Día 30: escribí tu día en 4 escenas
Tuve una conversación que ojalá pudiera haber sido más larga pero mi amigo estaba en su trabajo y yo llegué a interrumpirlo. Me regaló una gorra para usar en una de mis próximas carreras y me estaba contando los planes que tenía en cuestión mercadológica. Se miraba muy interesante lo que traía en la mente pero ya se tenía que cortar la plática.
Un detalle notado en la tortillería, es que aún era de día y ya tenían las rejas del comercio colocadas. Seguía abierto y atendiendo a la clientela pero con las rejas puestas. Nos habían contado que en ese mismo lugar habían asaltado en dos ocasiones anteriores y ya no se querían andar con rodeos. Hasta el trato fue a la defensiva, tratando de averiguar si no era yo uno de los maleantes, preguntando la orden exacta de lo que necesitaba y sobre el cambio requerido. No es para menos.
Fue por casualidad que me tocara a mí justo hoy, después de una jornada de trabajo algo inquieta, hacer fila para salir de la ciudad. Ya a esa hora debía estar despejado el tráfico pero a la hora de entrar a la carretera se habían hecho solo dos carriles y la larga fila ya estaba a la vista antes de llegar. Justo hoy, los dioses del tráfico conspiraron contra mí porque me odian y específicamente a mí me quieren ver sufrir y alterado por nimiedades como ésta.
A través de la ventana miré a los albañiles del edificio de enfrente compartir el lunch. Estaban sentados sobre una de las barras que serán usadas en el techo y platicaban mientras comían. Las tortillas se pasaban de mano en mano y compartiendo la botella de Coca Cola de dos litros se miraban contentos. A su lado estaban dos tanques de gas colocados, pareciera, para estorbar el paso de entrada. Había mucha luz a pesar de que estaban en una especie de techo de láminas de plástico. Ellos seguían en sus alimentos inmunes al tráfico que se estaba generando alrededor. Por las dos calles que confluyen en la esquina de la edificación se estaban empezando a formar filas de autos, camiones, trailers y taxis cuyos conductores empezaban a desesperarse. Ellos ya iban por el segundo cucharazo de la cazuela.