En mis años de universidad no me sentía agusto pidiendo patrocinios que muy gustosos te regalan las empresas para poder ir a equis o ye congreso en algún lugar del interior del país. Así que mejor ni iba por pura vergüenza. Se trataba de conseguir a como diera lugar unos 2,500 pesos (más o menos adecuando la cifra a los niveles de inflación de hoy) que te alcanzan para un boleto de avión, comidas, hotel y claro, la asistencia al congreso. El punto es que lo que más oía de quien regresaba de los congresos dichosos y modernos no podían dejar de hablar de las borracheras de toda la noche, de la cantidad de amigos de toda la república que hicieron y de las edecanes que llegaron a ligar (aunque era de dudosa veracidad esta aseveración). Y me quedó claro que era un acto de mala fé y deshonroso pedir limosnas a empresas, negocios y familiares para que te pagaran tus vacaciones. Así que no lo hice.
Ya entrando en temas de gente más crecidita y con fines más dignos que aprovecharse de la buena voluntad de la gente para pagarse sus tragos, hay muchísima gente que le pide a papá gobierno, que busca y re-busca becas cuantiosas, o persiguen premios nacionales para seguir haciendo lo que más les gusta. Estudiar, investigar, pintar, etc. Pero, ¿cuándo se acaben los apoyos del gobierno? ¿cuándo deje de haber becas? Deben ganarse la vida alguna vez ¿o no?
Incluso hay empresas que se montan en presupuestos y apoyos de gobiernos e instituciones. Pero a todos les toca el momento en que deben de rascarse con sus propias uñas.