Mi chica me ha dicho que he pasado por varias de estas obsesiones. Algunas más irritantes que otras, pero definitivamente deben ser eso, obsesiones.
Te platico de mi obsesión más predominante actual: correr. ¿Cómo no llamarla obsesión cuando la alarma suena a las 4 de la mañana? ¿o si me he desplazado casi 600 kilómetros para correr un par de horas? no mencionaré para nada la inversión en calzado, dispositivos, ropa, suplementos y ni hablar el costo de las carreras que he hecho.
Es una obsesión que empieza con un par de meses antes del nacimiento de mi hija. Sentía una especie de presión en el pecho que en definitiva no me auguraba nada bueno así que acudí al médico. La doctora me mandó hacer análisis y lo que encontró fue que necesitaba hacer un ejercicio cardiovascular o de lo contrario me tenía que casar con medicamento para el corazón de por vida. Había un indicador en uno de los análisis que más me preocupó, decía que tenía un factor de riesgo de 1.2 de un ataque cardiaco (o al menos algo así lo interpreté) y de verdad, fue una temporada algo temerosa. Con mi niña a punto de llegar al mundo, no fue más que ahora sí poner en marcha un deseo que hacía mucho ya deseaba.
Siempre me ha gustado caminar. A la secundaria y prepa prefería irme caminando con mi hermano y amigos en lugar de tomar un camión. Ciudades nuevas que visitaba me lanzaba a patearlas pues sentía que es la mejor manera de conocerlas, sentirlas de cerca, mezclarte con los locales. Pero no es ejercicio suficiente, necesitaba hacer que la sangre circulara por mis venas y que el corazón realmente se pusiera a trabajar. Alguna vez lo intenté en unos pantanales de la Riviera Maya y disfruté bastante esos 2 minutos que pude correr sin bofearme (tanto) pero no me había aplicado a tomármelo en serio.
Así que empecé. Me fui a la Unidad Deportiva más cercana a darle unas 3 vueltas a la pista de atletismo caminando y luego me aventuré a hacer 100 metros corriendo (pero sin parar) y terminaba haciendo otras tres vueltas a la pista. Este método muy gradual de iniciar en la corrida me lo recomendó una amiga en Europa una década atrás y apenas le hice caso. El meollo del asunto es que no puedes hacer una carrera de 5 kilómetros a la primera, todo debe ser a pasos escalonados. Después de esto me sugirieron fijarme una meta y para julio había una de las carreras más importantes de la ciudad y ese fue mi objetivo. Continué con los entrenamientos simples y sencillos y ahora después de varios días y semanas en lugar de 100 metros avancé a 200 metros continuos corriendo, después los 400 metros (la vuelta completa a la pista), y poco más. Después de esto agarré la onda en otra cuestión, no solo me parecía poco coherente irme en carro a correr a otro sitio, sino que la carrera sería en la ciudad por sus calles, así que fue mi primer cambio para correr.
Paulatinamente aumenté las distancias y el ritmo y ese día de julio de 2012 pude hacer esa primer carrera de 5 kilómetros. Ese mismo año mi amigo Meño me retó a hacer el medio maratón Rock ‘n’ Roll en Las Vegas para diciembre y allá fuimos mis carnales y yo. Al año siguiente el Maratón completo ahí mismo y esto apenas comenzaba.
Con eso, han pasado decenas de carreras, cientos de entrenamientos, miles de kilómetros corridos en distintos terrenos, estados, niveles de dificultad, y claro, de satisfacción. Pero no puedo dejar de gozar esa sensación de que suene el despertador y pensar para mí mismo «hoy corro»
Día 3: desde donde estás sentado, escribí diez cosas a las que no les habías prestado atención.
1. Son más carros de los que pensaba que se estacionan en doble fila en la calle afuera
2. Hay un vendedor de Tejuinos afuera
3. La pintura que tengo tiene 3 llaves en él, pensé que eran 2
4. Me cambiaron mi cesto de basura a uno de esos de rejilla de alumnio, tenía uno de plástico cerrado
5. Tengo más papelitos sueltos de los que me gustaría tener
6. También llegó un vendedor de burritos
7. En la construcción del edificio de enfrente colocaron 4 letrinas portátiles, nunca son suficientes
8. Tengo una libreta que no uso desde hace varias semanas aunque la tengo a la mano
9. Nunca usé esta pluma con una terminal de goma para usar la pantalla del smartphone, no me funcionó del todo bien
10. Necesito sacarle más punta a este lápiz
Día 2: escribí un fragmento de tu autobiografía y mentí en algunas cosas
Yo no era un mal estudiante, aunque tampoco era el mejor de todos. De hecho salí de la prepa en tercer lugar de aprovechamiento ¿o era segundo? la verdad no me importaba. Simplemente las cosas que comprendía las asimilaba, trataba de aplicarlas y listo. Si no me interesaban tanto por lo menos trataba de hallarles sentido para ver como me podían servir. Venían los exámenes y los pasaba sin mucho trámite.
No significa esto que no tuve tropiezos.
Aunque en la primaria y parte de la secundaria hasta diplomas obtuve por aprovechamiento, tuve una temporadita de rezago y de valemadrismo que por andar en el juego con los amigos descuidé los estudios. Paré cuando llegando a una clase a primera hora de 7 de la mañana me sorprendió un compañero con que había examen ese día. No tenía idea del temario y él me vió como manufacturé un acordeón perfecto para poder pasar ese examen. Durante el mismo fue tan bueno ese acordeón que lo rolé y lo rolaron a otros y todos sacamos de 9 para arriba, las mejores calificaciones. Pero mi compañero que me vió hacerlo no, sacó un modesto 7. Sentí vergüenza. No quise volver a sentir eso y tomé medidas para no tener que reaccionar como lo hice en esa ocasión. Mis calificaciones entonces sí fueron mías.
Antes de esa ocasión, como mencioné, lo reflejado en las boletas de calificación fueron resultados de mi esfuerzo a excepción de ese par de meses que definitivamente perdí el rumbo. No solo en lo que respecta a como me preparaba para los exámenes, sino en muchas cosas personales más y que serán tema de otro de los días de este reto.
Escribo primero que nada para mí, porque es el ejercicio mental de desfogue de ideas que más me gusta. Conversando con alguien que te rete los pensamientos es siempre muy gratificante pero muchas veces no coincidimos o no son momentos adecuados para exponer temas que inciten a una discusión. Escribiendo hago un poco de trampa, pues esas ideas las voy puliendo y acomodo las palabras y frases conforme mejor pienso que estoy exponiendo mi diatriba, y de todos modos no siempre quedo satisfecho con el resultado. Pero bueno, como me dijo una amiga que realmente escribe exquisito, solo se desarrolla esa habilidad ejerciéndola muchas veces, escribiendo.
Mi primer maratón lo hice en el 2013, el que fuera mi mejor marca hasta ahora con 4 horas y 8 minutos.
Definir: El Plan
Estuve por años checando varios planes de entrenamiento. Los que me dictaba Endomondo simplemente no me sirvieron, no me daban la marca a pesar de seguirlos al pie de la letra o quizás yo no le ingresaba los parámetros adecuados. Hasta que Gerardo Berrelleza me compartió el plan que le sirvió a él a superar el maratón en menos de 4 horas. Consistía en entrenamientos muy dedicados, sobre todo considerando mi ritmo personal de carrera. Para esto fijamos como mi mejor 5K los 21 minutos que corrí en 2015 y así surgieron entrenamientos para todos los días de la semana exceptuando un día de descanso que fijamos en el día miércoles ¿y esto porqué? porque el jueves tocaba pista. La endemoniada pista. Muy necesarios esos cambios de ritmo y con entrenamientos progresivos logré llegar al día que me tocó sostener un ritmo de menos de 5 minutos el kilómetro durante 4000 metros (10 vueltas a la pista pues) combinado con «descansos» de 800 metros a ritmo de 6 minutos por kilómetro y repetirlo 4 veces: 4000x800x4. Los fines de semana eran de tiradas largas alternando alrededor de los 16 y 32 kilómetros, y en lo que me enfoqué yo es que la segunda mitad de estas tiradas largas fueran las decisivas pues le cambiaba el ritmo asegurando ir de 15 o 20 segundos el kilómetro más rápido que la primera mitad. Así que mi calendario lucía muy entretenido.
Todo esto estaba enfocado para hacerlos en los meses previos al Maratón Gobernador del 2016 en Mexicali. Clima idóneo, ruta prácticamente sin elevación y con el apoyo de mi equipo pintaba para que pudiera llevarlo a cabo. Pero ya sabemos como terminó esa historia.
No es imposible: Sobrellevar el fracaso
Las dos semanas previas a ese maratón no pude seguir el entrenamiento, y el resultado ahí está: 4 horas 12 minutos, que a pesar de que sí lo disfruté y lo viví al máximo, no cumplí el objetivo trazado. No fue como para autoflagelarme ni nada por el estilo pero simplemente la espinita sub4 seguía ahí.
Así que unos días después de navidad me confirmó mi hermano que no podría correr el maratón por el que había pagado meses antes y que el boleto tendría mi nombre si así lo deseaba, y pues claro que acepté. La cita quedó para el 15 de enero en Phoenix, solo unas tres semanas adelante. Tomé el plan de entrenamiento, recorrí las últimas tres semanas y me dispuse a seguirlo.
Lo difícil: Distractores
Hay carreras de 5K donde la comunidad atlética se reúne y es imposible no darse una vuelta a saludar. También las fiestas de fin de año incluyen deliciosos platillos a los que no les puedes hacer el feo y por supuesto que se antojan esas copitas y botellas de cerveza (que sabrosa la Noche Buena de este año, por cierto). Pero pues hay un objetivo en mente.
De todos modos se trata mucho de disciplina seguir el plan a pesar de que solo tienes disponibles las mañanas a partir de las 4 de la mañana en el invierno de montaña. Llegando el día lo que pasó fue que estaría solo en la carrera pues mi cuñado haría el medio y en este lugar es separado del maratón, y a decir verdad me gustó mucho así. La otra es que solo miré a otros 3 mexicanos en toda la carrera, no se si tenga que ver algo el próximo presidente de los EE.UU. pero eso fue lo que me tocó. Por esta separación de las rutas los corredores son menos pues estamos ahí únicamente los que vamos por el maratón y había unos 6 «corrales». Al colocarme en el número 3 me dí cuenta que ahí estaba el pacer de 4 horas así que todo tenía más sentido. De hecho dieron el balazo de salida y corrimos todos sin esperar la salida de los corrales previos. Ya durante la carrera en esa fría mañana con amenaza de lluvia recordaba mucho las palabras de Gerardo «concéntrate ahorita, festeja después.» Es que mi personalidad de estar muy alegre recibiendo el apoyo de completos desconocidos y agradeciendo no puedo reprimirla; ahí estaba dando high fives y thumbs up a todo mundo. Cantando las canciones de las bandas y corrigiendo «La Bamba» a aquel que medio la tarareaba. Diciéndoles el «thanks a lot officers» a la policía, felicitando a aquel que festejaba su cumpleaños 42 corriendo 42 kilómetros, el paquete completo pues. Pero de todos modos sentía que estaba haciendo mi carrera prácticamente solo.
La ruta es saliendo de Downtown Phoenix pasando por las colonias de comercios más antiguos de la ciudad y pasando por mucha zona residencial. Son rectas muy largas y por lo mismo no las consideraría aburridas, más bien enfocadas y al ser en medio de casas, varias familias salen a apoyar a los corredores. Después de otras rectas había una pendiente, ligera, pero pendiente al fin de unos 7 kilómetros antes de llegar a Scottsdale, y aquí todavía mantenía un ritmo constante de 5:30, y como no quería menguarlo seguí pegándole a pesar de la subida y me sentí bastante bien. Pensaba que en el retorno me iba a soltar pues me tocaría descenso y así fue. Ya era más del kilómetro 30 y podía darle 5:25 y hasta 5:20 el ritmo. Para mí los puntos clave son los kilómetros 11, 22 y 33 para darme una idea como voy y ya para el 33 iba con bastante buena actitud. Me sentía sin ningún tipo de molestia y ya empezaba a considerar que en efecto todo pintaba para ahora sí superar el PB. Pero no podía perder el enfoque: «festeja al terminar» me seguía repitiendo. Seguí con mi ritmo a menos de 5:30 sin atravancarme ni tratando nada más rápido. Ya cuando llegué al kilómetro 40 tomé la única colina «pesada» del recorrido subiendo un puente, pero lo tomé con todo el entusiasmo, determinado a continuar a la meta para terminar el maratón en la mejor forma. Conforme nos acercábamos a la meta ya estaban regresando los corredores que habían terminado y nos apoyaban. Ya en el puente sobre el río antes de llegar a Tempe, a 600 metros de la meta perdí toda serenidad y me dí el lujo de tomarme la selfie y no cabía de contento. Proseguí corriendo a la par de una chica con la que nos estuvimos echando porras todo el camino y ahora sí al dar vuelta a unos 200 metros de la meta voltié a ver el reloj y ahí no quise dejar de festejar. Crucé la meta gritando y brincando. 3 horas y 52 minutos habían transcurrido. Objetivo al fin logrado.
Pude mantener una constancia en el ritmo
Recuperación: La carrerita post-maratón
Héctor Buelna me enseñó a dar un trote ligero después de un medio y vaya que me funcionaba. Resulta que por el esfuerzo terminas con los músculos tensos, inflamados y arremangados (como quien dice) así que con la trotatida se va reacomodando todo en su sitio poco a poco. Me acostumbré a darle un par de kilómetros después de terminar un medio maratón desde entonces. Y luego lo probé con los maratones.
Pues el día lunes después del maratón Rock N Roll de Arizona me aventé unos 5 kilómetros y medio a unos muy lentos pero satisfactorios 35 minutos. Y es que todo el día domingo después del maratón sí me sentí con una leve molestia en la rodilla, los muslos atrincherados y con las pantorrillas muy tensas. Hice la corridita temprano en la mañana y ese mismo lunes noté mejoría. Para el martes (es en serio) ya me sentía como si nada. Ni cansancio, ni la inflamación ni nada que dijera que acababa de hacer un maratón.
Objetivo cumplido: nuevos retos
Este año 2017 no digo que dejaré de ir a carreras pero la presión de hacer menos de 4 horas ya está fuera de mi mente así que puedo voltear a ver con otros ojos lo que me proponga. Y con más tranquilidad.
Disfrutaré entonces el UBT50K en marzo, buscaré enfocarme en completar el PCT50M en mayo por lo pronto, con miras a llegar en buen estado para el Tule Trail 57K en octubre y hasta ahí estaré concentrando mis esfuerzos. Si se atraviesan un par de medios o el maratón de Tijuana ya será con más calma y sin presión. Quiero más tierra y menos asfalto ahora que ya pude quitar un elemento de mi lista «de la cubeta». Al menos este año.
Tengo un playlist en Deezer con canciones que me gusta escuchar de vez en cuando. No puedo decir que son mis favoritas de toda la vida pero más bien canciones que puedo escuchar y disfrutarlas a la hora que sea y en la situación que sea. Hace más de un año que no corro una carrera con música y se me ocurrió para el quincuagésimo primer maratón Gobernador rescatar ese playlist y ponerlo en Shuffle. Esta es una selección de las canciones que estaba escuchando y lo que pasaba por mi mente al recorrer esos kilómetros. Está en Spotify pues se facilita más compartirlo por acá. Dale al play.
Words like violence, break the silence
Es muy fría esta mañana ¿en serio estamos a 0ºC? que bueno que me puse una camiseta pegadita debajo. Desayuné ligero, pero desayuné, y esos pretzels que me eché en el camino me deben ayudar a no andar hambreado. Voy bien en mi ritmo, la clave es no bajar de 5:20 pero nunca llegar hasta 5:50 por kilómetro.
Si la vida me da palo yo la voy a soportar, si la vida me da palo yo la voy a espavilar
Vamos sobre Lázaro Cárdenas y apenas el primer abastecimiento. Insisto que hidratarnos cada 5 kilómetros no es suficiente aún cuando estamos en temporada invernal ¿pero qué voy a saber yo? Ya dejé atrás a Aracely quien va por su tercer maratón y ahora estoy concentrado en la música, mi ritmo que ha seguido estable fluctuando el 5 y medio por kilómetro.
Me dicen el matador nací en barracas
Tengo que hacerle caso a Gerardo y concentarme, él sí ha podido bajarle de 4 horas con el plan de entrenamiento. Ya se va con Alex pero me aconseja concentración y dejar las celebraciones para el final. No estoy seguro de no andar como loco saludando a todo mundo, aplaudiendo a todos quienes están a los lados dando ánimos y gritando cada rato, así soy ¿qué puedo hacer? Saludo a Tania que esta vez recorre el circuito en bici. Toda esta Calzada de los Presidentes me parece que será lo más complicado de la ruta ¡no hay nada! pero afortunadamente es corto, nada que ver con la Calzada Cetys que simplemente por las mentadas era más que insoportable.
Dicen que no conoció el amor, dicen que tiene maldito el corazón
Amo la Madero. Esta avenida es especial con sus tiendas de Guayaberas a las que veníamos con mi papá de niños. Creo que no volví a Mexicali después de esos viajes a los 8 o 9 años sino hasta que regresé para los trámites de ingreso a la universidad. Ahora estoy pateando esta avenida y re-descubriendo como ha cambiado a lo largo de los años. Wow, ahí viene Zeth corriendo a alcanzarme suero, me acuerdo de pedirle potasio para evitar calambres (a pesar de que no hay indicios de ello aún), saludo a Naraí y a su sobrino que es una máquina animando a la gente.
Do what I want cause I can and if I don’t because I wanna be ignored by the stiff and the bored because I’m gonna.
Aquí era, Argentina 270. Viví aquí el último semestre que estudié en Mexicali. No ha cambiado tanto y sí, recuerdo perfectamente estas cuadras enormes que me hacían sudar cada que me iba rumbo a la Justo Sierra a tomar el camión que me llevaba a la escuela. Aquí me emparejé con Zuluz platicando admirando la fuerza que trae.
You’ve got your mother in a whirl, she’s not sure if you’re a boy or a girl
foto por Germán Rodríguez
Cantidad de gente alcanzando el medio maratón. Esta es la parte que estaba seguro valdría mucho la pena pues al dar dos vueltas todos estarían esperando en la meta y podríamos pasar por ella a la mitad recibiendo de todos ese apoyo vital. Tomo mi primer Gu de Espresso Love que ya necesito ese boost de energía y cafeína. Oh oh, me acaba de tomar una foto Germán y yo con mis cosas. Voy razonablemente bien con 1 hora y 58 minutos en la mitad del reto.
Many years since I was here, on the street i was passin’ my time away
Recuerdo la pena que me daba cuando corredores del estado iban a correr a Tecate por la condición de las calles. Es absurdo, todas las calles están igual de mal en todo el país. Pero es imposible que en esta calle enfrente de la UABC siga con estos bachecitos que si no me doy cuenta prestando atención asotaré. No puedo creer que esté rebasando a Victor Ponce, pero mi ritmo ha seguido estable en 5:30. No importa, al rato me pasará sin duda. [actualización: por supuesto que sí me rebasó]
Spitting in a wishing well, blown to hell crash… on the last splash
Estoy siendo testigo de un gran duelo. Hay dos parejas enfrente de mí disputándose el tercer lugar en la categoría de débiles visuales. Una vez más va Edgar guiando a Álvaro. Voy siguiéndolos de cerca y casi me descuido con un ritmo de 5:10 , tengo que bajarle. Parece que les dieron ganas de ir al baño y les digo que ahorita se reponen ya que regresen a darle.
Maldito sudaca, maldito latino, inmundo chileno, peruano o argentino
Estoy alcanzando a Claudia y la saludo con el «lalalá lalalá» de la canción, jeje, nos deseamos lo mejor y le seguimos. Yo estoy incomprensiblemente emocionado de que tal vez, solo tal vez este maratón sea cuando por fin lo haga en menos de 4 horas. Me siento muy entero aún y sigo midiéndome en mi ritmo. Aquí viene Danny que aunque viene batallando estoy seguro lo terminará bien.
El hablar me ha cansado, he hablado toda mi vida
Caray, es el kilómetro 33 y me está costando trabajo esta subidita. Un momento, ya estoy otra vez en el centro y no puedo bajarle, ir a más de 6 minutos el kilómetro no está bien. Ok, aquí dando la vuelta me recupero nomás que pasen estos taxistas. Agradezco a los oficiales de policía que están dirigiendo el tráfico siempre complicado de este rumbo. Va, ya estoy en marcha. Estoy sintiendo un jaloncito en el muslo, ahora que regrese al carro de Zeth y Naraí me pongo el unguento mágico de Marthita. Ah mira, ahí está precisamente, a ver si puedo alcanzarla.
I can’t stand it, I know you planned it, but I’m gonna set it straight, this is Watergate
Bueno, oficialmente tengo calambres. No estoy caminando pero voy a casi 8 minutos el kilómetro ¿no es muy estresante estarte midiendo el ritmo en todo momento? ¿qué pasó con disfrutar el correr simplemente por correr? No, no, estoy a nada de llegar, solo faltan 5 kilómetros. Pero me duele. Me están tratando de detener. Oh, ya viene de nuevo Gerardo. «ya estás llegando, sigue dándole» y así le trato de hacer. Pero duele. Déjame caminar. 9 minutos el kilómetro. No puedo dejar esto así no puede ser. Saludo como puedo a Susy para que no se note tanto mi sufrimiento para la foto. Agradezco a los motociclistas que detienen el tráfico de la Justo Sierra y le corro más rápido para no importunar (más) a los conductores. Le doy y le doy. Pero me duele. 9 minutos el kilómetro.
Esta está buena pa’ bailar. No sé donde acomodarte, no sé de que color pintarte
Mi reloj marca 3 horas y 45 minutos transcurridos desde el disparo de salida. Estoy en el kilómetro 38. No hay manera de que los próximos 4 kilómetros y fracción los haga en menos de 4 minutos el kilómetro. Es simplemente imposible. Los calambres no me han dejado así que ¿qué voy a hacer? a la fregada todo. Voy a bailar. Al menos estaré avanzando. Me ve con gracia Aracely en el último retorno pues ya me alcanzó y me da gusto que venga entera a terminarlo. Yo sigo bailando ¿ya qué? O al menos eso creo que hago ¿porqué me miran burlonamente estos muchachos de la patrulla juvenil?
Me and Fast got the gats; we’re out to rob a bank. We got Steve outside carrying A full pack.
Sigo bailando ¿ya qué? nunca me he aprendido la letra completa de esta rola. Seguiré medio tarareándola.
One crown shines on through the sound, one crown born to lose, one man does not give a damn
A huevo, este disco de Metallica está chingón. Esta rola inmortalizando a Lemmy debe ser el mejor homenaje. Me vale lo que pienses de mí conductor del auto verde que ni te conozco, esta rola está chingona y seguiré en el headbanging.
Somos campesinos de la raza de altroqué, jamás un turista del famoso deme tres
foto por Silvia Gómez
Que increíble que una campeona del tamaño de Andrea Jarillo me conceda este último kilómetro con ella. Me dice que se lo aventó en relevos y ahorita está apoyando y celebrando a los que estamos terminando el maratón. Ya vamos bajándole a algo así de 6 minutos el kilómetro y me siento muy bien. Me despide en la última esquina y ya estoy celebrando culminar mi undécimo maratón (oficial) con la meta aquí a la vuelta. Me saluda Jenni y el club Zaragoza. Me aplauden los familiares y amigos de alguien. Veo al enfilarme a Marco y Mayo gritando y apoyando también. Aquí estoy en la meta y suena el cruce en el MyLaps de Protime. Saludo a Silvia que seguro terminó hace una hora y me envuelven en una cobija. Caray, no había reparado en que he tenido frío toda esta mañana hasta sentir este calor.
Epílogo
Oficialmente 4 horas con 14 minutos y 30 segundos. Nunca había entrenado tanto para un maratón y nunca había llegado tan mal preparado a un maratón. Con salidas casi a diario de más o menos 10 kilómetros por tirada. Exigentes repeticiones en pista y cambios de ritmo. Fines de semana dedicados a marcar distancias superiores a 28 kilómetros. Y es que te puedes acostumbrar a salir a correr a las cuatro y media de la mañana y al hacer hábito te encarrilas a hacer ese tipo de distancias. Pero salir a correr a las cuatro y media de la mañana en diciembre enfrentándote a temperaturas cercanas a cero grados centígrados cobraron factura con una fuerte infección en la garganta. Me imposibilitaron el entrenamiento a 15 días de la carrera, y aunque estaba nervioso por esto no desconfié. Siempre tuve en duda el Sub4 por esta misma razón pero definitivamente no quería terminarlo muerto, mi meta era terminar el maratón en buenas condiciones. Y a eso me enfoqué este 18 de diciembre de 2016 en Mexicali.
Me interesó el libro How to talk so kids will listen & listen so kids will talk por un post de Coding Horror donde decía que son técnicas para comunicación con cualquier ser humano, no solo niños.
A manera de resumen, y totalmente insistiendo en que no soy ninguna autoridad en ningún sentido sobre como comunicarte con los niños, esto es lo que me queda de cada capítulo dentro del libro.
– Sobre lidiar con los sentimientos del niño
1. Escuchar en silencio y con atención
2. Validar sus sentimientos usando una palabra
3. Nombrar el sentimiento
4. Ceda a sus deseos usando fantasía
En este caso todo tiene que ver con darse cuenta que los niños *sienten*, no podemos desestimarlos con el clásico «¿qué sabes de preocupaciones si nunca has tenido que lidiar con lo que yo hago a diario?» ¿Recuerdas cuando tenías 8, 10 o 12 y un suceso significaba el fin del mundo? Así se sienten los niños ante una contrariedad, solo es darles su lugar, aceptar que están en medio de una problemática, ni siquiera es tratar de darles una solución, es simplemente tener la consideración de «entiendo que estás pasando por un mal momento».
– Para fomentar la cooperación
1. Describir
2. Dar información
3. Decirlo con una palabra
4. Hablar de nuestros sentimientos
5. Escribir una nota
Los reproches solo fomentan un ambiente de negatividad. Muy en el fondo el niño sabe que no tirar la basura, dejar el cuarto desordenado, pegarle a su hermanito está mal. En esta mecánica se describe sin discursos el problema y se ofrecen entendimientos coherentes para enmendarlo.
– Alternativas a castigos
1. Señalar una manera de ser útil
2. Expresar enérgicamente desaprobación
3. Describir expectativas
4. Mostrar como enmendar la situación
5. Ofrecer opciones
6. Tomar acción (sobre la opción elegida)
7. Permitir que el niño experimente la consecuencia de sus actos
Algo muy importante es no caer en el juego de juzgar, el hecho de reprochar tildando de un adjetivo negativo simplemente no ayuda. Se trata de que el niño se de cuenta (con tu apoyo) de que no está bien ese mal que hizo pero sobre todo enmendarlo.
– Fomentar autonomía
1. Permitir que tomen decisiones
2. Demuestre respeto por el esfuerzo del niño
3. No pregunte demasiado
4. No se apresure a contestar preguntas
5. Anime a que el niño busque fuera del hogar
6. No le quite la esperanza
Solo se trata de que el niño no esté siempre en su burbuja. Que salga afuera y se esfuerce por librar batallas con mucho respeto. Uno tiende a siempre tratar de protegerlos (y de hecho es el trabajo de los padres) pero allá afuera la vida no siempre será así.
– Sobre los elogios
1. Elogios descriptivos
2. Describir lo que se siente
3. Resumir en una palabra
Es una característica muy humana decir siempre a los más allegados que son lo mejor del mundo. ¿Puede llegar a ser contraproducente esto? ¿Qué tal si nos enfocamos mejor en las realidades sin llegara a adjetivos absolutistas? Quizás así podamos tener personas más concentradas en dar el mejor esfuerzo sin crear gente que cree merecerse el mundo solo porque sí.
– Liberar al niño de jugar un rol
1. Busque oportunidades para mostrarle al niño que puede verse de distinta manera
2. Ponga al niño en situaciones donde pueda verse distinto
3. Deje que el niño escuche comentarios positivos acerca de él
4. Modele su comportamiento de acuerdo a lo que gustaría ver
5. Busque ser el repositorio de momentos especiales del niño
6. Al fallar, enuncie sus expectativas y sentimientos
Con esto del «rol» se refiere a estereotipo de niño travieso o «maleducado», se trata de quitar viejas costumbres con las que no se está de acuerdo y tratar de moldear comportamientos desde muy dentro de su ser.
En todas estas técnicas básicamente se recae sobre todo en el respeto. Se trata de otras personas con las que estamos compartiendo un hogar y ellos también tienen su forma de ser, sus expectativas y sus deseos de como hacer las cosas. Si logramos encaminar la comunicación fomentando el respeto mutuo se podría llegar a obtener resultados más allá de los monosílabos a los que estamos habituados.
El libro recoge estas técnicas en ejercicios, anécdotas e historietas de estas técnicas puestas a la práctica. Y tal como Jeff Atwood menciona en su post How to talk to human beings, son técnicas para la comunicación humana a cualquier nivel. Recomiendo el libro para tener una herramienta más para la educación de los hijos, y mira, encontré una versión en español de distribución gratuita (aunque, no de muy buena calidad).
Brincando entre roca y roca en una de ellas no alcancé a subir bien el pie y ¡pum! el dolor fue contundente y directo. Imagínate que vas por la calle y le das una patada a la pared nomás porque sí, justo así fue. Sentí ahí mismo la pérdida de mi uña del dedo gordo del pie derecho. Pero aún faltaban 8 kilómetros aproximadamente.
Siempre uno se emociona con los retos a los que se registra, y este Noble Canyon mis amigos que ya lo habían corrido me habían dejado muy buena impresión por sus experiencias en él. Así que este año prácticamente en cuanto se abrieron las inscripciones me registré y fue buena idea porque en muy pocos días se llegó al límite de 260 corredores en estos 50 kilómetros en la zona de Pine Valley (muy cerca de Mount Laguna) del este de San Diego CA.
Este año, y mucho tuvo que ver encontrarme con Aleyda Limón en una corrida casual vespertina, decidí no participar mucho en las carreras de fin de semana. Los entrenamientos los programé de acuerdo a un plan que seguimos Marco, Mayo y yo (aunque menos religiosamente que de costumbre) cada quien como pudiera y cuando pudiera. Afortunadamente hubo de todo. Pude entrenar con Isabel y Adán en un calor mayor a 34ºC subiendo y bajando el Cuchumá (ascendiendo de 550 a 1191 metros sobre el nivel del mar) y un par de semanas después además con Paulina, Martha, Chain, Marco y Mayo ya con un clima más cómodo. Me dí mi vuelta por la zona donde el club Linces tuvo su carrera recorriendo las faldas del Cuchumá del lado mexicano y más atrás del ISSSTECALI a la orilla del Río subiendo piedras y entrenando la tierra. Me escapé también por Tanamá a Las Auras que aunque eran más cómodos los ascensos (682 a 952 msendm) sí eran retadores y largos para distancia en terracería. La mejor parte a mi parecer fue recorrer tramos del Pacific Crest Trail cercanos a la frontera con México en Campo, CA que son senderos y veredas muy similares a los de la ruta de la carrera de los 50K de este Noble Canyon. Además de vistas preciosas a todo el largo y ancho de cualquier punto de este trail, tiene los elementos de roca, ganancias en altura y tramos estrechos por donde pasar.
Tuve una infección en la garganta dos semanas antes del reto que me dejó imposibilitado de salir a entrenar por semana y media. Antonio atribuye mi resultado a este descanso que necesitaban mis músculos que permitieron que rindiera muy bien en el #NC50K, pero mientras tanto yo me sentía desesperado, me inquietaba mucho estar cerca de la fecha de la carrera y no poder siquiera estirar las piernas. El médico me inyectaba y recetó antibióticos pero no terminaban de componerme y ya sentía la presión encima. Fue tanta que simplemente un par de días antes decidí correrla a mi modo, sin riesgos, sin buscar ningún tipo de marca de nada con el fin de terminarla en buen estado.
Así llegó el día sábado 17 de septiembre y no pude dormir para nada la noche anterior. Mi alarma estaba para las 3 de la mañana y a las 2:20 decidí levantarme para bañarme, preparar algo de comer y estar listo. Y así me fuí. Como siempre y todas y cada una de las veces que tengo un evento importante tenía la sensación de que algo se me había olvidado pero no lograba atinarle. Cuando llegué a la garita de Otay presentí que era que olvidé irme por la fila del Ready Lane pero fue mejor para mí pues en la fila «normal» solo tenía 3 carros enfrente y pasé sin mayor complicación (ni me dirigió la palabra el agente de inmigración). El camino fue largo, pensaba en que estaba fresco, y con eso me seguía convenciendo a mí mismo que nomás le diera para terminar la carrera aunque seguía con las ansias de que empezara ya.
Llegando saludando a todo mundo, ya estaba Marco y Sandra ahí, todos con frío. Poco a poco fueron llegando la enorme cantidad de corredores de la Baja California que alcanzaron a inscribirse y el ambiente era muy mexicano, con todo y bandera que alguien tenía. También los apoyos como Ninfa, Verito y su hijo, los demás Baja Trail y otros voluntarios. Iba saliendo poco a poco el sol y entre foto y foto, abrazos y buenos deseos ni me di cuenta que ya había empezado y salimos.
En esta primer parte del trayecto es correr en una carretera que le comenté a Mary Aldaco que no me iba a gustar correrla de regreso. Y algo que fue muy notorio ya que iniciamos la escalerita para el primer ascenso (no es muy sencillo rebasar a nadie por más «excuse me» que digas) es que todo mundo iba callado, concentrado, enfocado. Eso está muy bien pero me enfadé y como al kilómetro 6 y en un estrecho donde alcanzas a ver la vuelta de la fila de corredores enfrente de tí alcancé a notar a Paulina e Isabel y grité el «¡HAY NARANJAS!» para darle emoción al asunto pues, aunque percibí un «que pena con las visitas» en su expresión jaja.
Detrás de mí la gran Lori Hancock (foto de George Casas)
Llegamos al primer punto de abastecimiento adyacente al Pine Creek Rd. y los voluntarios aunque muy apurados con que siguiéramos nuestro camino pues había que aprovechar el clima que aún estaba fresco. Y tenían razón porque yo recordaba en mis mapas que tenía preparados que a partir de este punto seguía un ascenso casi sin descansos de 1173 a 1710 metros de altura. Y aquí agarré la onda, éstas tablitas y mapitas con los puntos de hidratación, alturas y tiempos de corte fue lo que olvidé en casa. Pero bueno, al menos lo había estudiado más o menos bien y recordaba lo más importante.
la ida, el regreso (con tiempos de corte) y altimetría
Así que empecé a administrar mis energías para enfrentar estas subidas. Ahí en medio de este bosque de pinos enormes al lado de arroyuelos me pasó Marthita cantando muy campante con sus poles, y ahí busqué alguna rama seca que encontrara que me sirviera de bastón. Y así por fin llegamos a Big Tree donde seguía sintiendo hambre a pesar del sándwich de manteca de maní y jalea de fresas que desayuné antes de salir. Aquí pude complementar con papas fritas, galletas, pretzels y tomé un gel sabor Mocha con buena dosis de cafeína que me gustó bastante, por cierto.
Todo aún muy bien con estas subidas aunque ya empezaba a sentirse el calorcito. Hilda, una TX8 que ya es veterana en Noble me vió preocupada por mi bastón y me ofreció Advil por si tenía alguna molestia. Le comenté que mis poles los tengo en casa y no había problema, simplemente uso ramas secas prácticamente siempre que subo alguna montaña. Pude platicar con Erica también que estaba haciendo por primera vez sus 50K y se miraba muy fuerte. Y así conversando con ellas seguimos amplios kilómetros enfrente hasta llegar a Penny Pines donde felicité por su esfuerzo como voluntario a Matt (así nos lo habían pedido antes de salir) y curiosamente todo mundo se quedó extrañado por mi gesto. Aquí seguía con hambre y después de una papa cocida llena de sal hasta tomé un pedazo de sándwich que había en el buffett. Como siempre agradecía a todos, daba mi número para que no hubiera pérdida de control y seguimos el camino.
Aquí Hilda de TX8
Nos alertaron de que serían los más calientes kilómetros pues no tendríamos la protección de los árboles pero la verdad lo disfruté mucho, simplemente por las vistas a los cañones y laderas de las montañas. Además hacía un viento muy frío que aminoraban la temperatura. Yo seguía con mi mapa mental de que estos kilómetros al menos no serían tan preocupantes las subidas y así fue hasta llegar a la zona donde topas con el punto de abastecimiento pero tienes que subir alrededor de una milla y regresar. Aquí tuve oportunidad de toparme con Claudia, Juan y otros amigos que hice durante el recorrido para desearnos buena carrera y darnos cuenta que todos seguíamos en buen estado.
Regresando al punto de abastecimiento de Pionner Mail tuve un recibimiento de lo mejor con Karina que me aplicó agua helada en la cabeza que se sentía como la gloria misma. Aquí estaban el resto de los camaradas de Baja Trail que fueron a apoyar y aquí me convenció Antonio cuando mencionó que me quitara de cosas y me creyera que estoy en buena forma para correr esta carrera. Esto porque ya estábamos en el kilómetro 27 y medio y me sentía bastante bien. Agradecí los buenos deseos y así me lancé para lo que seguía y al despedirme de Adán que estaba también apoyando me dí cuenta que ya era el kilómetro 28 y apenas salíamos de ahí. Aquí haciendo cuentas me dí a la idea que tendríamos que hacer finalmente un kilómetro más, pero eso lo corroboraría hasta llegar a Big Tree de nuevo que sería el punto donde vuelves a pasar por la misma ruta y la vuelves a recorrer pero de regreso; apenas así estaría ya más seguro de estos cálculos.
De acuerdo a mi mapa que tenía en la mente aquí seguían unos cuantos kilómetros tronadores porque había subidas un poco más largas aunque no con tanta pendiente. Aquí rebasé a Juan que seguía sintiéndose bien pero a paso más conservador. La vista seguía siendo espectacular por la distinta vegetación de esta zona de la montaña y los senderos eran más estrechos, pero por fin regresamos a Big Tree y corroboré mis temores, en este punto aún faltaban aproximadamente 15 kilómetros y sí, tendríamos que hacer un kilómetro más. Yo me seguía sintiendo bien y de hecho prefería que fuera un kilómetro más en lugar de un kilómetro de menos así que ya lo asumí como parte del reto. Rellené mi mochila que ahora sí se me había acabado el agua, tomé un par de sorbos de Coca Cola, Mountain Dew y Ginger Ale (no se porqué se me antojó tanto) y continué.
Aquí ya el sol estaba muy arriba, seguía por los pasadizos en medio del bosque alrededor de riachuelos y estaba todo precioso. Conversaba con una americana y un chicano que ya tenían experiencia corriendo en la montaña pero me preguntaban por el #ubt50K de Baja Trail y les dije la verdad «it’s brutal, but great!» Y es que también cuando rebasamos a Mayo en este caminito recordé cuando el XGabriel nos dijo que si ya hiciste el UBT, Noble es un «walk in the park» y sin ánimos de falsa modestia, pero hasta este punto con casi 40 kilómetros recorridos yo lo sentía así. Y bueno, solo como anécdota les comenté que son pocos los americanos que hacen el ultramaratón de la Baja y que lo repiten el año que sigue.
Aquí ya estábamos por llegar a Pine Creek de vuelta y fue en este recorrido lleno de rocas enormes y escalones de piedra que me dí el porrazo pateando una piedra sólida en seco al no subir bien el pie. Me gusta mucho el agarre que tienen mis Speedcross 4 pero sí recordé porque usaba casquillos en las botas que portaba cuando tenía 20. No era un dolor que me impidiera continuar pero sí sentí que bajé el ritmo. Con esto, ya con el calor encima y aún con el cansancio natural hasta ese momento me dí cuenta que a pesar de todo quizás sí haría el tiempo que Ultrasignup me proyectó cuando me asignaron el número. Y eso me dió mucha satisfacción y me impulsó más a seguir adelante. De hecho en el punto de abastecimiento solo les pedí me remojaran la cabeza y las piernas con el agua helada y no quise perder mucho tiempo aquí. Estaba muy entusiasmado.
foto de George Casas
Aquí estuvo engañosa la ruta pues yo recordaba perfectamente que el punto más alto antes de iniciar el descenso ya enfilando a la meta era de 1283 metros. Pero no pasábamos de subidas y bajadas de 1170 que me hicieron dudar si no me habría equivocado de numerito pero seguíamos subiendo y bajando y enfrente de mí una pareja de plano me dejó pasar porque no me podían aguantar el ritmo (digo, no iba para nada rápido, como 9 minutos el kilómetro) pero estaba en mejor forma que ellos. Pero no, mi memoria no me falló y hubo una cuesta que seguía ascendiendo hasta que llegamos a los 1279 más similares a lo que yo recordaba y ahora sí, ya iba para abajo.
A poco menos de 4 kilómetros de la meta podía ver el Bible Camp y se miraba tan cerca y tan lejano que yo nada más me emocionaba. Estaba un señor ya mayor que no se dejaba rebasar que incluso me decía que le avisara si necesitaba pasarlo. Pero no, le dije, a este ritmo vamos muy bien. Ya más abajo, donde precisamente empieza el Noble Canyon Trail lo perdí de vista, fue de los que se siguieron derecho por la carretera e hicieron más de 700 metros extras. Yo hice caso a mi instinto y no dejé nunca de perseguir los listones naranjas y por eso no lo seguí. Y aquí mis temores iniciales fueron acertados, sentí pisar el asfalto como un martirio a la planta de los pies y lo peor es que era como una milla para llegar. Enfrente de mí iba un par de chicas que iban muy emocionadas por terminar su carrera pero una de ellas desistió pero no dejó de apoyar a su amiga: «you can do it Gloria!» le gritaba y pues yo también le animaba y al verme cerca le daba más duro y yo lo único que quería era terminar.
Al fin llegamos a la entrada del Bible Camp donde volvíamos a pisar terracería y ya no cabía en mí mismo. Ya estaba extasiado y como acostumbro levantando los brazos emocionado y gritando. Al ya ver la meta y la rata colgada alcancé a ver a Karina y a Isabel que ya había terminado y yo me sentía muy contento de lograr estos (finalmente 51) kilómetros. Pero quien sabe porqué, no quise para nada besar a la rata, una especie de ritual que tienen los Bad Rats en esta carrera. Todo mundo felicitaba y gritaba y por fin me dieron la preciada (y pesada) medalla del Noble Canyon 50K.
foto de Karina Rodríguez
No digo que no tenga su nivel de dificultad, lo tiene, y no es un reto que se debe tomar a la ligera porque a final de cuentas cincuenta kilómetros son cincuenta kilómetros. También resultó en la temperatura más agradable en los diez años que se lleva haciendo esta carrera que históricamente para mediados de septiembre se da el calor más intenso de todo el verano. Pero agregando todos estos factores a nuestro favor, es simplemente que cuando te preparas, haces tus entrenamientos, tienes el apoyo de tus amigos y compañeros, las cosas suceden.
Kilómetro 36 apenas empezaba la cuesta matadora con el letrero de que hay quienes temen las subidas, y aquellos que las deboran (o algo así), pero la verdad ya llevaba como 2 kilómetros previos muy pesados por los caminos de cemento que sí me hicieron mella en la planta de mis pies. Ni modo, mientras más pronto salga de esta subida sobre el 163 más pronto llegaré a la meta y aunque gustozo tomé la bajada ya para enfilar a la meta sí resentí en las piernas y rodillas estos últimos 5 kilómetros.
Pero antes tuve toda la semana con nervios por el calor que estuvo haciendo y que se proyectaba para este domingo 5 de junio de 2016. Afortunadamente empezaba a las 6:15 de la mañana saliendo de las inmediaciones de Balboa Park y el clima pintaba muy favorecedor con una brisa suave y el cielo nublado. Muy sabrosa la salida con los buenos deseos de los amigos que saludé y que emocionados corríamos este nuevo maratón (y algunos el medio). La primera parte era una vuelta por unas colonias alrededor de Normal Heights justo enfrente de las casas de donde ofrecían de todo y animaban a miles de corredores de todas partes. Pero en una milla que me conmovió enormemente, había retratos de soldados que no regresaron de sus tours de deber. Muy largo pero al terminar aplaudí a sus familiares y amigos que portaban la bandera de EE.UU. en su memoria. Cualquier opinión de las incursiones bélicas de ese país no regresan a esos padres, madres, hermanos, amigos que dieron la vida por él, y merecen todo el respeto. Este sentimiento me acompañó todo el maratón y sentí paz solo al terminarlo.
Mis audífonos de plano mejor los guardé después de detenerme a escuchar a una banda tributo a Black Sabbath en el Presidio Park. Con varias de estas bandas daban ganas de quedarse un rato a disfrutarlas pero había que continuar. Más adelante por fin salir de esos lagos pestilentes cercanos a Sea World fue un alivio. Por las vueltas y retornos de la ruta ahí podía saludar a amigos que apenas iban o ya venían de regreso de donde me encontraba, y me animaban más por todo lo que faltaba. Un estrecho largo por Friars (esa calle que te lleva a Qualcomm Stadium) y ya veía a mi derecha mi coco, el Highway 163. Retumbaban mis músculos por el esfuerzo hecho hasta entonces y abandoné la idea de que esta fuera la ocasión de mi sub-4, ni modo. Había que tomar por los cuernos este ascenso y después de que Víctor y Efrén me pasaron dándome ánimos me avisaban que atrás muy cerca venía Paulina. Y así miraba de vez en cuando a ver si me alcanzaba y al mirarla no dudé en gritarle el «¡hay naranjas!» Venía fuerte, enfocada y con todas las miras a terminar en buena forma este maratón, le deseé lo mejor y al mirar la dedicatoria en su espalda de este maratón solté el llanto una vez más. Por pláticas que he tenido con ella al respecto pasaron por mi mente muchas cosas que me estremecieron y traté de no decaer y continuar con paso firme.
Ya venía el último tirón de unos 4 a 5 kilómetros en bajada que resentí por el impacto y ahí sí tuve una sensación de calambres que afortunadamente no me pegaron tanto como para orillarme como otros muchos corredores que trataban de estirarse en los camellones de este freeway. Se miraban muy altos los puentes sobre nosotros con aún mucha gente apoyando y dándonos ánimos. Y es que hubo apoyo todo el recorrido, de porristas de varias escuelas, porristas de barba y panzones, gente en los patios de sus casas, en las intersecciones, en las paradas de autobús, daba gusto ver a simpatizantes de Trump los menos pero también de Hillary o Bernie aprovechar la ocasión para darnos un empujoncito más con esos gritos de apoyo.
Y bueno, ya muy tranquilamente empezaba la recta final que no fue recta. Mi Garmin me indicaba que ya había concluido mi maratón pero seguía pasando por las calles dando vueltas por el centro de San Diego. Por fin a lo lejos miraba la meta y mi tercera conmosión ocurría, estaba agradecido de tener fuerzas para hacer estos retos y pedía poder continuar por más años adelante. Mi mal pisada, mi preparación no muy óptima me cobraban factura por este tipo de esfuerzo pero ahí estaba, terminando un maratón más. Y pasando la meta, la interminable peregrinación para la rehidratación, abastecimientos y por lo que yo iba: la chamarra de Marathon Finisher.
Hablar de Las Elegidas de David Pablos es hablar de cine fronterizo, crudo y sucio. Con una visión de una realidad que por más que se intente acallar no deja de brotar a la superficie.
Sofía (Nancy Talamantes) acaba de conocer a Ulises (Oscar Torres) y cree tener una relación firme y duradera con él. Él recién inicia en el negocio al que se dedican su hermano y padre que es el de reclutar (más bien dicho, esclavizar) muchachas para someterlas a la prostitución. El proceso es muy simple: se trata de enamorarlas, inmiscuirse en sus vidas para conocer su entorno y familiares, ganarse su confianza hasta el punto de dominarlas emocionalmente para hacerlas creer que tienen una necesidad muy fuerte que solo con la prostitución podrían solucionarlo y a partir de ahí, no hay vuelta atrás. Con su «¿Harías todo por mí? ¿cualquier cosa?» logran jugar con los sentimientos de las víctimas que acceden en un principio para salvarle el pellejo a su novio pero debido a un complejo sistema de vigilancia, complicidad de autoridades y vecinos que se hacen de la vista gorda por miedo o lo que sea, sobreviven a esta nueva esclavitud del mundo moderno. No es nada de lo que no puedas enterarte leyendo a Lydia Cacho pero verlo así de claro en escenarios tan palpables definitivamente abruma.
Pero Ulises falla y mete el sentimiento en el negocio, algo que su hermano le ordenó suprimir. Por ello, decide confesarle a Sofía sus intenciones y planean la huida para sacarla de peligro. El intento le vale a Ulises una paliza de toda la madrugada y a Sofía el inicio de su vida de esclava sexual. La película entonces cambía al día a día de la situación de vida que cambió abruptamente para esta niña de 14 años.
Aquí me ha parecido una genialidad la manera de presentar a los clientes, que en principio parecieran ser evaluados por Sofía, tratando de entender que les lleva a pagar por tener relaciones con una menor de edad en una casa de citas horrible en medio del día y en cuartos simples bajo el cuidado de una madrota que no tiene paciencia ante mentiras o engaños y guardianes implacables. Después tiene acceso a unas pastillas que le dijeron le ayudarían a aguantar el día y el modo de ver a los clientes cambia, ya no tiene caso.
El tema recurrente, la sobrevivencia. ¿Qué queda cuando simplemente eres mercancía?
La otra realidad que viven cada una de las muchachas atrapadas en esta nueva esclavitud toma relevancia porque vemos en ellas lo que espera a Sofía, la única certeza es la de (sobre)vivir en esta prisión, de la que no tendrá salida. Es en el tercer acto como se ve que el cóctel perfecto para los tratantes son hogares donde las figuras paternales o maternales simplemente dejan de brindar atención a los hijos y ante el más mínimo gesto amable de un adorable Ulises vemos como Karla (Leidi Gutierrez) baja la guardia ante él y nos enteramos entonces del método que está más que ensayado en este grupo dedicado a vivir de las ganancias de la esclavitud sexual.
La realidad supera la ficción en muchos ámbitos, pero estos temas han sido abordados a detalle en otros lados, por lo que no deja de sentirse una impotencia e incomodidad por lo que se está presenciando. Pero todo empieza en el hogar. No solo por hacer sentir queridos en casa a los hijos sin que tengan que obtener fuera de ella satisfacción a su necesidad de atención, sino por dejar claro que todo ser humano es digno de respeto sea hombre o mujer en la situación que sea.
Solo disponible en selectas salas de cine, espero que con las nominaciones al Ariel sea distribuída aún más no solo porque son temas importantes sino porque es un cine del que te hace reflexionar y abrir los ojos.
Actualización: ‘Las Elegidas’ llega a Netflix el 8 de mayo