Día 12: elegí un objeto de tu casa. Escribí su historia.

Este abanico tiene un tiempo de uso de casi 40 años. Ha pertenecido a tantas familias y ha sido colocado en tantos puntos geográficos que no hay manera de revisar por completo su paso por este mundo. Si acaso sirve algo de evidencia son ciertas estampas que tiene adheridas con algún pegamento que debió dejarse de usar el siglo pasado por un nivel de toxicidad no permitido. Las señales de oxidación son muy claras y la última vez que la pintura dejó de lucir debió ser hace década y media. Las rejillas plásticas que protegen a dedos curiosos ya no se mantienen en su lugar pero con un poco de cuidado no es problema. La estructura metálica (de cuando no era común el plástico en todos los electrodomésticos) está tan pesada como hace tantos ayeres, pero por la misma razón, muy útil para dejarlo en su lugar sin preocuparse porque se caiga. La perilla que ajusta la velocidad no se mantiene fija y se debe uno dar cuenta de la potencia deseada solo a la hora de sentir el viento.


Es que es por ello que aún está vigente. El motor funciona perfectamente y con fuerza necesaria tal que refresca cuartos completos. Los recibos de la energía eléctrica llevan por lo menos un dígito menos cuando no es usado pero la manera de aclimatar una habitación lo hace válido. Testimonio vivo de otros tiempos cuando la obsolescencia programada no figuraba en los planes de producción consumistas de hoy.

 

#30díasdeescribirme

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