Después de una operación, un parto, un amputación de una pierna o la extracción de un riñón, lo menos que quieres en el mundo es estar solo. Y es que en algunos hospitales la compañía al paciente se limita a muy pocas horas al día para tener un breve contacto con los familiares y amigos que vienen a desear una pronta recuperación. ¿Y el resto del tiempo? Lo pasas entre consultas con los médicos, exámenes y análisis y sí, clavado en la camilla.
Pero solo, como perro de la calle.