Día 28: estás preparando una cápsula del tiempo para enterrar en el jardín. La van a desenterrar en 500 años. Escribí una carta explicando cómo es la vida hoy.
Si estás leyendo esto quiere decir que estás viviendo en el año 2517. No me puedo imaginar que cosas de la vida diaria pueden ser tan comunes en ese entonces o las cosas del 2017 que quizás te parezcan incomprensibles. Pero te puedo hablar de cosas a grandes rasgos.
En esta era, las personas nacen con una pantalla de cristal en la mano. Desde niños están viendo a través de esas pantallas animaciones que los entretienen, más grandes usan esas pantallas para entablar comunicación entre ellos por medio de jeroglíficos (sí, como hace 3000 años en Egipto), y los más adultos excusan su uso diciendo que están usando esas pantallas para saber las últimas noticias de sus trabajos. En estas pantallas que no se separan de las manos de sus dueños además están interconectadas en una red de datos mundial con la que se comparte el conocimiento universal. Imágenes, video y texto de todos los rincones de este planeta están accesibles desde la palma de la mano, aunque en la mayoría de los casos se usa para sacar de dudas en medio de una discusión sobre la última película de Tom Hanks.
Ah, claro, el entretenimiento hoy en día se puede separar en básicamente dos: historias y música. La música es la que se disfruta con los sonidos emanados de instrumentos que luego son grabados en pistas almacenados en archivos informáticos en grandes bloques físicos de información. Luego son sacados de estos artilugios para ser mezclados y aplicados efectos para generar un ritmo. Encima de ellos puede que se incluya una voz de una persona que canta alguna letra que es compuesta por 20 personas y son compartidas con el mundo en la red de datos de la que te hablaba para que pueda ser bailada, re-interpretada o puesta en la banda sonora de alguna película.
Esa es la otra parte del entretenimiento: las historias que pueden ser escritas, actuadas, dibujadas, filmadas o fotografiadas en la forma de libros, animaciones, episodios secuenciales en forma de serie o películas. Aún cuando está siendo menos común el uso del papel para reproducir la historia escrita, siguen imprimiéndose en estas placas de desecho de árbol prensado y aclarado. También se aprovecha la facilidad de compartir historias en la red de datos para descargar estas historias y almacenarlas en dispositivos electrónicos que las hace más fácil de transportar. Estas historias que luego pueden ser reimaginadas en la forma de actores interpretando los personajes en teatro, cine o televisión persisten en el imaginario colectivo y pueden dar de que hablar para generar aún más historias relacionadas que a su vez originan aún más opciones de teatro, cine y televisión. En el teatro varios seres humanos asisten a un lugar específico con varias sillas viendo en vivo a los actores representar las historias. En el cine y series de televisión se representan estas historias en lugares dedicados a ello para ser grabados en formatos que luego pueden ser compartidos en la red y pueden ser vistos en las pantallas de las palmas de mano a la hora que sea requerida por el portador.
Ahora mismo ocurre algo muy extraño con las personas que se encargan de darle seguimiento a la vida colectiva y política de la sociedad. Todo mundo está convencido de que quien sea que esté al mando es un inepto y no está a la altura de lo que esa sociedad necesita, pero de igual forma siguen al mando. Y cualquier intento de generar un cambio en estas personas al frente de la organización terminan siendo igual o peores de los que estaban anteriormente en el poder. Cada cierto número de años la sociedad se aglutina en una gran fiesta de la decisión del pueblo que le llaman «democracia» y se empiezan a ver opiniones en pro y en contra de todos y cada uno de los involucrados. Llega el día en que los nuevos cargos son elegidos y todo mundo regresa a la normalidad y sin mayor repercusión. Llega la hora al cabo de otro par de años y el ciclo se repite. Y esto sucede en todas partes del mundo, por cierto.
Pero de todos modos, siempre hay un común denominador. Aunque sí hay gente que no le importa ofender o dañar a otras personas alrededor, en la mayoría de los casos todos prefieren vivir en armonía. Todos son más dados a buscar la mejor de las condiciones primero para sí mismos y sus más allegados, pero también buscando el bien de su entorno en general. De repente a algunos se les olvida que vivimos en sociedad y que si algo malo le ocurre al de enfrente le terminará afectando a él también, pero no siempre es el caso. Todos preferimos el bien común.
Espero esto último no haya cambiado tanto en 500 años. Y los desarrollos tecnológicos estén sirviendo para sumar en lugar de restar.