Día 9: escribí acerca de la primera vez que viste a una persona de la que te enamoraste
Cuando estaba en la secundaria un amigo me pregonaba lo fascinado que estaba con unas gemelitas que asistían a la primaria de donde venía. Cada vez que me contaba sobre ellas más bien me irritaba porque era notoria su obsesión. En los desfiles que se hacen en la ciudad era clara su intensión de tratar de encontrarse con ellas y yo solo ignoraba todo esto porque no me interesaban estos infortunios amorosos que no tenían que ver conmigo.
Casi como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, la mayoría de mis amigos ingresamos a la misma preparatoria. Era curioso porque prácticamente todos quienes estudiaron en la secundaria donde fuimos iban a la otra prepa de la ciudad pero nosotros la aborrecíamos, y preferimos el CETis. Antes del inicio de clases formales eran obligatorios unos cursos de inducción para nivelar el conocimiento requerido para este nuevo grado de estudios y nos acomodaron por salones de acuerdo a nuestro apellido. El amigo del que hablo comparte el mismo apellido que el mío y estuvimos juntos en este salón.
Era un escenario angustiante y expectante. Salones de quinceañeros que prácticamente no se conocían entre sí enfrentando este nuevo escalón en la vida. Volteaba a ver a todos y miraba a quien quizás me podría caer gordo, con quien me podría llevar bien, o a quienes se miraba serían serios, o aquellos que claramente seguían en el relajo propio de la edad. Por ahí sonaban muchas risas y pláticas de la esquina pegada a las ventanas del pasillo. Había una pareja de chicas que llamaban la atención por el hecho de ser gemelas. Por supuesto que se trataba de las gemelitas que tanto le quitaron el sueño en su infancia a mi amigo. Y bueno, sí estaban guapas, lucían radiantes con su cabello rizado, y particularmente curiosas por usar exactamente el mismo atuendo solo que la blusa de distinto color. Pero hubo algo que me atrapó. Mientras que una de ellas era muy platicadora y cómica, la que estaba sentada atrás era más bien seria y reservada. No significaba esto que no le gustaran las pláticas o que no se divirtiera, simplemente tenía una actitud más tranquila. Para mí esto era una característica muy distintiva, muy tenue, pero claramente diferenciadora. Esta primera vez que las conocí, no es como si me hubieran dejado impactado al nivel que a mi amigo, pero definitivamente sí me inquietó la actitud de la chica sentada detrás de su hermana.
Época muy especial ésta de la preparatoria donde quizás conoces a aquellas amistades de toda la vida y tu forma de ser se define para siempre. Aunque cada quien se fue por su lado los grupitos de amistades se fueron definiendo también y coincidimos por varios semestres, fiestas y salidas. Por decisiones tomadas y circunstancias, cada quien estuvo con otras personas en esta época. Pero no la olvidé. No nos olvidamos. Y yo, enamorado de ella.
Una década después de conocerla me dió el sí y tenemos casi 15 años juntos al día de hoy.
Día 8: buscá una foto en un cajón y escribí lo que está pasando fuera del cuadro
No fue un cajón sino de la repisa frente a mi escritorio que saqué esta foto. No estaba olvidaba en algún rincón sino colocada correctamente en la primer página de un álbum fotográfico.
En ese cumpleaños del 2012 mi amiga Luisa me regaló un álbum, de los que se usaban el siglo pasado con fotos de papel que puedes tocar físicamente. Se me ocurrió la idea muy pronto: en lugar de usarlo para fotos mías lo usaría para reunir fotos de mis amigos. Logré contactar a varios y así pude reunir de Judith, María Rocío, Luis, Eduardo, Decarlo, Isis Victoria, Yanira, Michelle, Paulina y más. Además los convencí de que me firmaran su foto y algunos lo aprovecharon para escribirme una dedicatoria personal y yo quedé muy agradecido con ellos.
Esta primer foto precisamente es de Luisa. Es en la especie de fuente que más bien es un charco que se forma en la base del monumento Bicentenario en Tecate.
Afortunadamente no es muy frecuente, pero tiene que ver con la angustia. La parte en el sueño (o en este caso pesadilla) donde sabes con toda certeza que todo está perdido, no hay solución, no hay nada de «ya pasará»: en el sueño sabes que no. Piensas que estarás hasta el infinito con esa angustia porque así son estos sueños.
Y en esa irracionalidad te consumes y te sientes disminuido para siempre.
Nada demasiado transcendente, solo estaba seguro que tenía que llegar a un lugar donde encontraría a mi hermano. No estaba él ahí y tuve que irme a otra ciudad a buscarlo. Un viaje tipo Tijuana a Mexicali, de los que a pesar de estar consciente de que el viaje duraría 3 horas (y estás seguro de que ese tiempo en verdad transcurrió) solo pasaron 2 segundos para llegar.
Allá por fin lo encontré y olvidaba para que necesitaba verlo.
Mi chica me ha dicho que he pasado por varias de estas obsesiones. Algunas más irritantes que otras, pero definitivamente deben ser eso, obsesiones.
Te platico de mi obsesión más predominante actual: correr. ¿Cómo no llamarla obsesión cuando la alarma suena a las 4 de la mañana? ¿o si me he desplazado casi 600 kilómetros para correr un par de horas? no mencionaré para nada la inversión en calzado, dispositivos, ropa, suplementos y ni hablar el costo de las carreras que he hecho.
Es una obsesión que empieza con un par de meses antes del nacimiento de mi hija. Sentía una especie de presión en el pecho que en definitiva no me auguraba nada bueno así que acudí al médico. La doctora me mandó hacer análisis y lo que encontró fue que necesitaba hacer un ejercicio cardiovascular o de lo contrario me tenía que casar con medicamento para el corazón de por vida. Había un indicador en uno de los análisis que más me preocupó, decía que tenía un factor de riesgo de 1.2 de un ataque cardiaco (o al menos algo así lo interpreté) y de verdad, fue una temporada algo temerosa. Con mi niña a punto de llegar al mundo, no fue más que ahora sí poner en marcha un deseo que hacía mucho ya deseaba.
Siempre me ha gustado caminar. A la secundaria y prepa prefería irme caminando con mi hermano y amigos en lugar de tomar un camión. Ciudades nuevas que visitaba me lanzaba a patearlas pues sentía que es la mejor manera de conocerlas, sentirlas de cerca, mezclarte con los locales. Pero no es ejercicio suficiente, necesitaba hacer que la sangre circulara por mis venas y que el corazón realmente se pusiera a trabajar. Alguna vez lo intenté en unos pantanales de la Riviera Maya y disfruté bastante esos 2 minutos que pude correr sin bofearme (tanto) pero no me había aplicado a tomármelo en serio.
Así que empecé. Me fui a la Unidad Deportiva más cercana a darle unas 3 vueltas a la pista de atletismo caminando y luego me aventuré a hacer 100 metros corriendo (pero sin parar) y terminaba haciendo otras tres vueltas a la pista. Este método muy gradual de iniciar en la corrida me lo recomendó una amiga en Europa una década atrás y apenas le hice caso. El meollo del asunto es que no puedes hacer una carrera de 5 kilómetros a la primera, todo debe ser a pasos escalonados. Después de esto me sugirieron fijarme una meta y para julio había una de las carreras más importantes de la ciudad y ese fue mi objetivo. Continué con los entrenamientos simples y sencillos y ahora después de varios días y semanas en lugar de 100 metros avancé a 200 metros continuos corriendo, después los 400 metros (la vuelta completa a la pista), y poco más. Después de esto agarré la onda en otra cuestión, no solo me parecía poco coherente irme en carro a correr a otro sitio, sino que la carrera sería en la ciudad por sus calles, así que fue mi primer cambio para correr.
Paulatinamente aumenté las distancias y el ritmo y ese día de julio de 2012 pude hacer esa primer carrera de 5 kilómetros. Ese mismo año mi amigo Meño me retó a hacer el medio maratón Rock ‘n’ Roll en Las Vegas para diciembre y allá fuimos mis carnales y yo. Al año siguiente el Maratón completo ahí mismo y esto apenas comenzaba.
Con eso, han pasado decenas de carreras, cientos de entrenamientos, miles de kilómetros corridos en distintos terrenos, estados, niveles de dificultad, y claro, de satisfacción. Pero no puedo dejar de gozar esa sensación de que suene el despertador y pensar para mí mismo «hoy corro»
Día 3: desde donde estás sentado, escribí diez cosas a las que no les habías prestado atención.
1. Son más carros de los que pensaba que se estacionan en doble fila en la calle afuera
2. Hay un vendedor de Tejuinos afuera
3. La pintura que tengo tiene 3 llaves en él, pensé que eran 2
4. Me cambiaron mi cesto de basura a uno de esos de rejilla de alumnio, tenía uno de plástico cerrado
5. Tengo más papelitos sueltos de los que me gustaría tener
6. También llegó un vendedor de burritos
7. En la construcción del edificio de enfrente colocaron 4 letrinas portátiles, nunca son suficientes
8. Tengo una libreta que no uso desde hace varias semanas aunque la tengo a la mano
9. Nunca usé esta pluma con una terminal de goma para usar la pantalla del smartphone, no me funcionó del todo bien
10. Necesito sacarle más punta a este lápiz
Día 2: escribí un fragmento de tu autobiografía y mentí en algunas cosas
Yo no era un mal estudiante, aunque tampoco era el mejor de todos. De hecho salí de la prepa en tercer lugar de aprovechamiento ¿o era segundo? la verdad no me importaba. Simplemente las cosas que comprendía las asimilaba, trataba de aplicarlas y listo. Si no me interesaban tanto por lo menos trataba de hallarles sentido para ver como me podían servir. Venían los exámenes y los pasaba sin mucho trámite.
No significa esto que no tuve tropiezos.
Aunque en la primaria y parte de la secundaria hasta diplomas obtuve por aprovechamiento, tuve una temporadita de rezago y de valemadrismo que por andar en el juego con los amigos descuidé los estudios. Paré cuando llegando a una clase a primera hora de 7 de la mañana me sorprendió un compañero con que había examen ese día. No tenía idea del temario y él me vió como manufacturé un acordeón perfecto para poder pasar ese examen. Durante el mismo fue tan bueno ese acordeón que lo rolé y lo rolaron a otros y todos sacamos de 9 para arriba, las mejores calificaciones. Pero mi compañero que me vió hacerlo no, sacó un modesto 7. Sentí vergüenza. No quise volver a sentir eso y tomé medidas para no tener que reaccionar como lo hice en esa ocasión. Mis calificaciones entonces sí fueron mías.
Antes de esa ocasión, como mencioné, lo reflejado en las boletas de calificación fueron resultados de mi esfuerzo a excepción de ese par de meses que definitivamente perdí el rumbo. No solo en lo que respecta a como me preparaba para los exámenes, sino en muchas cosas personales más y que serán tema de otro de los días de este reto.
Escribo primero que nada para mí, porque es el ejercicio mental de desfogue de ideas que más me gusta. Conversando con alguien que te rete los pensamientos es siempre muy gratificante pero muchas veces no coincidimos o no son momentos adecuados para exponer temas que inciten a una discusión. Escribiendo hago un poco de trampa, pues esas ideas las voy puliendo y acomodo las palabras y frases conforme mejor pienso que estoy exponiendo mi diatriba, y de todos modos no siempre quedo satisfecho con el resultado. Pero bueno, como me dijo una amiga que realmente escribe exquisito, solo se desarrolla esa habilidad ejerciéndola muchas veces, escribiendo.
Mi primer maratón lo hice en el 2013, el que fuera mi mejor marca hasta ahora con 4 horas y 8 minutos.
Definir: El Plan
Estuve por años checando varios planes de entrenamiento. Los que me dictaba Endomondo simplemente no me sirvieron, no me daban la marca a pesar de seguirlos al pie de la letra o quizás yo no le ingresaba los parámetros adecuados. Hasta que Gerardo Berrelleza me compartió el plan que le sirvió a él a superar el maratón en menos de 4 horas. Consistía en entrenamientos muy dedicados, sobre todo considerando mi ritmo personal de carrera. Para esto fijamos como mi mejor 5K los 21 minutos que corrí en 2015 y así surgieron entrenamientos para todos los días de la semana exceptuando un día de descanso que fijamos en el día miércoles ¿y esto porqué? porque el jueves tocaba pista. La endemoniada pista. Muy necesarios esos cambios de ritmo y con entrenamientos progresivos logré llegar al día que me tocó sostener un ritmo de menos de 5 minutos el kilómetro durante 4000 metros (10 vueltas a la pista pues) combinado con «descansos» de 800 metros a ritmo de 6 minutos por kilómetro y repetirlo 4 veces: 4000x800x4. Los fines de semana eran de tiradas largas alternando alrededor de los 16 y 32 kilómetros, y en lo que me enfoqué yo es que la segunda mitad de estas tiradas largas fueran las decisivas pues le cambiaba el ritmo asegurando ir de 15 o 20 segundos el kilómetro más rápido que la primera mitad. Así que mi calendario lucía muy entretenido.
Todo esto estaba enfocado para hacerlos en los meses previos al Maratón Gobernador del 2016 en Mexicali. Clima idóneo, ruta prácticamente sin elevación y con el apoyo de mi equipo pintaba para que pudiera llevarlo a cabo. Pero ya sabemos como terminó esa historia.
No es imposible: Sobrellevar el fracaso
Las dos semanas previas a ese maratón no pude seguir el entrenamiento, y el resultado ahí está: 4 horas 12 minutos, que a pesar de que sí lo disfruté y lo viví al máximo, no cumplí el objetivo trazado. No fue como para autoflagelarme ni nada por el estilo pero simplemente la espinita sub4 seguía ahí.
Así que unos días después de navidad me confirmó mi hermano que no podría correr el maratón por el que había pagado meses antes y que el boleto tendría mi nombre si así lo deseaba, y pues claro que acepté. La cita quedó para el 15 de enero en Phoenix, solo unas tres semanas adelante. Tomé el plan de entrenamiento, recorrí las últimas tres semanas y me dispuse a seguirlo.
Lo difícil: Distractores
Hay carreras de 5K donde la comunidad atlética se reúne y es imposible no darse una vuelta a saludar. También las fiestas de fin de año incluyen deliciosos platillos a los que no les puedes hacer el feo y por supuesto que se antojan esas copitas y botellas de cerveza (que sabrosa la Noche Buena de este año, por cierto). Pero pues hay un objetivo en mente.
De todos modos se trata mucho de disciplina seguir el plan a pesar de que solo tienes disponibles las mañanas a partir de las 4 de la mañana en el invierno de montaña. Llegando el día lo que pasó fue que estaría solo en la carrera pues mi cuñado haría el medio y en este lugar es separado del maratón, y a decir verdad me gustó mucho así. La otra es que solo miré a otros 3 mexicanos en toda la carrera, no se si tenga que ver algo el próximo presidente de los EE.UU. pero eso fue lo que me tocó. Por esta separación de las rutas los corredores son menos pues estamos ahí únicamente los que vamos por el maratón y había unos 6 «corrales». Al colocarme en el número 3 me dí cuenta que ahí estaba el pacer de 4 horas así que todo tenía más sentido. De hecho dieron el balazo de salida y corrimos todos sin esperar la salida de los corrales previos. Ya durante la carrera en esa fría mañana con amenaza de lluvia recordaba mucho las palabras de Gerardo «concéntrate ahorita, festeja después.» Es que mi personalidad de estar muy alegre recibiendo el apoyo de completos desconocidos y agradeciendo no puedo reprimirla; ahí estaba dando high fives y thumbs up a todo mundo. Cantando las canciones de las bandas y corrigiendo «La Bamba» a aquel que medio la tarareaba. Diciéndoles el «thanks a lot officers» a la policía, felicitando a aquel que festejaba su cumpleaños 42 corriendo 42 kilómetros, el paquete completo pues. Pero de todos modos sentía que estaba haciendo mi carrera prácticamente solo.
La ruta es saliendo de Downtown Phoenix pasando por las colonias de comercios más antiguos de la ciudad y pasando por mucha zona residencial. Son rectas muy largas y por lo mismo no las consideraría aburridas, más bien enfocadas y al ser en medio de casas, varias familias salen a apoyar a los corredores. Después de otras rectas había una pendiente, ligera, pero pendiente al fin de unos 7 kilómetros antes de llegar a Scottsdale, y aquí todavía mantenía un ritmo constante de 5:30, y como no quería menguarlo seguí pegándole a pesar de la subida y me sentí bastante bien. Pensaba que en el retorno me iba a soltar pues me tocaría descenso y así fue. Ya era más del kilómetro 30 y podía darle 5:25 y hasta 5:20 el ritmo. Para mí los puntos clave son los kilómetros 11, 22 y 33 para darme una idea como voy y ya para el 33 iba con bastante buena actitud. Me sentía sin ningún tipo de molestia y ya empezaba a considerar que en efecto todo pintaba para ahora sí superar el PB. Pero no podía perder el enfoque: «festeja al terminar» me seguía repitiendo. Seguí con mi ritmo a menos de 5:30 sin atravancarme ni tratando nada más rápido. Ya cuando llegué al kilómetro 40 tomé la única colina «pesada» del recorrido subiendo un puente, pero lo tomé con todo el entusiasmo, determinado a continuar a la meta para terminar el maratón en la mejor forma. Conforme nos acercábamos a la meta ya estaban regresando los corredores que habían terminado y nos apoyaban. Ya en el puente sobre el río antes de llegar a Tempe, a 600 metros de la meta perdí toda serenidad y me dí el lujo de tomarme la selfie y no cabía de contento. Proseguí corriendo a la par de una chica con la que nos estuvimos echando porras todo el camino y ahora sí al dar vuelta a unos 200 metros de la meta voltié a ver el reloj y ahí no quise dejar de festejar. Crucé la meta gritando y brincando. 3 horas y 52 minutos habían transcurrido. Objetivo al fin logrado.
Pude mantener una constancia en el ritmo
Recuperación: La carrerita post-maratón
Héctor Buelna me enseñó a dar un trote ligero después de un medio y vaya que me funcionaba. Resulta que por el esfuerzo terminas con los músculos tensos, inflamados y arremangados (como quien dice) así que con la trotatida se va reacomodando todo en su sitio poco a poco. Me acostumbré a darle un par de kilómetros después de terminar un medio maratón desde entonces. Y luego lo probé con los maratones.
Pues el día lunes después del maratón Rock N Roll de Arizona me aventé unos 5 kilómetros y medio a unos muy lentos pero satisfactorios 35 minutos. Y es que todo el día domingo después del maratón sí me sentí con una leve molestia en la rodilla, los muslos atrincherados y con las pantorrillas muy tensas. Hice la corridita temprano en la mañana y ese mismo lunes noté mejoría. Para el martes (es en serio) ya me sentía como si nada. Ni cansancio, ni la inflamación ni nada que dijera que acababa de hacer un maratón.
Objetivo cumplido: nuevos retos
Este año 2017 no digo que dejaré de ir a carreras pero la presión de hacer menos de 4 horas ya está fuera de mi mente así que puedo voltear a ver con otros ojos lo que me proponga. Y con más tranquilidad.
Disfrutaré entonces el UBT50K en marzo, buscaré enfocarme en completar el PCT50M en mayo por lo pronto, con miras a llegar en buen estado para el Tule Trail 57K en octubre y hasta ahí estaré concentrando mis esfuerzos. Si se atraviesan un par de medios o el maratón de Tijuana ya será con más calma y sin presión. Quiero más tierra y menos asfalto ahora que ya pude quitar un elemento de mi lista «de la cubeta». Al menos este año.