Día 11: Empezá con “me acuerdo de”

Me acuerdo de cuando querías ver películas en el cine siendo de Tecate, tenías que ir a Tijuana. No era como si no hubiera cine en Tecate, pero era solo para estrenos del (no tan grande) cine mexicano y si acaso recuerdo unas 9 ocasiones en que sí eran estrenos de verdad. Pero si querías ver ‘Forrest Gump’, ‘Independence Day’, ‘Jerry Maguire’ o algún otro blockbuster tenías que esperarte 1 año a que la manejaran alguno de los video clubs de los que eras miembro. O hacer una travesía a Tijuana.

No era cosa fácil, tenías que dedicarle un día a la experiencia del cine. El camión urbano (y suburbano) salía cada 40 minutos o una hora de la central. Si querías irte sentado, había que tomarlo desde el centro, en caso contrario no había manera de conseguir asiento en alguna de las esquinas donde se paraba a subir pasaje. Estos viajes de unos 45 kilómetros duraban 2 horas, sorteando decenas de personas que subían y bajaban en el camino y con distintos propósitos. Era muy distintivos los personajes: el que iba a trabajar, la señora que tenía cita en el seguro, los estudiantes, la parejita que iba de paseo, los señores mayores que irían de visita a algún pariente, y los adolescentes echando relajo. Una vez en el cine, escoger un horario que se acomodara y ni hablar, a hacer fila. Tijuanenses y adoptados por igual hacían esas largas filas en los multicinemas para tener mejor oportunidad a la hora de escoger butaca al abrirse la sala. En películas taquilleras no era raro ver a muchos sentados en las escaleras que no alcanzaron y tenías que esquivar con cuidado sobre todo si llevabas charola cargada con palomitas y sodas.

Al terminar la función era de salir corriendo a la parada del camión y esperar que se detuviera alguno con espacio suficiente. Lo común era ir colgado parado en el pasillo del camión y repetir las dos horas en el trayecto de retorno. Aguantando los frenones, empujones y muchas veces malos olores (que no solo provenían de las granjas ganaderas).

Al final de cuentas, a veces la película era lo de menos. La expedición a la aventura con la familia, los amigos, o quizás una pareja hacía que valiera la pena la ida.

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