Hablar de Las Elegidas de David Pablos es hablar de cine fronterizo, crudo y sucio. Con una visión de una realidad que por más que se intente acallar no deja de brotar a la superficie.
Sofía (Nancy Talamantes) acaba de conocer a Ulises (Oscar Torres) y cree tener una relación firme y duradera con él. Él recién inicia en el negocio al que se dedican su hermano y padre que es el de reclutar (más bien dicho, esclavizar) muchachas para someterlas a la prostitución. El proceso es muy simple: se trata de enamorarlas, inmiscuirse en sus vidas para conocer su entorno y familiares, ganarse su confianza hasta el punto de dominarlas emocionalmente para hacerlas creer que tienen una necesidad muy fuerte que solo con la prostitución podrían solucionarlo y a partir de ahí, no hay vuelta atrás. Con su «¿Harías todo por mí? ¿cualquier cosa?» logran jugar con los sentimientos de las víctimas que acceden en un principio para salvarle el pellejo a su novio pero debido a un complejo sistema de vigilancia, complicidad de autoridades y vecinos que se hacen de la vista gorda por miedo o lo que sea, sobreviven a esta nueva esclavitud del mundo moderno. No es nada de lo que no puedas enterarte leyendo a Lydia Cacho pero verlo así de claro en escenarios tan palpables definitivamente abruma.
Pero Ulises falla y mete el sentimiento en el negocio, algo que su hermano le ordenó suprimir. Por ello, decide confesarle a Sofía sus intenciones y planean la huida para sacarla de peligro. El intento le vale a Ulises una paliza de toda la madrugada y a Sofía el inicio de su vida de esclava sexual. La película entonces cambía al día a día de la situación de vida que cambió abruptamente para esta niña de 14 años.
Aquí me ha parecido una genialidad la manera de presentar a los clientes, que en principio parecieran ser evaluados por Sofía, tratando de entender que les lleva a pagar por tener relaciones con una menor de edad en una casa de citas horrible en medio del día y en cuartos simples bajo el cuidado de una madrota que no tiene paciencia ante mentiras o engaños y guardianes implacables. Después tiene acceso a unas pastillas que le dijeron le ayudarían a aguantar el día y el modo de ver a los clientes cambia, ya no tiene caso.

El tema recurrente, la sobrevivencia. ¿Qué queda cuando simplemente eres mercancía?
La otra realidad que viven cada una de las muchachas atrapadas en esta nueva esclavitud toma relevancia porque vemos en ellas lo que espera a Sofía, la única certeza es la de (sobre)vivir en esta prisión, de la que no tendrá salida. Es en el tercer acto como se ve que el cóctel perfecto para los tratantes son hogares donde las figuras paternales o maternales simplemente dejan de brindar atención a los hijos y ante el más mínimo gesto amable de un adorable Ulises vemos como Karla (Leidi Gutierrez) baja la guardia ante él y nos enteramos entonces del método que está más que ensayado en este grupo dedicado a vivir de las ganancias de la esclavitud sexual.
La realidad supera la ficción en muchos ámbitos, pero estos temas han sido abordados a detalle en otros lados, por lo que no deja de sentirse una impotencia e incomodidad por lo que se está presenciando. Pero todo empieza en el hogar. No solo por hacer sentir queridos en casa a los hijos sin que tengan que obtener fuera de ella satisfacción a su necesidad de atención, sino por dejar claro que todo ser humano es digno de respeto sea hombre o mujer en la situación que sea.
Solo disponible en selectas salas de cine, espero que con las nominaciones al Ariel sea distribuída aún más no solo porque son temas importantes sino porque es un cine del que te hace reflexionar y abrir los ojos.
Actualización: ‘Las Elegidas’ llega a Netflix el 8 de mayo