Día 4: exponé una de tus obsesiones

Mi chica me ha dicho que he pasado por varias de estas obsesiones. Algunas más irritantes que otras, pero definitivamente deben ser eso, obsesiones.

Te platico de mi obsesión más predominante actual: correr. ¿Cómo no llamarla obsesión cuando la alarma suena a las 4 de la mañana? ¿o si me he desplazado casi 600 kilómetros para correr un par de horas? no mencionaré para nada la inversión en calzado, dispositivos, ropa, suplementos y ni hablar el costo de las carreras que he hecho.

Es una obsesión que empieza con un par de meses antes del nacimiento de mi hija. Sentía una especie de presión en el pecho que en definitiva no me auguraba nada bueno así que acudí al médico. La doctora me mandó hacer análisis y lo que encontró fue que necesitaba hacer un ejercicio cardiovascular o de lo contrario me tenía que casar con medicamento para el corazón de por vida. Había un indicador en uno de los análisis que más me preocupó, decía que tenía un factor de riesgo de 1.2 de un ataque cardiaco (o al menos algo así lo interpreté) y de verdad, fue una temporada algo temerosa. Con mi niña a punto de llegar al mundo, no fue más que ahora sí poner en marcha un deseo que hacía mucho ya deseaba.

Siempre me ha gustado caminar. A la secundaria y prepa prefería irme caminando con mi hermano y amigos en lugar de tomar un camión. Ciudades nuevas que visitaba me lanzaba a patearlas pues sentía que es la mejor manera de conocerlas, sentirlas de cerca, mezclarte con los locales. Pero no es ejercicio suficiente, necesitaba hacer que la sangre circulara por mis venas y que el corazón realmente se pusiera a trabajar. Alguna vez lo intenté en unos pantanales de la Riviera Maya y disfruté bastante esos 2 minutos que pude correr sin bofearme (tanto) pero no me había aplicado a tomármelo en serio.

Así que empecé. Me fui a la Unidad Deportiva más cercana a darle unas 3 vueltas a la pista de atletismo caminando y luego me aventuré a hacer 100 metros corriendo (pero sin parar) y terminaba haciendo otras tres vueltas a la pista. Este método muy gradual de iniciar en la corrida me lo recomendó una amiga en Europa una década atrás y apenas le hice caso. El meollo del asunto es que no puedes hacer una carrera de 5 kilómetros a la primera, todo debe ser a pasos escalonados. Después de esto me sugirieron fijarme una meta y para julio había una de las carreras más importantes de la ciudad y ese fue mi objetivo. Continué con los entrenamientos simples y sencillos y ahora después de varios días y semanas en lugar de 100 metros avancé a 200 metros continuos corriendo, después los 400 metros (la vuelta completa a la pista), y poco más. Después de esto agarré la onda en otra cuestión, no solo me parecía poco coherente irme en carro a correr a otro sitio, sino que la carrera sería en la ciudad por sus calles, así que fue mi primer cambio para correr.

Paulatinamente aumenté las distancias y el ritmo y ese día de julio de 2012 pude hacer esa primer carrera de 5 kilómetros. Ese mismo año mi amigo Meño me retó a hacer el medio maratón Rock ‘n’ Roll en Las Vegas para diciembre y allá fuimos mis carnales y yo. Al año siguiente el Maratón completo ahí mismo y esto apenas comenzaba.

Con eso, han pasado decenas de carreras, cientos de entrenamientos, miles de kilómetros corridos en distintos terrenos, estados, niveles de dificultad, y claro, de satisfacción. Pero no puedo dejar de gozar esa sensación de que suene el despertador y pensar para mí mismo «hoy corro»

#30díasdeescribirme

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