«Te voy a decir la verdad, está de la chingada la subida pero ya de regreso ¡mírame!» Les decía a los que todavía les faltaba como 2 kilómetros para la cima del Coronel.

Sí, varios estábamos nerviosos antes de iniciar, sobre todo por la pandemia recién llegada a México. Ante la amenaza de la cancelación, el comité organizador se guió por las recomendaciones oficiales y no había aún la directiva de evitar conglomeraciones siquiera. Vamos, fue el fin de semana en el que el Vive Latino se llevó a cabo sin ninguna restricción. Pues hasta acá en la esquina de este mundo tierra la recomendación entonces fue la de practicar la sana distancia y todos en el staff llevaron cubrebocas y guantes de inicio a fin. Cubierta esta situación, nos fuimos a la aventura.

Este reto lo veo en cierta manera cercano a la situación que estamos viviendo hoy en día en esta contingencia. Al inicio todos vamos pensando que lo podemos enfrentar sin problema. "Sí, me lo aviento, ¿qué tanto es tantito?" Como en todas las ediciones, hay un elemento sorpresa y en este 2020 esto fue la subida a la Banquita Baja Trail por ahí del kilómetro 5. Al llegar al primer abastecimiento con Ivonne Sita todavía andábamos de buen ánimo, y más cuando más abajo en el kilómetro 10 estaban mis compañeros Diablillos orientando y apoyando a los corredores. Siempre puedes contar con tus amigos.
La meseta la subí bastante bien, en anteriores tiempos era mi coco pero los entrenamientos me prepararon bien para esta subida (y bajada) y ahí seguí a pesar de todo. Ya en el Wanna’s Antonio me decía que no cargara tanta agua pero yo me temía un problema mayor al peso la falta de agua, como ya me ha pasado antes. Así sin problemas de hidratación continué por los Dead Marshes a veces rebasando, a veces evitando estorbar. Eso sí, me daban ganas de sonarme la nariz y me alejaba del sendero 5 o 6 metros para hacerlo siempre hay que seguir el estornudo (o sonadera de mocos) de etiqueta.
El trayecto zigzagueante rumbo al punto de Marix no lo sentí tan pesado hasta que realmente sí, por eso fue un alivio llegar a él y dejar ahí la mochila para el último trayecto hacia la cima del Coronel mejor es dejar atrás cosas que te estorban que llevarlas a cuestas y allá arriba compartimos entre todos los que estábamos suero, barritas Clif y un spray anticalambres que de no haber sido por ello la hubiera pasado muy mal entre todos apoyando, es mejor. De la nada, ya de regreso por alguna razón estaba tarareando una canción punk que a veces la usan en estadios para animar a la audiencia. Ni idea como se llama. En parte porque realmente estaba viviendo mi momento de histeria y en parte para avisar que iba camino abajo y no pegarle a alguien. Ahí fue donde les decía que sí estaba muy pesado, sobre aviso no hay engaño, pero la verdad de bajada ya no se sentía, lo disfrutaba con gusto.
De vuelta con Marix, Rose me obsequió huevo cocido que bañé en sal y me gustó tanto que quería más. Agradecí a todos y emprendí hacia abajo. Ahí animaba a otros que apenas iban y todavía les faltaba bastante, ¿qué más se podía hacer? Entonces llegué al temido trayecto entre el 33½ y 37½ solo de subida, pesada, eterna. Lo único por hacer era seguir a un ritmo leve pero seguir adelante. Faltando un kilómetro para el punto Wanas es la ruta más tediosa para mí, pesada pero todo esto pasará.
Llegué devorando unos sándwiches que tenían ahí en ese punto de abastecimiento y confirmé con Antonio que tenía razón y no necesité tanta agua hay que hacerle caso a los expertos por lo que cargué por ahí de un litro extra que no era necesario cargar. La verdad estuve muy agradecido con cada uno de los miembros del staff en todo momento, y en esta que era la última vez que los vería la despedida era más emotiva. ¡No los he vuelto a ver!
En el playlist que tenía siguió ‘Dittohead’ de Slayer, y con toda la carrilla que tenía a cuestas por ahí del 38, corrí como si no hubiera un mañana siempre puedes dar el extra. Así seguí con la parte que no es de mis favoritas, la sección escarpada que hasta ponen una cuerda para apoyarte en el descenso. La verdad nunca la he usado, siento que me destantea más y prefiero bajar con mucho cuidado. Superado el obstáculo, mi parte favorita es este bosque del ahorcado corriendo tranquilamente a lo largo del riachuelo en medio de los árboles. Una vez saliendo de ahí me topé con compañeras de la ruta de 30k, para mí ya el 43. Y nos topamos con las vacas obstruyendo el camino. La chica tenía mucho miedo de ellas y yo solo atiné en decirle «mira, ellas tienen más miedo que nosotros» y sí, lo pudimos comprobar porque avanzamos y se salieron del sendero. Íbamos con mucha cautela hasta que vimos un macho y antes de continuar solo me quedó hablarle y decirle «vamos de pasada, no queremos incomodarte» todos atravezaremos por cierta locura y no nos peló.

Ya por fin era la última carpa de apoyo y comí de todo antes de continuar. Salí corriendo porque ya hacía falta. La meta ya la vislumbraba y corría emocionado hacia ella. El último kilómetro lo grité «I’m home free». Llegué emocionado y abrazando a todo mundo.

Entonces quizás cuando lleguemos a la meta nos enteremos de alguno o varios que abandonaron la carrera. Otros más con alguna lesión que seguramente saldrán bien librados. Y habremos otros que pudimos superar esta prueba. Cada quien lo superará de distinta manera.
Después de esto la contingencia ahora sí fue estricta y no he podido salir a correr como acostumbraba desde entonces. Varios otros eventos y carreras que tenía programadas como el PCT el 16 de mayo fueron cancelados o pospuestos. Pero al final del día, siempre tendremos otra oportunidad de hacer lo que nos gusta.
Eventualmente.
¡Felicidades por un ultramaratón más! Siento que la foto de la medalla, al final, muestra la alegría y satisfacción de lograr el reto.
Sí que lo fue, gracias