Ya me había hidratado, comido, puesto diclofenaco en todas las piernas y por segunda vez tuve que decirles a las voluntarias que aún no salía del checkpoint. Tenía que ir al baño de la cabaña de Todd y que sorpresa ver una vivienda totalmente equipada. Al entrar por la puerta me llegó el aroma de la cocina y yo con mi hambre después de más de 9 horas de correr. El baño era enorme, de casa normal, y lo siento pero aproveché para lavarme la cara, echarme agua en el cabello y refrescarme lo más que pude. Salí y mencioné de nuevo mi salida a los voluntarios. Subí pesadamente esa colina para regresar al sendero que continúa la ruta del Pacific Crest Trail. Mis cálculos marcaban alrededor de 51 kilómetros y enfilé a la meta. Troté muy despacio y llegué a la carretera cerrada. No me sentía del todo bien. Caminé (ya no podía trotar) unos 200 metros más y aún a pesar de estar cubierto de las sombras de ese bosque de pinos, decidí abandonar definitivamente.
Esta crónica empieza a principios de año 2017. Varios amigos nos decidimos a dar el siguiente paso después de varios ultras de 50k muy satisfactorios. Nos inscribimos a las 50 millas (alrededor de 80 kilómetros) por la bellísima Pacific Crest Trail. Son unos caminos que acompañan a los senderistas por meses a partir de la línea divisoria entre México y Estados Unidos hasta la frontera con Canadá. Pues bien, un tramo de unos 40 kilómetros de las 2600 millas que conforman este trail son aprovechados para este ultramaratón. A mí me entusiasmaba mucho la idea pues estos senderos los he corrido con anterioridad y siempre me parecieron ideales para correr. Las inclinaciones son muy manejables para correrlas y las panorámicas son una combinación de árboles, terrenos áridos, algo de arroyos y mucho bosque. Aquí el reto era aguantar el correrlo por espacio de unas 12 a 13 horas.
Estudié la ruta con sus subidas y variaciones de inclinación. Diseñé una especie de plan de entrenamiento muy intensivo que fue una combinación de otros 3 que me acompañarían por unos 4 meses. Se atravesarían varios medio maratones y el UBT que ayudarían a formar el kilometraje necesario para llevarnos al reto. Por mi parte hice varias veces entrenamientos en terracería y ascensos al Cuchumá, era muy importante para mí la ganancia en altimetría. Con mis amigos hice varios de los entrenamientos en ruta para agarrar resistencia y fuerza en subidas muy empinadas al punto de que en una ocasión hasta logré subir «La Bestia» de Colinas de Chapultepec trotándola de inicio a fin. Me sentía preparado.
El día 13 de mayo mi día empezó a la 1 de la mañana. Me bañé y comí algo para aguantar la jornada y mi papá llegó por mí para ganarle tiempo al camino. Llegamos a las 4 y ya estaban colocándose los organizadores. Recogí mi kit y me despedí de mi padre que me ha aguantado varias locuras así. Recordé cuando me acompañó junto con mi hermana a la primera vez que logré terminar los 42,195 metros corriendo de Tecate a Tijuana y ahí estaban ellos junto a mis carnales, apoyándome las 4 horas y media que nos tomó llevarlo a cabo.
Nuestros amigos de Baja Trail Endurance Runners & More, además de mi equipo Diablillos ya estaban llegando y todos nos dimos los ánimos y en ese instante todos estábamos seguros de que nos veríamos en medio día más logrando la meta. Empezó el conteo para la salida anticipada de las 5 de la mañana (el resto saldría a la hora oficial de 6AM) y me tomó por sorpresa. Ni siquiera había encendido mi Garmin ni el que amablemente me prestó Juanito (es que el de él sí duraría más de 12 horas, el mío ya no aguanta tanto) y partimos.
Antes del primer check point estaba gozando la ruta. Había un manto de niebla tomando los valles y nosotros corríamos por encima de esa vista asombrosa. Nos rebasábamos de vez en vez Ricardo y yo y así nos acompañábamos, a veces dejaba pasar cuando caminaba y a su vez él me daba el pase cuando prefería bajar el ritmo. Así nos la llevamos los primeros 40 kilómetros. Saliendo del primer checkpoint transcurridos los primeros 10 kilómetros me dió mucho gusto encontrarme con Paulina y las fotos no pudieron esperar, quien sabe cuando podríamos volver a encontrarnos. A lo lejos miraba a Ari y Leslie muy fuertes y Ricardo una vez más se adelantaba en el camino. En este trayecto que tenía como parte de mi estrategia caminar las subidas, íbamos platicando Pau y yo. El siguiente punto estaba a 12 kilómetros y siempre que revisaba el mapa que nos había proporcionado Mayo miraba los kilómetros enfrente de mí con mucho ánimo y seguro de mí mismo. Las bajadas las continuaba corriendo pero todavía faltaba varios ascensos, aún estábamos a unos 1400 metros sobre el nivel del mar.
Ya seguía en muy buena forma, corriendo y disfrutando ese ambiente de carrera y camaradería entre completos desconocidos que es habitual. A lo lejos veo a unas niñas que aplaudían y animaban y me dió mucho gusto encontrarme a Dana y Zul quienes con Adán esperaban a recibir a los amigos de la Baja California en esta carrera. Llegando a Todd’s Cabin la primera vez estaba muy emocionado del ritmo que llevaba. Zuluz me dió ánimos y me sacó de onda verla arropada en una chamarra gruesa pues yo estaba con un clima muy cómodo para correr según yo. Ya era tiempo de partir y me coloqué la música que me ayudaba a no enfrascarme tanto en las distancias, pero no podía dejar el volumen muy alto, había que oir atentamente al entorno y sobre todo cuando alguien que pasaba requería de rebasarte. Son senderos angostos y ni hablar, hay que alzar la voz para dejarnos pasar.
Continué la ruta y ahora seguían subidas para llegar a más de 1800 metros de altura y como ya el sol estaba muy arriba tuve que orillarme para ponerme la gorra que Tito me dió para hacer frente a este reto. Me sentía muy bien, la gorra dejaba respirar muy bien mi cabeza y me protegía del sol perfectamente. Si tan solo no hubiera olvidado ponerme bloqueador el juego hubiera estado completo. Por aquí me pasó Nacho Anaya que me decía «el Ironman» por la mochila con ese logo que cargaba, solo le pude decir «Ironman de mochila nomás», y es que, que pena portar prendas con algo que no eres, en serio. Pero la verdad la compré por barata, no por algún otro caso de aparentar lo que no soy.
Al fin superamos el borde de una colina y a lo lejos (muy a lo lejos) se miraba el siguiente punto de abastecimiento. Era Penny Pines. Ahora había que recorrer un trail angosto donde ya varios corredores hacían el trayecto de regreso por lo que había que cuidar cuando les dieras el paso pues había un abismo abajo. Ahí pude notar el sendero por el que pasa Noble Canyon 50k al fondo y ahora que venía por una ruta un tanto más cómoda, no podía creer que estaba a punto de llegar a la mitad del recorrido. Aquí fue cuando ya nos rebasaron Marco e Isabel, quienes salieron a la hora oficial de 6 de la mañana y empecé a hacer cuentas. El tiempo de corte al llegar a Penny Pines era 12 del día, yo estaba llegando ahí casi a las 11, es decir, tenía poco más de una hora de ventaja por haber salido a las 5 de la mañana. De haber hecho mi salida «normal» a las 6 estuviera casi rayando el tiempo de corte. Esto me preocupó porque aunque me sentía bastante bien en cuanto a los músculos de las piernas, el calor estaba empezando a hacerme sentir mal y el peso que llevaba en la mochila me estaba incomodando. Por eso, al ver en el punto a Arelí, Ingrid y Adán con ese recibimiento no lo dudé y le pedí a Ingrid que me aguantara la mochila en los aproximadamente 8 kilómetros de ida y vuelta que representaba esta parte de la ruta donde debíamos regresar a este punto. Saludé a los amigos de Baja Trail que como es costumbre tenían fiesta apoyando a sus compañeros y con ese ambiente es insuperable no sentirse con ánimo.
Y así partí al norte, solo con un electrolyt de 600 mililitros para acompañarme en este trayecto y ya sin el peso podía trotar estos senderos bastante bien. Miré a la siempre fuerte Marix con paso decidido y no paraba de aplaudir. Aquí me dió alcance Mayo quien se miraba muy fuerte, también ya en el retorno Marco e Isabel lucían concentrados. Yo estaba empezando a impacientarme de lo angosto del camino y las veces que tienes que dejar espacio o pedir que te dejen pasar, ya mi cabeza estaba haciendo trucos. En el punto de retorno volví a encontrarme con Mayo y me dió ánimos para continuar y al tocar esos tres listones naranjas el encargado del checkpoint solo me dijo «that’s it, you’re going home» y pensé por primera vez en «casa».
En el trayecto de vuelta me encontré a Martha como siempre la veo, a su paso pero segura, llevaba muy buen ritmo y lucía muy fuerte y decidida. Me dió mucho gusto ver a Erica también que iba constante a su ritmo. A todas esas personas que me daban ánimo mencionando «let’s go Diablitous!» nomás les correspondía el saludo. Y así llegué de nueva cuenta a Penny Pines y acepté el consejo de Adán de bajarle al peso a mi mochila y se me ocurrió que era más que suficiente el litro de la botella de Gatorade. Tomé de la cerveza que me ofreció Arelí y aproveché para frotarme hielos en las piernas, mojarme la cabeza y colocarme más hielos dentro de la gorra. Me sentí listo y decidido. Agradecí de nueva cuenta a Ingrid y a Adán que se la rifaron como apoyo excepcional en esta carrera y me fuí muy contento a continuar la travesía.
Aquí seguí un camino falso que me llevó a la carretera y no lo podía creer. No solo estaba muy cerca de los tiempos de corte sino que se me ocurre salirme de la ruta cerca de 200 metros. Definitivamente no era posible que los senderos llegaran a la carretera de asfalto así que me regresé hasta ver un letrero del PCT. Continué y me dió algo de pena ver a los senderistas que sin decirles nada se apartaban de la ruta para darnos el paso y al pedirles disculpas uno de ellos me dijo sin ningún problema «don’t worry, I have four months ahead of me, you have a couple of hours left» y más me hizo preocuparme por el tiempo de corte. Continué caminando la colina que me aleja de ese cañón y varios me rebasaron pues seguía atento a no esforzarme de más por lo que no trotaba siquiera las subidas. Mis piernas no estaban en su mejor momento, aunque no tenía para nada algún asomo de calambre las sentía muy duras, muy «arremangadas» como diría. Y me tranquilicé al entrar a una zona boscosa que me hacía imaginar que llegaría pronto a la cabaña de Todd. Pero no llegaba, me parecía interminable. Una pareja de corredores me dieron alcance y les mencioné que tenía preocupación de que ya hubiéramos pasado Todd’s Cabin sin haberme internado en ese abastecimiento, pero me aseguraron que faltaba muy poco. Después de pasar un kilómetro más y yo caminando sin poder trotar nada no veía ni oía nada. Mi agua ya me la había terminado y solo agradecía no estar al rayazo del sol con la protección de los árboles. Aquí ya estaba más desanimado de que si ni siquiera podía correr estos senderos que son bastante cómodos no lograría llegar al tiempo de corte del último punto. Tendría que apresurarme saliendo de la cabaña para poder alejarme del fantasma del DNF. Pero no podía, y todavía no llegaba a Todd’s Cabin.
Por fin a lo lejos veo el letrero y me animo, pero no respondían las piernas. Estaban tiesas, duras. Caminaba lentamente a pesar de que era una bajada. A lo lejos veo a Adán y a Ingrid animándome y no podía estar más que agradecido. Les compartí mis pensamientos de desistir y al oirme decirlo en voz alta me contraríe. No podía creer que había llegado hasta acá como para ahora abandonar, por lo que me conformé con «déjenme hacerme un tune up y ya les comento que decidí» y ellos siempre apoyándome a que respetarían la decisión que tomase.
Me senté, me unté diclofenaco, comí papa y papas fritas, tomé mucha Coca Cola, me unté hielos. Pero no estaba seguro. Por un momento pensé en irme con la botella de agua solamente pero desistí de ello pues si en menos de 8 kilómetros me la había acabado en los siguientes puntos se distanciaba entre ellos 12 y 10k. No me decidía y seguí comiendo, salieron unas quesadillas recién salidas de la cocina y las gocé como creo que nunca he gozado una quesadilla. A lo lejos Antonio me daba consejos de los siguientes puntos de la ruta y escuchaba atento para no perder detalle, los demás miembros de Baja Trail seguían dando todo el apoyo y yo no estaba seguro aún de continuar. Al fin me armé de valor y me monté la mochila. Después del baño vaquero que me dí en el baño de la cabaña estaba con nuevos bríos y empecé a subir la cuesta para salir de este punto de abastecimiento. Todos sin importar quien era me apoyó, a pesar de que faltaba media hora para el tiempo de corte en este punto. Una vez más hice mis cuentas y no me salieron. De haber iniciado a la hora oficial de salida de las 6 AM ¡ya me hubiera pasado por una hora! Y con esto, más estuve convencido de que no podía hacer un esfuerzo sobre-humano de llegar al siguiente punto para que me cortaran. Poco tiempo después se sorprendieron de verme regresando Ingrid y Adán y ya, les comuniqué que solo necesitaba regresar el número y les pedí darme un aventón a la salida.
Sin solicitarlo, muchos amigos me ofrecieron palabras de aliento o valiosos consejos y les estoy muy agradecido, pero sorpresivamente no me sentí decepcionado o frustrado. A pesar de los meses dedicados a esta carrera y todo lo que representaba para mí llegar a estos 80 kilómetros solo puedo decir que escuché mi cuerpo y no quería destrozarme por llegar a la meta. Recordé mucho a Jorge cuando le platiqué que la ruta me parecía muy manejable y que me comentó «cuando lo hagas me avisas si piensas igual» Y bueno, ahora que no la terminé sigo pensando que si quiero hacer 80 kilómetros en montaña no hay mejor lugar que esta carrera. Con el apoyo de los voluntarios, amigos y demás participantes esta ruta es muy cómoda para lograr correr las 50 millas. Quizás mi estrategia de no correr las subidas fue la que me falló al permanecer más tiempo en ellas haciendo el esfuerzo de superarlas, no lo se, pero como toda experiencia, es para aprender a sobrellevarla y corregir lo que se tenga que corregir para mejorar en el futuro.
Las condiciones ideales nunca estarán al cien por ciento en una carrera, pero anoto esto como puntos a considerar en nuevos retos:
– Debemos descansar bien antes de una carrera, dormir solo 3 horas la noche anterior no ayuda a enfrentar una jornada extenuante de 12 horas o más
– Haber cumplido en un 70% un plan de entrenamiento no es garantía de éxito, ni siquiera el haberlo cumplido en un 100%
– No somos inmunes a situaciones complicadas en casa o en el trabajo, pero se debe enfocar la mente en el objetivo, buscar el equilibrio
– Los que hacen el PCT cargan uno o más libros para enfrentar las horas «muertas» de descanso, conforme avanzan se van desprendiendo de hojas leídas evitando así peso inútil. Debo replantearme si realmente necesito ir cargando esos dos o tres litros adicionales que acostumbro.
– No hay que aferrarse a los tenis favoritos si es que ya no son buenos. Por más agarre fabuloso que tengan los Speedcross, si se sienten como tabla, te sacan 5 ampollas y te rompen los calcetines no debo usarlos.