‘El rockcito y yo’ de Hugo García Michel

Quizás te encuentras en una reunión o fiesta y alguien menciona que le gusta la música latina y el autor es el tipo de agradables sujetos que hace el comentario «¿sí sabes que latino se refiere a los fundadores de Roma y a nada de lo que hay aquí en América?» Razón no le falta, pero suena a que se empeña en demostrar que tiene la razón y tú no. Conozco a un par de columnistas y autores que nunca fueron adeptos a lo que conocemos como rock en español a quienes lo suyo es el rock de verdad que se hace en Estados Unidos o Gran Bretaña y esta tropicalización nunca terminó por encantarles. Pero este no es el caso necesariamente de Hugo García Michel. A diferencia de ellos que simplemente lo ignoraron, el autor lo detesta y demuestra con motivos sus porqué a la primera oportunidad en este libro que es una colección de artículos y columnas publicados a lo largo de casi tres décadas.

Empecemos por el hecho de que llama «rockcito» al llamado «rock» que se hace en México. Salvo muy contadas excepciones, el autor simplemente nunca suscribió esa ola «nueva» surgida en los 90’s. Podríamos decir que es un purista al respecto denostando lo que se llama «rock mexicano» a que no tienen absolutamente ninguna base del rock real surgido en la comunidad negra de EEUU. Pero va un poco más allá. Relata con varios ejemplos como básicamente ese rockcito es más bien un derivado de la egolatría de los rockstarscitos mexicanos que ante la menor oportunidad vendieron el alma al diablo con tal de aparecer en televisión. Es debatible cuestionarlos por aparecer con Paco Stanley y luego en sus conciertos hacer llamados a ignorar «la caja idiota» (y no empecemos con las «causas sociales» a las que abrazan por moda), cierto, pero ¿cuándo el rock (digamos, el rock real) ha estado peleado con la mercadotecnia y el ganarse la vida haciéndolo?

No es que todo lo hecho en este país le disguste: vió con buenos ojos la propuesta inicial de Santa Sabina, por ejemplo, La Barranca y otros proyectos que realmente han destacado por ser originales. Como los dos o tres primeros discos de Julieta Venegas a quien el autor respeta pues le pareció un esfuerzo honesto sin disfrazarlo de rock. Y es que ese es el problema (su problema), quizás izaron la bandera del rock cuando en realidad estos exponentes no iban más allá de un pop juvenil. Ha repetido a lo largo de casi toda su carrera que todas esas bandas le deben un homenaje (en serio) a Timbiriche, como la real influencia en la música que hacen. Le parece imperdonable también que se codeén con grupos de norteño o cumbias y estrellas pop del canal de las estrellas. Recuerdo vívidamente la Eres (no era que lo comprara, estaba en todas partes) donde el rock de entonces ya era totalmente mainstream con fotos de Fobia, Café Tacuba o Saúl Hernández al lado de Paulina Rubio o Thalía.

Carla Morrison

Es muy entretenido como desmenuza (¿o destruye?) la historia del llamado rock nacional a lo largo de su, digamos, historia. Especialmente desde los noventas que empezó a escribir sus columnas y artículos, además de su dirección en la mítica Mosca en la Pared. La lucha constante del autor es contra ese empeño por llamar rock a algo que no lo es, según su apreciación. Y aquí difiero en su crítica a Carla Morrison, de quien he disfrutado mucho su música desde la primera vez que la vi tocando un sintetizador en el patio de una escuela. Entonces y ahora, nunca he oido nadie decir que lo que ella hace es rock (ni siquiera ella, como reconoce el autor), sin embargo Hugo la mete en el mismo saco de estos rockeritos ¿quizás por haber estado en el Vive Latino? ¿Por que le tocó compartir el apellido de su papá con rockstars de verdad como Jim o Van? No he leído todos sus artículos pero hay exponentes de lo regional, corridos tumbados o reguetón que sí tienen toda esa actitud rockstar cuyos shows tienen más pirotecnia que Metallica y no hay crítica hacia ellos sobre esto. Otra constante que repite mucho es esta idea de que los rockeros actuales (de los 90 para acá) consideran a Soda Stereo como los creadores del rock (que obviamente critica por tan salvaje ignorancia). Jamás había escuchado eso hasta ahora que leí sus líneas.

No en todo estoy en desacuerdo. Sí comparto que a final de cuentas la música digamos, popular, es más bien mediocre, como muchas otras ramas de la cultura nacional. Pero también en que hay grupos que lograron cierta fama, él nota que la norma es esa infantil forma de hacer canciones, atraer masas por lo fácil, alcanzar a ser famosos solo por logar el objetivo de figurar a como de lugar a costa de traicionar los valores del rock de verdad. Y lo más seguro es que ni siquiera los conozcan.

Otras observaciones en las que me sorprendí asintiendo con la cabeza son claras, como esa modita que surgió con Lila Downs o esa actitud eternamente adolescente de muchos grupos (me acuerdo mucho de lo estúpido que siempre me pareció Los Lagartos o Genitallica por mencionar algunos), o el pretexto de abrazar causas sociales es innegable que es un recurso barato para ganar adeptos. La crítica sobre la casi nula cultura musical del periodismo del rock nacional que más bien es publicidad encubierta en artículos con el fin de seguir obteniendo pases a las tocadas, es muy acertada. Y antes mencioné que quizás no deban saber historia musical completa quienes tocan en una banda, pero caray, que bien les haría.

Ya en lo personal comento a veces que me enorgullezco, en broma, de no haber asistido nunca a ningún concierto de Caifanes (ahora que lo recuerdo, tampoco de la Maldita Vecindad) pero eso no me impide disfrutar ‘El Diablito’. Coincido en la crítica de todo lo que representó Soda Stereo pero no me impide mencionar que el ‘Sueño Stereo’ es uno de los discos que más significan para mí (con todo y el abierto plagio a la estupenda ‘New York Groove’ y otras más). Y tampoco por ello, estoy impedido de disfrutar el ‘Aladdin Sane’ de Bowie, alucinar con el ‘Waiting for the sun’ de The Doors, emocionarme con Led Zeppelin, leer con cuidado las letras de Bob Dylan. Entonces, vale la pena señalar, criticar, hasta denostar, pero ¿porqué no también bailamos y disfrutamos y si no nos gusta, dejar que otros lo gocen? aunque no tengan idea de nada. ¿Quién sí la tiene absolutamente? Pero no lo sé, tienes unos amigos, te late empezar a tocar y hacer canciones. Empiezan a tocar en la cochera de alguno de ellos y empiezan a presentarse donde los dejen. ¿Porqué no tiene valor esto? Aún cuando no tengan idea de Chuck Berry o nada sobre el blues, si gusta ¿por qué no permitir disfrutarlo?

Murmurs of Earth

record-diagramEn 1977 salieron de la tierra dos sondas Voyager a explorar a detalle con varios instrumentos a bordo las características físicas de Júpiter, Saturno y algunas de sus lunas. Después de completada la misión aprovecharían el impulso gravitacional para salir despedidos a las profundidades del espacio, así que ¿qué otro uso le podrían dar a las Voyager? Le fue encargado a Carl Sagan la compilación de una especie de recuerdo de la tierra para la posibilidad de que entidades inteligentes del otro lado de la galaxia eventualmente se encontrara con esas sondas y descubriera de donde vinieron.

El libro habla de las discusiones iniciales, los retos, la premura de tiempo para decidirse al fin en un disco fonográfico, con el que no solo sonidos y música podrían reproducirse, sino que decifrando correctamente y con la calibración adecuada los seres con los que millones de años más adelante se encuentren pudieran darse una idea de lo que era este planeta en el año 1977. Es un recuento detallado de las decisiones tomadas sobre qué imágenes enviar, cuáles sonidos quisieron que se recordaran de este mundo, qué música representaba los sueños, anhelos y desarrollo como humanidad. No fue tarea fácil, tenían menos de 6 semanas no solo para identificar exactamente qué enviar, también para efectivamente hacer la impresión sobre las placas recubiertas en oro antes de que fueran colocadas a un costado de las sondas.

voyagerAquí hay varias cosas que considerar, por un lado, en la posibilidad más optimista cualquiera de estas sondas podría encontrarse con un sistema planetario de la estrella más cercana en varios millones de años, sin considerar aún que en ese sistema hubiera la posibilidad de vida inteligente que pudiera interpretar el contenido del disco. En el peor de los casos es una cápsula del tiempo para nosotros mismos. En la ciencia ficción podemos imaginar autos voladores, androides o turismo espacial en los próximas décadas. Quizás colonización de otros planetas o visitas a otras galaxias en los próximos siglos. Pero ¿cómo imaginas la humanidad en un millón de años? ¿en diez millones de años? ¿en mil millones? ¿Qué pensarán de esos exploradores que en 1977 enviaron un mensaje dentro de una botella que aventaron al más vasto mar?

Lo que más me ha impactado de esta misión de los Voyager (y que no viene en este libro), es cuando Carl Sagan solicitó en 1990 que el Voyager 1 diera la vuelta a su cámara y tomara la última fotografía a su planeta hogar (y la más lejana jamás captada). Aquí Carl Sagan resume su sentir con la frase «todos los humanos que han vivido siempre, vivieron sus vidas en ese débil punto azul», después lo narra más emocionante en el relato del mismo nombre.

Más información:
Sitio de la misión Voyager en la NASA
El contenido (en audio) del disco
Pale blue dot (en un comic de Zenpencils)

Nueva Historia Mínima de México

La historia de México es tan compleja y tan llena de reveses que la hacen aún más interesante. No me gusta mucho decir que hay que estudiar la historia para evitar los errores del pasado, más bien me gusta decir que hay que estudiar la historia para saber de nuestro pasado, comprender nuestro presente y prepararnos para el futuro.

Pues bien, se supone que este libro no es una continuación del anterior ‘Historia Mínima de México’ de hace varias décadas, es un nuevo libro con nuevos autores y aprovechando los hallazgos de los últimos años en muchos aspectos de nuestra historia. Es breve, al grano y realmente muy interesante conocer desde los inicios de los primeros pobladores de este país, pasando por los grupos indígenas que no se sometieron al dominio español de la colonia, por la guerra de independencia, las dificultades de la nueva nación y caciques que la secuestraban, los logros y retos de Don Porfirio así como sus locuras que llevaron a la Revolución y culminando con la creación del PRI con todos sus aciertos y errores hasta la pérdida de las elecciones del año 2000 a manos de Vicente Fox. Todo esto con una visión que toma en parte a la población misma, desde sus subyugación rindiendo tributo a monarcas aztecas hasta la consolidación de su fuerza, en manos de la vía electoral.

Entonces nadamás me queda la idea de que mexicanos tenemos mucho, pero mucho que ofrecer para sacar nuestro país adelante. Como decía, prepararnos para el futuro.

Página del libro en el sitio del Colegio de México

La piel del cielo

Es con este libro de Elena Poniatowska cuando logras tener una visión de México del siglo XX y que muy a nuestros pesares sigue estando vigente a pesar de transcurridos los años, y que puedes tener la certeza de encontrar un sin número de reflexiones. Lorenzo es un mexicano como cualquier otro preocupado por su país, que gusta de la ciencia y aunque a veces la estorban, también guarda aprecio por las mujeres. Vemos como transcurre su vida desde sus orígenes en una modesta vivienda donde todo lo proveía su madre Florencia cuya muerte temprana lo llevó a vivir al lado de su progenitor que nunca antes se había hecho cargo de él ni de sus hermanos. Aquí, en esta vida más cómoda conoce muchos personajes (y se desentiende de algunos otros, como sus hermanas y hermano) y sigue interesado en la ciencia y da cuenta de ello en la escuela, en sus relaciones, en sus trabajos. Conocemos entonces las inquietudes de quien ama a su país, que tratando de entender sus carencias y valores, aunque impotente por más que hace algo por engradecerlo, de dar más del 100% por él, no es suficiente. Añade apatía, presidencialismo, flojera mexicana, lo que sea, México es así, sí, pero es aún mucho más.