Viento, agua, frío, lodo, lluvia, calor, barro y más

La pandemia detuvo los planes para llevar a cabo la edición 2021 de este Ultramaratón Baja Trail que se lleva a cabo desde 2014 en el área de Cuero de Venados al sur de Tijuana, B.C. Pero con porcentajes de vacunación a la alza y la curva de contagios a la baja se prestaron las condiciones para ahora sí llevar a cabo esta demandante carrera de montaña.

«Va a llover» me estuvo diciendo mi chica toda la semana, y le respondía «pues me pongo chamarra» y así fue. El ritual de la noche previa es uno que todo corredor conoce, y en cierta manera es la primera mentalización de lo que viene. Tenía especial interés en ver como se comportan (en carrera larga) los LMNT que me funcionan como suero de muy buen sabor, con la ventaja de que al ser en polvo lo que cargué fueron los sobres y no la botella completa de Electrolit como en ediciones anteriores. Tenía también listas unas pastillas de potasio por lo que pudiera pasar, además de agua en mi vejiga de 1.5 litros. Una camiseta ceñida y otra de mi equipo junto con la chamarra impermeable y empaquetable. A diferencia de otros años y otras carreras en la montaña me fuí muy minimalista.

Quiero siempre llegar lo más pronto posible para evitar las aglomeraciones y estar listo evitando filas, así que desde las 5 de la mañana llegué a Rancho Casián. Ahí en el carro estuve desayunándome un sándwich de crema de cacahuate con mi café esperando que llegara la hora. Pero después como le comenté a Mario cuando nos vimos en la línea de salida, quien sabe porqué me empezó a doler la espalda baja justo antes de salir. Algo que se me hizo muy curioso y raro fue saludar de nuevo a tanta gente. Obviamente con sana distancia y todo, pero muchos que saludé aquí era la primera vez en dos años que no había visto siquiera, se sentía tan extraño pero tan complacido a la vez de regresar.

Foto por Germán Rodríguez

Estuvimos mentalizándonos y preparándonos Marco, Karina y yo pero aún sin chicharra, empezó todo con la emoción de todos los participantes. Como parte de los requisitos era que en áreas comunes todavía tenemos que seguir usando cubre bocas y aunque yo estoy acostumbrado a siempre correr con tubulares Migö, sí se sintió la diferencia, así que después de un kilómetro y más aislada la gente uno del otro ya pude quitármelo. Los primeras subidas empezaban y no se porqué esta vez no le hice caso a mi cautela, será el entrenamiento que he estado teniendo estos últimos meses o que será, pero subir a la banquita no era caminando, pasaba a otros corredores cuando lo prudente es caminarla pues faltan otras ochocientas cuarenta y siete subidas más adelante. Aquí y al llegar al primer check point en la Rumorosita se sentía el buen ambiente, ahora con mucha más porra y personal de apoyo, todos dándote ánimos.

Algo muy recurrente fue que cuando ya sentía mucho calor porque salía el sol un momento y guardaba mi chamarra de repente se volvía a nublar y estaba de nuevo en otra colina donde soplaba un viento frío que me obligaba a ponérmela de nuevo. Todo esto siguió pasando mientras llegábamos al check point del Ahorcado de nuevo muy bien abastecido y con todos los ánimos.

Para mí siempre es especial la Meseta desde la primera edición, pero ahora estaba listo para enfrentarla corriéndola en medio de las nubes y visibilidad de unos cuantos metros enfrente. Ahora se sentían bastante más picudas las piedras, será por la limpia que les hizo la lluvia o qué pero así sentí. Afortunadamente no fue como otros años que bajar de la Meseta era prácticamente una resbaladilla pero no menos difícil y ya estábamos en el Check de los Wannas donde el buen Antonio me atendió de maravilla mientras saludaba de nuevo a Isabelita. Rellenada mi mochila para allá me lancé, donde me esperaba el largo camino para el cañón que nos lleva al Coronel.

Y es que fue aquí donde todo fue a pique con el barro. No podías quitarlo simplemente golpeando los tenis contra alguna piedra, no, tenías que hacer una maceta y moldearla para que pudiera despegarse y pudieras continuar a acomular más barro. Aquí también me funcionaron muy bien los gaiters porque ese barro no entró a mis tenis, y eso sí hubiera sido mucho más incómodo. Pero lo importante era que estaba avanzando cuando veo regresar a Adán y luego al Silencio, con un ritmo bastante fuerte a pesar de las condiciones.

Ya para subir el Coronel lo que siempre hago es dejar mi mochila para descansar un poco de ella, y fue lo más difícil tratar de subirlo mientras veía a todos los que bajaban cayendo. Allá arriba todo estaba totalmente cubierto de neblina o estábamos en medio de las nubes sintiendo lluvia pegarte por todos lados en momentos. Solo agarré la pulsera y me regresé. Y aunque no estaba tratando de regresar corriendo azoté dos veces. No fue tan doloroso pero sí fueron golpes. Y seguía acomulando lodo. Solo quería regresar con Marix y aprovechar el lunch de huevos cocidos.

Pero ya era hora de regresar y vamos de regreso cuando ya me estaba marcando el reloj que teníamos 29 kilómetros. Aquí todo estaba de muy buen ánimo aún. Mi estrategia fue no cargar mucho pero siempre tendría que tener las dos botellas llenas por si las dudas aunque no tuviera la vejiga llena. Tomé una tableta de potasio ahora que sí sentía ya más el cansancio en las piernas por el esfuerzo en la casi vertical subida al Coronel.

Foto por Isabelita Granados

Parecía eterno pero llegando al Wannas ahora sí les pedí un vasito de cerveza, digo, si ya estamos de party aprovechar. Agradecí de nuevo y a seguir. Al bajar por la cuerda (que no me gusta usarla) temía resbalar por el lodo y humedad pero hasta eso que mis Altra tuvieron muy buen agarre y no fue problema. Saludé por última vez a Ricardo y me despedí de todos en el Ahorcado que siguieron los 6 u 8 kilómetros en subida más pesados pues son constantes y ya llevas el cansancio anterior hasta llegar de nuevo a la Rumorosita donde otra vez me compartieron cerveza para terminar de mejor ánimo los últimos 6 kilómetros.

Foto por Germán Rodríguez

Ya es el regreso de lo más ameno a estas alturas, ya es prácticamente terreno nivelado entre vereditas y senderos llenos de plantas, árboles, riachuelos y flores. La meta casi la puedes ver, porque estás sintiendo que ya terminaste este reto. Y llegando a la meta veo a mi hermana con su familia y mis sobrinos recibiéndome, estaba de lo más emocionado.

Fue muy especial esta carrera por regresar después de dos años, porque todo el cariño y buenos deseos de quienes te apoyan es palpable, ¡hay demasiada gente que quiere verte disfrutándolo! Mi agradecimiento a los organizadores, lo he dicho antes pero lo vuelvo a decir, es de los mejores eventos más allá de recibir por lo que estás pagando, estás gozando del esfuerzo de muchas personas que genuinamente están haciendo todo lo que está en su poder para hacer una carrera memorable.

Con esto inicia mi año de retos en la montaña que quería hacer en el 2020. En mayo nos vemos en el PCT 50 millas para luego en junio hacer de pacer a Marco en sus 100 millas de San Diego y terminar con los 100k de Cuyamaca.

2 comentarios sobre “Vamos a correr – el #ubt50k2022

  1. Estuvo divertido correr con sol, lluvia y lodo. ¿Qué pasó con el dolor?¿Se quitó al arrancar la carrera? Me dio gusto encontrarte antes de salir y luego verte llegar a la meta con pila para darle un poco más.

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