Fue motivo de muchas notas en medios y redes la molestia de Robert Smith con TicketMaster y sus absurdas comisiones y precios exhorbitantes. Pues bien, aunque ya sabía que estaba por iniciar su gira The Cure, no me había animado. Precisamente por esta disputa TicketMaster tuvo que hacer un reembolso (simbólico) a quienes habían ya conseguido boletos. No solo eso, también habían detectado las clásicas compras por montones de re-vendedores y habían invalidado estas para hacerlas disponibles a los fans sin que costara los varios cientos de dólares que ya es hasta esperable en cualquier tipo de espéctaculo. Curioseando, me di cuenta que estaban a solo ¡35 dólares! claro, en el último rincón del Coors Amphitheatre (siempre llamaré así a este recinto de conciertos en Chula Vista) y no dudé en conseguir una entrada. Al poco tiempo abrieron una nueva fecha y siendo mi primer experiencia en un concierto de The Cure, me aventé y pude conseguir un boleto en una mejor zona. Y es que precisamente para evitar abusos con las reventas, en esta gira se solicitó un pre-registro en la forma de Verified Fan, permitiendo primero a ellos la compra y luego una venta general. Otra novedad (que al menos no me había tocado a mí) es que todos eran boletos en digital y personales donde sí era posible re-vender pero solo a través de la plataforma de Live Nation TicketMaster y estrictamente al mismo costo. The Cure y Robert Smith logró así más que nada el agradecimiento de los fans, eliminar tonterías como las tarifas dinámicas que suben el precio de las entradas absurdamente en base a la demanda (y que solo beneficia a la boletera), y ofrecer una gira de lo más memorable.
Debo reconocer lo emocionado que estuve los días previos, como hacía mucho no me emocionaba con un concierto. Debió haber sido que era mi primer experiencia con The Cure, supongo. Siendo quizás innecesariamente anticipado llegué muy temprano al lugar con el objetivo de simplemente sentarme a esperar que empezaran mientras leía mi libro. No podía evitar oir a la gente que platicaban de donde eran, cuantas veces habían asistido a un concierto de The Cure, preguntaban por las camisetas que usaban y también oí más de 5 veces como agradecían a Robert Smith por su batalla contra los ridículos costos de conciertos.

Luego la decepción, el área del césped es pésima. He ido a por lo menos 4 eventos en este anfiteatro y siempre me dió curiosidad que el área del césped se ubica hasta el quinto infierno. Cuando recién llegué no me parecía que estuviera taaan lejos, pero bueno, por más retirado del escenario que estuviera, yo iba por la música, no tanto ver de cerca a Gallup, Roger, Perry o Robert Smith. Yo quería oir en vivo un concierto de The Cure. Entonces empezó The Twilight Sad y empezaron mis temores, no oía del todo bien. Notaba que tenían mucha energía y parecía que sonaban bien. Incluso lo que más me llamó la atención fue que aquí ya tenían un par de fans que al parecer sabían todo su set, pues coreaban y bailaban cada canción. Me hizo hacer una anotación mental de que tenía que checar más sobre ellos porque no apreciaba bien su sonido a estas alturas. Conforme llegaba más gente ya me estaba sintiendo muy engentado, pero bueno, normal, es un concierto ¿no? pero lo que no podía comprender es ¿porqué oía más su conversación que la música? Aún había luz del sol y The Twilight Sad terminaron su presentación y solo había que esperar unos minutos.
Sonaban en las bocinas del lugar una tormenta con truenos y todo. El día nunca dejó de estar nublado así que supongo que era apropiado. De pronto se apagaron todas las luces y todos gritando. Escuchar por primera vez ‘Alone’ fue toda una experiencia hipnótica. Pero oir en vivo ‘Pictures of You’ irremediablemente me transportó a esos 90’s donde la oía en el ‘Standing on a beach’, ese album doble con los sencillos. Los videos, los cientos de veces que la escuché con Alex y Rubén, todos mis amigos. Eran todas las canciones que recordaba y me hubiera dejado llevar por la nostalgia pero el frío y el ruido de la gente alrededor de mí me lo impedía. Según yo fuí precavido y me llevé una chamarra ligera pero no fue suficiente por el frío y humedad esa noche. Seguía decepcionado de no poder oir bien a la banda mientras escuchaba a las chicas detrás de mí hablar de la vecina con todo el detalle de sus disputas (¿porqué jodidos están cotorreando en un concierto?). Entonces, no estaba disfrutando el concierto para nada, y sopesando que al día siguiente de todos modos regresaría, decidí retirarme. Sonaba ‘Charlotte Sometimes’.
Otra historia sería el domingo 21. Llegué igual temprano pero para esta ocasión adquirí el pase al Backyard siguiendo la recomendación en el grupo en Facebook de fans que siguen la gira. Fue la mejor opción ya que es una entrada anticipada a una área acordonada con muebles de patio muy cómodos, baños privados y un stand de bebidas propio. Yo llegué para quedarme leyendo cómodamente mientras se hacía la hora de ir a mi asiento asignado, totalmente alejado de la multitud y sin tanto ruido. Quería ahora sí oir bien a The Twilight Sad y me fuí para allá justo antes de que iniciaran a las 7pm. Ahora sí los oí bastante bien y me sorprendieron muy gratamente. Seguían las fans que al parecer se sabían todas las canciones pues coreaban todas. El punto es que me gustó bastante esta banda que está abriendo la gira de Shows of a Lost World.
Tuve que ir al baño pues no quería interrupciones en medio del concierto, pero al regresar me doy cuenta que llegaron los de los asientos de enfrente, y justo enfrente mío se sentó un tipo 20 centímetros más alto que yo. Eso no es tanto problema, venía a oir a The Cure en vivo después de todo y ahora sí estaba en un lugar que sí podía escuchar perfectamente a la banda. Lo que me sacó de onda es que era muy notorio que no quería estar ahí, al parecer obligado por su papá y su hermana que lo acompañaban.

Y empezó ‘Alone’. Sigo hipnotizado por esta nueva canción. Siguieron con ‘Pictures of You’ y otras canciones con toda su carga de nostalgia. ‘The Last Day of Summer’ y todo del ‘Bloodflowers’ siempre ha sido muy especial para mí. Todo emoción con ‘Burn’, ‘Push’ y con ‘Play for Today’ noté que lo que sentía en mi cara sí eran gotas de agua viniendo del cielo, se notaba en el reflector una especie de lluvia ligera que nos estaba mojando a todos. Sonando ‘From the edge of the deep green sea’, me decía que era solo la lluvia, sonriendo, limpiando mis lágrimas. Bien se ha mencionado que esta no es una gira de grandes éxitos, es presentando su álbum (aún sin publicarse) ‘Songs of a Lost World’, además de otras canciones en ese tenor melancólico, nostálgico y característico del The Cure ochentero y depresivo con canciones como ‘It can never be the same’, ‘Disintegration’, ‘Lullaby’. Pero cerrando en una nota alta con ‘Friday I’m in love’, ‘Close to me’ y las siempre confiables ‘Just like heaven’ y ‘Boys don’t cry’.

Digno de mencionarse es el esfuerzo que artistas locales aportaron su talento para ofrecer los posters oficiales de los conciertos. Me fascinó el de New Orleans, Austin, Alburquerque y Phoenix especialmente. Estos se consiguían en el Merch stand de cada velada además de la tienda en línea, con una versión de ellos en tarjetas de colección. Y posteriormente ofrecieron también hoodies y camisetas con estas imágenes que no he visto algún diseñador que no haya tenido una conexión especial con The Cure al realizarlos. Y bueno, aunque Robert Smith es un señor de 65 años, aún así carga el concierto en sus hombros, Simon Gallup recorre todo el escenario sonando su bajo, y ofrece la banda en conjunto un estupendo show. Pero más que todo eso, es la experiencia de emocionarse con estas canciones que ya son clásicos. El nuevo disco promete y la gira continúa.




La segunda temporada en conjunto es un rompecabezas de distintas escenas que no tienen una secuencia lineal en el tiempo. Se presentan situaciones que uno sabe que no han ocurrido para después presentarnos el desenlace y después como empezaron. Pero hay un motivo de presentar esta historia como un ininteligible sucesión de eventos (al parecer) sin relación entre sí que no se revela sino hasta el último episodio. Aquí ahora el centro de la historia es Bernard (Jeffrey Wright) un host hecho a imagen y semejanza de Arnold, el otro co-creador del parque. Intervienen en la historia William (Ed Harris) o el Man in Black, quien está harto de las narrativas comunes del parque y al final de la temporada anterior Ford le da un nuevo «juego» que le parece indispensable descifrar. Además de los problemas para discernir lo que sucede en la cabeza de Bernard, en esta temporada se explora como fue gestándose este parque. La sorpresa (y a la vez temor) de Logan Delos (Ben Barnes) al descubrir que en una época muy próxima a la nuestra, es posible tener a nuestra disposición estas entidades mecánicas muy similares a los humanos, tanto en la apariencia física como en lo emocional, inteligencia, ambiciones y miedos. Convence entonces a su padre James Delos (Peter Mullan) de invertir en esta idea millonaria de WestWorld. Pero como descubrimos más tarde también, cuando juegas demasiado con tu juguete puede jugar en tu contra.
Toda esta acción, suspenso, melodrama y misterio de como los robots se revelan contra los humanos funcionan por sí mismos para hacer inolvidables estas dos temporadas de WestWorld. Donde brilla es en las discusiones donde se cuestionan que hace humanos a la humanidad. Los motivadores tanto para los hosts como a los humanos para realizarse. ¿Qué es la realidad sino una serie de códigos preprogramados a los que estamos sometidos? y no estoy hablando de los hosts. ¿De verdad estamos tan lejos de crear seres a nuestra imagen y semejanza? ¿tanto en lo físico como en lo emocional? ¿Qué haremos con ellos cuando lleguemos a tener acceso a esa tecnología? ¿Qué es lo que nos define como personas? ¿es replicable? ¿es acaso la búsqueda de la inmortalidad la única motivación? Son varios cuestionamientos que tienen que ver con la ciencia ficción, psicología y filosofía entremezcladas y separadas entre sí que hacen muy rica esta serie creada por Jonathan Nolan y Lisa Joy, quienes de hecho escribieron y dirigieron varios episodios. La escena post-créditos del último episodio es una joya. Y da en el clavo para mantener el suspenso antes de iniciar la tercera.
De regreso a casa no encontraba sus libros o eran títulos que no entendía o quería entender. Lo cierto es que cuando entré ya de lleno a leer sus libros fue en tercero de secundaria, específicamente aquellos que trataban sobre Cuba. Quedé fascinado con las historias de la travesía de Fidel Castro para "liberar" a Cuba de un tirano pero sobre todo la forma amena de relatar todo. Obviamente con el 'Lástima de Cuba' comprendí muy contrariado como Rius mismo se lamentaba del "logro" cubano. Me dí cuenta que está bien cometer errores y no solo eso, rectificarte cuando te das cuenta de ello. El punto es que gracias a esta maestra me atreví a adentrarme a esos libros más "serios" como el 'abché', 'Lenin' y 'Marx' (para principiantes), 'La Pereztroika' y otros más de tinte, digamos, de izquierda. Por ahí leí compendios de Los Agachados o Los Supermachos que compartíamos entre algunos amigos. Ya después la revista 'El Chahuistle' era muy esperada y por supuesto nos adentramos a la nueva generación de moneros que de una u otra forma nacieron gracias a Rius.
Cuando salió el 'Rius para principiantes' me lo regaló un gran amigo, y coincidentemente vino a Mexicali a promocionarlo. Me quedé con las ganas de asistir al teatro de la universidad y oirle hablar de las diabluras que relata en su autobiografía. Supe que el teatro estaba lleno, muchos lectores con sus libros que tenían la esperanza de que se los dedicara y firmara. Le pude seguir la pista después con El Chamuco y hasta me dedicaron un saludo en una edición que pude comprar. Y es que a pesar de sus más de 80 años seguía escribiendo y se quedaron algunos borradores en su librería según tengo entendido. Lo cierto es que Rius hizo mucho por transmitir educación en este país; y hay legiones de lectores que hoy lamentan su partida de este plano existencial.
Las tomas de la película siguen el estilo de las historietas poniendo encuadres que encajan perfectamente en las viñetas del cómic y aderezando con globos de diálogo (o pensamiento) lo que los personajes están transmitiendo. En varias ocasiones las transiciones entre las secuencias aparece el Harvey Pekar de la vida real agregando algo a las escenas que acabamos de ver, o presentando a aquellos que conocemos en la película. En estas secuencias es cuando conocemos al verdadero Toby siendo un auténtico nerd y vemos que el actor que lo personifica no estaba siendo exagerado. Nos damos cuenta también que Joyce de la vida real es tal cual es retratada por Hope Davis cuando aparece en una especie de entrevista hablando de su relación con Harvey.
No es una epopeya biográfica al no centrarse solo en la historia de su vida, que dicho sea de paso, ni siquiera es tan extraordinaria. No es una trama de la lucha combativa de un paciente de cáncer, si acaso le dedica un par de escenas en situaciones clave a este hecho. Lo que sí es la película son las opiniones y puntos de vista de un norteamericano común y corriente con una forma de ser muy particular que llegó a miles gracias a la decisión de verter estas ocurrencias en un formato gráfico con la ayuda de dibujantes excepcionales. Esto es el mayor de los aciertos de los directores Shari Berman y Robert Pulcini, al dejar que sea Harvey Pekar quien de la pauta de lo que quiere transmitir y ellos son solo el instrumento para llevarlo a cabo.