Mi papá recién había adquirido un reproductor de CDs, era negro y enorme. Tenía casetera y radio por supuesto pero también una bahía donde le cabían 5 (¿o 10?) discos que hacían el proceso de cambiar de álbum algo tedioso.
El punto es que teníamos este equipo de sonido y ningún disco de ningún tipo. Tenía una colección de casettes que rondaba las 3 cifras pero tenía mi propia «grabadora» para oirlos. Ahora tenía que, no, era un deber reemplazarlos todos por discos. ¿Porqué esa urgencia? La promesa de un mejor sonido era atractivo pero básicamente el hecho de poder seleccionar una canción y que ésta sonara prácticamente en instantáneo era muy tentador. ¿De dónde sacaría CDs?
Por revistas que tenía que me llegaban del otro lado sabía de la existencia de «clubs» de música donde te daban 8 CDs por 1 centavo de dólar. ¿Cuál es el gancho? tener que comprar a precio regular por lo menos un disco en menos de un año que tenga la «membresía». Sonaba muy bien pero Columbia House no aceptaba money orders (aún no tenía tarjeta de crédito ni de ningún tipo) así que me refugié en BMG Music Service. Tenías un catálogo enorme para empezar tu colección. Solo tenías que tener el cuidado de regresar la tarjetita donde marcabas el recuadro de que no querías la selección del mes pues si se te pasaba te sería enviada automáticamente y de la misma forma estarías ya debiendo lo que costaba. Si esto ocurría, no había problema, escribías con un marcador en el paquete «REFUSED RETURN TO SENDER» y no había ningún cobro. Todo esto ayudó a que tuviera mis primeros encuentros con música que era muy difícil de conseguir en México como discografía completa de The Cure o adquirir otros que sí como el ‘Violator’ de Depeche Mode pero a un muy bajo precio ¡y en CD!
Image (4)Nunca llegué al punto de cerrar la cuenta y abrir una nueva con nombres inventados para aprovechar la promoción de introducción al club. Pero sí ponía variaciones de mi nombre para dar de alta nuevas cuentas, pero eso sí, siempre cumplía con mi compromiso de compra de al menos un disco a precio regular.
Años después cuando no compraba tantos discos no se que ocurrió primero, si cancelé la cuenta o cerraron, pero empecé a comprar en línea. De hecho, mi primer compra online fue en cdnow usando mi tarjeta de débito. En estas tiendas virtuales podías comprar sin esperar a ir a la oficina de correos a mandar tu orden con su respectivo money order y al cabo de una o dos semanas llegaría tu pedido. ¡Conveniencia! También cdnow cerró o fue adquirido por Amazon y empecé a comprar en Music Boulevard ya en tiempos de Napster donde ya era común dejar de comprar discos. Y como cereza en el pastel, me llegó un catálogo de Columbia House invitándome a la promo de ahora 12 discos por algo mínimo. Intenté entrar ahora que sí tenía una tarjeta virtual de Banamex y listo, ahora sí volvía a tener acceso a un catálogo enorme para resurtir mi colección.
Todo esto porque miré el documental ‘The Target Shots First‘ con las grabaciones de Christopher Wilcha cuando empezó a trabajar en Columbia House. Es muy interesante desde el punto de vista de negocios por lo que implicaba armar una estrategia de marketing en algo nuevo que empezaba a acaparar la atención de los consumidores como lo era el «Alternative» y el Grunge en el ’93 y como los directivos de empresas que se dedicaban a la música como ésta no tenían idea de la escena musical. También se explica como funcionaban las ganancias, básicamente al ser las mismas productoras de música los dueños de estos clubs de música, podían pagar un número muy cercano a cero por regalías a los artistas, entonces siendo ellos mismos los productores que manufacturaban los discos, aún con el pago de 18 dólares que tú hacías por 9 discos en realidad todavía salían ganándole. Pero la mayor parte de los ingresos era por la «opción negativa», esos discos que se enviaban automáticamente de acuerdo a tu elección de género musical preferido. La empresa prácticamente se sostenía de los que olvidaban marcar en la tarjetita optando por no querer la selección del mes.
Así, el documental me recordó el catálogo, los discos, el lenguaje que usaban para según ellos acercarse a la gente joven.
Otros tiempos.

Discusión con 4 ex-empleados de Columbia House en AV Club (incluido el mencionado Christopher Wilcha).

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