Es imposible dejarlos pasar inadvertidos, ahí están, inundando las redes sociales con sus consignas, frases prefabricadas y loas a sus candidatos.
De hace unos años para acá los partidos por fin le hicieron caso a los expertos de social media sobre la importancia de expandir sus mensajes a una plataforma más aparte de los medios de comunicación tradicionales: internet. Y no estoy hablando aquí de la presencia en línea que es importantísima. Se debe tener una cuenta en redes sociales que permitan una interacción más directa con los usuarios y responderles. Pero como en todo, hay diferencias, empezando en los costos, no es lo mismo producir un spot de 30 segundos de televisión a empujar un trending topic. Algo importante que tiene que ver con el Alcance (como lo llaman los que sí saben de mercadotecnia) también tiene sus diferencias en esta nueva era de las campañas electorales. No es lo mismo hacer llegar un mensaje muy directo a mil personas en un distrito en específico (con intereses muy particulares) en comparación con un mensaje muy general que es literalmente enviado a todo el mundo (que lo lea). Y es aquí donde no me queda claro a quien benefician estas cuadrillas de personas esparciendo mensajes en las redes sociales. Su objetivo al parecer no es dar a conocer la plataforma del partido o candidato, ni siquiera la de recoger inquietudes de ciudadanos interesados.
Como en cada campaña desde algo así como una década, solo buscan lograr un pellizco de un pico de menciones populares. ¿Esto que aporta a la campaña? Una cosa son las discusiones que se gestan en redes sociales de manera orgánica. En Twitter es más notorio pues ante notas de última hora (sea por desgracia o escándalo suficientemente importante) es prácticamente inmediato saber de ese suceso notorio pues la misma población de esta red social se encarga de convertirlo en suficientemente viral como para tomarlo en cuenta. Cuando así quedan fijos ciertos trending topics al navegar rápidamente entre los cientos (o miles) de menciones de usuarios comunes y corrientes es que se da uno cuenta de la importancia de dicho tema. Uno ve con desconfianza cuando encontramos trending topics claramente fabricados y no es poco común. Puede ocurrir que simplemente una estrella pop pide a sus seguidores twittear (y retwittear) sobre la última película que protagoniza o el más reciente disco que lanza al mercado. En los realmente exitosos sirven a la estrella en cuestión a que se hable del producto que está ofreciendo pues esto invariablemente se traduce en el consumo del mismo. A esto aspiran programas de televisión que en una esquina de la pantalla colocan el título del show acompañado de un hashtag. Los realmente patéticos son los que intentan empujarlos de acuerdo a lo que está sucediendo en el programa (que no es lo mismo cuando es un evento deportivo). En estos casos de #Dianaconda o #ExigimosADN (así de extraños e ininteligibles) es que esta dinámica no termina de cuajar y por lo menos no son tan predecibles para asegurar el éxito de alguna campaña que algún experto intentó venderle a algún productor.
Pero llegamos a las campañas políticas. ¿Cómo le demuestran a los tomadores de decisiones dentro de la campaña que sus trucos han surtido efecto? Convencerlos de tener una presencia en línea es una cosa, es casi tan importante como el diseño de imagen y eslogan de campaña, pero ¿qué idea les venden cuando les proponen tener a 5, 10, 50 fulanos enviar una y otra vez los mensajes que intentan colocar como trending topic? No hablemos de los bots pre-programados que en Twitter cada vez más se especializa en ir eliminando, en el mejor de los casos estamos hablando de personas de carne y hueso que se ponen de acuerdo a determinadas horas y días para empujar un mensaje o sentido del mensaje del día. A veces se juntan en una sede para estar en el mismo canal (y convivir si se da el caso). Si al término del día lograron un pico en el alcance del mensaje que ese día se decidió empujar terminaron su trabajo. ¿Enfadaron a todo mundo? no importa ¿Sus seguidores terminaron bloqueándolos? no es problema ¿Ni siquiera llegaron a un trending topic? no le hace. El meollo del asunto es que en ese preciso día lograron presentarle una gráfica al candidato donde 1,000 ocasiones se disparó el mensaje que querían empujar. ¿Qué sentido tiene esto? Una cosa es que con dichos mensajes lograran que usuarios (digamos, normales) voltearon a ver al candidato o partido y se sumaron como seguidores (y a su vez nuevos retwitteadores) y otra es que estos usuarios normales prefirieron desenfadarse de estos mensajes y evitar redes sociales por lo que resta de la campaña. Tú los puedes reconocer, de repente salen frases que claramente están pre-fabricadas y muy de pronto están inundando tu timeline.
El siguiente paso de los expertos es sacar notas de prensa o boletines informativos glorificando el suceso de alcanzar un hito de menciones del candidato. La cosa se vuelve realmente fea cuando hay debates entre estos candidatos. Prácticamente hay que desestimar cualquier nota que hable de las repercusiones en redes sociales de ello ¿no te parece curioso que el «ganador» del debate depende del medio que lo proclame? Lo mismo ocurre con los «análisis» en redes sociales que hacen después. ¿Qué utilidad tiene un análisis de impacto en redes sociales si estas tendencias son manufacturadas?
Mi recomendación es lo que hago siempre, si algo me enfada, molesta o irrita, lo bloqueo. Si veo que es algo que hostiga, abusa y me parece inapropiado lo siguiente es reportarlo. Esto ayuda a que mi timeline (y la red social en general) está más acorde a la realidad de las cosas y no a lo que estos expertos quieran tratar de imponer.
Una vez me invitaron un evento donde iban a hablar de redes sociales para los negocios y resultó ser una promoción de una empresa que maneja «social media» para campaña políticas, de hecho le estaban manejando a Castro Trenti (por los hashtags que promocionaban). Lo que me di cuenta es que evidentemente estaban usando bots. Para un asesor de campaña que no sabe nada de tecnología, es muy fácil que caigan cuando le prometen miles de personas alcanzadas por el mensaje.
Las campañas no se ganan en las redes sociales, pero son un importante elemento para posicionar a un candidato, pero aquí entre nos para lo que más se usa es para desprestigiar al contrincante aprovechando la anonimidad y que no regula la ley el internet. Ya ves que no se puede hablar mal de los candidatos en los medios tradicionales (por lo del «peligro para México» en el 2006), pero en las redes sociales todo está permitido.
ahí tienes, esas promesas que hacen esos expertos (y que de hecho son pagados) (y encima de todo con los recursos del erario que son destinados a los partidos) en las que el equipo de campaña cae.
¿sabes que no me gusta llamarlos bots? es que lo peor es que son gente de carne y hueso que con toda la intensión y conciencia del mundo participan en esta alteración de la percepción.
Debe de haber un concepto para esas personas que tuitean por pago.