Día 29: escribí un párrafo de tu futuro libro
Al despuntar el sol la siguiente mañana Iris yacía maltrecha en los escombros de esa guarida. Pudo notar que al menos una de sus rodillas estaba en mal estado pero afortunadamente no había rotura de huesos que lamentar. No podía creer que la hubiese dejado en ese estado Ima, sobre todo después de lo que pasaron juntas. Pero estos pensamientos tendrían que hallar mejor momento, ahora resultaba imperativo salir cuanto antes de ahí. Al pararse lastimosamente hizo un inventario rápido de lo que podría llevar consigo tomando en cuenta el estado de su rodilla, y sin despertar mucha sospecha. Estaba llenando el agua en su cantimplora preguntándose si sería suficiente para emprender lo que quedaba de la jornada cuando recordó como era su vida antes. Antes de que todo el mundo se fuera a la mierda. Cuando el mayor problema de «ir por comida» significaba solo la indecisión de cual restaurant de comida rápida elegir y no buscarla por horas entre los restos de la ciudad. Cuando sus problemas de entonces se miran tan insignificantes ahora que cualquier cosa hecha durante el día tiene que tener como propósito la supervivencia. Cuando aún no conocía a Ima. Su pensamiento regresó a ella y el agua estaba desbordándose, se maldijo a sí misma ahora que era muy difícil de conseguir ese líquido. En este mundo ya no era tan simple como poner una moneda en una máquina y servirse. Sujetó firmemente el agua a su mochila que ya estaba repleta de sus posesiones más preciadas, y salió del refugio. Por poco el Audi dorado chocó con el carrito de supermercado que usa para transportar sus latas de aluminio. El conductor estaba discutiendo acaloradamente en su teléfono por lo que ni se percató de lo que estuvo a punto de suceder. Iris era invisible para él. Desde que vive entre puentes y bajo cartones había adquirido ese poder, el de pasar desapercibida.