop pide a sus seguidores twittear (y retwittear) sobre la última película que protagoniza o el más reciente disco que lanza al mercado. En los realmente exitosos sirven a la estrella en cuestión a que se hable del producto que está ofreciendo pues esto invariablemente se traduce en el consumo del mismo. A esto aspiran programas de televisión que en una esquina de la pantalla colocan el título del show acompañado de un hashtag. Los realmente patéticos son los que intentan empujarlos de acuerdo a lo que está sucediendo en el programa (que no es lo mismo cuando es un evento deportivo). En estos casos de #Dianaconda o #ExigimosADN (así de extraños e ininteligibles) es que esta dinámica no termina de cuajar y por lo menos no son tan predecibles para asegurar el éxito de alguna campaña que algún experto intentó venderle a algún productor.
Pero llegamos a las campañas políticas. ¿Cómo le demuestran a los tomadores de decisiones dentro de la campaña que sus trucos han surtido efecto? Convencerlos de tener una presencia en línea es una cosa, es casi tan importante como el diseño de imagen y eslogan de campaña, pero ¿qué idea les venden cuando les proponen tener a 5, 10, 50 fulanos enviar una y otra vez los mensajes que intentan colocar como trending topic? No hablemos de los bots pre-programados que en Twitter cada vez más se especializa en ir eliminando, en el mejor de los casos estamos hablando de personas de carne y hueso que se ponen de acuerdo a determinadas horas y días para empujar un mensaje o sentido del mensaje del día. A veces se juntan en una sede para estar en el mismo canal (y convivir si se da el caso). Si al término del día lograron un pico en el alcance del mensaje que ese día se decidió empujar terminaron su trabajo. ¿Enfadaron a todo mundo? no importa ¿Sus seguidores terminaron bloqueándolos? no es problema ¿Ni siquiera llegaron a un trending topic? no le hace. El meollo del asunto es que en ese preciso día lograron presentarle una gráfica al candidato donde 1,000 ocasiones se disparó el mensaje que querían empujar. ¿Qué sentido tiene esto? Una cosa es que con dichos mensajes lograran que usuarios (digamos, normales) voltearon a ver al candidato o partido y se sumaron como seguidores (y a su vez nuevos retwitteadores) y otra es que estos usuarios normales prefirieron desenfadarse de estos mensajes y evitar redes sociales por lo que resta de la campaña. Tú los puedes reconocer, de repente salen frases que claramente están pre-fabricadas y muy de pronto están inundando tu timeline. El siguiente paso de los expertos es sacar notas de prensa o boletines informativos glorificando el suceso de alcanzar un hito de menciones del candidato. La cosa se vuelve realmente fea cuando hay debates entre estos candidatos. Prácticamente hay que desestimar cualquier nota que hable de las repercusiones en redes sociales de ello ¿no te parece curioso que el «ganador» del debate depende del medio que lo proclame? Lo mismo ocurre con los «análisis» en redes sociales que hacen después. ¿Qué utilidad tiene un análisis de impacto en redes sociales si estas tendencias son manufacturadas?
Mi recomendación es lo que hago siempre, si algo me enfada, molesta o irrita, lo bloqueo. Si veo que es algo que hostiga, abusa y me parece inapropiado lo siguiente es reportarlo. Esto ayuda a que mi timeline (y la red social en general) está más acorde a la realidad de las cosas y no a lo que estos expertos quieran tratar de imponer.
Ahora que ya tienes una disciplina y sales a correr rutinariamente y además de inscribirte a carreras te conviene ir midiendo tu progreso. Sí es entendible (y recomendable) correr por el simple gusto sin preocuparte cuanto llevas o que tan rápido. Pero como todo en la vida, si no hay manera de medir algo no hay manera de mejorarlo.
¿Qué se necesita? Básicamente:
Medir distancia
Medir velocidad
Rastrear ruta por GPS
Garmin (o TomTom, Timex y otros GPS de pulsera)
He visto que es la opción que prefieren los corredores profesionales y tiene sentido pues solo lo llevas en tu muñeca por lo que es muy ligero, además de que las mediciones siempre son más confiables. La desventaja es que casi siempre los encuentras en más de 150 dólares.
Fitbit (o Jawbone Up y otros medidores de patrones portátiles)
Además de medir todo lo anterior te ayuda a rastrear todas las actividades de ejercicio durante el día. Algunos ofrecen opciones más completas como rastreo de tus hábitos de sueño. Por su diseño muy pequeño lo puedes colgar de tus tenis o colocarlo en una pulsera que se vende por separado. Lo encuentras por unos 99 dólares.
La app que instalas en tu celular te ayuda a registrar tus entrenamientos y te va diciendo cuando superas tus mejores marcas en atractivos anuncios que puedes compartir en Facebook. En lo personal me parece confuso por usar «puntos» para sus mediciones en lugar de centrarse en el kilometraje (o millaje) recorrido o velocidad. Ésto a algunos les parece más simple para compararse con otros pero bueno, es cuestión de gustos. Además es la única app cuyo portal se enfoca principalmente en productos Nike que comprar en lugar de tus corridas o las de tus contactos.
Son apps gratuitas soportando el registro de tus mejores tiempos en carreras, distancia recorrida y algunos de ellos con extras (premium) para registrar otro tipo de cosas para lograr tu bienestar en forma. Todos ellos con muy buen soporte para comparar tus ejercicios con tus contactos y compartirlos en Facebook. En algunos de ellos puedes sincronizar con una banda de medición de ritmo cardiaco (vía bluetooth) para que te esté alertando cuando debas bajarle.
Mi preferido desde que empecé a correr, además de registrar todo lo anterior tiene una base de usuarios de todo el mundo por lo que puedes comparar tu desempeño fácilmente con alguien de tus características. Los retos mensuales son motivamentes para competir con tus contactos y ver su evolución a través del tiempo. La característica premium de los planes de entrenamiento se sincronizan con tu cel para que no te pierdas de correr lo que te tocaba hoy para lograr la meta que hayas configurado. Acepta múltiples maneras de importar datos de tus ejercicios de otros dispositivos o cuando anduviste «fuera de línea» haciendo la integración muy simple. También es muy útil para conocer nuevas rutas (en tu ciudad o cuando estás fuera) pues la extensa base de usuarios comparten rutas todo el tiempo, llevándote a tener entrenamientos más informados cuando hay dudas de por donde irte.
¿Quieres hacer tus entrenamientos más interesantes? Imagínate que vas corriendo pero de repente escuchas muy cerca de tí gruñidos de los no vivos, así que hay que correr. Tienes que hacer caso a las indicaciones de las misiones para seguir la historia y en tu corrida recopilar víveres y luchar por tu supervivencia. Si los zombies se acercan mucho puedes perder estos víveres así que tienes que correr más rápido y regresar a la base. Es un poco caro dependiendo de la plataforma que uses pero sin duda muy interesante.
Como ves, éstas son solo herramientas para apoyarte a mejorar. Comparando registros a lo largo del tiempo te puedes dar cuenta de tus mejores rutas, de entrenamientos más apropiados, o tu mejor manera de prepararte para alguna carrera próxima. Aquí lo primordial es que estás compitiendo contigo mismo y con estos registros es la manera de comprobarlo. Prácticamente todas estas herramientas tienen la característica de compartir en tus redes sociales tus logros y entrenamientos, solo configura un poco quien puede ver esto para evitar abrumar a quien de plano no le interese. Y a quienes sí abrumas, siempre pueden bloquear la aplicación y listo.
La mejor app o dispositivo que uses solo tienes que tener presente para que lo quieres aprovechar ¿para mejorar tus tiempos? ¿rastrear tu desempeño? ¿compararte con tus colegas? ¿hacer nuevas amistades? Todo se vale, ¿cuál recomiendas tú?