Día 27: salí a dar una vuelta por el barrio y hacé un mapa de sonidos y olores

La sombra del árbol enfrente de mi casa es muy buena, tan buena que a veces no me toca aprovecharla a la hora que llego en el carro. Pero bueno, ahora puedo descansar un momento sintiendo el viento leve que está recorriendo esta calle. Estos enormes perros de esta otra casa ya me han sacado más de un susto. Y no entiendo porque no va siendo hora que me reconozcan, vivo en esta calle desde mucho antes que ustedes, carajo. El gimnasio de esta esquina rompió la maldición del inmueble. Pasó de restaurant, frutería, abarrotes, café, frutería, otra vez abarrotes y nada. El gimnasio ya va para creo más de 5 años, quizás más. Y no veo que decaiga la asistencia.

Siempre prefiero cortar el camino por esta calle, aunque le quieran dar un aire más de privada. Lo que pasa es que termina la parte pavimentada y empieza una especie de sendero de terracería bordeando una colina. Lo interesante es que no hay más casas de este lado así que está tranquilo y no hay perros al acecho. Sí circula mucha gente por aquí y aunque sí cabe un carro, son comunes los baches que se hacen por las lluvias así que no es muy socorrido por vehículos. Ya bajando recuerdo cuando pasaba por estos árboles en la secundaria, aún cuando no había rastros de urbanización. Pero metieron calles pavimentadas y fueron varios árboles los que sufrieron su reacomodo y eventual muerte. Que tristeza.

Aquí siguen ladrando los perros, afortunadamente sí están dentro de las rejas pero de todos modos que ruido. Hmm de esta casa sale un olor a comida muy rica. Bah, tan bien que íbamos, acaba de pasar una dirt bike que no está para nada en el dirt. Yo no se nada de motos, pero ¿cómo funciona? ¿mientras más ruido hagan se considera mejor moto? ¿qué diablos están haciendo aquí en esta tarde apacible rompiendo la calma?

Hay una avenida que atravesar rumbo a un pequeño parque. Hay una familia descansando y tomando agua, los niños están jugando aventándose servilletas ante la mirada juzgadora del papá y los regaños de la mamá. Otro más se les escapó y está aventando agua y al parecer nadie se ha dado cuenta. Espero no se enferme el chamaco. Aquí siempre ha presumido el jardinero que se dan las mejores flores y de hecho por muchos años estuvo cerrado al público. Así se resguardaron varias flores pero sobre todo rosas que siempre algún enamorado se atrevía a brincarse la barda y arrancar alguna. Desde hace muchos años ya no está esa barda o reja y por lo mismo la calidad de las flores ha disminuido, pero siempre se ve al jardinero al pendiente desde muy temprano.

Ya es tiempo de regresar pero regresaré por las escaleras que me llevan a la otra avenida. Este sitio es además una parada de autobús urbano y hay un par de personas esperando. No se porque es de las pocas paradas que no tienen techo para guarecerse de los rayos del sol, y es que por la posición en la que estamos pegan directo prácticamente todo el año. Empiezo a subir las escaleras y vuelvo a recordar como las subía al regresar a casa después de la secundaria. Son pocos escalones pero un tanto empinados así que sí me fatigo un poco al llegar a la calle con la que conecta. Aquí enfrente está un señor tratando de arreglar su carro y le grita «a ver, préndelo» a quien supongo es su hijo que mira atento aunque con cara de enfado. Más adelante más perros ladrándome, uno de ellos una vez le dejaron la puerta de la reja abierta muy temprano cuando paso corriendo por aquí y casi me pegaba una mordida. Más adelante en la esquina está la familia de la casa en la venta de ropa y artículos de segunda, casi nunca encuentro algo que sea de mi gusto.

Bueno, aquí en la llantera el calor hizo de las suyas y ya están con los botes de cerveza, están tranquilos. Llego a la avenida que me conecta con mi destino y me reciben unos perritos que nomás se me quedan viendo. Pasó un carro con su auto-estéreo a todo volumen con algún narcocorrido. Atrás de él unas chicas en otro carro con algún éxito reggaetonero beben sus frappés. En esta casa desde que me acuerdo sus perros me ladran también, aunque no paso tan seguido por aquí me desespera que no hayan aprendido a reconocerme.

Ya llego a casa de nuevo, y como en casi todo el país, noto que en alguna casa a un par de cuadras piensan que nos pueden deleitar con sus canciones que retumban a todo volumen.

Yo ya tengo calor.

#30díasdeescribirme

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.